corré hasta acá, hasta encontranos a medio camino
dejame darte la mano así nos podemos alejar juntos
agarrame fuerte que no quiero soltarnos
vamos a salir volando, vamos a irnos de este lugar
a olvidarnos de todo y empezar a crear
otra vez, pero desde nuestro propio hogar

en la espera del amanecer

vámonos un rato
abajo de la luna
vos y yo sentados
contando los astros
hasta perder la consciencia
quedémonos allí
bajo el negro cielo
bajo la noche iluminada
por la luna danzante
y las estrellas brillantes
que enceguecen los ojos
y encienden las almas

abrazame si hace frío
y perdámonos en la espera
del amanecer
te regalo un sueño
un sueño hermoso
en el que estaba a tu lado
y soñábamos juntos
sueño dentro de sueño
un poco confuso, la verdad
pero se sentía suave
como una nube
porque estaba a tu lado
no me daba miedo
no estaba asustada
porque estaba a tu lado
y si era eterno
y si jamás despertaba
iba a estar bien
porque estaba a tu lado
hay dolores del alma que no se van así nomás
hay dolores que quedan y golpean sin cesar
abren la piel de par en par
la hacen pedazos
queman desde adentro y no hay forma de arrancar
agarrados, desde la raíz, allí están
cubriendo toda la superficie
haciéndose propiedad
y nunca se sabe la verdad
si es algo real
pero ante la mínima sospecha
el alma llora y el dolor no cesa
no hay luz no hay paz
sigue habiendo oscuridad
como la que había cuando no existía
pero dolía menos que esta realidad

hace falta más paz
más sol y más luz
porque abunda la oscuridad
vamos
a morir
para volver
a renacer
juntos
y qué si hay que morir para vivir
y qué si hay que sufrir para seguir
porque caerse quizá es necesidad
para aprender a pararse
y caminar erguido
y si no caemos nunca
y si no aprendemos a caminar
y si no dejamos que el viento nos lleve
que nos lleve la corriente
cabalgar la ráfaga hacia donde vaya
total el destino no tiene importancia
vayamos ahí arriba
dando vueltas
por el aire
bailoteando en espirales
danzando y saltando
pintando de celeste
el cielo blanco
soplemos las nubes
moramos si es necesario
y resucitemos
salgamos en los diarios
cantemos con el alma
y gritemos
hasta romper la garganta
Quiero saborear el jugo de tus labios,
ese néctar que se derrama directo desde tu boca.
Quiero besarte y sentir la gloria
de sentirme eterna, sentirte para siempre.
Sentir paz en tu calor, invadiéndome el cuerpo,
envuelta en tus brazos, sintiéndome amada,
reconfortándome como si fueras
el Sol de cada mañana
amaneciendo en mi alma.
acumular
y comprar
acumular
y no poder más
y seguir así
acumulando
apropiándonos
haciendo nuestras
cosas ajenas
haciendo nuestro
todo lo que vemos
hasta llenarnos
de cosas
que llenen
el derredor
la casa
la habitación
la cama
el espacio
tan vacío
y sólo
en el que vive
nuestra alma
desconectada
errante
navegando
sin rumbo
por la galaxia
sedientos
de ser
no morirás solo
créeme si te digo que no morirás solo
porque permaneceré a tu lado para siempre
porque te sostendré y secaré tus lágrimas
alejaré los miedos de tu casa
y te abrazaré cada día
sujetaré tu mano con fuerza
y te acompañaré hacia la montaña
para que la subamos juntos
y conquistemos la cima
mirando el mundo desde allí arriba
siendo dueños de todo
sin que nada pueda derribarnos

si vas a crujir
como hojas de otoño
cuando pasan los transeúntes
y las pisan caminando
entonces dejame
echarme a tu lado
para crujir con vos

balanza

no hay equilibrio
no hay nada
no hay intermedios ni grises
no existe "estoy bien" estando mal
no existe "estoy mal" estando bien
son contradicciones
la búsqueda del equilibrio en medio de los extremos
no hay medio entre ambos
es blanco o negro
sí o no
arriba o abajo
adentro o afuera

