carta natal / a mi hermana

para qué llegar antes si puedo llegar después
se convirtió en una de mis frases favoritas
¿procrastinar?
puede ser
o será que sólo elegí vestirme despacio porque estoy apurada
como me decía mamá

apurada
despacio
antes
después
palabras
tiempo psicológico
ya no entiendo nada
pero es adrede
ya no hago el esfuerzo
conceptualizo por diversión
porque "hay que" hacerlo
porque me entretiene
o me libera
o me enseña
asimilo hoy
se me viene a la mente
the longest road
mi hermana
santa
felicidad auténtica
paz
eternidad
¿y hoy?
¿qué hay?
¿no hay más de eso?
¿dónde está? ¿sigue dentro?
lo evoco
¿el recuerdo o el sentimiento?
qué ganas de que
estés acá
cebándome un matecito
bardeándonos por si me orienté mal con el gps
para después decirte que perdón pero es que tengo muchos planetas en escorpio
que me da bronca porque
yo quiero ser de libra
como vos


del 30 de agosto de 2021
navegando por las rutas de Cantabria

carta a vos/2

Es de madrugada. No sé qué hora será, aún es de noche, ausencia de luz solar entrando por la ventana. Algo me despertó, calor, mosquitos, intuición, congoja, vos lejos, vos no-al-lado-mío. Abro los ojos suavemente y te veo sentado en el borde de la cama. Tu energía bajó, percibo tu aura, que tanto conozco y tanto amo. Gotas de agua salada brotan intermitentes de tus ojos. Las veo, las huelo, las escucho. Te siento llorar. Se me estruja el corazón. Desconozco los motivos pero te digo "amor" y te abrazo con cada parte de mi espíritu. Para eso te ofrezco un espacio de apoyo y escucha, y un oráculo personal en el que halles respuestas a todas esas preguntas que no parás de hacerte día a día. Hay respuestas que resuenan en tus miedos, y yo te estoy abrazando acá, al lado, en nuestra cama, en nuestro hogar, a causa de nuestro amor tan infinito, que tanto supo cuidarnos y unirnos desde que se manifestó. Evoco recuerdos, pasajes, situaciones, que te hagan entender lo especial que es este amor, lo que me cambió la vida desde que lo conozco. Todo eso que no te imaginabas, y te lo dije un último día, y no te creíste capaz de serlo, de ser ese Ser que me abrió las puertas del fluir, que fue el punto de partida de la destrucción de un cascarón que no podía romper, abrazando mi alma por completo sin críticas destructivas ni desprecio, que fomentó mi libertad y me regaló un espacio que jamás había hallado en ningún otro lugar más que con Dios, que a veces me tentaba a reunirme con él para siempre, espacio que hacía tanto que no hallaba, y ahí estabas vos, como un gurú, una guía, un maestro. Todo lo que me unió a vos de una forma especial me hizo Ser con vos de esa forma especial, todo lo que me regalaste sin otro interés que el de regalarme tu tiempo, de compartirme algo de tu vida. Y yo di lo mismo, ni siquiera por haberme sentido en deuda, sino porque hallé la oportunidad de ser libremente con vos, y libremente otorgué espacios, quise saber tu historia, que me contaste de a pedacitos, que día a día me la seguís contando, y te voy comprendiendo, y no quiero revertirla, ni que la olvides, ni compensarla, ni arreglarla. Quiero acompañarte en el proceso que sientas que debas hacer. Si necesitás abrazarla, asimilarla, rechazarla, llorarla, putearla. No me importa lo que elijas, yo sólo quiero acompañarte en tus procesos, y amarte tanto hasta hacerte cosquillas en lo más hondo de tu ser, que conviertan los rechazos y el llanto en una risa pura, de espíritu. Besarte tanto hasta que sientas que este amor es un hecho, una religión, y hoy estamos acá, siendo amantes, amigos y familia, cuidándonos por elección, respetando nuestro cuerpo que es casa y templo, y cultivando los buenos pensamientos, que son nuestro motor. Quiero que te duermas mientras te acaricio la espalda y te recuerdo que somos inteligentes, que elegimos nuestro ahora, que el pasado fue lección para un hoy más sano, que el hoy es lección para un futuro deseado. Te escucho subestimarte, subestimarnos, y yo te abrazo con amor y te recuerdo lo que logramos, donde y cómo estamos. Lo que somos. Imparables. Potenciándonos mutuamente. Plenos, frágiles, obvio, ¿quién no es frágil? Con esta piel que tan fácil se corta, con este corazón tan sensible que se moviliza constantemente, que late rápido cuando lloramos, reímos o nos excitamos, ¿qué sentido tendría perder la fragilidad? Perder la fragilidad para volverse autómata, y así también perder la capacidad de amar. Pero se puede ser frágilinvencible. Por amor a uno. Y a partir de ahí, amor al resto. 
Y proyectar el amor que creemos merecer.

