La intención
Anoche pensándote busqué imágenes de nuestra historia que me llenaran el corazón de amor y me hicieran sentir acompañada, que era lo que necesitaba ayer. Vaqui hizo un gran trabajo, pero me faltaba una espalda suave llena de lunares que me encanta besar y me sirve de terapia cuando estoy escuchando demasiado seriamente a mi mente. Así que buscando y buscando en mis recuerdos encontré imágenes mentales de ¿una mañana? ¿o tarde? en Brasil, llegados de horas y horas de bailar, amarnos con sutileza, con locura, alejarnos, acercarnos, desconocernos, reconocernos, desearnos, desearnos hasta mordernos los labios y no aguantar más el éxtasis, y tener que acabar, pero seguir igual, llenándonos de amor, caricias, alimentando nuestros sentidos con un elixir del otro, sin palabras, solo gestos, solo intención, comunicación no verbal, conexión absoluta y plena de espíritu, mente y cuerpo. Y mirarnos, mirarnos como nunca jamás habíamos mirado a nadie, con un ectoplasma surgiendo de nuestos pechos y envolviendo al otro en un aura de energía que va, viene, se intercambia, se alimenta y se potencia. Así nos recordaba anoche, así con esa intensidad, con la sensación de esos besos como si estuviera recibiéndolos ahora, como si te estuviera rozando con mis uñas a lo largo de toda tu espalda, como si me respiraras el aire que acabo de exhalar, y yo respirar el que tengas para darme, sentir tu sabor, en diferentes lugares de tu cuerpo, saborearte y volver a buscar tu cara para sentir tu olor, y besarte para que sientas cómo estuve recorriéndote con mi boca. Mágicamente recordé esa ¿ya era de noche (¿cuántas horas nos entregamos constantemente al placer absoluto de encontrarnos con el otro?)? en el apartamento que habíamos alquilado a dos cuadras de lo del cubano, y también me acordé de que estábamos en el descenso de la curva de respuesta al MDMA, usando nuestra energía como si estuviésemos bailando unos temitas de fondo, que de hecho era lo que estábamos haciendo: escuchando música, y bailando uno encima del otro.
El éxtasis me potencia los sentidos. Estoy haciendo un esfuerzo consciente todos los días intentando que mis sentidos lleguen a ser cuando estoy “careta” como son cuando estoy bajo los efectos del MDMA. Y poder regularlo, como una hornalla. Bajarlos, subirlos, incluso hasta suprimirlos. Elegir lo que entra por ahí, así como elijo el alimento que como, de forma consciente. Como estoy acostumbrada a sentirlo cuando tomé éxtasis, empecé a probar con otros psicotrópicos más suaves como el faso o los hongos, y estoy logrando alcanzar esos efectos, pero con una euforia regulada que nunca pega un bombazo, sin los adversos de que la música se corte y no soporte convivir con mi cabeza o con la quietud, o sin que se me chasqueen los dientes ni los apriete fuerte. Lo hago en un horario en el que la energía esté fluyendo bien, con el estómago vacío, después de una buena cantidad de horas de sueño. Invierto la energía en una actividad que me conecte y potencie, como un poco de yoga, stretching, estudiar, trabajar de lo que me gusta, escuchar música, bailar un poco capaz, tomar agua tibia y mates, comer comida viva, colorida, libre de cualquier explotación y destructividad humana, meditar en una vela, meditar en mi mente, abrazar a mi espíritu y que reciba tantas caricias como si estuvieras acá. Y después de hacer esta lista me detuve a pensar todo lo que hago día a día por alcanzar el estado del éxtasis que tanto me potencia (pero como si fuera una manguera de bomberos). Al final no sé qué tan “caretas” estamos en la cotidianeidad, con toda la conciencia que le ponemos a cada suceso del día…
Acordándome entonces de esa ¿madrugada? en Brasil me di cuenta de dos cosas: 1) que había logrado potenciar mis sentidos al nivel del éxtasis bajo los efectos de un poco de cannabis en porro -que fumé anoche-, al punto que logré recordar todo y sentirlo nuevamente como si estuviera viviéndolo, como ahora, que se me hace "fácil" -y un poco largo capaz- expresarlo en palabras, y 2) aunque nos deje de cama dormidos fusilados cada noche, hacemos un esfuerzo consciente día a día por regular nuestros sentidos, los estímulos que les damos, y las respuestas que damos a esos estímulos.
