Ella no sabe si aún sigue dormida. Sus ojos brillan a través de la oscuridad. Recuerda su última mirada como si fuera casualidad. Intenta olvidar de a poco, concentrándose en escapar del recuerdo que alguna vez hacía feliz su caminar. Y ella no sabe si aún sigue dormida, tan sólo sabe que necesita correr, correr lejos hacia el más allá, buscando una nueva ciudad. Y ella no sabe si aún sigue dormida, no sabe si está soñando o si está despierta, tan sólo sabe que sus ojos aún graban en su retina la imagen de su amor dejando su puerta.
Ella está sola, y tiene frío. Ella no encuentra forma alguna de recuperarse. Ella mira en su interior y descubre su corazón roto en mil pedazos. Sus ojos se humedecen, no sabe qué más hacer. Ella encuentra una memoria que le hace erizar la piel, con sólo imaginar la cara de quien la hacía feliz, diciéndole que la amaba, que nunca la dejaría. Y ella sabe que él la dejó, porque él ya no está a su lado. Y ella se arrepiente de haber dormido, se arrepiente de haberle dicho adiós cada día, se arrepiente de no haberse pegado a él y vivir todo el tiempo a su lado. Y ella sueña con volver a verlo, sueña con recuperarlo.
Sus ojos siguen húmedos, pero no por mucho tiempo más. Su mirada se pierde a través de la oscuridad. No sabe si existe, nunca descubrirá si fue la solución. Sólo yace allí, sobre el piso de madera, muriendo lentamente. Sus ojos se están secando, perdieron la vida.


