la historia desde la cuna

me mencionaste a los astros:
viran con nosotros
sos Sol y también podes ser Luna
como dice Spinetta
me doy cuenta de que así es
es así
creer que me mirás con cariño
creer en eso porque es real
me mirás con cariño
qué falta de costumbre tengo
aunque repitas y súper repitas que sos
un mambeado
sos Sol y Luna
cuando la noche nos acoge
y el día nos arolla
sos una esfera de energía
brillando en mi cielo
de esa que recarga y repone
quiero decirte que te quiero
lo descubrí esta noche
quiero decírtelo cuando estés sobre mi pecho
quiero llamarte por tu nombre
y simplemente mirarte
porque es la paz que se esconde en tus ojos la que me
apacigua
es el susurro de un ánima
en medio del delirio onírico
es el cuento de hadas
la historia desde la cuna

cuánta suerte

si me pusiera a pensar en
la cantidad de veces
que hoy
ayer
o la semana pasada
tuve suerte
creo que podría escribir
un bibliorato
y sabés qué?
no me alcanzaría
porque querría transmitir
la hora lugar
y contexto
para que puedas entender
cómo es que tuve tanta suerte
y todavía no me convertí
en la embajadora
de la buena fortuna
'perá, pero, esperá
no fui yo sola
preguntales a ellos

preguntales dale

si no te cuesta nada

seguro te van a contestar lo mismo que
yo
seguro te van a decir que
un día mamá y papá dijeron
no trabajes, estudiá
nosotros te
bancamos

atenti a la palabra

bancamos

el banco banca
con intereses

y la familia banca...
¿con o sin intereses?
¿hay interés financiero?
o quizá es ese
pero che
es increíble che
es ese que todas y todos
describen
como lo más noble y profundo
de la vida
como dicen
puro amor

quizá fue suerte

están ahí todavía
y yo acá
hecha y derecha
hecha y deshecha
una piltrafa a veces

pero sabés qué?
llego a casa y
están

ahí

están

yo me quedé en la escalinata
tomando birra
y ellos están
ahí
en casa

velan

yo estoy en una butaca
y ellos están pensando en que
si duermo poco
voy a dormir poco
y si duermo poco
mañana no será un buen día

ellos pensando eso
eso siendo real
yo sin interés a eso

qué me importa cuánto voy a dormir

ellos, si, velan

yo alucino
y alunizo
en este presente

y nos miro y digo
che, esperá

cuánta fue
¡tanta cuánta!

y no solo eso

tanta cuánta que
me curó las peores heridas del alma
tanta cuánta que
quisiera darles respuesta
con tanto y todo ese amor
que no voy a poder sentir
hasta descubrir lo que es
lo que se siente
lo que se imagina el alma deseante
lo que construye in mente el pensamiento razonable
que aturde a más
pasa el tiempo
pidiendo
trascender

pero si yo ni siquiera me sabía atar los cordones
pero si a veces me olvido de comer si no me lo recuerdan

aniñada niña

quizá fue suerte
que me tomen de la mano
pa' cruzar la calle

quizá fue suerte el pan

quizá fue suerte el no
la caricia en el momento indicado
el cuento antes de dormir

la Biblia aunque ahora sea atea
la enseñanza de amor al prójimo

quizá tuve demasiada
tanta abundante
tanta cuánta
que no podía razonar
cuanto representaba

quizá fue suerte
que tomen mate
para que yo coma

el día del edificio

te acordás de la tarde
esa tarde que no fue esta tarde
pero fue esa en la que
un edificio se interpuso
entre
el Sol
y vos y yo

el cielo se expresaba
cual obra de arte
ocaso lileástico
violetísico
purpurado
rosado
creo que esta última es
la única
que me admitiría el diccionario
como correcta
pero qué me importa mi dicción
si los sentidos normales
desconocieron todo lo
previamente conocido
al estar exacerbados con
toda
esa
nueva
vorágine de
sensaciones

y pasó un avión
por encima de nuestras cabezas
las lucecitas nos llamaron la atención
no fue el día del edificio
ni fue hoy
fue ayer
me rodeabas con tu brazo
apoyaba la cabeza en tu hombro

inspiré hondo para guardarme el recuerdo

queríamos teletransportarnos
a esa cabina
y atravesar el cielo
ahora azulado
impregnado de negrura
ya sin tintes purpurílicos
rosadáceos
violetados
lilas

