Living under the chords


A cada dilema, cuestionamiento, pregunta que se nos presenta.
A cada locura, indecisión, incertidumbre.
Siempre, elegir con el corazón.
Elegir con amor.
Que el amor nos lleva, dirige, guía...

Y recordó eso que había hecho alguna vez... 
Esa tontera de pequeña, de niña, de infante.
Eso de ilusos, de crédulos.
Eso a lo que nadie le da importancia.
Eso que tal vez, a nadie le servía de nada.
Eso que muchos veían como pérdida de tiempo.
Eso que quizás no tenía significado.
Eso...


Eso de cerrar los ojos y dejar que el sol la completara.




Aunque su vacío era imposible de llenar... Se sintió algo mejor.

Otro tren. Y van trece ya.
En una misma noche, en el silencio de la oscuridad, los escucha. 
Y su alma se acongoja en una soledad desolada.
Su alma se reprime ante esa imposibilidad.
Imposible gritarlo, imposible decirlo.
¿A quién le diría? ¿Con quién cuestionaría?
Si sólo él la entendía, sólo a él le interesaba.
Sólo con él comprendía los colores, las formas.
Sólo con él el silencio eran palabras.
Sólo con él el cerrar los ojos eran miradas.
Sólo con él el soñarse era tenerse.
Tenerse juntos, tenerse el uno al otro.
Unidas, las mitades... Prometiendo jamás dejarse.
Jamás separarse.


¿Y dónde quedaron esas promesas?
¿Dónde fueron a parar los juramentos?
¿Los sueños? ¿Los deseos?
Quedaron allí, escondidos, en la historia, volviéndose pequeños.
Como se achica su corazón.
Como se achican los recuerdos.
Como se achican las ganas de vivir.
Volviéndose pequeños por debajo de montañas de tierra que, día a día, crecen. Que día a día, se engrandecen.
Como se engrandece su pecho.
Como se engrandece su orgullo.
Como se engrandece su rencor.
Y ella piensa y llora. Quizás él también lo haga.
Pero ella llora. Llora por no tener la capacidad de amar.
Llora porque no sabe odiar, no sabe.
Llora porque no sabe gritar, no sabe.
Llora porque no quiere golpear.
Llora en la noche.


Otro llanto. Y van trece ya.
En una misma noche, en el silencio de la oscuridad, llora amor.
Y su alma se acongoja entre lágrimas saladas.
Su alma se retuerce ante tanto dolor.
Imposible olvidarlo, imposible quitárselo.
¿Cómo lo soportaría? ¿Cómo viviría?
Si sólo él la completaba, sólo él la llenaba.
Sólo él le hacía sentir tan viva.
Sólo él la conocía a la perfección.
Sólo él sabía cómo hacer cosquillas.
Sólo él era lo que necesitaba.
Lo necesitaba junto a ella, necesitaba esa mitad.
Unidas, las mitades... Prometiendo jamás dejarse.
Jamás separarse.

Adiós.

Le hablo. La miró expectante. Escuchó sus latidos, y lo supo. Su dolor jamás había huido. Lo sintió latir y al instante escuchó el suyo. Despacito en silencio renacía entre tanta desazón. Corazón destruido, se agujereó después de mil suspiros de amor, un amor algo tenso, un poco de desolación. Sus palabras ya no eran las dagas que una vez, fácil le penetraban su ser. Un ser que parecía ya no tener destino, un futuro incierto que se asomaría; no amanecería ese día, se secaba la vida que tenía, luchaba contra su propios lamentos, escupiendo recuerdos.
Y miró, y él no la aborrecía, ya no. Se notaba en su mirada un color, y un brillo intenso, dulce, tan perfecto. Lo abrazó, sintió el cambio en su interior, sentimientos mezclados, aferrandose en el corazón. Pero no, no podría quererlo como su cabeza deseaba, sólo decidió seguir el latido de ese pequeño corazón, que a gritos pedía piedad, le rogaba a su dueña una pizca de misericordia, pues ya no volvería a soportar el dolor que le había tocado pasar, ese fuego que había convertido en ceniza cada parte de su alma fugaz.
Y no pudo, y él no aceptó, otra vez no podrían convivir su amor con su amor. Volvieron a caer, en pedazos rompió cada parte de ellos al caer en el suelo, y el corazón de ella ya previó la situación: el dolor más intenso que jamás sintió, el sentir que una parte de sus más profundos adentros se rasgaba, se cortaba, se fugaba, y huía lejos, con él.

Otra vez volver a lo mismo.
Otra vez tener que desprenderse. Despedirse. Decir adiós.
Dar media vuelta y comenzar a caminar. No mirar hacia atrás.
No más sonrisas. Pero tampoco más llantos.
Tan sólo vivir. Vivir hasta acostumbrarse.
Vivir hasta aprender...


