palabras

putas palabras,
sólo putas y vacías palabras
que cuelgan de una hamaca
balanceándose para adelante y para atrás,
esperando el momento justo
para soltarse y caer
directo sobre la garganta
y gritar eso que intentan decir
que dicen y a la vez callan
porque son sólo palabras:
letras conjugadas
formando una oración
cantando una canción
o susurrando la vida misma,
queriendo saciar
la sed interminable del ātman;
queriendo expresar
el sentimiento y la razón
cada abrazo y cada beso
o la sonrisa al amanecer
o la lágrima de la emoción;
y buscar ese refugio
sólo en las palabras
tan impropias
tan carentes
tan putas y vacías
balbuceadas sin parar
desde una boca sedienta
desde un cuerpo quemando
desde esta escritura, inútil



me inspiré http://elultimosoliloquio.blogspot.com.ar/2014/12/palabras.html
triste
a punto de llanto
cada segundo
no se puede olvidar la sensación que produce el fuego cuando quema

es como una llama impresa directo en la memoria

deja su huella perenne
atravesando el alma
volviéndonos idiotas
confundiendo la razón
de tal forma que
aún sabiendo que duele quemarse
disfrutamos quemarnos
sumergiéndonos en el fuego
hacia la profundidad
quizá
alguien a lo lejos
me lea
y quizá
no esté
igual que yo
pero igual
me comprenda
o quizá
sí lo esté
y me comprenda
también
y las energías
se encuentren
en silencio
en el medio
de la noche
allá por la Luna

a algún lado
tienen que ir a parar
¿no es eso cierto?
borradores
y más borradores
porque no me animo
a publicar nada
porque por más
que sea
mi espacio personal
y el lugar
donde vuelco
mis inventos
también a veces
escribo mis verdades
y me da miedo
que esto
que siento esta noche
acá
sola
inútil
imbécil
odiable
insoportable
densa
fea
y todo el mundo
contra mí
sea real
¿por qué me tratás así?

estudiar, aprender, amar

Quiero estudiar. Quiero aprender. Quiero amar.
Tres verbos, tres en mí, apuntados a esas cosas inmensas que me generan tal pasión. Quizá una es persona, otra es carrera, otra es deporte, otra es mi auto, otra es mi habitación, otra es la música, otra es mi blog. Y a todas puedo aplicarles esas acciones. Presentes en mi vida, estudiándolas, aprendiéndolas, amándolas. Siendo parte de un todo que soy yo. Intrínsecas. Formando parte de mí, de mi rutina, de mis planificaciones. De mis deseos y mis miedos. De mis superaciones. De todo lo que me queda por saber. De todo lo que me queda por superar. Quiero vivir la vida experimentando esas sensaciones de placer que genera aprender del amor. Porque cuando se ama algo, se lo quiere conocer. Y conociendo, se aprende. Y estudiándolo, relacionando sus componentes, sus formas, sus conceptos, su morfología, sus cambios... Pareja, amigos, familia, ciencia, música, la vida misma... ¡allí es donde está el amor! ¡Mi amor! ¡Mi amor por conocer! Llenarme la vida de esas personas, de esos libros, de esas clases. De la velocidad cuando piso el acelerador. De los orgasmos cuando hacemos el amor. De armar el arbolito en familia en Navidad. De salir a comer con una amiga de la facultad. De leer sobre embriología. De estudiar para un final. De escribir un poema. De escuchar una canción y querer tocarla en la guitarra. De salir a explorar el barrio con una bicicleta. De tomarnos un fernet el viernes. ¿Rutina? Quizá. Pero hermosa. Llena de lo que amo. Lo que me apasiona. Lo que me llena el alma. Es vida, vida misma, vida llena de problemas y malestares, obviamente que sí. Pero también, llena de gratificaciones, de abrazos, de logros, de besos, de comida, de canciones. Quiero vivir la vida así. Triunfar, llegar lejos, realizarme, cumplir sueños. Viajar, conocer el mundo. Leer, entender, conectar, relacionar. Aprender de otros, aprender de mí, aprender de la historia. ¡Quiero saber! Ser sabia, ser rica. Mente rica de conocimiento, llena de información, de sentimientos, de experiencia, cosas que contar, que explicar, que transmitir. Poder responder preguntas. Poder responder amor. Poder responder con el alma entera. Y responderle al sol, brillando con él.

Le tengo miedo al abismo
porque me asusta mucho la oscuridad.
Es obvio. ¿Quién no le teme?
¿Cómo no temerle a la oscuridad estando sola?
Si no estoy con vos a oscuras.
Y es allí donde más me gusta estar.
Abrazada a tu espalda, con la luz apagada.
Soñando, durmiendo, imaginando.
Si no estás ahí, al lado, respirando...
¿Cómo no temerle? ¿Cómo no llorar?

ser dos
es tan difícil
que al final
vamos a terminar
fusionándonos
para ser uno
y no despegarnos
más

me gusta dormir

es que
cuando duermo no te extraño
y no está bueno extrañarte

quiero que estés acá

aún a oscuras

hace mal la angustia
vale poco la vida
entre tanta angustia
duele la cabeza y late el corazón
como si no pudiera seguir viviendo
como si el propio cuerpo estuviera
a punto de estallar
y no cesa, no para
no le ponen freno
parece prolongarse en la eternidad
tanto a mí, como a vos
se nos dibuja una mueca
de tristeza, da tristeza
y se nos caen las lágrimas
perdemos sueños, perdemos besos
perdemos lo poco que nos queda
pero allí estamos, uno a cada lado
yo en la izquierda, vos en la derecha
vos en la izquierda, yo en la derecha
en la cama, en el auto, en la calle
allí estamos, juntos
en el cine, de compras, trabajando
juntos estamos, sin condiciones
y nos tomamos de la mano
estamos, allí, intentando prolongarnos
en el futuro, en lo que sigue
en lo que viene por delante
acompañando, mimando el alma
susurrando por lo bajo que te amo
encontrando otro "te amo" de respuesta
y ahí mismo se ensancha
se agranda, se infla el alma
el pecho recupera el aire que faltaba
vuelven los sueños vuelve la espera
se nos dibuja una mueca
que es sonrisa, son cosquillas
nos hacen zafar de la realidad
¿qué nos depara? poco importa
si a fin de cuentas esta noche
otra vez, dormiremos juntos
soñar de nuevo entre los dos
soñar riendo, reír amando
dándonos la mano sin perdernos
sin quedarnos a oscuras
si aún en la noche existe la luna
las estrellas y los faros en lo alto
que nos alumbran sin detenerse
sin apagarse, sin consumirse
mostrando el camino a seguir
aún de noche, aún a oscuras
De vez en cuando, tengo miedo.
Miedo de que el odio que siento hacia mí misma se interponga entre vos y yo.
Que mi miedo a ser poco, se vuelva real.
Que mis problemas se vuelvan un obstáculo.
El pasado atormentando diciéndome que siempre voy a ser segunda.
Que nunca brillaré por mí misma.
Nunca ser YO, sino "la hermana de...", "la amiga de..."... Siempre.
Siempre ahí, detrás del telón, esperando una función propia que nunca se estrena.
Y temo todo el tiempo, y es simplemente temor.
Temor a que se realicen los miedos. A que las pesadillas se conviertan en certezas.
A que se materialicen delante de mis ojos mis peores pensamientos.
No quiero, y me alejo, y salgo corriendo.
Me da miedo arrastrarte, arrastrarnos, no poder zafar.
Quiero salir de esto, no creo merecerlo, ni que lo merezcas vos.
Pero no dejo de mirarme en el espejo y sentirme odiosa, fea y repugnante.
Y no entiendo tus "linda", tus "te amo", tus palabras.
Parecen salirte tan del alma, y siento que son tan sinceras...
Y quisiera creerlas, quisiera que surjan de mí misma, de mis propios pensamientos.
Quisiera amarme, sentirme linda.
No sólo a veces: siempre. Cada día de mi vida.
Cada día de nuestra vida compartida.
Para dejar de caer en cada escalón que me lleva a sentirme plena.
Que me lleva a sentirme entera, resuelta, completa.
Qué lindo es soñar, qué lindo es sonreír, 
qué lindo es mirar, percibir, recordar.
Qué lindo que es el mar, la luz del sol que brilla,
qué lindo es llorar, que lindo emocionarse,
qué linda que es la lluvia, la música que suena,
qué lindo mi lugar, qué lindas sus personas,
qué lindo escuchar, qué lindas son las notas,
qué lindo es bailar, cantar, saltar bien alto,
qué lindo es temblar, de frío o por amor,
qué lindo abrazar, también lindo besarse,
qué lindo es vivir, qué lindas son las ganas,
qué lindo...
-ve, marcha, camina
con la frente en alto
porque eres bello
y aunque nadie lo diga
y aunque nadie lo sepa
tú más que nadie
debes decirlo
debes saberlo
y deberías repetirlo
una y otra vez
vamos... dilo, anda
-"soy bello"
-dilo, otra vez,
con más fuerza
-"soy bello, soy esto,
esto soy y seré,
por el resto de los tiempos"
-¿qué eres, y qué serás?
nadie más que tú
va a saberlo
-"sólo yo lo sé"
-deberás estar convencido
tenerlo bien adentro
pues el alma se lleva
para toda la vida
y si no es amiga
de nada sirve
el paso de los días
-"seré amigo de mi alma"
-por eso nuevamente
repítete a ti mismo
que te amas más que a nada
-"me amo, me amo"
-porque si no te amas
si no te amas primero a ti
si no amas tu cuerpo,
tu mente y tu alma,
jamás en la historia
podrás amar al resto

Tenerte de nuevo acá, parado enfrente mío, como si fuese la primera vez de nuevo. Quiero eso en este preciso instante. Porque te quiero como se quiere a la vida misma, te necesito como se necesita al aire que se respira. Te amo porque sí y me encanta amarte porque, simplemente, te amo. Y es sublime y me llena de amor el alma. Y me hace feliz porque es vida dentro de mí, porque me llenás de vida, porque tu amistad es más valiosa que todo el oro del mundo... y tu amor mucho más.
Quiero escucharte cantar todas las mañanas la canción que suene de alarma y hacerte reír con mi coro desafinado. Quiero lavarme los dientes a tu lado y hacer caras graciosas para hacerte reír y que escupas todo. Quiero darte las gracias por hacerme sentir feliz cada día, por darme un complemento, un algo por lo cual sonreír, una excusa para luchar, para pelearla y no dejarme vencer por mi propio cuerpo. Viniste para darme vida, para hacerme feliz, para curarme, cuerpo y alma, como en un combo. Todo, a cambio de una sola cosa: amarte también. Y amarte es intrínseco a mi alma, así que... Jamás hubiese podido hacer un mejor trato.

quiero ser menos

Quiero ser menos que vos, ir por lo bajo, susurrando.
Quiero ser mucho menos que vos, escondida tras bambalinas,
imaginando versos que escribir;
sin cantar, ni gritar, nada para hablar.
Simplemente observar desde allí cómo se desarrolla la obra,
con una sonrisa dibujada pretendiendo hacerme feliz.
Quiero ser menos, restarme, dividirme,
sacar la raíz cuadrada y disminuirme por completo.
Que te enteres que soy menos, que lo sepas, que lo sientas,
que estés más arriba, y yo por debajo, pequeña.
Quiero estar por debajo para verte desde allí
y que crezcas y te hagas grande mientras te veo.
Mirar el film, el movimiento, la vibración.
Quedarme allí quieta mientras el mundo gira,
mientras te veo a vos girar, y mantenerte de pie.
Quiero ser menos y que te sientas más.
Así podrás acostumbrarte, hasta bajarte, reducirte...
Y al fin, verme como un igual.
qué lindo que es

vivir corriendo

atrás de un sueño

intentando alcanzarlo

hasta poder abrazarlo

con todas las ganas

y hacerlo real


porque era el sueño

el que nos permitía

avanzar sin detenernos

sin dejarnos caer

sin fijarse en el más

pequeño y mínimo detalle

porque no existían

condiciones ni razones

era el sueño el objetivo

nada más importaba

sólo convertirlo

en la más cierta realidad
Y ahora entiendo cómo se siente tener una pasión.
Qué cosa tan hermosa es vivirla.

