brillá Cielo
despejate
brillá, dale Cielo
sin miedo
¿a qué le temés?

buscás el error
te hacés la cabeza
y terminás ahogado
en un vaso de agua

el invierno es crudo y frío
pero el fuego aún persiste
(no por difícil la vida pierde la hermosura)

brillá, Cielo
no cierres los ojos
encandilan a más de uno
que se detiene a mirar

brillá, Cielo
dejame ver al mar
en tus ojos
violento, voraz,
intenso, infinito

brillá, Cielo
soplemos las nubes
la tormenta no va a ganar esta partida

de esas cosas que nadie conocerá ni será consciente
de esas que se guardan en lo profundo

esas que hacen temblar la repisa

una sonrisa o un gesto son especiales
especial en relación a todo lo demás
que también es especial
pero no tan sonrisa
no tan gesto

sonrisa y gesto
deposítanse en el límbico
potenciándose una y mil veces

el largo plazo haciendo efecto

razón y realidad
imaginación y delirio
cuatro diferentes
parecidas y opuestas
pero conviven
porque no podemos escapar de ninguna

somos seres humanos, ¿qué se le va a hacer?

blogspot

Entrar, buscar. Salir.
Siempre igual. Todos los días lo mismo.
Entra con un motivo pero nunca logra alcanzarlo.
No sabe qué busca. No sabe por qué necesita entrar ahí y ver si hay.
Pero entra inevitablemente. Apenas puede o tiene unos segundos libres.
Ve lo viejo otra vez, y otra y otra.
No actualiza, no repone, no renueva. Y ella espera algo nuevo.



Sentimientos extraños que surgen en el día a día.
De esos que mejor que nadie los sepa.
Porque quizá son muy poco correspondidos.
Porque quizá no se puede, no se debe.
Y el Superyó siempre triunfa.

aún así

El techo está vacío. Esta vez, sentarse a mirarlo no significó nada.
Buscaba una charla y no la encontró. Simplemente, hubo silencio en su lugar.
Le extrañó un poco porque nunca hay silencio. Años de ruido, barullo, susurros. Todo allí, allí mismo, arriba de su cabeza. Su propia voz cambiando de color, los graves, los agudos. Todo dependía de qué pasaba. Del sentimiento involucrado. De lo que titilaba en la mente.
Y ahora quiso volver a hacerlo, y no pudo. No había nada. Dolía un poco pero no molestaba. Era simple desgaste. O estrés, como gustan decir.
Se asustó después de tanto silencio pero algo la mantenía, aún así, tranquila. Algo le hacía pensar que esa anormalidad era, en realidad, un viraje. Una transformación. Algo nuevo que estaba por venir.
Sintióse alegre, y sólo sonrió.
Aún así, en silencio y sola, sonrió.

marioneta

Es un día.
Un día cualquiera para algunos. Un día crucial para otros.
Uno de esos días que hace que hasta el más paciente se impaciente.
El Sol, otra vez. Pega de lleno.
Hoy lo fue a buscar porque no aguantaba seguir lejos.
En el balcón, se escuchan cantores. Melodiosos, incansables. Cabecita negra, jilguero, mulita. Juegan entre ellos a inventar una canción. Pero no saben volar.
El pájaro enjaulado no es más que una marioneta. Del humano para el humano. Cantan y sonorizan. Y el humano se divierte con su grata adquisición. Les pone música y cantan más fuerte todavía. Como haciéndole de fondo. No conocen el afuera más que atravesado por barrotes miniatura. Y no saben volar.

Y ella ahí. En el balcón. Encerrada en el balcón. Con el Sol de lleno. Allí y no en otro lugar. Tampoco debería estar en otro lado. Quizá quiere, pero se propuso no procrastinar. Se propuso metas que debe?quiere? cumplir. Objetivos y logros. La sociedad impone ciertas pautas y uno simplemente las adopta. Sistema de valores morales. Costumbres establecidas. Cultura. Invento del hombre. Del humano para el humano.
Y ella tampoco sabe volar.
¿cuál es la diferencia?

Romperse, rearmarse, volverse a romper.
Infinitos ciclos infinitos. Pero multiplicar el infinito por el infinito es absurdo.
Aún así, si lográramos llevar a cabo esa incongruencia, las cuentas no darían. Sería insuficiente.
Romperse es parte del día a día por la condición de ser humanos. Rompe, quiebra, cruje. El otro ruido no se escucha. Sólo el propio.
Adelante del espejo, observa los límites. Se recuerda a sí misma que su cuerpo es un continente. Su identidad. Está separada de todo lo demás. Límites. Entre ella y el mundo. Entre ella y el afuera.
Afuera, el mundo. Afuera hay distracción pero no puede ir allí. El Sol y la libertad del afuera no serán goce si primero no vierte su espíritu por acá, un rato. Se lo pide, se lo ruega, se hace necesario para vivir.
Porque es la única forma de rearmarse cuando está rota.
Volver al inicio (o al fin) del ciclo.
Se levanta y corre a las escaleras.
En un rato vuelve.
Me metí adentro de tu alma
y ahora no puedo salir.
Me quedé encerrada del lado de adentro
y por alguna extraña razón,
alguien se llevó el picaporte.