Soy/2

y en medio de todo esto
de todo este Ser
entrás Vos.

Vos tan ángel
Dios del amor
mi rostro favorito
el calor más ansiado
el inicio y el final de mis días
Vos
que me elegís día a día
tanto como yo te elijo
y me pregunto como siempre
día a día
hará cuánto que te elijo?
¿no te elegí amar cuando
alguna vez
decidí mantenerme lejos
porque sabìa que la Yo de ese momento
podía romper eso
justo eso que nos unía?
elegí amarte cuando decidí para cuidarnos
cuidarme y cuidarte
respetar tus aspiraciones y seguir queriendo que llegue
esa mujer
que sea tu gran compañera
y te ame
tanto
lo pedí
y pediste
que quizá
el Universo nos escuchó
y acá estamos
carne y hueso
Siendo
ambos
con la ternura del momento a momento
la espontaneidad
y por sobretodo
la tolerancia, receptividad
aceptación, cuidado
y acompañamiento
Somos como dos
que Son de cerca
y siguen Siendo tanto como Eran como individuos
pero ahora potenciándose
sin amalgamarse
ni fundirse
sumándose
prolongándose
ambos Seres
el tuyo y el mío
en eterna expansión

Soy/1

las líneas de esta foto me hacen bien
más allá de eso, cada vez que me veo en un espejo siento una especie de sacudón de realidad
realidad que me recuerda que Soy
con mayúsculas, ¡claro!
Soy
y lo increíble de Ser
es eso
que es increíble
y cuando me veo en el espejo
creo
por momentos
creo en que Soy
en que al final
nada era tan malo
tan terrible
ni tan doloroso
nada de lo que se sufrió al final era tan
duro
como parecía en ese momento
me acuerdo la sensación, patente
pedía
"por favor quiero volver el tiempo atrás y cambiar"
y pensaba en lo que tendría que haber cambiado
para que las cosas salieran como quería
¿y cómo las quería?
de una forma que no fueron
y protestaba
y me enojaba
y al final...
¡al final!!
¡mirate!
viva completa entera
con un rostro que
no tiene gestos
*no hace gestos
y los hace todos al mismo tiempo
coexiste
la que fui
con la que soy
y le enseña
y agradece
y me veo en el espejo
¡soy la misma!
a la vez que
cambié
tanto
pero soy la misma
historia acumulada
la de las fotos reveladas
con una remera de batman
o la bandera nacional
soy la misma esa
que alguna vez tomó tal o cual decisión
alcanzando un puerto
en el cual elegí un nuevo destino
y otro
y otro

decisiones
marcan caminos
direcciones y sentidos
transito la vida
yo, la misma del espejo
que fui tantas yo
que hoy
abrazo
y les pido
que me enseñen
y me guíen
a la vez que giro una moneda
o le pido al universo
o miro para adentro
o miro en el espejo
y me descubro ahí
continua
pero distinta
en el reflejo
que tanto y tan poco me representa
siendo
momento
y eterna
al mismo tiempo

vanilla sky

Vemos una película. Hay escenas de dos amantes, que, como todos los amantes, se aman. Con ternura, con delicadeza, con la furia de la pasión, con entrega plena. Él le dice a ella que quisiera reencarnar en un lunar suyo. "Me hacen acordar a nosotros" me decís. Y yo que me desarmo del amor que siento, no hallo más que hacer que abrazarte con más fuerza... porque ya te estaba abrazando.