Es interesante que ambos estemos todos los días conscientes de nuestra consciencia, algún día más o menos uno que otro, pero siempre cuidándonos mutuamente y recordándonos volver a hacernos conscientes, cuando hallamos en el otro la inconsciencia temporal. Y aceptar el amor del otro, aceptar sus ganas de cuidarnos y abrazarnos, porque nos queremos cuidar el espíritu, porque nos queremos apañar el corazón, porque somos amor, somos lo mismo, somos Ser todo lo que podamos Ser, con un esfuerzo hermoso y vivo por vivir, por aprender del sufrimiento y trascender, a paso a veces firme, otras más tambaleante, lento o rápido, a veces repitiendo, otras evolucionando, pero siempre (sobre)viviendo.
medito profundo
Prologo
Se escribe. Se permite expresar.
Contar historias puede ser incómodo. Y la incomodidad es transformadora.
Puede que ese sea el motivo por el cual los ánimos de compartir son pocos.
"¿Quién soy yo para...?"
Salir corriendo no siempre es más fácil que quedarme quieta.
Y es que a veces los pensamientos necesitan salir corriendo. Hacia un pensadero.
De cuando en cuando entro a inspeccionar.
Extraños sucesos, no por eso desagradables.
Coincidencias que ya no me ocupo demasiado en analizar. Sólo aprovecho la oportunidad para.
Cuando pensamos fuerte y con intensidad nos escuchamos. No importa lo que haya en medio de distancia.
Experimento la humanidad.
Viene a ser como una confianza que crece.
Hay algo que aún me suena limitante en algunos verbos como creer o confiar.
O se me atrofian algunas palabras, como fe o esperanza.
para volverse menos agresivas otras como guerra, hambre o dolor.
Un continuum al que nos enfrentamos.
Principio del que hablo en estos capítulos.
No sé si crear encarne algún sentido inherente a la existencia de los seres que poseemos la potencialidad de crear.
Así que agradezco a quienes crean conmigo. Quienes comparten la experiencia de crear.
"Detrás de la puerta de entrada, abajo del sofa,
en fondo del placard en el cuarto de invitados,
en lo más cotidiano de la cotidianeidad
se esconde lo divino."
Agatha Fausto.
Permítase un momento de relax
Tengo la piel caliente. La tengo. La siento.
Aunque sé que el calor está en la mente.
Entonces le propongo a mi mente que se olvide del calor.
Pantalla que no me deja ver a través.
¿Por qué algún docente, allá lejos, en la universidad,
se habría tomado el tiempo y dado la oportunidad
de explicarnos con asertividad
la significancia
de la palabra
"diagnóstico"?
"Conocer a través" dijo.
Impactantes memorias, vívidas, fugaces
de tanto cuanto se vivió en ese lapso.
Otra vez, como siempre,
referencias al tiempo-espacio.
¿Podemos acaso liberarnos de su devenir?
Quizá por eso escribo tanto.
Quizá por eso me gusta tanto el agua.
El viento mece las ramas de los aguacates.
¿Me gustarán tanto porque me gusta tanto el agua?
Las moscas son un poco pesadas.
Cada vez que respiro profundo se me eriza la piel.
Me doy cuenta de que más gente voy conociendo más experimento la hermosura de la humanidad.
Es tan vasto.
En esta región se habla un idioma similar.
No es idéntico, y hay entendimiento.
Se aprenden palabras nuevas. Expresiones cómicas.
Gafes, porculeros, otros chalaosperdíos,
el coso es el deste.
Hay quien se caga en tos tus muertos.
Quienes cantan flamenco y se eriza la piel.
Me emociono. Sólo quiero escuchar.
Como cuando se escucha el agite de las copas de los aguacates,
y me siento rodeada de agua
(que me gusta).
Y suenan las chicharras
(cantarinas)
Y se me posan las moscas
(que me molestan).
"El arte que transforma es el que incomoda."
Con cariño,
desde algún lugar de esta dimensión espacio-tiempo.
PD: Permitite un momento de relax. Hacele caso a la máquina de café.
hay espacios que son santuarios
hay santuarios que son absurdos históricos
hay paisajes detrás de un monte
de la mayoría de los montes
hay un amigo que espero que vuelva
y condiciones que no quiero que progresen
hay vida, hay desarrollo, hay muerte y renacimiento
trabajos nuevos, viejos, funciones que se cumplen en cualquiera sea el rubro que se ejerza
hay musica fuerte y otras cosas también fuertes
hay también la debilidad que nos permite el equilibrio
ante tanto dia ajetreado
y elecciones de los demás que facilitan las propias
hay decisiones que son actos de rebeldia
hay las que dan tan lo mismo
donde lo único que importa es
el "con quien"
hay quienes se interesan, se alejan
se redescubren
los hay quienes sonríen, quienes hacen sonreir
cualquiera sea la especie
los hay lejanos, cercanos,
familiares de sangre que se compartieron menos tiempo que amigos
amigos con los que se decide compartir como si fuera familia
y a veces nos acercamos
y a veces nos alejamos
¿no es acaso una representación de la perenne dualidad de la existencia?