Post title

Necesito relajar. Respirar hondo y mirar el techo sin pensar en nada. Estar segura y feliz con lo que tengo y con lo que soy. Quizá es algo iluso de mi parte el hecho de pretender sentirme de esa forma. A medida que fui creciendo no sólo me volví más inconformista sino que comenzaron a molestarme más cosas. Sumado a eso, mi tendencia al llanto se exacerbó indefinidamente. Me siento sola la mayor parte del tiempo, a veces hasta incapaz, dudando de mi misma y de mis capacidades, no sólo en relación al aprendizaje sino también con respecto a mis relaciones. Formo vínculos muy rápido pero no me preocupo por alimentarlos, y voy de la risa al llanto, de la admiración a la decepción, en cuestión de segundos. Digo perdón todo el tiempo y me echo la culpa de la mitad de las cosas que suceden en la vida. A veces, hasta me responsabilizo de las cagadas de los demás cuando no tengo nada que ver. No logro enojarme, no me sale discutir; no sé cómo hacer para llegar a esa instancia sin culminar en pleno llanto y una presión en el pecho. Estoy débil y caída, quizá son las pastillas que tomo, o quizá es fin de año. Pero no tengo ganas de levantarme a veces. Duermo mucho, me acuerdo poco de los sueños, y por lo general, son sueños que lastiman. Y, cuando hay sueños lindos, ni me esfuerzo por cumplirlos, por miedo a fracasar, y que la realidad me decepcione. No quiero formar parte de grupos pero son intrínsecos a la organización en sociedad, no puedo inventarme un paradigma propio si estoy inmersa en el sistema. Es así, son condiciones, son reglas que aceptar para vivir la vida. Pero, ¿si no acepto? ¿Dónde me quedo? ¿Cómo seguiría la historia?

Quiero que las cosas cambien.
Quiero confianza.
Compañerismo.
Quiero amistad.
No me importan los títulos...
Sin título, sólo sincero.

Yo tuve un sueño una vez.
Soñé que era feliz, estaba sonriente.
Soñé que te conocía y caía a tus pies.
La vida, a tus pies.
Que te miraba y me enamoraba.
Ahí, por primera vez.
Que me tocabas y el alma
me bailoteaba como un pez
danzando entre las aguas.
Me llenabas cada parte
como si nada más hiciera falta.
Como si el todo fuera poco
si no te sentía cerca.

Tuve ese sueño aquella vez
tan real y certero.

(Hace más de un año lo estoy soñando.)
          ¿Quién te vendió esos sueños de cartón? Alguna vez alguien me dijo: "no le compres nada al vago de la esquina". Se supone que esos no tienen nada bueno para ofrecerte. Porque te venden llamas que se apagan con la primera llovizna. O quizá ni siquiera aguanten un poquito de humedad... Pero eso, eso quería preguntarte. ¿De dónde los sacaste? ¿Quién te los inventó? ¿Quién te creó así, iluso? Te robaron la sonrisa en la primer caída. Podés levantarte, igual. Pero no querés, porque mirar todo desde allí arriba se volvió demasiado duro. Porque hay sueño deshecho, cartón mojado, se rompe, desarmándose, podrido. Y creés que es irremediable y para siempre. ¿Por qué pensás en esas cosas? Esconderte debajo de las sábanas no va a hacer desaparecer al monstruo que está ahí parado, en la puerta de la habitación, con baranda a muerte saliéndole de las fauces. Tiene las uñas afiladas, restos de carne entre los incisivos. Una lengua sedienta se escapa entre sus labios. Lo ves, ¿no? ¿No? ¡No! ¿Cómo vas a verlo? Si estás allí escondido, debajo de la sábana, esperando que desaparezca, por arte de magia... ¿Y quién sabe si lo que yo te estoy contando es cierto? Quizá no es un monstruo... Quizá es tu madre con una buena noticia, con un regalo en sus manos... O, quizá... ¡quizá es tu perro! Quizá es un amigo que tiene ganas de jugar a la PlayStation un rato con vos. Quizá ni siquiera es nadie, quizá nadie está ahí parado y es sólo tu imaginación. O quizá es una mujer, esbelta, con cara de dibujito, no tan bella como otras ni tan gentil como otras, ni tan ubicada como otras ni tan delgada como otras, ni tan fina como otras ni tan femenina como otras. Quizá no tiene la altura que desearías ni los ojos color marrón, quizá no tiene el pelo largo y rubio brillante, y lacio danzante, que le roce la parte baja de su espalda. Quizá su maquillaje está desordenado, un poco corrido. Puede que tenga un trozo de orégano entre los dientes porque se olvidó de mirarse en el espejo antes de salir. O que tenga olor a pizza en las manos porque no quiso perder ni un segundo: ni siquiera terminó de comer y corrió a tu habitación para verte, porque te vio en su mente, allí, acurrucado, tembloroso, debajo de tu escudo: esa sábana tan volátil y violable. 
         Sí, quizá no se quede allí parada toda la vida. Seguro se siente en el piso y saque sus libros mientras permanece leyendo en silencio. Quizá se vaya un par de minutos para buscar algo de comer. Quizá se acerque a la cama para ver si escucha una respiración debajo del género. Quizá ponga algo de música y trate de despertarte.
           No va a ser perfecta, mucho menos se va a acercar a la perfección que vos buscás. Pero viene llena de amor. Quizá a veces diga "no" y no cumpla los caprichos 24/7. Quizá hable de más. Quizá diga idioteces sin sentido o cosas demasiado complejas que a vos ni siquiera te interesan. Quizá hable de filosofías delirantes que se pierdan en espacios siderales. O quizá se queje, llore, putee. Quizá un día no aguante más y se golpee hasta quedar inconsciente. Pero luego recuperará el semblante y retomará su lectura, su silencio, su sonrisa. Te mirará pensándote allí, debajo de tus sábanas, encerrado en tu pequeño mundo, simplemente, esperando. Esperando que te destapes.
Es una inyección de paz en lo más profundo del pecho,
ahí justo donde late la vida.
Late en el centro, conmigo, con el sentimiento.
Latís en mí.
Te siento latir.

intrínseco

Es cierto: siento amor.
Tan cierto como el amanecer.
Tan cierto como que estoy viva.
Como que es condición para vivir.
Y sí: crece.
Crece, a cada día.
Porque crezco yo.
Y es intrínseco a mí.

<no title>

apreta el puño
como si fuera todo lo que queda en el mundo
como si el puño fuera el mundo
nada de que sujetarse
dónde agarrarse
contra quién pelearse
dónde poner su odio
y el dolor de las uñas
en las palmas de las manos
ardiendo, dejan marcas
coloradas se hacen ver
como los ojos, todos rojos
irritados de tanto rascar
no para de pestañar
pero no puede dormir
y una lágrima tras otra
que termina en un cigarro
y el piso hace de cenicero
y también de cementerio
allí tiradas están
cartas rotas
dolores muertos
sentimientos que no sienten más
porque perdieron sangre
no quedaron fuerzas
debilitados se arrastraron
buscando una puerta
pero no hay ninguna abierta
hasta las ventanas cerradas
la pieza está sumergida
y el humo es el agua de la pecera
nada se ve, nada se siente
está todo dormido como si fuera a desaparecerse
es un infierno, nada que valga la pena
hasta el alma propia se despegó de las venas
el corazón no marcha
cumple una condena
y los pensamientos en la cabeza
hacen ruido como una colmena
como un millón de abejas
que sobrevuelan las orejas
hace ruido, hace miedo
es un frío que no se aleja
conquista, hace una colonia
pegado contra el pecho
es la razón por la cual llora
y golpes sin cesar
uno tras otro
como si fueran meteoritos
cayendose sobre su cuerpo
cayendo y rompiendo las partes
desarmándole los huesos

hice justo lo que dijeron
como ellos lo dijeron
y me quedé vacía
echada sobre un costado
en la esquina de esa habitación
no quise volver a oír
ni quise volver a ver

no sé quién golpeó la puerta
no escuché el nombre

Y el amor de repente se convierte en una unidad única e irremovible, hermosa, intrínseca al alma. Ya el alma no es si no ama. Como ese amor que viene desde la cuna, hacia el padre, la madre, el hermano. Es un amor que perdona porque ama y ama sin barrera ni medida alguna. No se mide porque es infinito y no tiene barrera porque supera cualquier límite, va más allá, se prolonga a través del tiempo. El tiempo, justamente, que une y crea, que se desenvuelve y no vuelve nunca, no se repite, no da chances de cambiar lo sucedido. El tiempo que regala segundos únicos, llenando nuestras manos de horas y días para gastar, compartir, invertir. Y allí aparece la decisión de cómo pasar el tiempo, y surgen opciones, y sentimientos, y emociones. Crecen en base al tiempo, porque el tiempo permite crecer. Y allí están, surgiendo del alma en torno a un hecho fortuito que nos determinó a estar ahí, coincidiendo en tiempo y lugar, con cada persona que irrumpe en nuestras vidas. Se crean lazos envueltos en el tiempo, días especiales, momentos resaltados en la línea temporal. Historia, inicios, finales, aperturas y cierres. Crecimiento, cambio de talle, kilómetros recorridos. Amanecer y ocaso, lluvias, días soleados. Tiempo pasando. Y ahí, conociendo el alma, eligiendo compartir el tiempo. Amando el tiempo compartido. Siendo compañeros de vida. Dándonos la mano, perdiendo la noción del tiempo.
-te querés casar conmigo?
-ya estamos casados
voy a comprarme un planeta para que lo habitemos los dos
y construyamos la vida entera

440 días

le canté al Sol una balada
pidiéndole algo hermoso
y allí apareció
brillante, cruzando el cielo
pero me enceguecí
no pude alcanzar a ver
la luz que esperaba
la luz que me salve
tanto brillaba
que busqué algo de techo
me quedé allí debajo
en un toldo de un negocio
con un escalón de mármol
y allí alguien sentado
que nadie más miraba
entre medio de unas sombras
la cabeza hacia abajo
con las manos en la cara
susurrando por lo bajo
y me causó gracia su pelo
era rubio y brillaba
y su nariz respingada
sobresalía entre la máscara
que sus dedos le formaban
en su rostro de porcelana
dije "hola" y sonreí
y en un torpe sobresalto
levantó la vista hacia mí
y me respondió la sonrisa

nos enamoramos
siento que me odiás
y quizá yo
muy adentro
también te odie
por ser el culpable
de hacerme sentir odiada
porque
así
siento que
no sirvo para nada
corré hasta acá, hasta encontranos a medio camino
dejame darte la mano así nos podemos alejar juntos
agarrame fuerte que no quiero soltarnos
vamos a salir volando, vamos a irnos de este lugar
a olvidarnos de todo y empezar a crear
otra vez, pero desde nuestro propio hogar

en la espera del amanecer

vámonos un rato
abajo de la luna
vos y yo sentados
contando los astros
hasta perder la consciencia
quedémonos allí
bajo el negro cielo
bajo la noche iluminada
por la luna danzante
y las estrellas brillantes
que enceguecen los ojos
y encienden las almas