Y yo no tengo llave.
La pulsión
El eco del espíritu.
Racionalidad vs. impulsividad.
Una sonrisa que se dibuja.
Palabras que salen de la boca sin sonido. O quizá, sonó, pero la música está muy fuerte y no te dejó escuchar.
La columna del bar hace de columna vertebral. Mis rodillas no responden bien, pero ¿a quién culpar? si ya sabía que la cerveza haría eso.
Miro fijo y balbuceo de nuevo. Y te acercás para escuchar.
No puedo volver a hablar. Tu olor es increíble. Me deja estúpida.
Te sonreís porque sabés que lo lograste. Yo me sonrío; me encanta que lo hayas logrado.
Tenés los ojos achinados y una cerveza en la mano. Me convidás, y sabemos que va a exacerbar la languidez de mi postura. Y quizá, también haga lo suyo con mi raciocinio.
Espero respuestas, pero estás taciturno. Como siempre.
Sos un misterio y no te logro descifrar.
Pero inspirás una pulsión. Y no soy buena controlando los impulsos.

Frenar el auto. Escuchar sólo nuestras voces, y un tema de Audioslave sonando bajito en el estéreo. Nos miramos sin saber nada y sabiendo todo a la vez. Porque te conozco y me conocés, porque así fueron las miradas desde el primer momento. Me mirás y me mirás y sé que todo esto va a ir mal, pero es inevitable estar ahí. No pude irme así como si nada. No pude mirarte desde el otro extremo y hacer de cuenta que mi alma no tira hacia vos. Es el cuento de nunca acabar si nosotros no hacemos el esfuerzo. Pero, ¿por qué gastar energía en terminar con algo que nos llena?

el autor hace a la musa
y la musa lo hace al autor
mutan juntos
todo el tiempo
son una obra

El autor mira a su musa y la idolatra. Y la musa muere, y la llora. Del llanto surge el arte. Y la musa se hace eterna.
El arte fluye desde el centro del pecho, ahí donde algunos esotéricos indican que está el alma. Ahí donde duele cuando el amor sale mal. Ahí donde brota la energía cuando arrancan las caricias con el ser más deseado. Ahí donde se estremece si lo rozan Esos pulpejos. Sólo Esos, no otros. Los especiales, los particulares. Los que me usan de musa, y me dejan usarlos como fuente de vitalidad. Nacimiento de mi arte. Este arte que me convierte en inmensa, que no conoce límites, que va más allá de la vida o de la muerte.
Se refleja allí, y me desespero. Pero aprendo a ser paciente.

the head on the door II

Suena sinking.
Ya termina el disco.
El sonido del hi-hat y el redoble juegan con mis manos y mis pies a marcar el ritmo.
El bajo se me mete en el pecho.
Un semáforo en rojo atrasa la llegada.
Pero yo ya llegué hace rato.

the head on the door

Suena Kyoto song. Otra vez este cd. Pero es que no me puedo desprender.
El colectivo viene con Sol. Son las dos de la tarde y pega de lleno contra uno de los laterales. Lo deseo tanto, pero hasta acá no llega.
Estamos en Septiembre y el tiempo corre más rápido que nunca. Los exámenes ponen a prueba más que el conocimiento. Esta vez evalué resistencia, perseverancia, y cómo-no-caer. Pero caer, caigo siempre. Quiero volar pero no tengo alas.
Mientras, un nene que apenas se para en sus miembros inferiores, va de un lado al otro en el colectivo. Si mi premisa fuese real, debería caerse. Pero no se cayó. Sigue jugando y pone la cabeza al Sol. Él jugando y yo no. Él al Sol y yo deseándolo, aunque lo tenga tan cerca.
Si el niño no cayó, yo no tendría por qué caer siempre.
El alma pide revancha. Se levanta desde el suelo y quiere batallar de nuevo.
Ahora suena Six different ways. ¿Se habrá planteado alguna vez Robert Smith lo que su música provocaba en los demás?
De repente volé. El sonido de la melodía me dio el impulso. Salí a volar, me fui lejos (que no pare de sonar). Me fui lejos (como siempre que suena). Me fui lejos (alto y claro suena). Me fui lejos (se hizo parte de mí).
Y cuando menos lo esperaba, el niñito invicto y su mamá bajan; el colectivo dobla. El Sol ahora me toca. El alma canta, y en cada verso respira una bocanada de aire lleno de infrarrojos.
Suena A night like this. Se me estremece el alma. El Sol me acaricia la cara, mis mejillas se maquillan sin necesidad de polvos. Tengo la luz dentro, ya me atravesó. Espero con ansias el momento en el que vuelva a doblar, y el Sol vuelva a marcharse. Y así pararme e ir donde él esté. Ya lo decidí. Saldré a buscarlo. Esperar a que llegue es un martirio.
Y quizá no siempre caiga.

