carta a vos/2

Es de madrugada. No sé qué hora será, aún es de noche, ausencia de luz solar entrando por la ventana. Algo me despertó, calor, mosquitos, intuición, congoja, vos lejos, vos no-al-lado-mío. Abro los ojos suavemente y te veo sentado en el borde de la cama. Tu energía bajó, percibo tu aura, que tanto conozco y tanto amo. Gotas de agua salada brotan intermitentes de tus ojos. Las veo, las huelo, las escucho. Te siento llorar. Se me estruja el corazón. Desconozco los motivos pero te digo "amor" y te abrazo con cada parte de mi espíritu. Para eso te ofrezco un espacio de apoyo y escucha, y un oráculo personal en el que halles respuestas a todas esas preguntas que no parás de hacerte día a día. Hay respuestas que resuenan en tus miedos, y yo te estoy abrazando acá, al lado, en nuestra cama, en nuestro hogar, a causa de nuestro amor tan infinito, que tanto supo cuidarnos y unirnos desde que se manifestó. Evoco recuerdos, pasajes, situaciones, que te hagan entender lo especial que es este amor, lo que me cambió la vida desde que lo conozco. Todo eso que no te imaginabas, y te lo dije un último día, y no te creíste capaz de serlo, de ser ese Ser que me abrió las puertas del fluir, que fue el punto de partida de la destrucción de un cascarón que no podía romper, abrazando mi alma por completo sin críticas destructivas ni desprecio, que fomentó mi libertad y me regaló un espacio que jamás había hallado en ningún otro lugar más que con Dios, que a veces me tentaba a reunirme con él para siempre, espacio que hacía tanto que no hallaba, y ahí estabas vos, como un gurú, una guía, un maestro. Todo lo que me unió a vos de una forma especial me hizo Ser con vos de esa forma especial, todo lo que me regalaste sin otro interés que el de regalarme tu tiempo, de compartirme algo de tu vida. Y yo di lo mismo, ni siquiera por haberme sentido en deuda, sino porque hallé la oportunidad de ser libremente con vos, y libremente otorgué espacios, quise saber tu historia, que me contaste de a pedacitos, que día a día me la seguís contando, y te voy comprendiendo, y no quiero revertirla, ni que la olvides, ni compensarla, ni arreglarla. Quiero acompañarte en el proceso que sientas que debas hacer. Si necesitás abrazarla, asimilarla, rechazarla, llorarla, putearla. No me importa lo que elijas, yo sólo quiero acompañarte en tus procesos, y amarte tanto hasta hacerte cosquillas en lo más hondo de tu ser, que conviertan los rechazos y el llanto en una risa pura, de espíritu. Besarte tanto hasta que sientas que este amor es un hecho, una religión, y hoy estamos acá, siendo amantes, amigos y familia, cuidándonos por elección, respetando nuestro cuerpo que es casa y templo, y cultivando los buenos pensamientos, que son nuestro motor. Quiero que te duermas mientras te acaricio la espalda y te recuerdo que somos inteligentes, que elegimos nuestro ahora, que el pasado fue lección para un hoy más sano, que el hoy es lección para un futuro deseado. Te escucho subestimarte, subestimarnos, y yo te abrazo con amor y te recuerdo lo que logramos, donde y cómo estamos. Lo que somos. Imparables. Potenciándonos mutuamente. Plenos, frágiles, obvio, ¿quién no es frágil? Con esta piel que tan fácil se corta, con este corazón tan sensible que se moviliza constantemente, que late rápido cuando lloramos, reímos o nos excitamos, ¿qué sentido tendría perder la fragilidad? Perder la fragilidad para volverse autómata, y así también perder la capacidad de amar. Pero se puede ser frágilinvencible. Por amor a uno. Y a partir de ahí, amor al resto. 
Y proyectar el amor que creemos merecer.