y una perra y un perro
jugueteaban por el parque
vos me contabas de cuando en cuando
que corrías esas calles con tu papá
nos mirábamos con el Sol de soslayo
eso no fue esta tarde
ni el día del edificio
ni ayer

le diría el día de los perros
o quizá el del timbó
que me detuve a mirar
cuando recorríamos tu barrio
del brazo

bajo ese árbol
un médico vacunaba contra la viruela
muchos años atrás

caminamos por Puán

yo no me acordaba de cómo era el parque
ni sabía que tenía un centro cultural que se llamaba Adán Buenosayres
como el personaje de Marechal
o que bailaban tango a la noche abajo del puente
tampoco sabía que había una fuente turquesa
ni que un farol titilaba
o que había un árbol con un orificio ovalado perfectamente delimitado
de unos sesenta centímetros
que creíamos que era la puerta de entrada
a un agujero de gusano
tampoco me acordaba de que la luna brillaba tanto
ni de que el olor a primavera combinaba tan bien con el olor de la piel
una piel que se podía erizar con extrema facilidad

caminábamos por la de tu casa
nos tomamos de la mano en una esquina
no me querías dejar ir
yo tampoco quería irme
te quedaste un poco más
me quedé un poco más

nos quedamos
nos miramos
nos miran
nos

puedo usar ese pronombre
sin miedo

sos una incógnita
pero no estaría necesitando
despejar la equis

no lo pienso
y lo vivo con la espontaneidad
del perro y la perra
que interrumpieron la sumergida
que había hecho sobre la superficie de tus ojos
marrones
que decís que son comunes
y yo te los miro
fascinada

apoyás la cabeza en una de mis piernas
cerrás los ojos
hoy, esta tarde, hace un rato
sigo mirándote
recorro tu cara con
mi mirada
observo
recuerdo
sigo mirándote
aunque no esté ahí
ni estés acá
te recordé
cierro los ojos y
te miro
nos miro

me das paz
te lo dije hoy y creo que ayer también
creo que también te lo dije la semana pasada
no me animé el día del edificio
ni el día de Larrea y Córdoba

vas pisando sobre barro mojado
huellas mnémicas,
placer para mi memoria
que se siente cómoda

me río de tu espontaneidad
la misma que te caracteriza desde
el día del edificio

me gusta tu naturalidad
me gustan tus manos en mi espalda
tu boca en mi boca
tu pelo en mi muslo
me gusta que me saques la ropa
que escuchemos música por horas
que mis ganas de tocarte sean tantas
como las tuyas de tocarme a mí
de tenerte cerca y sentir una energía
brotando de mí
chocando con la tuya
brotando de vos
atrayendo nuestros centros

me rodeas con tus brazos
te rodeo con las piernas
nos rodeamos
nos

otra vez nosotros

un día más, tarde más, noche más

mientras tanto, la ansiedad se convierte en polvo de estrellas
allá está, lejos mío, en el océano universal
sin saber cómo lo lograste
pero sí, es así
se desvaneció
y yo, en paz
con ganas de estar acá y allá
con la certeza de que en un mañana próximo
habrá no sólo la tarde del edificio
o Larrea y Córdoba
o la de los perros
o la de ayer
ni la de hoy
y el cielo violetándico
lilandásico
rosálido
púrpura

anatomías

Sonríe el corazón desde dentro en grata paz después de tan ingrato pretérito.
Tibio Sol que nace fácilmente, incluso con la tonta invocación mental de un recuerdo azaroso. Es uno de unos pocos, pero que rápidamente se generan, por la constancia de los encuentros.
La base bajo los pies no tiembla, por primera vez en años. El "in" se transfirió, de certidumbre a quieto. Maravillosa la semántica. Inquieto el presente ante tanto nuevo estímulo. Y no solo el presente sino también inquieta el alma ahora, y también ilusionada. La ilusión inevitable, que quizá en otro momento hubiese intentado apagar, reducir a cenizas. Pero esta vez, el temblor del mundo no asusta como tantos otros. Epicentro interno. Me da un vértigo que simula ser una brisa en la cima de una montaña, o quizá la sensación de visibilizar la caída de una cascada. Dejarse llevar, arriesgarse, y correr hasta detenerse bajo el emocionante fluir de ese agua gélida. Ciérranse mis ojos y tiémblanme las piernas, mientras ventilo ciclando inspiraciones y espiraciones entrecortadas, afectadas por tal frío. El Sol descendió, y la sombra domina nuestros lares. Me sujeta fuerte, no parece dejarme caer. Su cintura escapular articula un ángulo agudo con un miembro superior derecho en semi-extensión, en tanto su mano me sujeta desde la cresta ilíaca aproximándome a su cuerpo. De cuando en cuando apoya sus labios sobre mi pelo, sintiendo la presión en mi cuero cabelludo, cuyos aferentes le llevan información a mi corteza. Proceso in mente una forma, también engramas para no olvidar el aroma, ni el calor, ni la suavidad del acto, o la energía que se desprende de esos labios, o del fondo de su pecho, cuando me aproximo despacio.
Sonríe el corazón y mi boca también. Es notable. Él lo descubre y se ríe conmigo.
Sonríe el corazón por ser escuchado. Por poder ser natural y dejar fluir de una vez, como fluía la cascada. Seguir el ejemplo de esa cascada: si nadie intentó detener la naturaleza de la naturaleza, y aún asi... sigue fluyendo.

