Y uno ve cómo la vida se nos va pasando, cómo el tiempo se va para no volver más, como perdiéndose en la oscuridad de una noche sin luna ni estrellas, y nuestras manos quedan vacías, cada vez más desgastadas, mostrando los signos del paso de los años, del vivir, de la experiencia del ser. Y sólo nos quedamos con un puñado de recuerdos, unas pizcas de momentos, y vivimos aferrados a ellos, solitarios, sintiéndonos abandonados por aquellos que ya no están, a la espera de volver a encontrarlos, a la espera de conocer nuevas personas... a la espera.
Vivimos a la espera, y del recuerdo
Desilusionados por un pasado que no fue, impacientes por un futuro que se hace esperar...
Pero, ¿qué hay del presente?
¿Qué hay sobre el amigo que está a nuestro lado, sonriéndonos? ¿Qué hay del abuelo que espera un llamado, sentado al lado del teléfono durante horas, quizás? ¿Del hermano que está atareado, dentro de la casa, ordenando, limpiando, y necesita una mano?
Y nosotros seguimos allí, sentados sobre esa ventana, mirando hacia la nada, observando un cielo nublado y esperando que se despeje, o que rompa a llover, preguntándonos por qué fue así, qué es lo que sucedió, cómo fue que todo se arruinó, deseando que las cosas no se frustren nuevamente, esperando por un salvador que llegue al rescate, y pidiendo a un dios por un futuro más próspero. ¿Pidiendo? ¿Por un futuro? ¿Dejando todo a la deriva sin poner la mano de uno para colaborar en que exista un porvenir?
Y mientras tanto... ¿Qué?
Mientras tanto no existe.
No hay "mientras", ni "ya", ni "ahora", ni nada.
Seguimos allí, sentados, como muertos en vida, como viviendo sin vivir, viviendo del despertar del pasado, del sueño del futuro, sin importar el presente...
No estoy bien. Pero eso no significa que esté mal.
No me siento mal, pero a su vez tengo malestar.
Un malestar es sentirse mal, pero yo no siento que me esté sintiendo mal, sino que siento un malestar.
Un malestar es estar mal, pero no estoy mal.
Sin embargo tengo un malestar.
Pero lo que no tengo es un bienestar. Y tampoco estoy bien.
Así que con esto del bienestar no la complico tanto. Porque si no tengo un bienestar, y tampoco estoy bien, no hay ninguna contradicción.
Volviendo al malestar, ¿cómo comprobar que uno se siente mal cuando en realidad su cuerpo está bien? ¿cómo demostrarle a alguien que a uno le duele el alma? ¿cómo demostrarle a alguien, si uno no está pálido, o descompuesto, o débil, o con vómitos?
No, uno está bien, orgánicamente. Pero, ¿y el ánimo? ¿y el corazón?
-¿Duele mucho?- preguntaría un doctor.
Pero, en términos del amor, ¿cuánto es mucho? ¿cuánto es poco?
¿Es una enfermedad también, o sólo forma parte de una ocurrencia, una idea flotante en la mente de cada enamorado, que se tortura durante incontables horas pensando en supuestos amores que lastimaron, abandonaron, o dejaron?
El dolor de ser dejado, de que a uno lo abandonen, así como así. Sentirse un perro callejero, que durante días se alimentó de un cuenco repleto de sobras que algún considerado decidió sacar a la calle. Y de repente, llegar a la puerta de aquella casa, aquel lugar que comenzaba a llamar hogar, y darse cuenta que aquel considerado se ha ido, que se convirtió en un desalmado, que no dejó aviso o advertencia, para que sepamos que nos dejaría y para acostumbrarnos a su ausencia eterna. No, tan sólo le llamó la atención su ausencia, y esperó esa noche, y la siguiente, y el mes que le siguió... Y murió, allí, esperando que otra vez, en algún momento, vuelva aquella persona. Deseando que nunca se haya ido, que siempre haya estado allí, para atenderlo, acariciarlo, alimentarlo... amarlo.
Amados nos sentimos, y cuando nos abandonan, el alma se nos muere. Pero espera allí, latente a revivir. Espera que vuelva, que nos reencuentre, que nos rescate. Y en la espera, busca saciar la sed, llenar el vacío, pero a pesar de que lo intenta, sus gestos sólo son máscaras, sus caricias, inventos, y lo único sincero que lleva adentro es dolor. 
Dolor y lágrimas. 
Dolor por el abandono. 
Dolor por el desamor.

¿Libertad? ¿De libertad me estás hablando vos? ¿De qué tipo de libertad me estás hablando? ¿Acaso existe alguna nueva, crearon algo diferente, fuera de lo ordinario, fuera de lo común? ¿Acaso encontraste una solución a mi encierro, a mi prisión, a esta cárcel que me limita, me quema, me mata?
¿Acaso encontraste la forma para hacerme creer que soy libre, que se han roto las cadenas, que ahí delante, por encima de ese monte, podré encontrar la puerta para salir hacia fuera, hacia el viento, hacia el sol?
¡Mentiras! ¡Puras mentiras!
¡No existe una nueva libertad, no existe un nuevo camino, no existe!
Ya nada existe, el vacío se apoderó de la materia. Borró todo, lo consumió, lo absorbió.
Y sólo dejó nada. Ni oscura o iluminada. Ni fría o cálida. Ni húmeda o seca. Ni blanca o negra. Ni tibia, ni fuerte, ni débil, ni grande, ni pequeña. Tan sólo, nada. Nada infinita, nada alrededor, nada en cada punto, cada milímetro, cada segundo.


Y sí, está encerrado, vacío, aislado, pero late. Late por inercia; late, sin ideas, sin amor, sin futuro.
Late, y sin embargo resiste. Resiste y espera. Espera y aguanta. Aguanta y ansía. Ansía, late.
Resiste el dolor. Espera el momento. Aguanta las ganas. Ansía la libertad.
Quiere ser libre. 
Corazón libre, libre de amar.
If I say: "I love you", would you believe me? 
Although too much time has passed, would you be able to believe?
If I say: "Nothing have changed", what would you think about me?
Is possible that you leave everything, take my hand and you follow me?
An universe of choices is dancing between us,
and many looks that will never shine again if you don't look them now.
Sounds are drawn on the sky, 
covering us, infinite, special.