abrazame si hace frío
y perdámonos en la espera
del amanecer
te regalo un sueño
un sueño hermoso
en el que estaba a tu lado
y soñábamos juntos
sueño dentro de sueño
un poco confuso, la verdad
pero se sentía suave
como una nube
porque estaba a tu lado
no me daba miedo
no estaba asustada
porque estaba a tu lado
y si era eterno
y si jamás despertaba
iba a estar bien
porque estaba a tu lado
hay dolores del alma que no se van así nomás
hay dolores que quedan y golpean sin cesar
abren la piel de par en par
la hacen pedazos
queman desde adentro y no hay forma de arrancar
agarrados, desde la raíz, allí están
cubriendo toda la superficie
haciéndose propiedad
y nunca se sabe la verdad
si es algo real
pero ante la mínima sospecha
el alma llora y el dolor no cesa
no hay luz no hay paz
sigue habiendo oscuridad
como la que había cuando no existía
pero dolía menos que esta realidad

hace falta más paz
más sol y más luz
porque abunda la oscuridad
vamos
a morir
para volver
a renacer
juntos
y qué si hay que morir para vivir
y qué si hay que sufrir para seguir
porque caerse quizá es necesidad
para aprender a pararse
y caminar erguido
y si no caemos nunca
y si no aprendemos a caminar
y si no dejamos que el viento nos lleve
que nos lleve la corriente
cabalgar la ráfaga hacia donde vaya
total el destino no tiene importancia
vayamos ahí arriba
dando vueltas
por el aire
bailoteando en espirales
danzando y saltando
pintando de celeste
el cielo blanco
soplemos las nubes
moramos si es necesario
y resucitemos
salgamos en los diarios
cantemos con el alma
y gritemos
hasta romper la garganta
Quiero saborear el jugo de tus labios,
ese néctar que se derrama directo desde tu boca.
Quiero besarte y sentir la gloria
de sentirme eterna, sentirte para siempre.
Sentir paz en tu calor, invadiéndome el cuerpo,
envuelta en tus brazos, sintiéndome amada,
reconfortándome como si fueras
el Sol de cada mañana
amaneciendo en mi alma.
acumular
y comprar
acumular
y no poder más
y seguir así
acumulando
apropiándonos
haciendo nuestras
cosas ajenas
haciendo nuestro
todo lo que vemos
hasta llenarnos
de cosas
que llenen
el derredor
la casa
la habitación
la cama
el espacio
tan vacío
y sólo
en el que vive
nuestra alma
desconectada
errante
navegando
sin rumbo
por la galaxia
sedientos
de ser
no morirás solo
créeme si te digo que no morirás solo
porque permaneceré a tu lado para siempre
porque te sostendré y secaré tus lágrimas
alejaré los miedos de tu casa
y te abrazaré cada día
sujetaré tu mano con fuerza
y te acompañaré hacia la montaña
para que la subamos juntos
y conquistemos la cima
mirando el mundo desde allí arriba
siendo dueños de todo
sin que nada pueda derribarnos

si vas a crujir
como hojas de otoño
cuando pasan los transeúntes
y las pisan caminando
entonces dejame
echarme a tu lado
para crujir con vos

balanza

no hay equilibrio
no hay nada
no hay intermedios ni grises
no existe "estoy bien" estando mal
no existe "estoy mal" estando bien
son contradicciones
la búsqueda del equilibrio en medio de los extremos
no hay medio entre ambos
es blanco o negro
sí o no
arriba o abajo
adentro o afuera

pero de repente
repentinamente
de la nada de repente
aparece el factor clave
que estabiliza todo
aunque se esté abajo y afuera
aunque estemos inmersos
en el espesor de la negrura
aparece un brillo particular
que no se va más
que maneja los extremos
los estados y las pasiones
adueñándose de todo
por completo y para siempre
Permanece en silencio, sola, a oscuras, cerca del calefón. Está allí parada, mirando la llama. Escuchando el leve sonido que hace la combustión. El café en la mano se le enfría y ella ahí sigue, mirando el fuego. No responde ni reacciona, sólo respira pacientemente. Sus ojos miran ese azul extraño, que a veces se tiñe de naranja, de amarillo... brillando. Brilla en la oscuridad. Es lo único que brilla. Es lo único que se oye. Pero ella no brilla, ni sus ojos, ni sus labios. Sus ojos no miran el fuego, miran más allá. Perdida la mirada, atraviesa la memoria, y un recuerdo se le cruza. Brilla algo dentro, pero no se ve. Nadie logra verlo. Sólo hay alguien con la habilidad. Pero no está allí. No puede recordarle que ilumina. Que es luz. Sol. Destellos.
No puede recordárselo porque no está. Y si no está él, el único que sabe que ella brilla... ¿cómo va a saber ella que puede brillar?
le dije que eso no era cierto
y sólo me abrazó
le dije que no podría suceder
y me miró a los ojos
y sonrió
le dije que no quería
y se acercó
me besó
le dije que lloraría
y las lágrimas secó

si aún hay mariposas
y el miedo no ganó
no me voy a dejar caer

en la cima de una montaña
o en medio de la ciudad
volver a empezar
es cuestión intentar

no hay agua que no se pueda secar
o desierto en el que no pueda llover
sólo es el hecho de querer
                           con toda el alma
pisar la arena blanda
y cerrar los ojos
para dejar envolverse
en el viento final

ganas incontenibles
de comerte a besos
de la boca hasta los pies
y la cabeza también
pasando mis labios por tu frente
y tus mejillas rosadas
que se disponen elevadas
por la sonrisa de tu semblante
amo todo y te amo
y nada más quiero que estar
ahí, con vos, a tu lado
borrándome la memoria
avanzando cada paso
sobre mi cuerpo allí echado
temblando ante tus manos
creando recuerdos nuevos
que tapen las cicatrices que nos dejé
por haberme olvidado de lo que éramos:
diferentes a todo.

y quién sabe de dónde agarrarse
y a quién le importa agarrarse
si es emocionante estar cayendo
y rescatarse al tocarse
las pieles
rozando
una con otra
deteniendo el tiempo
la caída
el golpe

unísono

cantaron al unísono
como si estuvieran sincronizados
como si las almas provinieran
de la misma semilla
son el centro y la periferia
las partes y el todo
son lo eterno para ellos
hoy y mañana
se ven allí parados
danzando al compás
de una tierna melodía
que suena sólo en sus mentes
y se miran y sonríen
y se hacen reír
porque saben (y lo sienten)
que hay sed de vivir
aunque de vez en cuando
salen desbarrancando
se alimentan el uno al otro
cuidando la chispa del viento
que no se apague ni se olvide
que se mantenga inextinguible

incendio

Corrió hasta donde quiso. Hasta alcanzar la luz del Sol. Buscando que el Sol vuelva a quemar.
Y así fue: quemó. Hondo y profundo, directo sobre su cara, sus hombros, su espalda. Quemó y dejó la carne viva expuesta, sangrante. Dejó heridas en cada parte porque así son las quemaduras, porque así es el fuego; intenso, se apodera, avanza, sujeta absolutamente todo. Arde en llamas cada centímetro y no hay forma de apagarlo, no hay lluvia que detenga el incendio. Y quema la piel, y no sólo eso, sino que también ahoga el humo. Proviene de su propio cuerpo, prendiéndose, desarmándose, perdiendo todo lo que alguna vez fue: esa suavidad, ese brillo, esa pureza. Se convirtió en un cuerpo ultrajado, roto, lastimado. Áspero, todo cortajeado, supurando. Mezcla de lástima, mezcla de asco. Verlo así, irreconocible, frente al espejo que también está quemando. Como el techo, las paredes, la mesa y las sillas. Las ventanas, los muebles, la ropa del armario. Su mascota, una guitarra. Una foto. Una carta. Todo arde en llamas. Se muere el hogar, se cae, se hace pedazos. Ya no existe como tal. Su casa dejó de ser lo que era para reducirse a cenizas. Se desarma su hogar, y se desespera, ahogándose en su propio humo, en su propio dolor. Y escucha crujir su piel como si fuese leña, leña ardiendo incesantemente, con un fuego incontenible, que sólo se irá cuando la haga desaparecer. Cuando se detengan los gritos. Cuando deje de oír ese crujido, ese fuego, esos gritos, esa muerte,... aproximándose.
Quiero cerrar los ojos y sentir
que tus labios se encuentran con mi frente.
Que suene un tierno beso y me haga estremecer.

Quiero abrir los ojos y tenerte enfrente,
sonriendo, brillando, magnífico como siempre;
abrazándome despacito, respirando acompasados.

Quiero pertenecerte el día entero,
despedirte cuando te marches y extrañarte,
llorarte en la noche cuando me dé frío estar sin vos.

Quiero que me creas y me sientas,
darte felicidad para que pongas la fe en esto.
Quiero que cada lágrima valga la pena por amarte.



necesito volver a tocarte


sentirte mío, sentirme tuya


sentirnos nuestros

promesas (2)

no es cuestión de prometer
es cuestión de confiar
que no es delito no jurar
simplemente dejemos
que el tiempo venga
para traer las flores
o secar todas las hojas
si es que así se debe dar

promesas (1)

me asustan las promesas
me asustan los juramentos
porque si no se promete
no se agotan las sorpresas
todo es nuevo e impredecible
pero si se jura de por vida
no habrá novedades
ni alegrías espontáneas
todo estará predeterminado

por eso las promesas
están hechas para romperse
por eso las personas
están hechas para romperse
entre ellas se prometen
para luego lastimarse
pero al menos el dolor
las hace sentirse vivas
las hace renovarse
y sorprenderse
entre tanta monotonía

por eso no prometas
no jures ni prometas
que asusta la monotonía
y asusta el extremo
de llegar a lastimarse
para sentirme viva
¡Que salte! ¡Que siga saltando!
Que no pare de saltar.
Con lo que me gusta verlo danzar en los aires...
Admiro sus mímicas. Me enternece la torpeza.
Y no hay parte de su cuerpo que no me enamore.
Completo para mí, me entrega su alma.
Yo le doy la mía y me siento liberada.
Allí van las dos, almas fugitivas,
seres unidos cabalgando por el cielo
en carrozas prendidas fuego que no paran de avanzar.
Avanzan más y más buscando alcanzar el Sol,
que lejano se alza para llenarlos de calor,
pero el brillo propio es más fuerte
y toda la pasión los encendió.
Vuelan alto, se siguen yendo,
derechito hacia ese lucero,
dando vueltas con el viento
en una ráfaga, envueltos.

carta

Lee bien, con atención:

Corre, corre lejos, ve para allá. Allí, justo ahí, en medio del bosque, hay un claro. Lo notarás, verás una gran araucaria que se alza como una reina. Descansa un poco en ese sitio. Huele, siente, sonríe. Levanta la vista, el sol cruza el cielo. Relájate y sigue corriendo entre los cipreses. Corre más, alejate más, sigue descubriendo. Olerás las flores de los notros. Verás su color rojizo, intenso, resaltando entre tanto turquesa y verde. Sigue adelante, escucha el sonido del agua. Busca alcanzar el lago. Pruébalo si deseas... ¿ves qué bien sabe? Deliciosa agua, pura, se desliza entre tus dedos. Siéntate en una roca y reposa en silencio. Duerme, sueña, sonríe. Diviértete, explora, recuerda. Saca fotografías con tus retinas. Grábalas en la mente para siempre. Nunca olvides ni reprimas, nunca dejes de correr. Nunca dejes de disfrutar la libertad del viento, el calor del sol, el frío del agua. No detengas las lágrimas de emoción ante tanta inmensidad. No detengas tus piernas en la caminata tras la felicidad. Mira y vive, vive con ganas, con ansias; extásiate, excítate. Vive descubriendo, usa tus sentidos de todas maneras. Sé feliz todo el tiempo, con cada parte de tu cuerpo. 

Y si me extrañas, luego ven... y cuéntamelo todo.
decile que sí
siempre decile que sí
porque si decís que no
cortás la probabilidad
cortás la posibilidad
y qué hubiese pasado
si en vez de decir "no"
hubieses dicho "sí"

¿y la cabeza qué?