sin título - 22 de octubre

Qué difícil luchar contra la fiebre espiritual. Esa que deshoja la razón y nos despoja de cualquier criterio.
Difícil encarar una contracorriente con un corazón cansado y con ganas de yacer tendido en un sitio calmo, donde el olor a primavera invada el aire, no se escuche el alboroto de la ciudad, y los rayos de sol aclimaten el ambiente del día.
Difícil luchar contra un espíritu rebelde, porque en la lucha se intenta calmar, y la única manera de calmarlo es reduciéndolo a la nada misma.
Difícil asesinar a sangre fría a aquello que mantiene la luz y la sed de ser.

la medicina es el otro

Hagamos memoria. Preguntémonos.
¿Cuántas veces dimos la mano? ¿Cuántas veces nos preocupamos por saber lo que tenía, más que por conocer de qué forma atravesaba eso que padecía?
Interrogar, preguntar a fondo, complejizar, caracterizar. Un bicho que da enfermedad. Una enfermedad que atosiga a un paciente. Paciente que olvidamos que es persona.
Siente, llora, ríe. Tiene una rutina. Tiene un entorno. Vivencia, asimila, recoge estímulos del ambiente. Reconoce miradas y gestos. No hace falta entender las palabras complejas y hegemónica del vocabulario médico para reconocer la mala noticia. No hace falta ser doctorado en ciencias biológicas para comprender cuándo se aproxima un futuro de mal pronóstico.
Pero esto no nos lo enseñan.
Y ahí estamos nosotros. Ridículos, expectantes, con los dientes afilados.
Y ahí están ellos. Vulnerables, expectantes, con la salud debilitada y tan cerca del límite.
Límite que nos empodera al saber que dependen tanto de nosotros. Límite igual de ridículo como nosotros, por creer en esa hegemonía. Creer en la ciencia, ver la punta del iceberg, olvidarse de aquella parte que ocupa la mayor masa: invisible para el que no sale a buscar, para el que no quiere ver.
Retomar el camino holístico que tantos en la historia se esforzaron en construir.
Retomar la fe en la medicina. Médico que acompaña, y quizá también cure. Pero por sobre todo acompaña, más allá de toda crítica...
...y si la medicina es el otro...

trescientos sesenta y cinco días

trescientos sesenta y cinco días fueron
hoy
acá
trescientos sesenta y cinco son
los días de
un año
año que concluyó hoy porque
se empezó a contar cuando...
cuando yo nací

y hoy se conmemora el aniversario

trescientos sesenta y cinco días son
año que se fue
año que se perdió
y yo
acá.

año que se fue, año que se perdió
y yo acá mirando
como pasa el tiempo
sin percatarme de que un año más pasó
y un año se fue
un año que no va a volver

año que pasó y quizá no
no me di tanta cuenta
año que pasó y quizá no supe valorar
año que pasó
todos esos trescientos sesenta y cinco días
y terminó
y yo acá estoy
no queriendo festejar
acaso tendría que festejar que
se fue
otro año más?
acaso tendría yo que estar acá
prendiendo una vela
soplando una vela
apagando un fuego?
trescientos sesenta y cinco dias pasaron
y yo estoy acá
sin soplar ni prender una vela
sin intenciones de que eso suceda
y mis amigos comprenden
y aún así
aún así
cantan
en el medio de la calle
cantan en el medio de la vereda
y yo ahí acallando esos cánticos
que pareciera
pareciera que celebran más mi nacimiento
pareciera que celebran más el aniversario de mi nacimiento
que yo misma