Love is on my mind~

Listening:


Y bueno... Fue cuestión de arrojarse. De jugarse. De decidir, decir, hacer. De olvidar los problemas, los prejuicios, las causas y consecuencias. De terminar con el dolor, dolor de ambos, dolor que nos arruinaba, que nos carcomía, hiriéndonos tanto, desangrándonos por dentro, inundando nuestros ojos de sangre para cegarnos, para que no podamos ver que podíamos, que si queríamos llegar, lo lograríamos.
No me arriesgo a suponer quién lo sufre más de los dos.

I am me

Soy hermosa, por dentro como por fuera. Todo lo que hago es lo que quiero hacer, lo que digo es lo que quiero decir, lo que pienso es lo que quiero pensar. Tengo defectos y virtudes que son míos, que nadie me hará cambiar, no si yo no quiero. Mis actos son consecuencia de mis valores, mis ideales y principios. Cada palabra que digo, cada abrazo que doy, cada consejo de aliento, es todo mío, y no pueden quitarmelos. Soy yo como quiero ser, transcendiendo las modas, épocas y modelos sociales. Deseo con locura mis pasiones del alma, deseo, y me aferro cuando quiero, cuanto quiero, a mi gusto. Soy feliz en exceso porque soy la única dueña de mis sonrisas, y mi vida es esta sola, mis segundos ya pasaron y los que quedan son únicos e irrepetibles, por eso intento exprimirlos hasta sacarles todo el jugo posible. Disfruto las miradas, muestras de afecto y palabras ajenas, disfruto compañía de amigos, compañeros, familia, gente. Cometo miles de errores y trato de no repetirlos otra vez, sólo si el dolor del error fue tan intenso como para hacerme cambiar la perspectiva. Suele pasarme que si la piedra no es lo suficientemente grande para verla, vuelvo a tropezar, pero sé que es todo parte de un aprendizaje, una enseñanza, una moraleja de la vida. Se que no soy igual a nadie, y nadie es igual a mí, por lo tanto soy quién más me conoce, y sólo yo puedo juzgarme, porque soy la única persona con acceso al alma mía. Conozco la soledad y soy amiga de ella, y no para estar prevenida por si llegan a abandonarme: sólo lo soy porque, por algo, no nací pegada a otra persona, sino que sola, independiente, con mi propio lugar, espacio. Fui creada para vivir, buscando el sentido y la dirección, siguiendo mi corazón ignorando los mandatos del mundo, de las religiones, de los políticos. Descubrí que hacer el bien me purificaba, que me daba tranquilidad. Descubrí que la muerte de un ser querido me causaba dolor, pero también comprendí la naturaleza y su ciclo de la vida. Miré el sol y aprendí a creer en su energía, deje que me llenara de calor; miré en la noche y descubrí la oscuridad hermosa, envolvente. Miré a mis padres y descubrí mis ejemplos, miré la vida y descubrí un camino, dividido en dos: hacia atrás y hacia delante. Mi espalda mostraba pisadas, vueltas, tropiezos, sangre y derivas. Mi pecho mostraba un camino infinito, largo, para sera recorrido, vacío aún, pero repleto de proyectos, alegrías, compañía, amor.



Soy yo con mi vida. Vida que elijo vivir a mi manera. Existirá aquel que pensará difrente. Aquel que me admire. Aquel que me insulte. Aquel que tan solo piense. Y esos insultos, pensamientos, admiraciones, no me importan. Ya no.


Y el relato de la historia de ellos dos, del amor que él sentía por ella, del amor que ella sentía por él, del amor de los dos, del amor de uno hacia el otro, del amor incansable, interminable, inolvidable...
Puso un punto. No seguido, no aparte...
Final. Tan solo final.
Final devastador.

Pensando qué hacer, intenta actuar. Pero últimamente todo lo que hacía no era otra cosa que reabrir viejas heridas. Luchando con su propio ser, la mente quiere actuar, su cuerpo, morir, el alma, huir. Las sonrisas que saludaban al cielo cada mañana, empezaban a forzarse, costaban. Y palabras a sí misma eran una especie de consuelo, una serie de preceptos, frases bonitas, armadas, para darle a su corazón, tal vez, algún abrigo ante el frío desalmado, que rugia cada día como arrebatandole la poca vida que tenía.
Y seguía imaginando, inventando, pensando. A veces, sus ocurrencias la hacían sentir fuerte, sentir que podría, que lograría enfrentarlo. Pero cuando razonaba, entendía que esos imposibles no hacían otra cosa que mantenerla sujetada al borde de la locura. Sintiose demente, olvidada, enferma. Sintió que desconocía la vida que vivía. Sintió que los recuerdos eran sólo fantasías. Sintió que su comida ya no era vital; que dormir era en vano, que llorar la angustiaba más aún, que la gente no la miraba. Sintió que era un fantasma que aún no flotaba, que todo la traspasaba, que al suelo estaba aferrada, con sus alas de pichón todavía incapaces de alcanzar el vuelo que ella tanto ansiaba. Y en sus ojos se veía un brillo, que vidrioso se reflejaba; parecía ser lo único de vida que le quedaba, pues ya sus manos, sus piernas, su cuerpo, su cara, se movían por inercia; su corazón latía sin sentido, latia por latir, latido tras latido...

sola sin él.