¿y qué si se hace lo que se quiere?
"hacer lo que quiero" nos envuelve
somos lo que queremos
conformando el deseo

no te vayas/nunca vuelvas
la eterna indecisión del alma
hecha pedazos se arrastra
sin encontrar calma
sin saber la verdad
porque está acostumbrada
a que le mientan
que le gasten el color
y el todo es todo negro
no se siente porque no se ve
ojos ciegos, ¿y la cabeza qué?
si la cabeza sigue pensando
            [artefacto de desilusión]
y el corazón late y se contorsiona
de sólo imaginarnos
en brazos de otras personas

tengo una maldita discusión en mi cabeza entre lo que está bien y lo que está mal y la incertidumbre no me va a dejar en paz

tu alma con toda mi alma

La otra noche te cuidé toda la noche.
Y fue maravilloso.
Sentí tu alma conmigo, pidiéndome amor. Sentí tocar tu alma con cada mimo.
Es más que todo. Más que el mundo entero.
Pasó de nivel y superó la dimensión. Están las almas pegadas. Amo las risas. Los llantos y los abrazos. Los mimos. Los cantos. Los besos apasionados.
Amo tu alma con toda mi alma. No se van a despegar nunca. Están juntas.

La almohada.

Tu almohada huele a tu casa y me encanta. Porque huele a vos y a tu piel. Y a risas y a momentos. Me encanta recordarte en un aroma porque me da la pauta de lo grande del sentimiento. Porque si no fuese grande el amor no podría estar viéndote, acá, ahora, al lado, con sólo oler la almohada.

tentación, deseo y amor desembocando en un río en común
porque todas las corrientes me llevan hasta vos

dice basta
y no puede detenerse
es que no quiere detenerse
no quiere ni puede
porque el basta es mentira
no hay basta que exista
ni que le detenga
es tan simple como pensar
en algo fluyendo,
¿cómo detenerlo
si arrasa con lo que
se interponga por delante?
no existen obstáculos
sólo fluye
y no quiere detenerlo.

Tormenta.

Su cabeza sobre mi pecho.
Las respiraciones acompasadas.
Afuera hay tanto silencio... Sólo se oye el viento. Ese viento calmo y tranquilo, que antecede una lluvia. Es cuestión de esperar algunos minutos... Una luz intensa, fugaz, recorrerá todo el cielo y entrará por la ventana. Sólo unos segundos pasarán y se escuchará el primer trueno que, estremecedor, retumbará sobre las almas...
Pero no te despiertes ni te asustes. Es sólo la lluvia. Sólo la tormenta.
Seguí durmiendo, tranquilo, calmado.
Estás seguro. Te estoy cuidando.

cortarse la uña hasta donde dé
hasta que sangre
hasta que ya no quede más
para evitar arrancarse la piel
a rasguños
No me siento bien.
Necesito recibir amor.
Pero del tuyo nada más.

¿Y si dije algo que estaba mal?
¿Y si hice algo que estaba mal?
¿Tendré la chance de volver a escoger qué decir o qué hacer? Necesito abrazarte bajo la luz de la luna y las estrellas y volver a sentirte como la primera vez. Enceguecerme de nuevo y temblar con el más mínimo roce. Tiritar de frío y que me des tu campera. Y sonreirte, mirarte, sabiendo que me amabas, queriendo cuidarte. Quiero cuidarte todos los días. Despertate a mi lado, por favor.

Tengo que confesarlo: Quería ser como ella. La impronta dramática que le había dejado su primer experiencia amorosa me parecía insuperable. Lo amaba, sí, pero no parecía ser suficiente. Parecía ser poco al lado de ese dramatismo mezclado con sufrimiento que habían alcanzado ambos. Parecía ser poco ante esos llantos desconsolados telefónicos, ante esos intentos de suicidio, ante esa disposición que parecía ser plena, entrega completa, la vida puesta allí: si no te tengo, no quiero ser, ni existir, ni vivir. El hecho de haber tenido esa experiencia -maldita-, me había dejado pensante. Quería ser más. Quería ser mejor y más y más importante y más recordada. Ser más querida y más deseada y más amada. Y temí por ser menos. Temí y fui idiota. Porque los celos son estúpidos. Porque las personas son diferentes. Porque nadie merece desgracia. Ni el vecino, ni el portero del edificio donde vivís, ni la persona que más amás, ni la persona que alguna vez amó la persona que amás. Porque fui estúpida al creer que hacernos pasar por eso lograría superarlo. ¿De qué forma superar? Más que superar fue como agarrar el amor y colgarlo de una soga, suspendido sobre un piletón repleto de tiburones... Bastaba con que uno dé el salto más alto. Que uno lo muerda. Lo pique en pedacitos y lo escupa en el mar, al encontrarse con un amor vacío, insulso, hueco. Un amor desangrado, descuidado, desgastado, producto de una estúpida insistencia a querer ser más. A querer hacerle creer que el amor está en todas partes cuando en realidad no lo ve, ni lo va a ver, porque sólo se demuestra el esfuerzo y el empecinamiento en destruir, arrancar y asesinar ese amor que nació tan puro, dulce e inocente. Ese amor que parecía ser perfecto, hasta que lo agarré para hacerlo pedazos. Para ser como ella. Para lograr lo que ella logró en él.
Y me arrepiento. Y me odio. Y quiero volver en el tiempo.
Por mi idiotez. Por compararme. Por sentirme menor. Por dejarme caer a ese nivel.
Quiero volver a pegarlo.

Olor a vos.

Tengo olor a vos. A tu piel, a tus besos, tu saliva en mi cuello, tus manos en mi espalda, tus dedos recorriendo. Tengo este aroma tan tuyo que me hace saber que existe y es real y está presente. Que no soñé nada, ni lo de esta tarde ni lo de hace una semana ni lo de febrero ni lo de la primera vez abajo de la luz violeta. Existió y no sólo lo soñé, porque tus dientes brillaron y te vi sonreír, disfrutando las maravillas del destino, el habernos juntado, estar acá entregados. Y digo acá porque es mi habitación. Tu habitación. Donde está mi cama. Tu cama. La nuestra. La que nos ve crecer y madurar y caprichosear y pelear y reconciliarnos. La que ve el amanecer y el ocaso porque despierto y te miro ahí acostado y me duermo y te miro ahí acostado. Nadie puede robármelo. Nadie me saca los recuerdos. Nadie me quema la memoria. Los recuerdos más increíbles de mirarte al lado mío sonriendo suavemente con una mueca dibujada y la cabeza despeinada. Un respirar profundo que a veces deriva en ronquidos que me arranca todo sonido de alrededor. Sólo sirvo para escucharte allí, respirando; para mirarte allí, encegeciéndome, obnubilándome, tapando todo el resto. Ahí vos para mí y único y especial, tan singular y perfecto para mí y para mi mundo, para mi estúpida forma de amar, para mis caprichos y mis subestimaciones. Para mis inseguridades. Para mí maldita afición de arruinarlo todo. Tan frágil y yo tan cínica. Cruel. Idiota. Desilusionada. Buscando el problema cuando todo podría ser correcto. Y cómo me maldigo, cómo me odio. Cómo te admiro por amarme aún así. Cómo quisiera ser vos sólo un momento y estar absolutamente segura de que soy parte de tus sueños, de tu ilusión, de tus sentimientos. Cómo quisiera hacerte saber sin duda alguna que te amo más allá de todo.
me siento muy en falta cada vez que estás triste y no te puedo hacer sonreír
llego a sentirme como si fuera la culpable de que vos estés así
pero no lo puedo evitar
yo debería ser la responsable de salvarte
porque vos un día me dijiste que yo te salvaba
y si yo te salvo hoy quiero salvarte siempre
y darte la mano
y que estemos juntos pase lo que pase
Es un susurro a veces, quizá inaudible, que sale de mi boca sin más motivo que el decirlo. Decirlo hacia afuera y no sólo pensarlo, no sólo sentirlo. Decirlo, expulsarlo, balbucearlo. No me importa que lo oiga ni que entienda mi intención, sólo me importa decirlo, y ya. Pero sabe que susurré y no logró entender. Pregunta, pregunta qué dije, y lo miro y sonrío. Porque dije que lo amaba porque quería decirlo. Él ya lo sabe. No hace falta repetirlo. Necesitaba decírmelo a mí misma. Para que no se quede en mi cabeza, ni en un acto, ni en un roce, ni en las manos tomadas. Necesitaba decirlo con mi voz, con el alma y a consciencia. Y se lo repetí, más fuerte esta vez, más fuerte, para que lo oiga. 
Y se sonrió. Y me dijo que él también sentía igual.
Y su sonrisa me envolvió la vida con treinta y seis millones de colores.
           [valió la pena hablar claro.]
Y finalmente, creer en el futuro o en el pasado es incoherente. Porque el futuro es desconocido, el pasado irrepetible. Los errores y los tropiezos no fueron más que simples piedras. ¿Cómo saber si habrá un amanecer soleado o algo nublado? ¿Y si terminamos tapados por inundaciones devastadoras? ¿Y qué si morimos ahogados bajo la misma ola? ¿Aguantaremos la respiración tomados de la mano o vamos a soltarnos para ver quién emerge y es salvado?
no debo dudar si caigo
sé que estás ahí debajo
esperándome
para sostenerme
aunque no sepa hacerlo
vos sí lo sabés
lo sabés muy bien
y así vas
enseñándome de a poco
a sostenernos
cuánto costará un salvavidas
cuánto costará llegar a la orilla
y salir de este océano
que me está ahogando
segundo a segundo
más y más
llevándome hasta lo profundo
sin poder respirar
matándome sin piedad
alejándome de tu mundo

Los pies helados, la piel hirviendo.
Cama sola, cama fría.
Lágrimas cayendo.
Húmedo hasta el cemento.
Se escucha la respiración.
Entrecortada, moja la almohada.
Sobre sí misma abrazada,
susurra palabras que no dijo.
Porque simplemente
se quedó sin decirlas.
Porque la cama está tan fría...
Baja la mirada, busca un atisbo.
Los ojos se le nublan,
el miedo se hace vivo.
No hay nada, solo vacío.
Falta, y hace falta.
Se nota la ausencia,
se nota la falta.
Desaparece sin dejar rastro
y allí se queda ella,
acurrucada,
esperando ser salvada.

—¿Cómo sigue tu vida en mi ausencia?
Su pregunta repercutió en mi alma como un balazo a quemarropa de una escopeta calibre 12. ¿Vieron esas que se usan para cazar? Esas que te matan... o te matan. Porque el cartucho sale disparado y una lluvia de perdigones se dispersa en esa dirección. Y si no te pegan unos, te pegan los otros. Imagínense a quemarropa... Me invadió el cuerpo. Me llenó de plomo todo el pecho. Se me fue a las arterias, a las venas. Me tapó los capilares y me quedé isquémica. Se me durmió el cuerpo. Sentí frío, y dolor, y sangraba insistentemente. Quise respirar y no pude. Mis pulmones no funcionaban. Llenos de sangre, no respondían. Me esforzaba y era en vano. Era poco lo que quedaba, poco aire, poca luz que ver, poco aroma que oler, poca piel que sentir. No quedaba nada, porque era el final, porque me estaba muriendo ahí, en ese instante. Y no había solución, ni vuelta atrás, ni forma de ganar la partida. Porque la vida no había sido vida desde aquel día y sólo se convirtió en un lento y agonizante camino a la muerte. Porque nunca me había animado a olvidarme de todo, ni me había animado a dejar la vida, por cobarde, por temor. Porque siempre había sido así, terriblemente cagona, con ese maldito miedo a perderlo. Y el miedo se hizo realidad, lo hice real, me encargué de que sea así. Me odié, me odié insoportablemente, haciéndome caer en el peor de los abismos. Y allí me quedé, esperando el momento, reservándome el último aire, las últimas gotas de saliva, el último atisbo de razón, para poder responder y decir:
—Muerta.
sonreír y ser feliz
por el simple hecho
de vivir la vida
sintiéndose bien
calidez plena
humana y real
recorriendo las venas
inyectando al corazón
respirando profundo
ese aroma especial
impregnar los pulmones
dándole vida al cuerpo
a cada parte del cuerpo
ese que se estremece
cada vez que tocás
—Me gusta respirar cuando estoy cerca tuyo porque es como si respirara una parte de tu alma.
—¿Y qué tiene de emocionante eso?
—¿Sentir que respiro tu alma? Supongo que es un vicio mío.
—Un vicio más...
—Sí, es uno más, como el cigarrillo o como poner el volumen en números múltiplos de cinco. Como escuchar música o comerme las uñas.
—¿Y por qué soy tan especial?
—Porque sos el vicio más difícil de sobrellevar. Porque el tabaco es prácticamente inagotable. Porque mis uñas vuelven a crecer. Porque la música nunca termina y porque el volumen es un factor. Vos sos un ser humano y mañana podés desaparecer. Y soy dependiente. Si te vas, necesito irme con vos.
—Pero no me voy a ir.
—Eso decís hoy. Y quizá sea cierto y nunca te vayas. Pero algún día podés irte y ningún otro vicio va a ser suficiente como para suplir la falta de vos.
—Eso decís hoy.
—Ojalá algún día podamos vivir sin miedo.
—El miedo a perdernos hace especial el día a día. Si estuviésemos plenamente seguros de que mañana nos reencontramos, quizá este presente perdería el encanto. Un futuro incierto da cierto condimento.
—Me gusta que nos entendamos. Acercate y abrazame.
Respira hondo.