ya pasaron trescientos sesenta y cinco días
de los cuales yo me percaté
de treinta?
quizá pasaron trescientos sesenta y cinco días de los cuales fui feliz solo diez
quizás pasaron trescientos sesenta y cinco días y uno de esos días me tomé un avión camino a un viaje increíble
y eso fue en este año que empezó hace un año
este año que empezó hace un año cuando yo simbólicamente tenía
un año menos
que ahora

y quizá un año me animaba un poco más a poner una vela arriba de una torta un bizcochuelo hecho espontáneamente
y de repente prenderla
y de repente apagarla
y que haya gente cantando al rededor
y sentirme especial por mí

y sentir que hay un dia en el año en el cual
se celebra un aniversario
de que nací
de que llegué al mundo
de que estoy acá
ese día del año que se desacopla del resto de los días del año porque
primer día de enero es el primer día del año
treinta y uno de diciembre es el último
y por qué celebraríamos un año nuevo en un momento en el que no corresponde
sin embargo lo hacemos porque festejamos los natalicios

en una especie de
reconocimiento humano
en una especie de reconocimiento del humano como deidad
en una analogía humano cosmos
como ente soberano
individuo que puede poner orden temporal
en base a la traslación de la Tierra alrededor del Sol
y decidir en qué momento empieza
y en qué momento suceden
el año
y las estaciones
y cuándo termina el que pasó y empieza uno nuevo

y acá de repente tan humanos
también inventamos
que un año empieza y termina
cuando una persona nace
y ese día le deseamos
un feliz cumpleaños
como si fuésemos tan poderosos
y cada una de estas seis billones
de personas
cumplen natalicio
y ahí estamos
nosotres
les amigues
les compañeres
les familiares
para decir "feliz cumpleaños,
que la pases bien y que seas feliz,
que se cumplan todos tus deseos"
cosas que le deseamos al resto y a veces
ni siquiera nos las podemos desear
a nosotres mismes
si ni siquiera nos la jugamos
por cumplir un deseo
si ni siquiera a menudo se la podemos desear al ser más querido
porque quizá hay
un halo
un estigma
una nube
en el medio
y descubrir que
no puedo ser feliz
no puedo estar alegre
no puedo sentirme de la forma que el resto quiere que me sienta
no puedo sentirme de la forma que yo quiera

y yo le deseo al resto que se sienta
pero por qué hay que ser feliz
por qué hay que ser alegre
dónde está el fundamento
dónde está el manual de cómo vivir

y acá estamos
con personas que nos rodean
nos quieren y nos apoyan
y nos desean
un feliz cumpleaños

entonces yo les digo
gracias
porque no sé qué más decir
porque no tengo otra palabra que exprese
cómo me siento
por el hecho de que elles
se ocupen y preocupen más por mí que yo misma
que elles preocupen
y se ocupen
y celebren

pareciera que celebran más mi nacimiento
pareciera que celebran más el aniversario de mi nacimiento
que yo misma

ocaso en la ciudad
el sol tras las nubes convierte el concreto color pastel
en siluetas negras que contrastan
luz rosa-anaranjada brindándose a los ojos de los transeúntes
en esta tarde primaveral
que pinta una acuarela sobre el domo

representa el cielo
por encima de nuestras narices

cielo que vira a naranja
a rosado
vira

ocaso en el corazón
congruente, al menos, en parte
y no tras un largo análisis de los hechos
sino simplemente bajo las riendas de
la expectativa al mínimo posible
y la fluidez en todo su esplendor

esplendorosa me recorre
huesos, dedos, miembros
el centro del cuerpo
la mismísima alma
que se hierve, evapora y condensa
todo en el mismo acto

y surge resignarse como siempre surgen
este tipo de reacciones
frente a este tipo de sucesos
frente a este tipo de sentimientos

y siempre clasifica
encuadra
encasilla

analiza

ocaso de cemento
al recorrer algunas calles
cemento quizá también
fijándose en el corazón

ocupa cada vez más, y más espacio;
que no llegue a obliterar

(analizate a vos...
a mí no)

mano en el hombro
que se sintió cálida
calidez que no suelo sentir
calidez que hizo bien
y elijo disfrutar

más allá de lo estúpido que parezca
más allá de lo tonto y absurdo que parezca

sol poniente
edificios que se llevan lo que queda del atardecer
el frío empieza a florecer
pero un brazo cubre el dorso en semicírculo
creételo: es un abrazo
suave claridad, ternura humana
leve caricia, pero que sujeta con fuerza
sentir que existo para el otro, sutil existencia
sentir que existo en el universo, sutil trascendencia

me mencionaste a los astros
viran con nosotros

(cuánto sol nos queda?
que no se oculte...)

