La intención

Hoja en blanco.
Escribo porque me hace falta. Porque antes escribía más.

Ahora hablo más. Con alguien. La mayoría de las veces me escucha completo y con atención. A veces me hallo hablando demasiado y descubro que me falta este espacio, este lugarcito de larga y tendida expresión. O corta a veces, pero nada de eso importa, la longitud no es la cuestión, sino el hecho de dejar fluir pensamientos. 

Fluir. Qué necesario el permitir fluir, y detectar hacia dónde y cómo fluye, para no gastar tanta energía en encausar donde uno quiere. Que necesario entonces que la fluidez vaya en dirección a nuestros anhelos y deseos, o estar abiertos a cualquier viraje en el timón para no intentar luchar contra la corriente. ¿Y por qué querer un camino que no es el natural? 

Surge una motivación. Un querer ser, hacer, tener. Romper con lo estático, lo que hasta ese momento no estaba siendo. Con lo inanimado es muy simple, porque no tiene consciencia, no toma decisiones. Puedo poseer algo, comprándolo o tomándolo de su fuente de origen, sin pedir permiso o pagando por su obtención.
¿Y qué pasa con los sujetos? ¿Con lo animado? El resto de las consciencias también tienen poder de decisión. Y si decidimos ser con, hacer con, debemos contar con la aprobación de la otra consciencia. Lejos de poseerla, dominarla, o controlarla. Lejos de instarla a hacer lo que una quiera, a ser como una quiere que sea. Por eso dejo de lado el verbo tener. Porque no podemos tenernos los unos a los otros. No podemos poseernos.