abraxas

El alma no habla. Grita. Grita sin cesar. Pero si nadie la escucha, nadie se puede enterar.
¿Quién habla de ruido si no hay un oído que lo pueda interpretar? Alma abandonada, ¿qué estás haciendo ahí, gritando sola, en el medio de la noche? Todos se fueron. No te diste cuenta, almita ingenua. Tenés los ojos abiertos de par en par, pero aún no lográs verlo.
Ay del alma inocente! Alma enorme y pequeña a la vez. Sé paciente, tierno pichón. Pronto romperás el cascarón. "El huevo es el mundo, y el que quiere nacer tiene que romper un mundo."
Se hace tarde. Hay que recargar energía, sino ¿cómo pensás crecer?
Andá a dormir, dale. No me hagas renegar.
y necesito volver a vernos riendo
volver a oler el humo del tabaco
de ese cigarrillo que encendiste
sin que haya pasado mucho tiempo
desde el último que habías fumado
necesito los gestos, las muecas,
las eternas carcajadas a viva voz
rompían en pedazos el equilibrio
para desestabilizar todo el salón
y convertirnos en los actores,
los protagonistas, lo principal
quienes se llevaban toda mirada
sin pasar desapercibidos
porque éramos el alma, el centro

eso de estar llenos de luz
y que tanto nos sobraba
que teníamos para regalar
El cuchillo entró hondo. La luz que salió por detrás era tanta que encandilaba.
Brotaba carmesí y no había forma de hacerlo frenar. No iba a parar. Faltaba para eso.
Son de esas cosas que suelen avanzar rápido, pero uno quiere ralentizar. Y luego vira de color.
Se va del rojo al violeta. Pasa por verde, por amarillo. Un día vuelve al original.
Contra el piso, contra la pared, contra el escalón. Siempre golpea y no puede esquivar.
Quizá se dio cuenta tarde pero es muy tarde para eso.
Quizá se lo habían advertido pero advertir no sirve. Sin el golpe no es nada.
Camina más ligero, o eso le parece, porque la realidad se distorsiona, y no deja de sangrar.
Y delira, alucina, piensa que corre. Pero en realidad está volando.
Pesa menos y no siente ni el cuerpo propio. Manos frías, pies fríos, la vista se apaga.
Las miradas se perdieron, las palabras no existían, pero eso no sorprendía. Ya estaban en silencio desde antes.
Y su cuerpo cayó al suelo.

autopsia



dos almas se miraban, la una a la otra,
sin decir una palabra, sólo contemplándose

todo se hacía luz (o eso parecía)
todo se iluminaba en esa compañía

estaban en silencio, cuando de pronto,
sin avisar, su cuerpo cayó contra el suelo

lo alcé en brazos con una fuerza extraordinaria, lo llevé a la camilla
lo cubrí con una manta y lo arrastré hacia la mesa
metálica brillaba, haciéndole de espejo
a las luces que iluminaban sobre ella
uno, dos, tres, cuatro, cinco
puntos blancos intensos
haciendo notar más
la blanca palidez
era tu rostro
pétreo

silencio
conecté la sierra
su sonido me estremeció
pero se convirtió en una música
desde el esternón hasta el hueso púbico
desde el manubrio hacia cada uno de tus hombros
esa Y sobre tu pecho me hacía llorar como nunca antes
desplacé la piel, rompí las costillas, saqué los órganos, limpié
pesé, tomé muestras, observé con detenimiento cada lugar, cada sector
tenía que encontrar la razón, un por qué, una respuesta para poder comprender

pero tu cuerpo no hablaba, y mirar no hacía nada,
los signos no eran tu voz, ni tus letras
no eran tus frases, no estaban, no hablabas,
ni me mirabas, ni te reías conmigo,
no me respondías, no me explicabas,
no me demostrabas, como siempre lo hacías

tu alma se había
                      perdido
la barca la llevó
                      lejos
pero será eterno aquello
                      perenne
vivís en tus cuentos
                      historias
vivís acá adentro
                      en mí
y me quedaré allí
                      tu interior

temporal

El reloj despide una llamarada. Se prendió fuego, pero aún así no se detuvo.
Miró las agujas como si fuesen cuchillas, intentando esquivarlas, pero sin éxito. Otra vez se salió con la suya. Otra vez.
Lo que ahora se había encendido era el corazón del hombre. El fuego había llegado hasta ahí.
Revolea el reloj por la ventana, y corre a mirarse en el espejo. Se mira, y todo sigue igual. Abre la boca, abre los ojos, pestañea. Contrae el macetero, apreta los dientes. Se muerde la lengua. Se mira, y las cosas no parecen cambiar.
Pero hace un rato tiró el reloj. Antes. En el pasado más cercano, pero pasado a fin de cuentas. Y el tiempo no se detuvo. Sigue sin lograrlo.
Quizá era hora de dejar de intentarlo.
Observa desde el balcón los restos del reloj. La avenida hizo lo suyo. Transitada como nunca, viernes casi sábado. Alguna ambulancia arranca con su sirena, anunciando la llegada de un paciente en grave estado. Él sí necesita que paremos el tiempo. O quizá que lo adelantemos. Quizá, movernos en la línea intentando conocer lo que va a pasar. Para intentarlo o no. Para hacer lo correcto. Para no equivocarse. Para volver atrás y evitarlo. Para volver atrás y que la ambulancia esté a tiempo. Pero no puede hacer nada. El reloj sigue allí, sufriendo el paso de los neumáticos a toda velocidad, destruyéndose un poco más, y un poco más. Y el tiempo sigue corriendo.
Se queda pensando un momento. La ambulancia llegó al Clínicas y a él todavía le resuena la sirena, repetitiva, en la cabeza. Quiere saber el destino del ser que viajaba en su interior. Sus codos apoyados en la baranda del balcón duelen un poco. Caen un par de gotas sobre su rostro, y otras bailan por las mejillas. Se mezclaron, no sabe cuál es cuál.
Pero la del alma es más salada. 