pero de repente
repentinamente
de la nada de repente
aparece el factor clave
que estabiliza todo
aunque se esté abajo y afuera
aunque estemos inmersos
en el espesor de la negrura
aparece un brillo particular
que no se va más
que maneja los extremos
los estados y las pasiones
adueñándose de todo
por completo y para siempre
Permanece en silencio, sola, a oscuras, cerca del calefón. Está allí parada, mirando la llama. Escuchando el leve sonido que hace la combustión. El café en la mano se le enfría y ella ahí sigue, mirando el fuego. No responde ni reacciona, sólo respira pacientemente. Sus ojos miran ese azul extraño, que a veces se tiñe de naranja, de amarillo... brillando. Brilla en la oscuridad. Es lo único que brilla. Es lo único que se oye. Pero ella no brilla, ni sus ojos, ni sus labios. Sus ojos no miran el fuego, miran más allá. Perdida la mirada, atraviesa la memoria, y un recuerdo se le cruza. Brilla algo dentro, pero no se ve. Nadie logra verlo. Sólo hay alguien con la habilidad. Pero no está allí. No puede recordarle que ilumina. Que es luz. Sol. Destellos.
No puede recordárselo porque no está. Y si no está él, el único que sabe que ella brilla... ¿cómo va a saber ella que puede brillar?
le dije que eso no era cierto
y sólo me abrazó
le dije que no podría suceder
y me miró a los ojos
y sonrió
le dije que no quería
y se acercó
me besó
le dije que lloraría
y las lágrimas secó

si aún hay mariposas
y el miedo no ganó
no me voy a dejar caer

en la cima de una montaña
o en medio de la ciudad
volver a empezar
es cuestión intentar

no hay agua que no se pueda secar
o desierto en el que no pueda llover
sólo es el hecho de querer
                           con toda el alma
pisar la arena blanda
y cerrar los ojos
para dejar envolverse
en el viento final

ganas incontenibles
de comerte a besos
de la boca hasta los pies
y la cabeza también
pasando mis labios por tu frente
y tus mejillas rosadas
que se disponen elevadas
por la sonrisa de tu semblante
amo todo y te amo
y nada más quiero que estar
ahí, con vos, a tu lado
borrándome la memoria
avanzando cada paso
sobre mi cuerpo allí echado
temblando ante tus manos
creando recuerdos nuevos
que tapen las cicatrices que nos dejé
por haberme olvidado de lo que éramos:
diferentes a todo.

y quién sabe de dónde agarrarse
y a quién le importa agarrarse
si es emocionante estar cayendo
y rescatarse al tocarse
las pieles
rozando
una con otra
deteniendo el tiempo
la caída
el golpe

unísono

cantaron al unísono
como si estuvieran sincronizados
como si las almas provinieran
de la misma semilla
son el centro y la periferia
las partes y el todo
son lo eterno para ellos
hoy y mañana
se ven allí parados
danzando al compás
de una tierna melodía
que suena sólo en sus mentes
y se miran y sonríen
y se hacen reír
porque saben (y lo sienten)
que hay sed de vivir
aunque de vez en cuando
salen desbarrancando
se alimentan el uno al otro
cuidando la chispa del viento
que no se apague ni se olvide
que se mantenga inextinguible

incendio

Corrió hasta donde quiso. Hasta alcanzar la luz del Sol. Buscando que el Sol vuelva a quemar.
Y así fue: quemó. Hondo y profundo, directo sobre su cara, sus hombros, su espalda. Quemó y dejó la carne viva expuesta, sangrante. Dejó heridas en cada parte porque así son las quemaduras, porque así es el fuego; intenso, se apodera, avanza, sujeta absolutamente todo. Arde en llamas cada centímetro y no hay forma de apagarlo, no hay lluvia que detenga el incendio. Y quema la piel, y no sólo eso, sino que también ahoga el humo. Proviene de su propio cuerpo, prendiéndose, desarmándose, perdiendo todo lo que alguna vez fue: esa suavidad, ese brillo, esa pureza. Se convirtió en un cuerpo ultrajado, roto, lastimado. Áspero, todo cortajeado, supurando. Mezcla de lástima, mezcla de asco. Verlo así, irreconocible, frente al espejo que también está quemando. Como el techo, las paredes, la mesa y las sillas. Las ventanas, los muebles, la ropa del armario. Su mascota, una guitarra. Una foto. Una carta. Todo arde en llamas. Se muere el hogar, se cae, se hace pedazos. Ya no existe como tal. Su casa dejó de ser lo que era para reducirse a cenizas. Se desarma su hogar, y se desespera, ahogándose en su propio humo, en su propio dolor. Y escucha crujir su piel como si fuese leña, leña ardiendo incesantemente, con un fuego incontenible, que sólo se irá cuando la haga desaparecer. Cuando se detengan los gritos. Cuando deje de oír ese crujido, ese fuego, esos gritos, esa muerte,... aproximándose.