"definir destruye"
expresa el colega
con otras palabras
me gusta mucho el agua
quizá porque en el agua
todo es circular
"me mola pecha" diría esta familia
hay tantas palabras como conceptos
hay millones de conceptos en cada mente
hay contadores, organizadores, carpetas y subcarpetas
dividiéndolo todo
intentando clasificar
entonces reconozco el equilibrio
y ejecuto el acto de la concentración y contemplación
díada contracción-expansión
relámpagos aleatorios
algunas lágrimas que se caen con una sonrisa en el rostro
imaginando un poco del éter de cada quien
esa especie de ectoplasma
suspendida
sutil
¿aérea?
¿es concebible desde el paradigma espacio-tiempo?
posición, color, cualidades
todos parten del mismo paradigma
no sé, vivo en búsqueda
la incertidumbre juega una suerte de brújula
suspendo el pensamiento y actuo
sin reflexionarlo demasiado voy corriendo y me zambullo en le agua
¿ya dije que me gusta el agua?
en el agua todo es circular
corro por los bordes agudos intentando formar círculos
me arrojo en una toalla y me seco con el sol
una bolsa de boxeo hace de cable a tierra
me echo agotada y sonrío con el sonido de las chicharras
Aunque mamá ya no lo vea...
Un día llegué a casa, y encontré a mi madre llorando en mi habitación. Lloraba de ver tanto desorden. La ropa hecha bollos. La cama deshecha, y las sábanas desparramadas a su alrededor, llenas de tierra mezclada con una maraña de pelos largos, finos y castaños, que habían abandonado la sujeción a mi cuero cabelludo para terminar en el suelo.
Dijo que algún día comprendería su desilusión de ver mi cuarto tan desordenado. Al final de la frase agregó que eso sucedería "el día que tengas tu propia casa".
Sentí una invitación a irme. Esa casa ya no era mía.
De hecho, hoy la llamo "la casa de mis padres".
Vivo de alquiler. Pero sólo llevamos cuatro meses en este sitio, por lo tanto, tampoco la percibo mi casa.
No sé muy bien cómo me siento al respecto. Tampoco cómo desearía sentirme si pudiera escogerlo. Hay días que huele a Libertad. Entender que nada me ata. Que no pertenezco a ningún lado ni lugar.
Otros días me apena. Me aterroriza. Me hace sentir un esclavo del tiempo de vida que debo entregar para poder cumplir con la demanda sociocultural de vivir entre cuatro paredes y bajo un techo seguro que me proteja del frío, el viento, la lluvia y los amigos de lo ajeno.
Cuando el día es agradable y el sol abraza y abrasa podría imaginar la vida ocurriendo incesantemente al aire libre. Pero por la noche me entra el miedo y la humedad penetra los huesos, honda. Crujen articulaciones y moverse es arriesgado.
Esta casa no es propia, aunque se parece bastante a la casa de mis sueños. Es la representación de un refugio temporal. Nos acoge, nos da treguas, respiros. Los perros la protegen y ya comprendieron sus límites.
La casa de mis padres es la casa de mi infancia. O la casa de Lanús. Mi padre dice que siempre tendré un hogar ahí. Mi madre extraña acomodarme la ropa o barrer mi habitación, en un arranque de amor incondicional. Eso de hallarla llorando por ver la ropa y los zapatos arrojados por todos lados era algo bastante común. Y yo no lograba comprender el por qué de su llanto. Hoy día, sin casa propia, pero pagándole a alguien por que me deje usar la casa que le sobra, quizá pueda decir que finalmente encontré el motivo que la hacía llorar.
La pertenencia es dulce y cruel. Es como un dejavu. Esa sensación de haber estado acá ya, de haberlo vivido alguna otra vez. Verla llorando por el desorden. ¿Quién tiene la culpa, el que espera que hagan, o el que no hace? Cuando sucede a menudo me confundo el presente. Siento incluso como si tuviera un poder. ¿Otra vez la desilusionaste? La mente se desespera. Invoco a un ser superior y le pido que siga permitiéndome acceder a ese poder. Como si representara algo a qué aferrarme. Así sea un recuerdo doloroso.