"Princesa, ¿por qué lloras?" un hombre le preguntó.
La había visto, cayendo, sumergiéndose en dolor.
Sentada en una esquina estaba, perdiéndose
entre medio de la oscuridad, de las lágrimas.
"No lo sé" respondió, se sintió confundida,
buscando en su interior una razón que diga
qué era lo que pasaba, lo que le acontecía,
lo que hacía sus noches eternas y frías.
"¿Puedo ayudarte?" le dijo una anciana.
Levantó la mirada, finas arrugas surcaban
su cara, plena sabiduría de la vida, 
y su expresión, la notaba algo preocupada.
"¿Le da lástima verme así?" ella respondió.
Pensó que tal vez muy mal se vería,
rogó que tal vez su aspecto haría,
que cuando él pase, pare a mirar, y la vea.
"Eres sólo una niña" siguió esa señora.
Un beso en la cabeza y un abrazo la alentaron.
Pero ella estaba sola, por más que todas esas personas
que por la calle caminaban se sentaran a su alrededor.
"Déjate ya de caprichos" una voz exclamó.
Ella vio una figura aproximándose, despacio.
Las lágrimas secó, y apenas miró, lo reconoció. 
Su presencia la mezclaba entre amor y dolor.
"Vete a tu casa" nuevamente escuchó,
la voz se acercaba, el cuerpo acompañó.
Su mano estrechó la de ella, y ahí sintió,
el alma volvía al cuerpo, aunque sólo era ilusión.
"¿Por qué eliges dejarme?" dijo ella, en un impulso.
Y sólo así comprendió la verdadera razón
del llanto, de las lágrimas y del desamor.
El hecho de amarlo, extrañarlo entre dolor.
"No puedo vivir a tu lado si no puedo amarte,
y sólo se me ocurre abandonarte,
y abandonar contigo mi alma, para vivir por inercia,
para vivir sin amor, sin vida, sin nada" 
Esa fue su respuesta. O eso fue lo que ella entendió.
Él le dijo "Vete a tu casa", ella tan sólo obedeció.
Y se quedó pensativa, sentada en esa entrada,
mirándolo alejarse por el callejón...

Hope-

Antes llovía, y todo el cielo estaba gris, cubierto, cerrado. Ahora, aunque sigue lloviendo, el sol se asoma entre las nubes, iluminando el crudo invierno, formando arcoiris de colores, dándole atisbos de esperanza al corazón, para que pueda seguir soportando el dolor de este adiós, y deseando que la despedida no sea definitiva.

Comienzo y fin

Se durmió.
Cerró fuerte los ojos.
Miró en su mente, profundo,
buscó olvidar los recuerdos.
Se pasó, el pasado sin pisar quedó.

Y lloró.
Lágrimas que caían
dolor, por el alma perdida,
que voló, se alejó de su pecho,
y dejó, un agujero en el corazón.

Tembló,
se abrazó a sí misma
trató de curarse las heridas.
Y su voz, se escuchaba dolida
cuando habló con su otro yo.

Intentó,
pudo ponerse en pie,
pero cayó, y otra vez le dolía
el amor, era lo que esa vez
le faltó, su equilibrio y su motor.

Y cantó,
y las notas salían de su voz,
de su garganta fuerte,
y gritó, alejando los males
pensó, en la gloria divina.

Y cortó,
y el filo el sonido arrancó,
todo era silencio abismal,
sólo se oía un sollozo
que cesó al final del camino.

Sonrió,
y aferrándose a la luz
subió, con latidos de débil ritmo
escuchaba llantos de dolor,
resistió aferrada a unas manos.

Despertó,
entre cables, pinchada,
y sintió dolores en su espalda.
Pero no, ya no estaba tirada,
sus brazos ya no sangraban.

Levantó
la mirada y allí lo vio, 
acostado a dos metros,
sintió que era parte de ella, 
le dio un poquito de vida, 
pues sin ella él no viviría.
Es cuestión de horas, minutos, segundos.
Ratito.
Subirme, e irme.
Fugarse.
Tomárselas.
Irse lejos.
Tener que volver, pero mientras...
Estar lejos.