preciso dejar de descifrar
dejar de buscar
sinonimias
dejar de comparar
dejar de idealizar

respiro hondo y encuentro
respuestas que conforman
respuestas que aterran

será lo que me asusta lo que no me deja ser
será que igual seré porque ya nada asusta

Del suave susurro de la noche infinita, se desprende un nombre. Otro más del haber.
Interminable listado de almas que habían endulzado parte del pasado.
Pareciera que a cada paso dado, pisaran con más fuerza, haciendo notar su presencia.
Inunda los pensamientos, acongojándose el ser.
Se esfuerza en negarlo rotundamente, pero no puede.
Pelea constante con su razonamiento, que pone límites al sentir, buscando explicaciones, inútilmente.
Brisa lóbrega de madrugada, protección de luz ultravioleta.
Pero no así del aroma a primavera que inunda el aire.
Asocia aquel nombre con el recuerdo olfatorio.
La quintaesencia de la percepción humana. Sentido nuevo, energía vieja. No en ella, sino en la historia de la naturaleza.
Era ese momento de percibir que el alma lleva recorridos miles de años.
Y que asga un bastón para mantenerse bipedestando.
Por un momento la historia se hace carne.
Gana materia, y parece cimentarse sobre la espalda, pesándole incómodamente.
No logra llorar o reírse. Su rostro arrastra la facie simbólica de la añoranza.
Nostalgia barnizada con el amor milenario, puro de raíz.
Del amor que surge tras la apreciación del nacimiento de una flor desde la tierra.
Flor que alguna vez fue sólo una tierna semilla.
Olvidando los fundamentos biológicos, piensa en la magia de su nacer, al verla desenvolverse suavemente.
Desenrrolla sus hojas como si bostezara.
Abre sus pétalos, sin miedo a marchitarse.
Expone su néctar, sabiendo que atraerá numerosos abejorros sedientos.
Dulce belleza de la narración, enriquecida en la retórica.
Sin otro fin que el deleite y la apreciación humana. 
Belleza como necesidad.
Tan necesaria como el pan de cada día, como el agua en la garganta
Tan necesaria como la introducción en el mundo de lo onírico.

Del suave rostro de la luna que brilla en la noche infinita, se desprende una luz.
Cae blanca sobre el semblante, hasta ahora incoloro, para denotar un suave rosado en las mejillas escarlatas.
Cae blanca sobre el humo de los cigarros, que se volatiliza en el aire.
Cae blanca sobre los vasos de cerveza, las caras de la gente, los cuerpos de dos seres.
El nuevo nombre resuena en el aire desde que el calor de una mejilla ajena se posó sobre la suya, en esa noche no tan cruda, cuando aún no finiquitaba el invierno.
Mejilla que ya no volverá a ser la misma.

huye

está corriendo lejos de algo
y lejos del tiempo
y perdiéndose en el espacio
que amenaza desde las sombras

agitado está el verdor de su alma
que aún se siente como un capullo

calores primeros que aparecen
con un florecer que acaece

corre en sentido al horizonte
acechando un sinfín de variables

subjuntivo accionar
trata de transmutar su alma
de heredera de la consecuencia
a inquisidora de la posibilidad

está corriendo lejos de aquello
la búsqueda constante

maldita e insoportable tendencia
de sospechar, e interpelarse
investiga, define, asume,
abandonando así la magia
de la fluidez de los hechos
del sentir que la hace humana

como si pudiera ser que el fluir
no respondiera a causa y efecto

cada vivencia justificada
cada fenómeno aducido

el por qué presente sin cesar
mientras ahogábase el ser
acabando con su levedad
bajo el peso insoportable
de la razón como defecto
y no como cualidad virtuosa

está corriendo lejos de eso
que amenaza desde las sombras
reconocido falsamente
como el origen de la luz
desde aquella época moderna de
revoluciones y máquinas de vapor

eso es esa, la reconoce,
sigue interpelándola
aún desde la lejanía
exigua a lo que pretendiera