Anoche me encontré con una amiga italiana. Me había invitado a pasar unos días en la nieve el invierno pasado. Le comenté que me encantaría pero estaba muy ocupada con mi trabajo. La verdad era que no me alcanzaba el dinero para viajar a Italia, mucho menos para alquilar los equipos para hacer snowboard, ski o cualquiera de esos de deportes de nieve que nunca me permití practicar porque nunca me alcanzaba el dinero para eso.
Cuando nos vimos decidí reivindicar mi mentira y le dije el motivo verdadero por el cual no había viajado a compartir esa experiencia con ella. Inmediatamente me abrazó y recordó que a mí jamás me iba a faltar nada.
Me entraron ganas de llorar. Recordé a mi madre llorando sentada en el salón de la casa porque no había dinero para comprar comida. Era eso, o pagar la escuela. Y mi hermana y yo demostrábamos ser muy buenas estudiantes. La educación estaba en un momento difícil, los colegios públicos cerraban o estaban de paro, vivían violencia y había tendencias políticas fuertes entre los docentes. Nosotras éramos tan aplicadas que no querían exponernos a que nuestra educación perdiera calidad. La cena de mis padres se convirtió en un termo de mate y nosotras nos mantuvimos en el percentilo cincuenta para nuestra edad y sexo a base de pollo con papa.
A veces imagino lo que hubiera pasado si hubiésemos estado de alquiler. ¿Dónde habríamos ido a vivir? Quizá el propietario se hubiese apiadado de nosotros, permitiéndonos permanecer en la casa. ¿Y si mi padre se hubiera marchado por sentirse incapaz de mantener a la familia? ¿Y si la tristeza de mi madre se hubiera convertido en la depresión que la amenazaba diariamente, y hubiese perdido esa facultad mental de administrar perfectamente cada centavo?
Sin embargo lo lograron. Tocaron fondo y salieron a la superficie. Nuestra educación fue de calidad, obtuvimos sobresalientes en todas las asignaturas, nos apuntamos a la Universidad e hicimos carrera incluso como docentes. Hoy somos profesionales y nos dedicamos a lo que estudiamos.
Extrañamente, el miedo de estar sentada en una mesa llorando porque hay bocas que alimentar y servicios que pagar, es un miedo que me hace olvidarme de que nunca me va a faltar nada. La idea de que nunca me va a faltar nada es terrible, de todas formas. El nunca y el nada se borran en mi mente. Sólo se entera de que "me va a faltar" algo, un techo, comida, para mí, para los hijos que pudiera llegar a tener y que me atemoriza traer a este plano físico de la existencia porque, efectivamente, me aterra estar llorando sentada en el salón viendo que hay cuentas que pagar, y que el dinero no está, ni encontramos la forma de generarlo.
Nunca me permití preguntarle a mi madre cuán real fue eso de que ya no había dinero, o si simplemente fue tener que tocar los ahorros y sentir miedo de llegar a ese límite en el que verdaderamente agiten la hucha y no sonara ni un céntimo. Esto también fue evidencia de que ser propietario de una vivienda no da seguridad. No podemos arrancar las tejas y preparar un guiso con los picaportes. No podemos comernos los ladrillos.
Si de pronto hubiera que venderla, para poder comprar el pan de cada día, la gasolina del coche, los productos de limpieza, la factura de luz, agua, teléfono o gas ¿volvería a llorar por ver la ropa desordenada en una casa que ya no es la suya?
A más lo pienso, más me cuestiono si lo entiendo. O si esto de escribir acerca de lo que ha ocurrido es siquiera saludable. Quizá estoy rumiando. Quizá es que necesito volver a hablarlo. Preguntarle a ella. Entender por qué lloraba. Entender si hay posibilidad de que nos pase. Saber cuánto duró el sentimiento. Y cómo hicieron para repararlo.
Hoy día, la casa sigue siendo suya, o según mi padre, nuestra. Poseen más casas de las necesarias. Hay dinero para pagar las cuentas, las bocas se llenan de comida cuando es necesario, la dieta es variada.
Sin embargo, mi mamá siempre encuentra un motivo para llorar.
Y yo, un motivo para temer.
Mientras tanto, el primer día del mes abro la hucha y encuentro que hay un poco más de dinero que el necesario para pagar el alquiler. Lo dejo a un lado, con un rótulo, para no tocarlo.
Respiro tranquila y agradecida.
De todas maneras, por las dudas, o por respeto, o por lo que aprendí, o por todo lo que fue y es y puede que suceda, apenas empieza el día, me dedico unos minutos a ordenar mi cuarto.
Aunque mamá ya no lo vea...