atemporal

No existe el tiempo. Ni hacia delante, ni hacia atrás.
Buscó ver si existía. Hizo mediciones y cálculos, pero al final, no pudo comprobarlo. No puede comprenderlo.
Septiembre se abalanza y es uno más, sólo uno más de tantos, víctimas del tiempo que tanto pesa pero poco se expresa. Quizá se da a conocer en líneas de más en el rostro, o en la fruta que se olvidó en el fondo de la heladera, y hoy, llena de moho, contaminó todo el cajón. "Alguna vez fue fresca", piensa. "Alguna vez fue fresca, alguna vez estuvo en el árbol. Si todo eso sucedió fue un tiempo pasado" sigue razonando. Y ve ahí al tiempo ponerse de manifiesto, pero aún así siente que el instante es eterno. Que el ahora se perenniza porque es ahora constantemente, porque ahora es ya y no hay otro momento que no sea este. Porque somos conscientes y hacemos tacto sobre la línea de tiempo sin poder movernos en ella con libre albedrío, sino condicionados a su avance imparable, condenados a depender del tiempo. De ese tiempo que está y no está a la vez. De este Septiembre que recibió el equinoccio y no sabe cómo, si tan sólo ayer parecía Abril. Si el tiempo a veces corre más rápido, o más lento. Si realmente es así o sólo es su impresión. El tiempo existe porque hay lugar para que ocurran eventos, y un evento precede a otro que precede a otro que precede a otro. Y así sucesivamente. Y si hay sucesivos, hay tiempo. Pero, ¿dónde está? ¿cómo lo puedo modificar? ¿cómo dominarlo? E intentan, una y otra vez, construir el tiempo por sí mismos, enfrentar el paso, evitarlo. Pero el tiempo desaparece ahí, y se vuelve a convertir en esa dimensión intangible. Y la cara, las manchas, el dolor en las articulaciones... Él lo nota. Lo sabe.  El tiempo se le viene encima y aún así sigue gastándolo. Intentando detenerlo.

de la risa al llanto
del dolor al alivio
en un abrir y cerrar de ojos
un detalle cambia al mundo
y el mundo te modifica
como quien empieza a buscar
las respuestas en el silencio
porque sabe que sólo así podrá escuchar la voz interna
la voz del goce y el placer
o la misma que autoboicotea
y recela con detenimiento
para prolongar aún más
ese sentimiento extraño
de obstaculizar al propio ser
dos vías tan contrarias
comandadas por el mismo capitán
que intenta dar consignas
insta a seguir pautas
pero el orden establecido
es el desorden mismo
y se retroalimentan sin respiro
-quilombo adentro es quilombo afuera-
y es así y así fue siempre
¿cuándo lo vamos a entender?

me duele
me dolés
y me va a seguir doliendo
porque las heridas que no cierran
queman, expuestas
y mientras me hundo
en el lago oscuro
de los recuerdos que me quedan
a los que me aferro
y que sólo son eso
recuerdos
no más
no hay nuevos
son escamas desprendidas
de algo que fue historia
de esa línea de tiempo
saltatoria, limitada,
que inició y terminó
así como pasan
el verano y el invierno
primavera, otoño,
año tras año,
y quizá estas cosas
terminan también
pero yo no lo puedo ver
y quizá terminen
y tarde o temprano
descubra amor muerto
en el interior del ser
y quizá terminen
o quizá sea perenne
como sentí que sería
desde el primer día
porque así se siente
cuando es toda la vida
porque así duele
pensar en posibles
porque así asesina
hubiera, hubiese
maldito enemigo
acecha la mente
del débil con insomnio
que al intenter caer dormido
imagina mil futuros
sin poder manotear ninguno
y sigue el dolor
porque todo se termina
se termina pronto
y aún aunque viésemos
al fin necesario
duele igual
y duele saber
que el mañana quizá
duela más
no
no es fácil
no es fácil en lo más mínimo
no es para nada fácil
ni un poco
jamás
dejar fluir la calidez
para olvidar un poco
el invierno
el invierno frío
que había hecho colonia en el alma
como siempre que sentimos
que algo perturba
y nos cerramos
porque es más fácil
es más simple
negar el todo
quedar en la nada
porque es más fácil
y el alma pide
salir ilesa
dejar de recibir
tanto golpe
tanto ruido
tanta quemazón
porque es más fácil
o quizá más difícil
porque se atraviesa solo
se atraviesan miedos
cortando el sendero
haciendo todo
mucho más complejo
pero mucho más intenso