Así me entrego a vos, y te entregás a mí. Día a día, en la intimidad, en la cotidianeidad. Nos regalamos nuestro tiempo, ofrecemos escucha, nos preocupamos y ocupamos. Hablo en plural porque así lo siento, nos siento dos, aún individuos, siempre personas diferentes, independientes, libres, que se eligen cada día y cada noche. Te elijo, me elegís, nos despertamos abrazados y no queremos dejar de hacerlo. Te miro a los ojos, aún cerrados, y yo que me desarmo del amor que siento, no hallo más que hacer que seguir abrazándote con más fuerza, seguir acompañando tu sueño, y dejarme llevar por la sensación más pura que sentí por alguien alguna vez: amarte a vos. Crecí, y conmigo creció mi capacidad de sentir. Y vos estás viviéndolo de cerca, siendo el remitente de mi consciencia de amor.

Te movés un poco, motorizado por algún sueño que te intercepta, o por la intención de reacomodarte y hallar más comodidad. Y yo que te quiero seguir abrazando me adapto ergonómica, y te rodeo por la espalda con un brazo, cuya mano termina en tu pecho. Acerco mis labios a tu nuca y estampo uno a uno todos los besos que no te di mientras dormíamos. Tu piel suave y cálida me agradece graciosa, erizándose. Y yo que te quiero seguir besando, te sigo besando, pero torcido, porque te beso mientras sonrío. Y me pregunto si en la próxima vida reencarnaré en alguno de todos esos lunares que hallo en tu espalda. O como gatos. O etéreos, coexistiendo en el espacio, fundidos...

Pero esto es atemporal. Viene de más allá, de más lejos de donde creo que viene. Viene de algún sitio que jamás he visto, no es Lavalle 345, ni ninguna discoteca, parque municipal, o ciudad costera. No, esto viene de antes, antes de crecer, antes de nacer. Viene de ese sitio que no sé dónde queda con certeza, pero que tiene una sucursal habitando dentro de mí, y otra dentro de ti. Viene de ese lugar al que elevo mis intenciones, que no son más que verbalizaciones de aquello que quiero lograr, así que no sé bien hacia donde las elevo además que hacia mí misma (y hacia vos, que me escuchaste). Pero no importa de dónde viene. No importan, ni el origen, ni el destino. Porque el origen es el destino. Y el origen será revelado cuando lleguemos al destino, destino lejano, desconocido, maravillosamente impensable, e impredecible. Y yo que te amo tanto, me entrego por completo al camino. Línea temporal que une dos cabos. Línea sobre la cual caminamos, más menos haciendo equilibrio, a veces saltando, otras corriendo, otras pocas sin tantas ganas de avanzar, pero moviéndonos, todo el tiempo, de cerca, de muy cerca, celebrando la dicha. Sin buscar explicaciones, ni motivos, sólo dejándonos ser. Dejando ser este sentimiento que nos hace caminar y reposar de la mano. Ese mismo que te(nos) hizo sentir identificados cuando David le dijo a Sofía que en la próxima vida quería reencarnar... en el lunar de su pecho. 

Momentos

Sol que sale. Sol que se pone.
Amanece y atardece, día a día, sin excepción. Aún nublado, o como sea que se halle el tiempo.
Amanezco yo también, temprano, cada mañana. Me pregunto qué será de mi día. 
Contemplo el Sol en el cielo, acostado aún, cercano al horizonte. Asciende despacio, imperceptible. A veces detecto destellos sutiles, me hacen sentir que me saluda, que me dice buen día a mí, que acabo de abrir los ojos. Mantengo los párpados bien arriba, para ver bien, para no perderme de nada.