"ser feliz"

—Defina "ser feliz".
Iba a comenzar a hablar, pero decidió detenerse y formular su respuesta. Tenía que hacer una buena descripción. Creíble, poco idealista, real, bien mundana. Lo que querían escuchar los demás. Ese tipo de definiciones que, si estuviesen en una contratapa, llevarían a quien la lea a querer comprar el libro. Ese tipo de definiciones que no ilusionan sino que ubican en la realidad. Esas que parecen alcanzables. Esas que generan expectativas. Como un texto de autoayuda, un consejo de hermano, la palabra de un sacerdote.
Quería definirlo dejando de lado la subjetividad, sin irse a sus razones personales. La felicidad era algo intermitente en su vida. Se mostraba feliz a cada segundo, pero por dentro, un sinfín de virajes emocionales se contorsionaban y retorcían entre sí. Era cuestión de explicar la felicidad como un diccionario, sin describir lo que lo hacía sonreír a él, sin mencionar su nombre. ¿Cómo evitar pensar en ella si debía definir la felicidad? Si sonreía cada segundo que pasaba a su lado. Si era quien más le hacía reír. Carcajadas eternas entre caricias desnudas, piel con piel, abrazados en la cama. Horas y horas de miradas sinceras, lo único sincero de sus semanas. Esos días eran los días que él consideraba vividos. Y todo desde aquel hermoso y bendito día en el que cruzaron las miradas allí, en el medio de la clase. Allí ella, sonriente y gentil, simpática y real. Real como ninguna otra mujer que había visto en su vida. Ya no quería nada más efímero. Se había cansado del vacío existencial de las transitoriedades, todo breve, corto, fugaz. Y allí estaba ella, latiendo entre medio del resto. Cambiándole su vida para siempre. Porque a partir de ese momento así sería: ella, y el resto. Ese sería el mundo para él. Ella, y nadie más. Sus ojos como estandartes. Su sonrisa como bandera. Cómo no extrañarla cuando no estaba... Cómo no amarla a cada segundo. Cómo no desearla. Cómo no temer que alguien se la lleve... Ahí estaban estos sentimientos que no lo dejaban ser feliz. Y ahí estaba la razón de su felicidad, y de su infelicidad. Su presencia o ausencia. Su mano en la espalda, o su cama fría. Sus "te amo" en el oído, o el silencio de la soledad. El brillo y el aroma de su piel... o la oscuridad y el olor nauseabundo de la ciudad por la noche. Ella era su razón. Sus respiros. Sus latidos. Era la esencia de sus almas fundiéndose en un abrazo eterno, invaluable, incomparable...
No podía definir nada. Ya no podía pensar en nada más que en su cara. Su cara inundaba su mente. Recuerdos e imágenes. Momentos infinitos. Y un extrañar intenso que se incrementaba semana tras semana, descartando las horas, tachando los días, esperando el viernes por la noche, para dormir a su lado y amanecer mirándola, con ese semblante tan perfecto. No era amor, era más que eso. Más que felicidad. Más que plenitud. Era el todo. La vida misma. Su propia alma...
—¿Que defina "ser feliz"? Mire... le muestro una foto.
El problema de que una persona te salve de querer desaparecer del mundo no radica en deberle tal favor, sino en que se convierte en la futura razón de tus intenciones de desaparición.

canción única

El sonido de mi alma había sido insignificante siempre porque me decía qué era lo que estaba mal y yo decidía ignorarlo porque no me importaba. Era un sonido chillón que nunca cesaba pero a mí no me importaba porque no le prestaba atención. No me molestaba que estuviese presente porque cuando hacía las cosas mal me iba de mi cabeza y me olvidaba de que sonaba. Me iba largas horas y no me importaba irme porque era lo que quería: alejar ese sonido de mí. Se iba de a ratos para volver a invadirme los oídos de un momento a otro y necesitaba más para volver a aliviarlo. Porque sino no paraba y me ponía nerviosa porque hacía las cosas mal y seguía sonando. Porque no me importaba dejar de hacer las cosas mal pero quería que dejara de sonar y hacía las cosas mal porque lo alejaba momentáneamente. Nada lo tapaba ni lo callaba. No existía melodía ni acorde que sirviera de tapón. Era un círculo sin fin y ese ciclo me llenaba la vida porque mi vida estaba vacía y no había con qué llenar. Porque poco sentido había y poco sentido encontraba más que jugar a escuchar y apagar ese sonido que tanto me irritaba, que tanto me desesperaba. Era un sonido intrínseco a mí y hacía ecos por todo el cuerpo. Hacía ecos en mis pulmones y me los robaba y después en mi cerebro y después se apagaba y se volvía a prender. Y simplemente hacía oídos sordos y sonreía con falsa felicidad porque la plenitud no era real sino una careta para ocultar la realidad. Que no era feliz. Ni estaba completa. Ni oía los pájaros ni el ritmo del mar. No oía el viento ni podía escuchar las hojas de los árboles cuando se rozaban entre sí. Ni siquiera estas teclas que presiono para escribir. No oía nada más que ese maldito sonido que me acechaba a cada hora, porque las cosas estaban mal, porque las hacía mal, porque me gustaba hacerlas mal y me llenaban temporalmente.
Hasta que apareció una canción única que jamás había escuchado. No sólo era perfecta sino que sus notas parecían ser eternas. No tenía fin, ni tenía principio: parecía predeterminada a pertenecer a mi vida. Parecía hecha para mis oídos, para mis sentidos. La oí, la vi en el aire, la degusté con mis labios. La toqué y me hizo estremecer. La recordé, imprimiéndola en mi cerebro como una huella inagotable. Se volvió un recurso de vida. Un cáliz de oro puro con la pócima ideal para traerme la salvación. Fue ensueño y calor y cobijo. Fue un abrazo en el medio de julio y un beso en la frente que se fruncía. Fue un escalofrío que me erizó la piel y el terremoto que hizo temblar mi mundo. Fue una especie de alimento que se metió por mi boca para llenarme el interior. Se filtró por mi sangre y ocupó el corazón. La respiré, la canté, la narré. Le hice poemas a sus versos y a sus estrofas. Le dibujé unas sonrisas y otras se las regalé, sonriéndole, sincera, por primera vez. Le pinté las melodías y la hice bailar, para que se vuelva girones y me envuelva el cuerpo. La hice sonar. Sonó en mi alma. Sonó en mis adentros y tapó el sonido. Ese maldito sonido. Ese sonido inquietante que tanto me desesperaba. Lo tapó, lo mató y lo enterró profundo. Mató la sombra del alma que me tenía deshecha por dentro y por fuera. No más ira ni descontento ni tristeza. De vuelta la lluvia emocionaba. De vuelta cantaban los pájaros. De vuelta se oía el mar. Porque me dio las claves para ser feliz. Me dio el código que necesitaba. Los acordes para vivir. Para entregarme. Para amar.

mirarse

Desde el silencio de una voz apagada se puede, quizá, apreciar aún más la belleza, sin necesidad de articular palabra. Con el simple fin de la admiración: el simple y magnífico fin de quedarse mirando como si nada más sucediera en el mundo, mirar por gusto y por vicio y por afición. Mirar y sonreír por la felicidad que provoca la posibilidad de mirar. Admirar en silencio y quizá rozar con la mano, con el dorso o con la palma, la mejilla de esa cara que observo. Es bellísima y me da ganas de seguir mirándola eternamente. Y casualmente cruza su mirada con la mía, tan fija en sus ojos, sus rasgos, sus gestos. Cruzar miradas es como un flechazo en el medio del pecho, pero no de esos que lastiman, sino uno que deja fluir el alma hacia afuera, engrandeciendo cada respiración y haciendo palpitar el corazón. Son nervios y fantasías mezclados con la pasión de ese momento, ese cruce de miradas que se imprime en la retina para albergar la memoria para siempre. Mirarse ambos con el simple fin de la admiración, el simple y magnífico fin de quedarse mirando como si nada más sucediera en el mundo, mirar por gusto y por vicio y por afición. Mirarse y sonreír, los dos, por la felicidad que provoca la posibilidad de mirar. La posibilidad de haberse mirado en ese preciso instante y encontrarse, el uno al otro, en la infinidad universal.
Se me inundó el mar de palabras y de frasecitas armadas. Y no me importa, porque no van a salir: ya perdieron la gracia. Cuando sentir pasa de nivel, excede ese infantilismo inicial para dar lugar a un vínculo maduro, verdadero, absolutamente real y sin posibilidades de dubitación. O quizá sí, porque siempre habrá una duda, siempre un miedo... forma parte del sentimiento, de sentir algo tan fuerte y real y tener miedo de que se rompa, sufra o salga lastimado. Cuidar el sentimiento es cuidar el alma propia y la ajena, cuidar los despertares, el ocaso, los anocheceres. Es ser pareja, amantes y amigos a la vez: mimar un poco desde cada punto para que la rutina no lo degenere, porque es amor, sí, pero acompañado de esa cuota de pasión intensa, parece ser perenne. Es un sentimiento que envuelve a dos personas involucradas, y no importan los que rodean, qué piensan acerca de eso, qué pretenden, qué esperan de los dos. Sólo importan ellos, ambos: deseándose cada día más, deseando la compañía y disfrutando la existencia como si fuera el último momento de sus vidas. Es la pasión que se desenvuelve a su alrededor, formando espirales que los aproxima, los une, los mantiene cerca. Son dos que se aman y se viven y se sienten, y desean y sueñan y se emocionan por el porvenir. Son dos que se piensan y sonríen. Dos que, desesperados, pelean ante cualquier miedo idiota que amenaza con quebrar algo. Pelean sin querer y se rinden al mirarse, porque ven claro que no hay temor que los destruya: que es inmenso, enorme, infinito. Es amor, sin cuantificarlo: ni mucho ni poco ni demasiado ni más o menos. Amor, el amor único, un amor sólo, el amor del alma; ese que, de sólo sentirlo, invade toda la vida.
si se quiere
ser el mejor
no se debe
tener miedo
a errar

a su merced

A veces, simplemente, el miedo no radica en amar. No se tiene miedo al amor sino a amar sin ser amado. A amar y perder al ser amado. A amar y dejarse a uno mismo. Se teme a amar en soledad o a amar hasta desindividualizarse. Volverse el otro en ilusión de entrega plena y perdiendo la esencia que nos hace lo que somos. Pero, ¿qué sentido tiene dar hasta la esencia si nos va a dejar vacíos? Y la otra persona ya no se va a encontrar con lo que amaba. Va a descubrir un ser enajenado, desconocido, indefenso, dependiente, débil, carente de identidad. Ser que entregó todo y hasta su mismísima alma pensando en el amor como una disposición plena, aunque más que dispuesto parecería sacrificado ante ese sentimiento, exacerbado en obsesión, desquiciado y manipulador. ¿Y qué le queda al que nos amaba? ¿Cómo tratarnos? ¿Cómo evitar que su sentimiento de amor se desmorone al descubrir que nos convertimos en robots a su merced? ¿Cómo va a soportar la deshumanización?

