anatomías

Sonríe el corazón desde dentro en grata paz después de tan ingrato pretérito.
Tibio Sol que nace fácilmente, incluso con la tonta invocación mental de un recuerdo azaroso. Es uno de unos pocos, pero que rápidamente se generan, por la constancia de los encuentros.
La base bajo los pies no tiembla, por primera vez en años. El "in" se transfirió, de certidumbre a quieto. Maravillosa la semántica. Inquieto el presente ante tanto nuevo estímulo. Y no solo el presente sino también inquieta el alma ahora, y también ilusionada. La ilusión inevitable, que quizá en otro momento hubiese intentado apagar, reducir a cenizas. Pero esta vez, el temblor del mundo no asusta como tantos otros. Epicentro interno. Me da un vértigo que simula ser una brisa en la cima de una montaña, o quizá la sensación de visibilizar la caída de una cascada. Dejarse llevar, arriesgarse, y correr hasta detenerse bajo el emocionante fluir de ese agua gélida. Ciérranse mis ojos y tiémblanme las piernas, mientras ventilo ciclando inspiraciones y espiraciones entrecortadas, afectadas por tal frío. El Sol descendió, y la sombra domina nuestros lares. Me sujeta fuerte, no parece dejarme caer. Su cintura escapular articula un ángulo agudo con un miembro superior derecho en semi-extensión, en tanto su mano me sujeta desde la cresta ilíaca aproximándome a su cuerpo. De cuando en cuando apoya sus labios sobre mi pelo, sintiendo la presión en mi cuero cabelludo, cuyos aferentes le llevan información a mi corteza. Proceso in mente una forma, también engramas para no olvidar el aroma, ni el calor, ni la suavidad del acto, o la energía que se desprende de esos labios, o del fondo de su pecho, cuando me aproximo despacio.
Sonríe el corazón y mi boca también. Es notable. Él lo descubre y se ríe conmigo.
Sonríe el corazón por ser escuchado. Por poder ser natural y dejar fluir de una vez, como fluía la cascada. Seguir el ejemplo de esa cascada: si nadie intentó detener la naturaleza de la naturaleza, y aún asi... sigue fluyendo.