Alguna vez tuve la sensación de querer comerme todo lo que estaba viendo. Frente a mí, un mar se desplegaba en el horizonte. La arena, a veces fresca, a veces tibia, era la superficie de descanso.
Dos montañas se alzaban en los extremos de ese paisaje. Tupidas de arbustos color verde intenso, vivo, que demostraban la humedad del aire, la bruma perenne. Cielo nunca despejado, siempre alguna nube cargada de lluvia interrumpía el lienzo.
Corredores atravesaban mi campo visual, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha. Recorrían la playa al compás de un trote suave o moderado (jamás vi a nadie correr demasiado rápido). Solitarios, en duplas, acompañados de algún can que festejaba la salida sacudiendo la cola de lado a lado, con la lengua afuera, deseando algo distinto al agua salada y al Sol de verano. El sonido de las olas rompiendo sobre el agua era un arrullo, un hipnotismo, una droga que me embriagaba y me tomaba por completo. Bebía su melodía que me cubría sin tocarla, saboreando la salitre del aire.
Listones brotaban luminosos, desde mi pecho, y recorrían la distancia entre mi cuerpo y ese agua inquieta, ruidosa, salada, que nunca se detenía, que jamás descansaba. Enderezaba mi columna, respiraba profundo. Cerraba los ojos, pero seguía viendo. El mar, la arena, las montañas, los arbustos cubriéndolas por completo, el cielo y sus nubes siempre presentes. Hasta veía la bruma. Todo habitaba en mí.

Alguna vez también habité abismos y euforias. Alguna vez, quizá hace muy poco, o hace mucho. Quizá ni siquiera los habité yo, sino otra, la que estaba ahí cuando yo aún no había nacido. Quizá soy esa misma luego de resucitar, revivir, o reencarnar.
Hoy habito mi cuerpo, sin identidades, ni ansiedades, ni nostalgias. Existen en mi mente, pero no son hábitat. Son estados pasajeros. Momentos.
También se convirtió en momento el contemplar la playa mágica de mi soñar, esa que supo enamorarme como ninguna, abrazarme y conectarme con ella para siempre. Playa vecina, paisaje de habitación, de cocina y de salón, hasta del cuarto de baño, cuando abría de par en par la ventana y veía las olas romper contra el Brusco mientras dejaba parte de mi mochila correr bajo el agua caliente de la ducha de una casa frente al mar. Frente a ese mar.
Mar que aprendí a asimilar, y me lo llevé, me lo comí, lo digerí, lo absorbí, lo transporté en mi sangre, lo bombeó mi corazón, llegó hasta mi cerebro, que se llenó por completo de su energía, que se nutrió con sus ondas electromagnéticas, su frescor, su salitre, su capacidad de albergar vida, y su paradójica constancia que coexiste con la capacidad de cambio infinita. Constante agua, siempre agua, y sin embargo ninguna ola es igual a otra, así midan lo mismo, y tengan la misma intensidad, ninguna ola es idéntica a la anterior, ni lo será a la próxima. Serán otras partículas y otro sonido, sobre el mismo banco de arena, que ya tampoco será el mismo que el de la anterior ola, porque la arena se moverá y cambiará de lugar, y ahí estaré yo también, recibiendo el oleaje, entregándome, cubierta de agua por completo, dejándome llevar por la corriente. Humana, siempre humana, como el agua, que siempre es agua, pero hoy ya no es la misma que ayer. Me dejo abrazar, me dejo cambiar por ella, me dejo llevar por su movimiento, su frescura, su constancia en el cambio, y sonrío, sonrío porque la llevo conmigo, porque hoy no me toca ni me besa ni me hace cosquillas, pero me toca, y me besa, y me sigue haciendo reír como de niña saltando sus olas, aunque no lo vea con los ojos, aunque no lo toque con mi piel, ni saboree su salitre con mi lengua. Lengua que ya no tiene sed, ni hambre. Ojos que aprendieron a ver lo esencial, a ver a través, con ambos párpados obturados. Piel que ya no se lastima.