A veces duele, pero no tenemos por qué prestarle atención al dolor. Hasta que se hace tan gigante, enorme, supremo, que ni el más grande esfuerzo por ignorarlo puede hacer que nos deshagamos de él. Y sí, el alma intenta luchar por dejarlo ser, dejarse ser, que el dolor fluya y el tiempo siga. Pero yo detengo el tiempo, rompo el reloj, detengo al alma, la sumerjo en el agua, la ahogo, la acallo. La mantengo en stand by, abriéndome paso en el camino, para seguir viviendo como máquina y no como ser humano. Para seguir el ritmo y no perderme en la carrera. Para no quedar atrás, abrazándome al alma, que acongojada pide, suplica, grita. Me dice que la ayude. Me dice que no puede más. Pero no hay tiempo para eso. No queda tiempo para explicarle que no hay tiempo.

hombre del sur

hay una playa
y hay un mar inmenso
y hay rayos de luz
que atraviesan el cielo
y veo el muelle
escucho un sonido
que parece música
del viento bailando
al compás de las olas
y hay algunos bichos
que no molestan
porque estoy en paz
estoy en mi pueblo
en mi barrio querido
y hay sensaciones
con todo lo que veo
y lo que siento alrededor
y soy sólo yo
pero quizá haya otros
y quizá esos otros
no estén muy lejos
o quizá están cerca
y puedo sentirlos
aún lejanos
aún cercanos
me miman
me acarician las mejillas
me tocan el alma
que no se fue
no viajó
está acá
sigue acá
se quedó acá
en el viento frío
en el sonido intenso
del corazón latiendo
en el sur, tierra mía
el lugar de mis amores
no sólo late el corazón
también late el alma
y late el cuerpo

late acá, y allá también
allá,
entre edificios,
entre libros y gentío,
entre sueños y caminos;
allá,
donde en lo alto,
las paredes de concreto
no son límite de pensamientos;
allá,
entre el ruido,
la carrera contra el tiempo,
la lucha contra el olvido,
allá,
donde añoro con dolor
pero no sin alegría
deseando volver
a tener la nariz helada
pero la sonrisa en la cara

y cierro los ojos de nuevo,
para volver a hacerlo real
y sentirme acá, por un rato,
y no tan allá.


para los que dejan el hogar
buscando romper fronteras
no sin antes dejar también
un trozo de corazón
rompiéndose en el camino
¿qué es un suspiro?
¿existirían los suspiros sin alguien que los produzca?
¿existirían, sin quien los inspire?
¿existiría sin la seguridad de que existo para los demás?