sigue corriendo raudamente
escapa con destino anónimo
pero conociendo a la perfección
a donde no quiere llegar
aún así descubre que su mente
se pregunta qué la acecha

se repregunta y descubre respuesta
cae otra vez en el círculo vicioso

imposible disociar la razón
que vuelve al alma soñadora
en alma contaminada y putrefacta
imposible disociar lo indisoluble
lo que la especie humana impone
como su gran y natural virtuosidad

imposible disociar el pensamiento
que se transforma a crítico
bajo el manto del crecimiento
términos de una presión social
que incita, exhorta e insta
a abandonar el verdor del alma

estrellado cielo alumbra
el camino de sus pasos

sigue escapando de la razón
aún no queriendo admitir
que no fue sino bajo su mandato
que logró descubrir la naturaleza
de la sombra que la acechaba
en medio de la noche

noche de estrellado cielo
deja ver el forcejeo

volver a la esencia
intento incansable de escapar
de pasar de ser capullo
a una flor abierta de par en par
de volver a que destino y sentimiento
sean nombres de un solo concepto

todos tenemos
algo de que aprender
todos estamos
esperando un milagro

solemos vernos
sólo por necesidad

un vidrio negro
separa dos personas

cruel silencio
que se hace constante
mientras suenan
los matices del cosmos
inaudibles

un ave alada
llora sobre un árbol
copa inmensa
se mece con el viento
ráfagas frías
convierten al verano
en el invierno más crudo

congelado el semblante
las gotas del llanto
se vuelven hielo
en la medida
que caen

llora bajo la lluvia
y disimula

aunque su alma pesa tanto
que cualquiera podría
identificar
aún en la distancia
la congoja de ese ser

¤¤¤¤¤

todos tenemos algo que aprender
la diferencia está en la fuente
de conocimiento
si hallo la verdad en
esta lluvia de verano
y las reminiscencias
que evoca
y la aspereza de las mismas
hacen brotar las ganas
de dejarlas atrás
para siempre
sucumbiendo ante
el olvido
y generar nuevas memorias
con la forma de esos ojos
la mirada profunda
silenciosa y reflexiva
con el brillo de vida
que desprende
y esa sonrisa que se oculta
detrás de un rostro serio
que me desarma de la nada
cuando aparece sin avisar
y ese suspenso de cuento
ante el desconocimiento
que me asusta un poco
pero me introduce en las ganas
de desmenuzar y comprender

o si hallo la verdad
en el silencio de una noche
fría y oscura
en la tristeza de la desazón
sin estrellas que iluminen
ni la humanidad de los festejos
ni la calidez de un encuentro
o un beso distraído
en un pasillo
o en una sala
o en un jardín
o en un cuarto
y mi sola soledad
acechando como acostumbra
hace tanto tiempo ya

la cuenta regresiva

quiero verte la cara
en el lugar preciso
donde se encuentra el teléfono
que sujeto en mis manos
mientras escribo esta tontada
arrojada en esta cama

tener tu cara acá adelante
(¿treinta centímetros serán?)
sujetártela
con mis palmas envolviendo
tus mejillas
jugueteando con tu barba
suave
acercando los labios
de vez en cuando
para besarte
la barbilla

y mirarte directo
en los ojos
y perderme
porque me pierdo
y me gusta perderme ahí

sabés que me gusta
el silencio de mirarte
el cuerpo y la cara
las manos tu pelo
sabés que me gusta
la sensación generada
cuando te apareces
en mi campo visual
y te reconozco
porque una corriente eléctrica
empieza en mi hueso occipital
y me recorre el dorso hasta
los dedos de los pies
'neuralgia del embelesamiento'
la llamó mi amigo
y me hizo reír el término
aunque en un primer momento
porque después resolví
después me di cuenta que
la neuralgia genera dolor
que la sensación hermosa
que me hizo sentir tu cercanía
puede convertirse
en el dolor más intenso
el que viene de adentro
de las más profundas
profundidades
ese que no lo arregla nada
más que el tiempo
y me pregunto si
mi alma está preparada
ante la posible posibilidad
de que ese dolor empiece
cuando más desprevenida
me encuentre
y me genera temor
porque el minuto a minuto
se convierte
en una cuenta regresiva
de la cual desconozco su duración
y me genera temor
que ese momento sea
por ejemplo
hoy