Llevo esa playa en el alma. Playita de mi vida, te llevo conmigo en este alma, espíritu, éter, ¡no sé qué es! que acompaña a mi mente en comunión. Transito desde entonces esta vida sin ansia, ni identidad. O quizá sí, aunque son solo momentos. Como aquellos en los que me sentaba delante del mar, a cerrar los ojos, y respirar.

y si me preguntás

y si me preguntás cuándo medito
te respondo
que medito cuando te miro 
durmiendo
con un gesto plácido
tierno, pueril

me remonta a la niñez
y te cuido mientras soñás
a la vez que me pregunto
qué estarás soñando
cómo te estarás sintiendo
cuáles de esos sueños te esforzarás por cumplir
y cuáles dejarás para después
para otra vida, quizás
o si yo estoy ahí
aunque
ya estoy en la realidad
en esta, la tangible, la consciente
en la que
te miro
me concentro
inspiro
tres dos un
retengo
espiro
tres dos un
inspiro
y vuelo
y sueño
y me fundo con vos
en ese mar onírico
en el que tantas veces nos encontramos
en tiempos pasados
hasta que
nos despertamos
para hallarnos
acá
tangibles
conscientes

y si me preguntás cuándo medito
te respondo
que en este preciso instante lo estoy haciendo
dejando fluir las palabras
que siempre quedan cortas
que nunca alcanzan
pero aún así me permiten
este espacio
de meditación
en el que me abrazo consciente
de Ser
con lo bueno y lo malo
lo que suma, lo que resta
los avances y trastabilleos
los soles y tormentas
porque al fin y al cabo
todo es parte del todo
como el reír o el llorar
dormir y soñar
son parte del vivir
y nos regalan esas horas de magia
en las que nuestras pieles se fusionan
y decidimos entregarnos a Morfeo
uno al lado del otro
(des)conectados
abrazados
juntos

• • •

(y lo digo como si fuera algo simple
y en verdad
es una de las maravillas
de mi despertar)

me enamoré una vez

me enamoré un vez

un día
no sé bien cuándo fue
si en octubre, noviembre o diciembre
quizá fue en junio
o en abril
quizá fue aquel día de enero
de noche fresca y música en vivo
de pies en la arena
y sentirnos vivos

me enamoré una vez
y me seguí enamorando
quizá no me di cuenta
de cómo crecía
la flor de mi vida
crecía a la vez que
sacaba espinas

enamorarme fue fácil
lo difícil fue aceptar
que estaba tan enamorada
que no había vuelta atrás
había algo por qué luchar
algo que cuidar
tanto
como para entregarle la vida
entera

y al entregarme al objeto de amor
descubrí
cómo el día a día
cobraba sentido
despertarme
levantarme
empezar a caminar
ir hacia adelante
mirando hacia atrás
concentrada en el hoy
con ojos de niña
curiosa
reflexiva
sin angustia ni dolor
sin nostalgia por lo que fue
ni ansiedad por lo que vendrá

me enamoré y me entregué
qué jugado, ¿no?
o puede que haya sido
lo mejor que hice
desde que nací
porque cuando me enamoré
me abracé a la vida
como se abraza
lo más preciado
porque fue así
me abracé
para no dejarme ir
para honrar mi vida

porque el día que me enamoré 
me enamoré de mí
y me regalé el amor más puro y profundo
para toda la vida
hoy y siempre
honrándola
porque es
lo único
que sé
que hay
hoy y siempre
porque siempre es hoy
y hoy me elijo

• • • 

y al elegirme
también te elijo
porque me amás
y te amo
amamos
con la ternura y la pureza
que se ama la propia vida
porque también te enamoraste de vos
conectándonos con nuestra esencia
más profunda
con la existencia más sutil
y no hay nada
ni nadie
que nos pueda desconectar
jamás