existir vs sentir

Soy.
No soy.
Siento, existo.
¿Qué va primero?
¿Sentí luego de existir?
¿Existí después de sentir?
¿Cómo compruebo la existencia si no la siento?
O quizá son dos fenómenos congruentes, que inician en un mismo momento, cargados de humanidad vana -o no tanto-, cargados de sutilezas, de alevosías, de connotación visual, olfativa, táctil, sonora, gustosa.
¡Sí, Eureka! Los sentidos toman el mando.
Se alzan frente al timón no sin antes echar por proa y popa todo aquello que molesta (porque todos nos alejamos de las sensaciones que perturben a cualquiera de nuestros sentidos).
Pero, ¿qué sería del ser sin estos comandantes de la conducta humana?
¿Qué sería de nosotros si nadie escuchara? ¿Qué lugar ocuparía el idioma, tan complejo, que define gran parte de nuestra inteligencia y nuestro potencial evolutivo históricamente desarrollado? ¿Qué serían los instrumentos si no pudiésemos interpretar sus sonidos? Un grito sin la expresión que lo acompañe no tendría sentido alguno. El bocinazo en la avenida no haría que me apure, ni la sirena de la ambulancia sería indicadora de nada si no logro divisar esas dos luces verdosas intermitentes que oscilan continuamente estimulando más de una convulsión.
¿Qué sería de nosotros si nadie viera? La concepción de los colores, los brillos, los contrastes. La luz y la oscuridad. No de cerrar los ojos adelante del Sol o una luz fuerte y jugar a apretarlos y a aflojarlos viendo cómo nuestros párpados cerrados/muy cerrados/no tan cerrados van cambiando la percepción de la iluminación (y no me lean con gesto de "y esta loca qué está diciendo" porque estoy más que segura de que muchos lo han hecho y no soy la única). No, lo que planteo va más allá de eso... La ceguera pura y real, desde el nacimiento, no tener ningún tipo de conocimiento acerca del ver, de qué es, cómo se siente, cómo se graba en la cabeza, cómo se imagina...
¿Qué sería de nosotros si nadie sintiera? ¿Cómo podría comprobar si tengo frío, calor, si voy a resfriarme o no? ¿Cómo comprobaría yo si debería o no abrigarme después de verme la piel transpirando como gordito en una maratón en Plaza Italia el 15 de enero? Quizá, en realidad transpiré porque caminé rápido por la calle en pleno invierno y si me desabrigo y me seco con el viento fresco de agosto no va a terminar en algo muy copado para mi persona. Y ahí llego a casa, me acuesto a dormir. No sé si estoy calentita o no, no sé si la sábana me tapa, si no me tapa. Apagué la luz y no veo nada. Pero tampoco siento. Y no sé si estoy tirada en la cama o estoy tirada en el piso porque no siento formas, ni texturas, ni bordes, ni calor, ni frío, ni dureza, ni suavidad. Y lo peor para mamá, ¿cómo comprobar si estoy durmiendo tapada?!?!?
¿Qué sería de nosotros si nadie saboreara ni oliera? Y pongo estos dos conceptos juntos porque van de la mano, sí. Porque oler algo en mal estado hace que ni se me vaya a ocurrir comerlo, así como mandarme a la boca directamente un pedazo de naranja que estaba medio blandita pero igual me la comí porque estaba demasiado distraída mirando un capítulo de Dr. House, y que apenas entró en contacto con la lengua, reconocí su sabor estrepitoso y "poco agradable". Acto seguido, abrís la boca, escupís ese trozo de fruta del infierno y corrés a hacerte buches con el estómago revuelto. Igual que cuando te juntás con tus amigos a comer asado en un quincho que sólo se pisa los findes, y uno se olvida un pedazo de carne en la parrilla. La semana siguiente no sólo lo abundan moscas y sus larvitas horripilantes y saprófitas, sino que un aroma a putrefacción que no es demasiado amigable se desprende de ese trozo de (pobre) vaquita que, hacía sólo (!) una semana, estaba siendo ingerida por todos. Claramente nadie va a pensar en comerlo, porque huele mal, probablemente tenga un sabor muy feo (que espero que nadie compruebe nunquita), lo veo lleno de moscas y, para colmo, escucho el aleteo. Y se para una en mi brazo, y me toca con esas patitas finitas y puntiagudas, llenas de gérmenes. Y me da escalofrío, y lo siento, y puedo ver a mi piel estremecerse, mis pelos erizarse, y lo siento aunque no lo viera. Escucho el ruido que hace mi panza ante la impresión que me genera, lo siento. Y siento también una necesidad enorme de darme media vuelta y correr a buscar el mameluco de papá, un barbijo, guantes, borcegos de seguridad y una pinza de esas que usan en metalurgia para agarrar las cosas calientes, lejanas e inaccesibles para nuestras humanas, sensibles y debiluchas manos.
Después de todo esto, de toda esta sarta de pavadas sin demasiado sentido (o algunas más que otras), termino, entonces, preguntándome... ¿Qué sería del humano sin los sentidos? Del humano, del animal, la naturaleza en sí... Desde el sensorio hipermegadesarrollado que establece la complejidad táctil del humano hasta la quimiotaxis que ejerce un macrófago para ir a atacar a toda bacteria que se te metió en esa bolita roja que, te aseguro, va a terminar amarilla y llena de pus. Desde la capacidad de nuestra mente de interpretar la dirección de un sonido y la de los murciélagos, delfines y todas esas especies que envidiamos para ubicar objetos mediante ecolocalización. Desde la posibilidad de ver algo por verlo, es decir, detectar una forma y reconocerla, ver un color y saber cuál es, establecer cuán intenso es o no es su brillo, un valor dentro de RGB, Lab, HSB, RYB, CMYK etc etc etc el que elijan (y eso se lo dejo a los diseñadores, es tarea de ellos y no mía), e interpretarlo en relación a un recuerdo, a un sentimiento. Como ver un corazón pintado de rojo (hecho que, escribí "corazón pintado de rojo", y todos automáticamente pensamos en esto ). Así también, como ver una lija y pensar en su textura, y el dolor que generaría que alguien nos la pasara por la cara. O escuchar un llanto infantil e imaginar un bebé. O pensar en una cama y sentir el calor de la frazada. El Sol y el brillo. La playa y la humedad. El sur y el frío.
Y así, seguir, hacer alusión a miles y miles de posibles situaciones en las cuales estén involucrados nuestros sentidos, que son, básicamente, todas. Porque somos humanos y percibimos nuestra existencia mediante nuestros sentidos. Sin ellos no seríamos nada, no podría detectar qué letra estoy apretando, reconocerla, saber cómo escribir la palabra, suponer la cantidad de letras que lleva cada una de ellas, armar la frase, organizarla de alguna forma tal que gane armonía y se haga suave ante la mirada del lector, transmitir una sensación, vincular al sentido con el recuerdo, generar cosas en sus almas cuando lean esto, y por sobre todo, explotar al máximo la capacidad humana de la percepción. Porque no era más que esto, un simple juego para rememorar que sin los sentidos, no sentimos. Si no sentimos, ¿cómo comprobamos que somos? ¿Existir como consecuencia de sentir, o sentir como consecuencia de existir?