pasional

La televisión estaba con el volumen al máximo, pero él no escuchaba nada. El último sonido de la puerta golpeando con tanta fuerza al ser cerrada lo había dejado sordo. Hacía unos segundos, ella había atravesado esa puerta. Se había ido, así sin más, enojada, gritándole barbaridades, culpándolo de sus desgracias. En realidad, él la había echado. Pero no le dijo que se vaya realmente. Le estaba anhelando que se quede. Porque hacía frío y era uno de esos días de invierno donde la soledad duele más sólo porque está frío. Uno de esos días donde ni la música llena. Porque el alma se congela y se queda allí, inmóvil, tiritante. Y desea poder no sentir, pero el frío no lo anestesia. Sólo se cuela entre sus huesos, estrangulándole el pecho, asfixiándolo. Está ido y congelado en el tiempo. Se le congelaron los pensamientos y los sentimientos. Está pasmado. Se fue y él no pudo hacer nada. No corrió detrás de ella. Sería una cuestión de orgullo, quizá. Pensó que funcionaría lo que siempre funcionaba a la inversa. Pensó que si le decía que se vaya, ella se quedaría. Como siempre que él se queda, por miedo a perderla. Como cada vez que ella le decía "andate", o "no me toques", para que él termine abrazándola y mimándola, aguantando sus golpes, su ignorancia y su frialdad. Malditos sean esos estúpidos arranques de histeria femenina reforzados por su estúpida tendencia a llamar la atención junto con su estúpida afición a dramatizarlo todo. Drama hasta en el más mínimo detalle. Drama hasta cuando todo andaba bien, porque ella necesitaba el drama, lo necesitaba para tener una excusa para ver a una amiga y tomarse un café en el bar de la esquina de la facultad. Una excusa para que la abracen mientras lloraba, repitiendo una y otra vez lo infeliz que era por su culpa. Y sus amigos sólo le decían que salga a divertirse. Y cancelaban la cita del sábado a la noche, cuando él le enviaba un mensaje de texto a las once de la noche preguntándole qué harían, si saldrían como habían arreglado antes de esa pelea tonta. Y ella sólo le responde que no, que no podía, que ya había acordado con "las chicas". Esas, "las chicas", esas mismas pseudoamigas que criticó frente a él, innumeradas veces. Esas imbéciles, esa que tiene un herpes porque es una regalada que anda con cualquiera, o esa que se hizo el alisado porque tiene unos rulos horribles, o esa que es una cornuda tremenda y no lo sabe, o esa que está muy flaca porque es una anoréxica asquerosa, o esa a la que le salió un grano en la frente, o esa que está embarazada y "se cagó la vida", o esa que está teniendo éxito en su carrera y es "una comelibros"... Y así, así días y tardes y noches enteras de escucharla despotricar contra todos, él sólo mirándola, mirándola y escuchando sus palabras vacías, tan vacías, tan despreciables. Pero él sentía que la amaba y la escuchaba y la dejaba hablar, porque a ella le hacía bien, porque después de esa charla él recibiría un "ay, amor, gracias por escucharme, sos el mejor, te amo". Esas frases que no salían nunca por espontaneidad, que sólo salían cuando él hacía algo por ella, algo tan corto de sentido como escucharla mientras criticaba a medio mundo, pero nunca cuando le preguntaba cómo estaba o cómo venía su día. Nunca cuando le decía que se cuide del frío o que le deseaba una buena jornada laboral. Simplemente vacío, vacío todo el tiempo, vacío de sentimientos y de expresiones y simple compañía por costumbre o por conveniencia o por belleza o por el sexo o por quién sabe qué. Y se dio cuenta, se dio cuenta después de todo, que ese maldito frío y esa soledad tan abrumadora eran mejor compañía que la de ella. Porque en su soledad descubrió todos estos pensamientos, todo lo que le hizo descubrir que eso no estaba bien, que él no estaba bien, que su alma estaba sufriendo y que vivía por alguien que no daba nada por él. Se había inventado una relación en la cabeza, que sí, quizá alguna vez había existido, quizá cuando eran más chicos e inocentes. Pero ahora ya no era así, debería asumir los cambios. Las cosas habían dado un vuelco, El clima tenía que cambiar. Tenían que cambiar porque no era feliz, porque se había empecinado en mantener a su lado a alguien que parecía que hacía mucho tiempo que se quería ir. Pero parece que le gustaba el juego de llevarlo de las narices a todos lados. Así que decidió no llamarla. No hablarle ni saber cómo había llegado. No comunicarse para nada. Lloraba, lloraba porque la amaba a pesar de todo, pero ya no quería sentirse así, ya no quería saber más nada con esa persona, que había pasado de ser su pareja, a una desconocida. Ya no quería que existiera, quería que desaparezca, que se vaya para siempre.
Volvió a la realidad cuando de repente, escuchó su nombre. No era su mente. Era su nombre y apellido, completos. Lo volvió a escuchar, lo escuchó desde atrás suyo, lo escuchó desde la televisión. Vio las noticias. "Asesinato en Microcentro" decía el titular. "Murió al instante" decía más abajo. "Tenía 27 años" exclamó el periodista. "¿Un crimen pasional?" preguntó alguien, pero ya no logró distinguirlo, tenía la vista nublada. Le temblaba el cuerpo, las piernas, los brazos.
Observó sus manos. Estaban ensangrentadas.

definiciones


Siempre buscando definir todo.
Siempre tratando de ponerle palabras a cada cosa que se nos cruza por la cabeza.
Descripción, numerar, clasificar, comparar, cuantificar. Si mucho o poco o nada o demasiado, si intenso o fuerte o débil, si hasta mañana, hasta ayer, hasta siempre.
Siempre buscando inicios y estableciendo finales. Poniendo títulos. Llenando hojas y hojas de letras formando palabras, formando frases, formando oraciones, textualizando una narración que tiene por objetivo definir.
Dar la definición de todo. Definir un sentimiento. Un recuerdo. Una emoción. Cuánto amamos, cómo recordamos, si nos emocionamos. Qué entregamos, qué recibimos. Cuantificando y calificando y clasificando. Estructuras. Jerarquías. Y al final... la nada misma.
¿Y qué diferencia un "te amo" de un "te amo mucho"? ¿Qué verifica un "te extraño" si nunca hay "paso por tu casa"? ¿Y qué asegura que un "para siempre" va a ser eterno? 
Para qué decirlo, para qué perder tiempo preciado diciéndolo, escribiéndolo... Si con una mirada alcanza. Un beso. Una caricia. Un llamado. Preocuparse, acompañar, estar. Continuar allí, persistentes, sin prometer infinidades: simplemente llevándolas a cabo. 
Abandonar las definiciones para eliminar los límites que definir trae consigo. Volver todo ilimitado, sin fin, sin cota. Sin estructuras que nos digan cómo. Sin manuales que expliquen por qué. Liberar el sentimiento y dejarlo ser, ser uno mismo el sentimiento, desenvolviéndose, inmerso en él.

"Ser médico... es fácil" - Dr. Antonio Armando Lara

Me pides muchacho aclare tus dudas
que como fantasmas, te acosan y apuran.
Seguro que esperas respuestas maduras
que alumbren a giorno tus sombras oscuras.
Sé bien lo que quieres y ansío ayudarte,
porque esas dudas remozan mi sangre
ya que fueron mías al recién graduarme,
algo, poco o mucho, tengo que brindarte.
La ruta es muy larga, casi inalcanzable,
es siempre exigencia, permanente darse,
pensar en los otros, comprender, amarles,
sentir sus dolores, sufrir en su carne.
Ser timón y guía en cada percance:
responsable pleno de sus desenlaces.
Ser hermano, amigo, confesor o padre,
tumba de secretos que jamás violares.
Calmante de angustias, dolores o hambre,
curioso obsesivo que explora incesante
el cuerpo, la psiquis, el mundo o el aire,
sin renunciar nunca a beneficiarles.
Que el fin del balance no pueda acusarte,
que tu meta sea siempre un semejante:
sin nombre, sin cara, al que te entregaste
con toda tu ciencia, tu atención y tu arte.
Recibir por pago lo que no soñaste:
los ojos llorosos de una pobre madre
que rogando al cielo pretende expresarse,
y lágrimas sólo tienen para darte.
Ya ves mi muchacho, no te me acobardes,
vocación ya tienes, completa el bagaje,
junta valentía, honradez, coraje,
y verás entonces: ser médico... es fácil.

Dr. Antonio Armando Lara

Gracias Julián Prieto por el aporte a tus alumnos de este hermoso poema.
Voy a construir una casa. No va a ser una casa cualquiera. Quizá será chiquita y pequeñita. Tendrá una cocina compartida con el comedor, algún silloncito inclinado en dirección a la televisión y una cama grande para dormir y quizá comer y quizá charlar y quizá llorar y quizá desvelarnos noches enteras sin descansar. Va a tener una pared repleta de fotografías, quizá nuestras, quizá de sueños, quizá de aquellos destinos a los que deseamos llegar. Voy a pegar nuestros dibujos en las paredes y hasta algún "te amo" escrito en algún volante que algún repartidor te dio al pasar. Voy a cocinar las comidas más ricas para que noche tras noche saborees la vida de una forma diferente. Voy a besarte inesperadamente para que cada día te sorprendas por el amor que sentimos. Voy a mimarte paso a paso y masajearte la espalda cuando estés sentado en tu silla descansando luego de cenar. Voy a doblarte la ropa al irte a dormir y despertarte con un beso en la mañana, pasándote la mano por el cabello (lo que tanto me gusta hacer). Voy a construirnos un baño con una ducha enorme, que nos permita mojarnos al mismo tiempo, para besarte bajo la lluvia sin que suframos frío. Voy a bañarme con vos para que me veas siempre como soy en toda situación. Para verte puro y limpio y todo y vos allí. Para que el agua se lleve los dramas y problemas del momento. Que en su pasar, drene lo que tenemos guardado dentro. Y por si esto no alcanza, voy a dejar un gran espacio para el patio de atrás. Voy a plantar flores para que nunca nos falten los colores. Voy a plantar un árbol a tu lado y lo vas a plantar conmigo para marcarnos la vida para siempre. Voy a construir un pozo de los deseos y regalarte millones de monedas para tirarlas juntos y desear por igual. Voy a regalarnos cintitas para atar nuestros problemas con delicadeza. Voy a acariciarnos e intentar que, en el día a día, el amor no adelgace. Que no se pierda ni se olvide ni se reemplace. Que sea puro y completo como el de la primera vez. Y que ambos tengamos impresa la posibilidad de creer y percibirlo y asimilarlo y guardarlo en lo más hondo del alma. Guardarlo ahí donde guardamos todas las cosas hermosas de la vida, todos los hitos que recordamos con lágrimas de emoción en los ojos, pasados 20 años. Quiero guardarnos en mi alma y escribir nuestra historia en el tiempo.