Sí podemos ser con y hacer con. Eso implica ceder. Implica que una de las partes acepte la propuesta de la otra parte a ser/hacer juntos en un determinado aspecto, en un determinado hecho. Ambas partes pueden querer ser/hacer con, y ambas partes aceptarán con dicha y alegría el deseo de ser/hacer con de la otra parte. Así, reina un sentimiento de amor en torno a dos personas que se aceptan mutuamente en sus intenciones de compartir, durante mucho tiempo al día, o a la semana. ¿Y qué pasa si una de las dos partes quiere compartir algo que la otra, en ese preciso instante, no quiere? ¿Quién cede? ¿Cómo se define qué es más importante, si el que quiere compartir, o el que no quiere? Mi ejemplo más común, a causa de mi verborragia, es el del decir. ¿Quién debe ceder si uno quiere decir, y el otro no quiere escuchar? Algunos podrían decir que debe ceder quien escucha, para evitar las represiones. Pero ¿no se reprime a quien escucha, si lo que anhelaba era el silencio? La conversación analítica, extensa, constante, puede, a veces, agotar la mente. Agota tanto contenido procesable por la mente consciente. Descripciones de  contenidos, en forma de imágenes, colores, sonidos, olores, sabores. Se describen recuerdos, se evocan situaciones de vida previas. Sueños. Entendimientos. Suposiciones. ¿Tanto pasado para analizar? ¿Por qué analizarlo tanto? ¿Por qué incluso analizar el por qué del análisis constante de las situaciones de vida pasadas? Lo constante puede volverse compulsión. Y la compulsión actual, dificultar la funcionalidad de la mente, por la intención continua de pensar en los por qués, verbalizarlos. Interpretar motivos, órdenes, razones. Absolutamente alejados del momento real en el cual ocurrieron las cosas. Alejados de lo vivido. La memoria no es exacta... Está expuesta a la construcción del inconsciente. Los recuerdos hoy solo son impresiones mentales de vivencias que dejaron una huella, que pueden describirse con mayor o menor fidelidad, dependiendo de qué detalles recuperemos de esos momentos.
Y son recuerdos y huellas sobre esta piel, que es la misma pero diferente, y sobre esta mente, que piensa parecido pero distinto, y sobre este espíritu, que amó siempre y hoy sigue amando. ¿Cuántos por qués hay en el amor? ¿Cuántos en el desamor? En la disolución de lo que se crea. En la intención de ser con, tantos por qués como en la intención de dejar de ser con. Sobrepensarlos y sobreanalizarlos, poner en balanzas, evitar conversaciones incómodas pero algún día igualmente querer llevarlas a cabo, y ¿de cuánto sirve conversarlo y analizarlo? ¿cuál es el fin detrás? Quizás, intentar entender. ¿Entender qué? La decisión intuitiva, instintiva, decisión que se siente y se lleva a cabo por sentir, sin pensar demasiado, sin saber si es correcto o incorrecto, simplemente ejecutar, ser, proponer ser con, convertir la situación de vida, jugársela, arriesgarse, ¿jugar a qué? ¿de qué riesgos hablamos? Si el amor se siente, quién sabe por qué, a quién le importa por qué, ni a mí me interesa. No me interesan los motivos, y si me dieran como opción conocerlos, quizás hasta lo evitaría, porque los motivos son sólo de la mente, de su afán por razonar, por hallar respuestas, responder los por qués. El espíritu se ríe y ve cómo el cuerpo responde fisiológicamente, la piel se eriza, y la sonrisa se dibuja casi automática al interpretar mediante la corteza occipital la imagen frente a los ojos, la imagen del ser amado, yaciendo acostado, durmiendo a un lado, envuelto en unos brazos que lo aman y protegen, mientras me envuelve con unas piernas que me aman y protegen, y elijo estar ahí. No sé muy bien por qué, no sé por qué amo así, no me importa demasiado. Sólo sé que brotó como una semilla de una planta, estiró sus raíces hacia las profundidades del suelo, a la vez que creció su copa, suavemente pero con firmeza.
Hoy esa planta es regada día a día, protegida del exceso de sol y calor, amada por sus cuidadores que no se olvidan de ella ni un día. Inteligente, sabia, autótrofa. Perenne. Porque se intuye su eternidad. Porque no entiende de tiempos ni de espacios: atemporal y anespacial. Y qué sé yo, qué importa qué nos llevó a plantar esta planta y cuidarla como si fuera la vida propia. Será que es la voluntad de Alguien que moviendo los hilos halló que tu energía cerca potenciaba la mía, y mi energía, la tuya. Será que es la voluntad de Alguien, las voluntades de dos Alguien, que motivados por una intención de compartir hallan un lugar de bienvenida, un espacio que acepta la llegada del Ser, por amor, y lo abrazan para demostrar que está bien, que pueden encontrarse, y fluir en conjunto. Que hay un deseo y anhelo compartido de Ser con, de hacer con. Libertad de amor absoluta. Amar siendo, con lo del día a día, con lo cotidiano, con lo difícil, los obstáculos y trabas. Amar siendo, cuidando, ocupándose más que preocupando, fomentando la alegría, la comunicación y el entendimiento. Y cuando ésta es la intención mutua, y es desinteresada por completo, pareciera que el fluir es en ese sentido: en el sentido de la intención. Como si fuera real todo eso que dicen de la ley de la atracción. Como si fuera real la existencia de Dios. Como si las peticiones fueran escuchadas, y realizadas. Como si fuera real la eterna gracia Divina. Esa que se materializa ante mí cuando te miro a los ojos, y me veo reflejada en ellos, como persona, como espíritu coexistente con una mente y un cuerpo.
Y nos veo, como hermanos, como amantes, como amigos, como compañeros, como maestros, como sacerdotes, como guías. Evitando ser jueces, adversarios, rivales, enemigos. Y en todas las versiones, siendo vos conmigo, siendo yo con vos. Haciendo en conjunto.
Siendo en conjunto, fluyendo, a través de la intención