knock out

y todos los miedos se van a volver flores
como alguna vez predijiste
porque así va a ser
porque dará fruto tu llanto
regará una semilla del pecho
y por la boca brotará una planta
y por la nariz respirarás el aroma
de la flor de las heridas
sangrantes o no, antiguas, actuales,
que se abren y se cierran,
dejan marcas en la piel
eternas, simultáneas,
para recordarte el dolor,
para saber reconocerlo,
para verlo venir
cuando ciertos aspectos de la vida
se empeñan entre sí
en acabar con lo estable,
y acechar la mente
para ver qué tan preparados estamos
qué tan asimilados tenemos nuestros miedos
qué tan real es esta sencillez con la que planteamos la vida
y comenzar el duelo
fantasmas vs. raciocinio
el miedo y el dolor intentando derrotar
o quizá, detrás de todo,
sólo vienen a enseñar
para que el alma débil se fortalezca
y renazca luego del knock out
quiero verte reír de una vez
otra vez
y que todos esos demonios que te acechan
se asusten de tanto brillo
que expenda tu sonrisa
y les tiendas una mano
y ellos te brinden la suya
y te hagas amiga de tus miedos
que no los alejes ni los olvides
sino que los asimiles
para saber que existen
para que siempre consideres
que estamos hechos
de una cosa y su antónimo
de luz y oscuridad
de amor y de miedo
de tormentas y sol
y ambos coexisten
porque uno no es sin el otro
porque nada es sin su contrario
que estabiliza el universo

¡animate, dale!
estabilizá tu propio universo
sé una humana feliz
no te arrastres más por la vida
no dejes de luchar
no te rindas ante las complicaciones
salí a disfrutar, a sonreír
regalate más sonrisas
para vos
y nadie más
y que si el resto las ve, ¡se embelezca!
pero son tuyas
y nadie te las puede
(ni debe)
quitar
y lo niega
y lo refuta
y lo agarra lo cambia y lo transforma
y no sirve de nada

cada negación es represión
y la represión vuelve modificada
convertida en nervios
porque hay algo que no está siendo como corresponde

está siendo forzado
y esa fuerza es insoportable para el alma

el alma necesita fluir y nosotros no la estamos dejando
Conocí a una sola persona en el mundo que lograba hacer que mis nervios cesaran. Ahora esos nervios volvieron cuando yo pensaba que nunca iban a aparecer otra vez. Era algo que temía. No puedo controlarlos, No tengo control ni de mi propia mente. No soy estable, no tengo frenos, no tengo límite. Soy una amenaza para mí misma. Soy un dolor de cabeza para quienes me rodean. Soy una bomba de tiempo, una bola que se echa a llorar al piso retorciéndose, mordiendo la almohada, gritando desde el centro del pecho. Soy un hongo, tóxico, que se mete en las vidas del resto para oscurecérsela en vez de luchar por hacerlas brillar. Soy un palo en la rueda, soy la pérdida de tiempo. Soy un hombre que está parado en el medio del camino sin poder avanzar. Rebobinando continuamente, yendo en dirección opuesta al progreso. Sigo así, sigo así siempre y no sé cambiarlo. Me creo todopoderosa para después derribarme ante una mala experiencia amorosa. No puedo definir, no puedo enfrentar, no logro seguir adelante sola. Le temo al olvido, le temo a la soledad. Le temo al conformismo, a tener que quedarme con algo que nunca deseé. Le temo a la mayoría de las cosas y si no avanzo con las personas que amo siento que me voy a dejar consumir por el sistema. Siento miedo todo el tiempo porque soy eso, soy puro miedo, todo lo contrario al amor. Siento que ya nadie ve en mi lo que alguna vez vieron porque todo eso que alguna vez fui está muerto. Mi psicología maldita se encargó de mandar al diablo esa niña iluminada llena de vida y sonrisas eternas para regalar. En su lugar quedó un pedazo de ser humano que no sabe cómo entablar una relación interpersonal sin que una de las partes salga lastimada. Me duelo, les duelo, soy un estorbo, soy un dolor de cabeza, una noche de desvelo, un golpe en la frente, una uña clavada en el brazo. Soy una bolsa de órganos y huesos que se mueve por inercia siguiendo el rebaño. Soy un bebé de pecho, no la adulta que debería. No tengo poder de decisión ni de amor sobre mí misma. No tengo amor por mí. Si estoy así, si no me quiero a mí... ¿cómo puedo pretender querer al resto?

Tolerancia.