polígono

Y hay días que me siento un chiliágono,
y hay días que me siento un eneágono,
y hay días que sólo soy un triángulo,
que con un solo quiebre me caigo,
me destrozo y pierdo mi forma por completo.
Pero descubrí que hay un método
para independizarse de los lados,
de la cantidad que me formen
o del número de vértices:
es llenándome de vos
y de tu mágica maleabilidad,
porque sos tan increíble
que te adecuás a mi forma
siendo el relleno perfecto
para nunca dejarme quebrar,
ni destrozarme,
ni perder mi forma por completo,
y que me importe un bledo
qué polígono soy hoy;
en el área siempre vas a estar vos.
Hoy le dije a un amigo que hacía mucho que no escribía y se rió. Le dije que disculpe por lo que le decía, que no me preste atención. Lo conozco y sé que su escritura depende de su ánimo. Bien de dramaturgo. A peor humor, mejor escritura. A más negros los pensamientos, más intensa, más dramática, más profunda. Justo lo que a la gente le gusta. Porque a nadie le llama la atención un texto que hable de mariposas aladas sobrevolando un parque, lleno de rosas, lleno de flores, perfume a primavera y a niñas pequeñas tarareando una canción. A nadie le gustan las historias que terminan bien. A nadie le gusta oír que todo va a estar bien porque siempre andan buscando la forma de quebrar algún lado de la figura geométrica. Quizás es un chiliágono y si un lado se quiebra nada pasa porque quedan novecientos noventa y nueve para soportar la figura, para mantenerla en pie. Pero, ¿qué de aquellos que sólo son triángulos? Si un lado se quiebra se caen. Los lados restantes quedan en la nada: disminuyéndose su ángulo cada vez más y más rápido, caen hasta colapsar entre sí, estallando en mil pedazos. Y esa es la historia que a todos les gusta. La de la caída. La ruptura. El dolor y el sufrimiento. Porque todos quieren leer cómo lo dejaron, cómo lloró, cómo se cortó las venas, y cómo sangró. Cómo golpeó las paredes impactando el cemento contra sus nudillos y su frente, y cómo se arañó la espalda en un intento de abrazarse por completo, un suplicio en suplencia de un abrazo ajeno que jamás iba a llegar. Quieren leer sobre soledad y sobre marcas en la piel porque eso es lo que les gusta. Las historias que no terminan bien. Las historias que terminan. Y así, banalizan la tristeza y el dolor real, trillando hasta al llanto. Se acostumbran a las mentiras, buscan el drama. Inventan algo para luego destruirlo por el sólo hecho de mostrar la capacidad de superación. Ir así, saltando de flor en flor, dramatizándose. Así siempre. Así todos los días del año, sin descanso.
Y nosotros acá, tratando de quedarnos adentro de la burbuja, huyendo de este cinismo social. A veces se nos hacen agujeros, y nos debilitamos, y nos convencen... Pero no dura mucho. Siempre te quedas adentro para atajarme. Siempre me quedo adentro para atajarte. Y no dejarnos caer, ni cuando nos quieren tirar. 
El amor no es incondicional. El amor te crea un millón de condiciones para vivir, para sentir y para mantenerte vivo. El amor te ata y no podés desatarte ni aunque lo intentes. El amor roza el filo de la obsesión y te obliga a creer que los sueños van a ser reales y que las ilusiones son concretas. Pero la realidad no existe y es solo una cuestión de percepción. La realidad del amor es perceptible por los dos que dicen amarse. Y de pronto, quizá, uno se pierde. Se aleja de la base. Descuida. Deja de percibir. Y, en ese momento, ¿cómo hace para seguir? Creer que el amor es real, cuando en realidad también es sólo percepción. Y si no lo percibe, ¿dónde lo encuentra? ¿cómo seguir creyendo? ¿cómo no querer suprimir cada atisbo de sentir?
no quiero irme nunca de vos ni de nosotros aunque mi cabeza me haga creer que sería lo correcto porque las cosas en mi mente están mal y me hacen pensar en situaciones que no existen ni jamás existieron pero vienen a mi mente fugaces reales y hasta creíbles y no puedo entender por qué mi mente me hace ese juego si eso no sucedió ni va a suceder y cuando descubro que es así mi mente se las arregla para hacerme creer que sí sucederán y sí pasarán y me va a dejar sola ilusionada creyendo en que la historia de los dos va a seguir escribiéndose pero no va a ser así y mi cabeza me dice que suelte todo pero no quiero soltar porque descubro que son sólo miedos y son sólo sustos porque esa no es la verdad porque eso no es lo real porque las cosas así no son ni serán ni van a ser porque sé a quién amo y sé cuánto me ama quien amo y no tengo que dejarme vencer porque mi cabeza se esfuerce en pintarme de negro las paredes y pintar la puerta y pintarme a mí y hundirme despacio en una ciénaga negra repleta de todo esto repleta de todo lo que me hace mal que es todo lo que yo creé que es todo lo que yo inventé que es todo lo que mi cabeza pensó de la nada y porque sí y sin razones y porque mi cabeza se hincha y crece y se llena de negrura y yo estoy acá sola y no tengo a qué aferrarme porque está lejos y extraño

su música

Le fluye la música por el alma e increíblemente se siente satisfecha de un momento a otro. Porque la música la llena y se siente completa de solo escucharla. Porque le trae recuerdos y miradas y quizá hasta la sensación que sintió cuando sucedió todo. Porque le eriza la piel y se estremece por todos lados. No son sólo notas, son como caricias, como besos, como abrazos. Sus canciones. Melodías. Introducciones e interludios. Letras... Siente como si la música fuera de ella, aunque también es de él, y quizá es la música de alguien más. Pero a ella la traslada y eso la hace feliz. Aún extrañando y necesitando, se traslada a través del tiempo y del espacio para instalarse, momentáneamente, en un recuerdo. Recuerdo lindo y lleno de vida, lleno de alma y amor, lleno de sonrisas y hasta llantos de emoción, pero recuerdo de verdad. Quizá de hace unos días, quizá de hace unos meses, quizá el primer recuerdo, quizá el último. Pero es uno de esos recuerdos increíbles que de sólo pensarlos la hacen sonreír. Sonríe porque sabe que los vivió y que quedan muchos por vivir. Así es que en esos momentos no teme (tanto). No se preocupa por el futuro y vive el presente disfrutando, recibe el mañana predispuesta. Y la hace feliz, la hace feliz y lo sabe, la completa y lo sabe. Él lo sabe, porque no es la música sola, no son sólo las notas: son como caricias, como besos, como abrazos. Sus caricias, sus besos, sus abrazos. La tocan por todos lados y se sonroja y cosquillea y carcajea. Sonríe porque es feliz porque él la toca y ella quiere que él la toque. Porque todo es maravilloso cuando la toca. Porque la toca y surgen las notas. Porque la toca y empieza a sonar. Porque se le llena el alma de emoción y le fluye música en el pecho aunque nada se oiga, aunque haya silencio, aunque se vuelva sorda. Música intrínseca de su alma, que se oye despacito y la va envolviendo hasta llenarla por completo. La música la llena. Y él es quien la provoca. 

la excepción

Me vio y, apenas pasados unos segundos, me pidió que haga una excepción. Me lo pidió sin hablar y lo supe, como saben las cosas las almas cuando sólo con mirarse pueden comprender el significado de las miradas. Pero, ¿una excepción? ¿cómo hacerlo? Si nunca había actuado así. Era todo nuevo y no sabía cómo tenía que reaccionar. Él se acercó y me abrazó mientras se atrevía a meter su mano por mi espalda. Hizo contacto directo con mi piel, y por primera vez en mi vida me estremecí. Temblé, temblé como nunca antes. Tembló mi cuerpo entero. Sentí esa mano como si fuera un cable pelado deslizando electricidad sobre mí. Sentí ese aroma desprendiéndose de su piel avanzando hasta mi nariz como un gas mortífero. Sí, se metió en mi pecho y atravesó mis pulmones, alcanzó mis alvéolos, se introdujo en mi sangre, se esparció por mi cuerpo. Allí, en cada célula, su esencia envolviéndome. Mutando mi ADN para infectarme de él. Para meterse hasta lo más profundo de mi ser. Lo más pequeño. Lo más esencial. Allí estaba. Como una enfermedad. Y allí comprendí que había hecho la excepción sin darme cuenta. Que sólo con su petición había bastado, que simplemente bastó con mirar sus ojos, abrazarlo y llevar mi cabeza sobre su pecho para sentir su aroma y respirarlo profundo.  Allí estuvo la excepción. Cuando decidí meterlo adentro mío como jamás lo había hecho en mi vida. Así debía ser. Él era la excepción. Era el ser hecho para mí. Y yo, la mujer para él. Únicos en nuestra especie. Destinados a coincidir en esa madrugada, sobre ese sillón. Destinados a mirarnos, abrazarnos, mimarnos y respirar, encadenándonos para siempre.

una vez...

Una vez que triunfás,
cuando no lo esperaste,
una vez que fracasás,
y te costó remontarte,
una vez que te dormís,
sin alarma ni límite de tiempo,
una vez que te levantás,
y haces fuerza para salir de la cama,
una vez que te tatuás,
y dejás marcada tu piel por siempre,
una vez que te cortás,
y sangra tanto que ya no se siente,
una vez que llorás
como nunca habías llorado,
una vez que te reís
hasta que te explotan las mejillas,
una vez que gritás
tan fuerte como podrías,
una vez que te animás
a decir lo que siempre callaste,
una vez que te parás
en la cima más alta,
una vez que te agachás
tanto que la tierra parece montaña,
una vez que escuchás
hasta el mismísimo silencio,
una vez que corrés
tan libre como el viento,
una vez que te encerrás
y te quedás como apagado,
una vez que pintás
siguiendo las formas de tus manos,
una vez que iluminás
con la intensidad de un faro,
una vez que saltás
buscando el cielo con las manos,
una vez que temblás
bajo el frío más helado,
una vez que transpirás
hasta la gota más oculta,
una vez que respirás
hondo como la mar más profunda,
una vez que mirás
incluso en medio de la negrura,
una vez que aprendés
hasta ya no tener más dudas,
una vez que enseñás
y reconocés la huella impresa,
una vez que festejás
hasta olvidar qué celebrabas,
una vez que te encontrás
donde jamás lo imaginabas,
una vez que perdonás
no sólo a otros sino a vos mismo,
una vez que aconsejás
un consejo que aplicarías,
una vez que hablás
durante horas con la vida,
una vez que volás
estando parado en la avenida,
una vez que olés
la tierra húmeda en primavera,
una vez que sentís
una mano ajena en tu cabeza,
una vez que creés
en algo que vos mismo creaste,
una vez que soñás
con cosas que nunca imaginaste,
una vez que buscás
incansable la libertad del alma,
una vez que usás
esa ropa que siempre deseaste,
una vez que te proponés
una meta inalcanzable,
una vez que disfrutás
sin buscar más que una sonrisa,
una vez que acariciás
y se te pone la piel de gallina,
una vez que abrazás
y la eternidad aceptarías,
una vez que besas
hasta desgastar tus labios,
una vez que amás tanto
hasta dejar el corazón revelado...
Una vez que cada una de estas acciones suceden,
sientes la vida distinta.
Una vez que todo esto sucede,
sientes distinto.
El pensar se hace extenso.
Aún más el sentimiento.
Y la sensibilidad se sensibiliza,
aunque parezcamos más vulnerables,
la realidad es que
somos mucho más fuertes e inmortales que antes.
Somos más eternos.
Y la vida cambia.
Cambia el amor.
Cambian los cuentos.
Cambian los colores.
Cambian el día y la noche.
Cambian los árboles.
Tiembla el cemento.
Todo se hace mucho más intenso.
Crecer... Y aprender a aceptar. Aprender a vivir por uno mismo y no esperando milagros, ni propios, ni de los demás. Aprender que la perfección no se encuentra en la humanidad: ser humanos nos da la condición de imperfectos. Aún aunque busquemos la perfección incansablemente, nunca vamos a encontrarla. Ni en terceros, ni en nuestras obras, ni en nuestras creaciones, ni mucho menos en nuestras relaciones, que no implican una sino DOS personas imperfectas, buscando la perfección continuamente. ¿Qué sentido tiene intentar ser perfecto, si en ese intento se pierde tiempo irrepetible? Tiempo que se escurre como arena entre los dedos de las manos, mientras nos esforzamos en buscar algo inalcanzable. Y perdemos el disfrute. Perdemos la esencia. Nos olvidamos de apreciar las cosas pequeñas por soñar grandezas que son insignificantes. 
Sí, buscamos la perfección. La buscamos todo el tiempo, toda la vida, y es inevitable. Pero quizá, algún día, encontramos cómo liberarnos cuando descubrimos la belleza en el error. Aprendemos a reírnos de las caídas. Aceptamos que hay imperfecciones que nos hacen hermosos. Nos hacen personas. Nos hacen humanos. Nos despegan de la automatización. Nos despegan de la rutina de los días. Nos da la magia, la diferencia, la sorpresa: cada día algo nuevo, algo que contar, algo de lo que reírse o por lo que llorar. Algo para disfrutar, para ser feliz, o simplemente, dejarlo ir, y soltar. Algo que amar. Alguien a quien amar. Quizá erróneo, quizá torpe, o herido, o cruel quizá. Imperfecto, sí. Pero humano, como yo. Imperfecto, como yo.