Lagrimeábanle de angustia los ojos, mientras la humedad de la noche estival atravesaba el tejido de la ventana. Sus hojas abiertas de par en par, recibían la noche que relampagueaba vehemente, con la fruición y el ímpetu de los dioses de antaño. Eolo se hacía un festín con las ráfagas, estremeciéndole el cuerpo, tendido en aquel lecho. Su corazón latía pausado y cansado, respondiendo velozmente a los suspiros profundos y entrecortados que surgían cada cuatro o cinco sollozos. Otra noche más de hastío, en la soledad de un cuarto, en la frialdad de una cama para dos, pero ocupada por uno, que al abrazarse a sí mismo no siente más que frío. Había invocado a Morfeo varias veces, sin resultado. Los pensamientos congelaban la razón, mientras la aguja pequeña horizontalizada formaba un ángulo de noventa grados con la más larga, depositada en las doce. Otra hora más en vano; lo sufriría al día siguiente cuando los rayos del Sol le molestasen en lugar de acunarlo, cuando le costara atender al docente al frente, cuando no pudiera consolidar las memorias. Se escucha una vibración de vez en cuando, pero no le importa, no quiere agarrar el aparato. Busca in mente el origen del dolor, oscilando entre triste y furibundo, impotente ante la ignorancia de sí mismo. Tanta la ignorancia sobre su propia persona. Tanto lo que no sabía de sí, y quería saber, para dejar de sorprenderse cada día de su vida, cuando pensaba en actuar de un modo que después no se correspondía con su real accionar.

Quiere hacer una sinopsis. Se levanta, toma la máquina de escribir, golpea esas letras. Frase que inician con sentido, para perderse en la nada misma al cabo de unos minutos. Temple que se deteriora mientras la ira recorre las terminales nerviosas, haciéndose consciente. Grita, grita con todo lo que puede, golpea la máquina, golpea la mesa, se golpea la cabeza. Dolor físico, se siente tan bien. Calma el grito del alma. Dura poco la anestesia, golpea de nuevo. Una gota caliente y pegajosa se arrastra por el dorso de la mano. La humedad de la noche estival contrasta notablemente con el estado fisico de esa flor carmesí que afloraba. El pulso de la radial retumba en su muñeca, arrítmico, incansable. Sigue latiendo, sigue viviendo. Imperecedero. Y se pregunta cuándo tiempo más pasará hasta asimilar esa angustia que le lleva al llanto. La noche continua en su vorágine, sin descanso. Así es que la Tierra está girando, el mundo marchando, y las agujas informándolo. Ahora, la más larga estaba en el mismo lugar que antes, pero la corta yacía señalando el cuatro. Otra hora más, en la que su alma sigue desgarrando(se). Sigue buscando el origen. Y el aparato nunca dejó de vibrar.

no es invierno
pero con esas almas
en el medio del silencio
pareciera que sí
atrincheradas en un rincón
sin ver la luz
sin asir un atisbo
de luminosidad
un rayo que penetre
la ventana
alcance la habitación
rebote contra las paredes
y permanazca allí
atemplando el gélido clima
de ese ambiente dos por dos

el silencio se suicida
él toma la palabra
ella espera

escucha con dolor
no tiene el alma preparada

quizá hubiese sido mejor
o puede que hubiera preferido
mantener la calma silenciosa
y no romper ese hilo

intento frustro de reunir
caminos paralelos
(quizá en el infinito alguna vez
algún día...)

desearía no tener
esta estúpida tendencia
a leer entre líneas

el ser se cansa
se agota ante tanta
suposición

desearía poder
dejar de suponer
de desconfiar

desearía no tener
que estar deseando
lo que deseo

viejos papeles olvidados
que no despertaban
ni el recuerdo
ni el sentir
se encuentran con la mirada
agobiada y casual
de quien abre ese cajón
también olvidado
hacía mucho tiempo atrás

hay una pequeña frasesilla
pequeña mas significante
escrita en cursiva
con una estilográfica
tinta azul
aún intensa

reza un sentimiento
sobre un estúpido papel
que alguna vez protegió
un saquito de té de boldo

casualmente guardados
viejos papeles olvidados
ya la mirada se convierte
en una observación
seguida de una interpretación
semántica y sintáctica

escueta y tierna frase
cargada de significancia
pronombre
verbo
adjetivo
le eriza la piel la nostalgia
despertando un poco de asco
transformando su temple calmo
en uno iracundo

explora escapatorias
mientras la memoria comienza
a escarbar en las profundidades

maldita la evocación

deseos incendiarios
hacia el cajón de recuerdos

¿por qué había conservado aquello
en ese lugar tan accesible?