          El último grito pone el punto y aparte a la discusión que, hasta entonces, parecía interminable. La mesa que separaba esos dos cuerpos parecía un puente cortado en hora pico. Por encima de ellos, la luz de la lámpara similaba ser un Sol que venía a amortiguar ese dolor inminente que acechaba las almas de los seres que, buscando una solución, se sumergían en ríos de argumentos que no hacían más que hundirlos en un pantano de dudas. Los dedos de ella resonaban contra la madera haciendo un ritmo peculiar y repetitivo, que ya comenzaba a ser molesto. Él, mientras tanto, jugaba con un maní de la canastita a medio consumir que había venido acompañando la cerveza que habían pedido. La cerveza a medio tomar no era buen indicio, hablar tanto les había secado la garganta y aún así no tomaba del dolor que le causaba que ese siempre néctar hoy se comportara como lejía, por culpa del nudo que le enmarañaba el esófago y le dificultaba el habla. Los ojos se perdían del piso a la mesa, de la mesa a la barra, de la barra a ella. Ella, con su nariz respingada y su boca de ensueño. Ella, de melena rubia y ojos avellana, brillantes y profundos. Ella, que tanto le generaba, que tanto le movilizaba el alma de un lado para el otro, estaba allí, enfrentando una discusión a su lado. Vaya a saber uno por qué, una vez más, habían discutido.
          Quince minutos sin emitir sonido bastaron para que alguno de los dos decidiera comenzar una nueva charla. Una lucha silenciosa de egos decidía quién iba a ser el que rompiera el silencio. Fue ella quien tuvo la palabra.
—Dejemos esto de una vez por todas. Necesito estabilidad. No puedo seguir así. Discutir no sirve de nada. ¿Con qué fin discutimos? ¿Qué objetivo tenemos, qué buscamos con tanto palabrerío?
—Y, qué querés que te diga... Esto no es a propósito. Y vos lo sabés. Yo no busqué que así sucediera. Es igual que la rotación de la Tierra sobre sí misma. Imaginate esta situación. Un grupo de ingenieros desarrollan un sistema por el cual se detiene la rotación de la Tierra. Por mucho que pensemos que la Tierra podría dejar de girar sobre sí misma y así detener el paso de las horas, el correr del tiempo sería inminente. No podríamos cancelarlo. Si bien la percepción sería diferente para aquellos que viven del lado del globo que quedó a la luz del Sol, para los desafortunados (o afortunados, porque sobre gustos no hay nada escrito) que quedaron del lado oscuro, la noche sería eterna, y no podrían aprovechar el tiempo de la misma forma que el selecto grupo iluminado. Y no te lo estoy diciendo porque se me ocurrió recién, sino porque está comprobado científicamente que la luz solar ayuda a sintetizar ciertas hormonas y a liberar algunas sustancias que permiten un correcto desempeño durante el día. Así como la luz te hace despertar, la oscuridad te hace dormir. Imaginate qué pasaría si yo, entonces, intento quedarme detenido en un estadío constante, eterno y equilibrado. Imaginate que pasaría si yo respondo al cambio negativamente, si me niego a convertirme, a ir aceptando el paso del tiempo y lo que él trae para regalarme. Imaginate qué pasaría si toda tu ocurrencia de la estabilidad se hace real, ¿qué sería de nosotros en unos meses? ¿qué alimentaría la lucha del día a día? ¿qué sería lo ideal de la estabilidad luego de un año de haberla obtenido? Si mi año fueran once meses de vacaciones y un mes de trabajo, el mes trabajado sería el ansiado. Las vacaciones serían lo cotidiano y perderían la magia. Pero si trabajo once meses, el mes de vacaciones se convierte para mí en lo más preciado. Lucharé y me esforzaré por alcanzar ese mes y poder disfrutarlo día a día, antes de volver al ruedo de los meses de trabajo. ¿Qué nos queda a nosotros, entonces? Quiero encontrarte todos los días con una nueva idea, con un espacio para discutir algo que no compartamos, que no coincidamos en lo más mínimo. Quiero descubrir lo que tenés para decir, cómo defendés tu idea. Quiero verte apasionada ante tus creencias, ante tus elecciones, y poner el pecho para confrontarte con las mías. No te quiero estática ni estable, te quiero cambiante, mutante, iluminada de a ratos, oscurecida en otros. Quiero que seas todos los aspectos y no sólo los mejores. No reprimas, no escondas, no modifiques el ser para hacer más ameno nuestro encuentro. No quiero eso, y si así debe ser, dejame decirte que entonces me disconforma el bienestar constante. Peleemos sin faltarnos el respeto, discutamos aceptando el argumento contrario, aprovechemos la capacidad de libre albedrío que nos da la condición de ser humanos. No está mal pelear, ni discutir, ni discernir. Si simplemente se hace insostenible, el tiempo decantará y nos dará la razón. Y quizá sí, no debamos estar juntos. No debamos reunirnos ni tener más conversaciones. Pero mientras tanto, ¿quién pone los límites más que nosotros mismos? Si sentís que estás perdiendo el tiempo, te propongo levantarte de esta mesa. Yo invito la cerveza, no te preocupes.
          Los ojos de ella brillaban intensamente. Una leve y tensa sonrisa se le dibujó en el rostro, y quería decir algo, pero no podía articular palabra. Al cabo de unos segundos, la mueca aflojó la tensión, y se suavizó el rostro. Esos gestos suaves no podían indicar algo malo.
—Y a ver, contame... ¿qué hormonas son las que regulan eso que dijiste antes con la teoría de la Tierra que dejaba de girar?
          Y empezaron a hablar de ese tema, que justo a él tanto le gustaba, y que ella tan poco entendía, pero que aún así, le encantaba escuchar. Porque él se fascinaba cuando hablaba sobre su vocación, y ella adoraba verlo así, excitado, alegre, feliz. Y aceptó esa charla para dar lugar a otra sobre las cosas que a ella le fascinaban, y así a otra sobre los cambios de clima, y así a otra sobre una teoría alocada sobre la cantidad de cerveza que deberían tomar para curarse una gripe, y así a una infinita cantidad de conversaciones que no decantaban en ningún lado, y quizá eran pensadas de una forma absolutamente diferente por ella o por él... y aún así, aún con tantas diferencias, había algo pequeño pero no poco importante que tenían en común, y eso era la tolerancia.