Celeste

Celeste llora cuando piensa que
el amor no le corresponderá.
Llora porque imagina
que la van a dejar.
Celeste llora y se repite
qué infeliz sería
si algún día se enamora
y termina abandonada.
Celeste mira el cielo
que siempre está nublado
y no entiende por qué
las nubes no se borran.
Celeste siempre teme
que la hagan sufrir
entonces se automutila
para controlar el dolor.
Celeste no resplandece,
no sonríe ni es feliz.
Le tiene miedo a morir
pero no sabe lo que es vida.
Celeste no tiene color,
está monocromática.
Se olvidó de cómo brillar,
amanece sin esperanzas.
Celeste se fue de su casa
una vez, allá a los dieciséis.
Nadie la volvió a ver,
sólo un chico en la plaza.
Celeste está tan flaca,
no come, no nada.
Sufre frío cada madrugada
bajo un árbol, solitaria.
Celeste está asustada
y no sabe por qué.
Perdió toda la voz
(podría haber cantado).
Celeste grita en silencio
y sangra demasiado
por debajo de las mangas
(es su propia elección).
Celeste nunca tuvo amigos
ni conoce lo que es el amor.
Sólo escuchó por ahí
que la gente te lastima.
Que los amigos no existen
más que para traicionar.
Que el amor es una farsa,
sólo un cuento que contar.
Celeste no sueña,
no mira, no huele.
No quiere sentir nada
porque sabe que nadie la siente.
Celeste llora por última vez
y patea el banquito bajo sus pies.
Y ese chico de la plaza lloró
cuando se enteró que se fue.
Bajo el árbol de la plaza
plantó flores color celeste.
Dejó lágrimas en su entierro,
y nunca más volvió a ese lugar.
Después de haber entendido lo que era la polinización, preguntó:
-¿Y qué pasa si se muriesen todas las abejas? ¿Qué sería de las flores?
Y comprendió en un hecho tan simple e intrínseco de la naturaleza que esa especie de simbiosis la sufría todo ser que algún día experimenta el amor puro y sincero. Esa dependencia tan real y consciente que se manifiesta con sólo despertarse en la mañana sabiendo que nos soñamos. Esperando las palabras que deseen un buen día o la conversación que inicie con un "¿cómo estás?". Y de esos sinceros, de esos que quieren saber dónde estamos, cuándo volvemos a casa, si estamos seguros, si comimos, si pasamos frío o tenemos calor, si tenemos miedo o estamos felices, si lloramos, si nos enojamos, o si estamos tristes por alguna razón. Esos deseos de "buen día" que envuelven un millar de "ojalá"s: ojalá llegues a tiempo, ojalá no esperes mucho el colectivo, ojalá te vaya bien en el examen, ojalá tus profesores no te jodan demasiado, ojalá llegues a tu casa y tus mascotas te reciban saltando, ojalá tu mamá te haga un almuerzo de tu agrado, ojalá tengas un ratito para una siesta calentita, ojalá te acuerdes de mí y me mandes alguna frasecita. Y así pasa el día, así transcurren las horas, así se desean los deseos deseados. E impreso en la mente un nombre determinado, pensando en cada momento si está teniendo un buen día, si está bien, si está abrigado. Impreso en el alma el último beso dado. Impresas en la piel las caricias del domingo. Inserto en la nariz el aroma de su piel. Conservando el sabor del café de la merienda, y la imagen de su sonrisa tras la extensa carcajada que liberó cuando dijo alguna idiotez. Quizá así deba vivir, conservando esos recuerdos sensitivos en cada región de la memoria. Cuidándolos y mimándolos con cuidado para no perderlos ni lastimarlos. Esperar en silencio y sonriendo recordando, así mientras pasa el día, así mientras transcurren las horas, así mientras se desean los deseos deseados. Así, "buen día" en silencio. Así, "cómo estás" en silencio. Esperando el reencuentro. Esperando el momento perfecto para verlo y recrear nuevos recuerdos. Imprimirlos en los sentidos. Disfrutar de su compañía para luego volver a la extrañeza, pensándolo todo el tiempo, presente en su mente. Y otra vez, el silencio. Y otra vez, la espera. Así, prolongándose en el tiempo, esperando el vuelco.

reescribirse

Necesitaba encontrarle un nuevo sentido a la escritura. Necesitaba encontrárselo, y urgente, porque todo lo que había hecho ese tiempo había estado vacío y carente de vida. Necesitaba reescribir todo, reescribirse a sí misma, reescribir la historia. No podría constituirla nuevamente desde el principio: sabía que eso sí era imposible, sabía que no había forma de volver atrás. Si pudiese hacerlo, ¡cuántas cosas cambiaría! Tantos detalles, tantos recuerdos, tantos momentos insignificantes. ¿Y por qué, si eran insignificantes, los cambiaría? Porque no quería que estén allí. Por insignificantes que sean. Por tontos, olvidados en el tiempo. Quizá hasta le daba asco. Asco de su simple presencia en su historia. Alguna vez hubiese dicho que "está bien, el pasado es parte de la vida, hay que aceptarlo, nos hace quien somos". Y ahora ni siquiera se lo cree. Ya no cree en lo que eran sus propias convicciones. No cree en que todo es azaroso, y que la vida será lo que vendrá. No quiere que sea azaroso porque teme perder en el azar. Perder lo que más quiere. Perder ese trozo de su alma que reside en la otra persona; ese ser esencial al que tanto ama. Y ahí piensa en su pasado y siente que llegó hasta él gracias a su pasado. Que su pasado la constituyó como tal y que por eso lo encontró. Que por eso, aquel día, logró hablarle. Que por eso, en su convicción de arriesgarse, al todo o a la nada, descubrió en ese hombre al amor de su vida. Y ahí se da vuelta, y agradece a su pasado el haber existido. El haberla hecho así. Haber forjado esa personalidad, golpeada por cada suceso, cada experiencia, cada hecho. Y ahí retoma sus convicciones y cree que el azar la llevó hacia donde está, que el azar es el que dispone, el que crea, el que juega con los seres para unirlos azarosamente entre lazos de colores. Pero ante eso, se asusta, se alarma, y teme. Teme que el azar, que la llevó hacia donde esta, se lo lleve a él hacia otro lugar. Que corte los lazos. Que rompa las cuerdas. Que desate la unión y los despegue, empujándolos, alejándolos, en opuesta dirección...
Y así vive, en esa encrucijada, ida y vuelta, entre sus convicciones pasadas, sus convicciones actuales, la esperanza del futuro. Vive en ilusiones olvidándose de que hay un presente, y pensando sin actuar, temiendo sin arriesgar, llorando por los riesgos que conlleva el amar.

oasis

Jamás me sentí tan viva como en este momento.
Jamás me sentí tan feliz de sentir algo como esto que siento.
¡Ay de la vida!
¡Ay de este sentimiento!
Qué grande es, tan increíble, tan inmenso.
Me nutre, me alimenta, me guía todo el tiempo.
Quiero que prevalezca, que se vuelva eterno.
Que permanezca en las almas, para siempre, nuestro.
¡Ay del amor inmenso!
¡Ay del amor eterno!
Tus besos son un oasis en el medio del desierto,
y tu calor es infinito hasta en el frío más intenso.
Nada como tu piel, nada como tu cuerpo,
ni como esa sensación cuando me rozan tus dedos.
¡Ay de tus dulces besos!
¡Ay de tu calor intenso!
Me deshago entre tus brazos y me salen estos versos,
con mis labios los escribo cuando pasan por tu espalda,
o tan sólo con mi mirada, que reemplaza mil palabras,
cada vez que encuentro tus ojos en el medio de la nada.

nací para vos (2)

tengo tu nombre y apellido
escrito en cada surco cerebral
impreso en mi memoria
como si fuera una impronta
como si ya hubiese venido escrito
en mi información genética
desde antes de conocerte
desde antes de saber
que eras el amor de mi vida
como si desde siempre
hubiese estado establecido
que estaba hecha para vos
como si hubiese nacido
para darte mi cuerpo
para regalarte mi vida
para entregarte el alma.

nací para vos

sólo deseo que nos quedemos así
que nos recordemos así
hasta el final de los tiempos
porque simplemente
se me despierta un placer
cada vez que te miro reír
me inyectás adrenalina
directo en el alma
atravesándome el pecho
y el corazón se me acelera
como si no quedara más tiempo
como si no existiese mañana
como si ya no hubiesen
esperanzas de vida
como si fuesen los últimos segundos
y es allí donde quiero estar
hasta el final de los tiempos
echada sobre tu cuerpo
respirándote profundo
ensartándote en mis venas
invadiéndome el cuerpo
mezclándote con mi sangre
irrigando cada parte
llenándome de vos
de tu piel y tu deseo
de tu amor y de tus sueños
del calor de tu pasión
de las letras de tu nombre
porque nací para vos
y me lleno de vos
porque soy para vos
hasta el final de los tiempos.

primer beso

Me gusta eso que hacemos de vez en cuando de recrear nuestro primer beso. Hoy hacen diez meses y lo recreamos tantas veces que dudo poder olvidarlo alguna vez. Fue el beso más lindo que me habían dado en la vida, que quería que formara parte de mi vida desde ese momento y para siempre. Hoy hace 10 meses de ese primer beso y, aunque estemos peleados, quiero volver a verte cuanto antes y olvidarme de cualquier malestar, mirarte y cerrar los ojos cuando esté cerca de tu boca, respirarte despacito y apoyar mis labios entreabiertos sobre los tuyos, haciendo el contacto más hermoso, tocando tu energía vital, inhalando el mismo aire que está dándote la vida. Hago contacto con tus labios y me deshago de amor, porque son lo más dulce que probé, y lo que más deseo cada día. Son suaves y tibios, algo húmedos, carnosos, rojizos. Son maravillosamente únicos, frágiles, tan fáciles de cortar con sólo una pequeña mordida. Tan fáciles de herir con mis dientes. Tan sencillo hacerlos sangrar. Y me introduzco en el beso como si fuese una posesión, como si fuese el último beso que voy a darte. Y mi lengua baila con la tuya. Y me río quizá del cosquilleo que me recorrre cuando siento cómo se me eriza la piel cuando tus labios me tocan. Se me derrite el alma mientras me excito de pies a cabeza. Y así empieza, así se desencadena, hasta terminar desnuda durmiendo sobre tu pecho, besándote despacio, escuchando el latido del corazón.
Es una sensación incomparable. Es la sensación más hermosa.