deseos incendiarios
hacia todo lo que contenía

lo preservado debía caer
en la naturaleza de la ignición
sucumbir ante las leyes de la física
combustionar hasta reducirse a cenizas

¤¤¤¤¤

intenta caer en el dadaísmo
y no puede
pues a cada paso de la narrativa
se expone
la nostalgia del alma

palabras causales
fluyen paso a paso
una línea de sentimiento
las guía y organiza

causal la palabra
representativa
casual ya no hay nada
todo estaba previsto

quizá vaticinó
que algún día querría
revivir las tiernas vivencias
del amor que había envejecido

quizá pensó
que algún día la vida
reencontraría esos caminos
y recordarían los tiempos pasados
                [juntos]

quizá nunca imaginó
que lo que creía inagotable
y tan puro de amor
un día se habría transformado
como descubrió esa tarde
en ira absoluta
en la conversión de la alegría
y felicidad plenas
en el odio más intrínseco
cultivado lentamente
infiltrando hasta los huesos
penetrado en la conciencia
luchando paso a paso por
convocar al olvido
y al fin hacerlo real

convertir la causalidad
en la casualidad
al encontrar aquellos
tontos y absurdos
viejos papeles olvidados
y no reconocer
la letra
el aroma
la estilográfica
el sentimiento
tampoco creer propio
el sentido de esa frase
que reposaba en el papel
que alguna vez hizo de sobre
de un estúpido e insulso té de boldo

asusta un poco la vivencia cuando
lo que nos rodea sale
tan perfecta
tan concretamente
parecido
a lo planeado

como un gran libro de cuentos
cuyos finales ya conocemos
antes de terminar de leerlos
el famoso spoiler

asusta y aleja de la espontaneidad
ata todo tanto a la circunstancia

representar la consecuencia del acto
y descubrir allí un sin fin de resultantes
todas aquellas posibles opciones
que esperan al final del proceso

siempre anhelando una o dos
siempre allí

pequeños detalles hacen a la palabra
incluso su ausencia
durante cuánto tiempo te quedaste sin hablar
cuánta historia quisieras contar

tiempo que se escurre
historias que se olvidan

soy una construcción
de mi propia percepción
y las otras percepciones?
y ese quizás cómo me ven?

soy producto de mis sentidos
soy también lo que perciben de mí

por eso me quedo de lado
allá afuera truena
el clima asusta tanto
y me quedo observando oculta

a ver si puedo salir en el momento justo
y cambiar los hechos

para desordenar el avance
y que lo planeado se desintegre
dándole lugar a lo espontáneo
y desafiar así al destino

(pobre ilusa
pequeña absurda y pueril ilusa)

cuentos de hadas

Hay un silencio desolador.
Evoca un recuerdo.
Velas prendidas.
Dieciséis.

Pide tres deseos.
Repitiendo la frase.
'Quiero ser feliz por siempre'

Hay un silencio desolador.
Y ella no fue feliz.
Tampoco lo es.

¿De dónde sacó esa idea?
Tenía que ser feliz.
Tener que.

¿Desde cuándo sentir es un deber?
Se automatizó la conducta.
Son marionetas.
Títeres.

Y si no sos feliz te tironean.
Proponételo y no pares.
Alcanzá la felicidad.

Y te venden el significado del hecho.
Te llenas el ropero y los bolsillos.
Tranzás con el capitalismo.

Así te venden el cuento de hadas.
Disfraz de cordero en un león.
La falsa inocencia.

Consumis la narrativa poética.
Encierra entre líneas
un lineamiento.
         [valga la redundancia...]

Y vos estás envuelta en el silencio.
Silencio desolador de la noche.
Consumís cuentos de hadas.

Entonces soñás con el amor comercial.
Asomás tu cabeza en la ventana.
Esperás la mágica serenata.

Estúpido y falso amor inexistente.
Nos lo vendieron año a año.
Manipulan las ideas.

Consumiste cuentos de hadas.
Te vomitaste de embriaguez.
Y llorás de tristeza al verte.

Porque siendo una rota, toda vomitada,
estando tan lejos de ser princesa
¿quién va a querer quererte?

Envuelta en silencio lo descubrís.
Hay una respuesta quizás.
Pero ya estás más allá.