Anoche pensándote busqué imágenes de nuestra historia que me llenaran el corazón de amor y me hicieran sentir acompañada, que era lo que necesitaba ayer. Vaqui hizo un gran trabajo, pero me faltaba una espalda suave llena de lunares que me encanta besar y me sirve de terapia cuando estoy escuchando demasiado seriamente a mi mente. Así que buscando y buscando en mis recuerdos encontré imágenes mentales de ¿una mañana? ¿o tarde? en Brasil, llegados de horas y horas de bailar, amarnos con sutileza, con locura, alejarnos, acercarnos, desconocernos, reconocernos, desearnos, desearnos hasta mordernos los labios y no aguantar más el éxtasis, y tener que acabar, pero seguir igual, llenándonos de amor, caricias, alimentando nuestros sentidos con un elixir del otro, sin palabras, solo gestos, solo intención, comunicación no verbal, conexión absoluta y plena de espíritu, mente y cuerpo. Y mirarnos, mirarnos como nunca jamás habíamos mirado a nadie, con un ectoplasma surgiendo de nuestos pechos y envolviendo al otro en un aura de energía que va, viene, se intercambia, se alimenta y se potencia. Así nos recordaba anoche, así con esa intensidad, con la sensación de esos besos como si estuviera recibiéndolos ahora, como si te estuviera rozando con mis uñas a lo largo de toda tu espalda, como si me respiraras el aire que acabo de exhalar, y yo respirar el que tengas para darme, sentir tu sabor, en diferentes lugares de tu cuerpo, saborearte y volver a buscar tu cara para sentir tu olor, y besarte para que sientas cómo estuve recorriéndote con mi boca. Mágicamente recordé esa ¿ya era de noche (¿cuántas horas nos entregamos constantemente al placer absoluto de encontrarnos con el otro?)? en el apartamento que habíamos alquilado a dos cuadras de lo del cubano, y también me acordé de que estábamos en el descenso de la curva de respuesta al MDMA, usando nuestra energía como si estuviésemos bailando unos temitas de fondo, que de hecho era lo que estábamos haciendo: escuchando música, y bailando uno encima del otro.

El éxtasis me potencia los sentidos. Estoy haciendo un esfuerzo consciente todos los días intentando que mis sentidos lleguen a ser cuando estoy “careta” como son cuando estoy bajo los efectos del MDMA. Y poder regularlo, como una hornalla. Bajarlos, subirlos, incluso hasta suprimirlos. Elegir lo que entra por ahí, así como elijo el alimento que como, de forma consciente. Como estoy acostumbrada a sentirlo cuando tomé éxtasis, empecé a probar con otros psicotrópicos más suaves como el faso o los hongos, y estoy logrando alcanzar esos efectos, pero con una euforia regulada que nunca pega un bombazo, sin los adversos de que la música se corte y no soporte convivir con mi cabeza o con la quietud, o sin que se me chasqueen los dientes ni los apriete fuerte. Lo hago en un horario en el que la energía esté fluyendo bien, con el estómago vacío, después de una buena cantidad de horas de sueño. Invierto la energía en una actividad que me conecte y potencie, como un poco de yoga, stretching, estudiar, trabajar de lo que me gusta, escuchar música, bailar un poco capaz, tomar agua tibia y mates, comer comida viva, colorida, libre de cualquier explotación y  destructividad humana, meditar en una vela, meditar en mi mente, abrazar a mi espíritu y que reciba tantas caricias como si estuvieras acá. Y después de hacer esta lista me detuve a pensar todo lo que hago día a día por alcanzar el estado del éxtasis que tanto me potencia (pero como si fuera una manguera de bomberos). Al final no sé qué tan “caretas” estamos en la cotidianeidad, con toda la conciencia que le ponemos a cada suceso del día…

Acordándome entonces de esa ¿madrugada? en Brasil me di cuenta de dos cosas: 1) que había logrado potenciar mis sentidos al nivel del éxtasis bajo los efectos de un poco de cannabis en porro -que fumé anoche-, al punto que logré recordar todo y sentirlo nuevamente como si estuviera viviéndolo, como ahora, que se me hace "fácil" -y un poco largo capaz- expresarlo en palabras, y 2) aunque nos deje de cama dormidos fusilados cada noche, hacemos un esfuerzo consciente día a día por regular nuestros sentidos, los estímulos que les damos, y las respuestas que damos a esos estímulos. 

Es interesante que ambos estemos todos los días conscientes de nuestra consciencia, algún día más o menos uno que otro, pero siempre cuidándonos mutuamente y recordándonos volver a hacernos conscientes, cuando hallamos en el otro la inconsciencia temporal. Y aceptar el amor del otro, aceptar sus ganas de cuidarnos y abrazarnos, porque nos queremos cuidar el espíritu, porque nos queremos apañar el corazón, porque somos amor, somos lo mismo, somos Ser todo lo que podamos Ser, con un esfuerzo hermoso y vivo por vivir, por aprender del sufrimiento y trascender, a paso a veces firme, otras más tambaleante, lento o rápido, a veces repitiendo, otras evolucionando, pero siempre (sobre)viviendo.


medito profundo

recuerdo cuando estábamos en Uribelarrea hablando del futuro y las consecuencias como si no supiéramos lo que iba a pasar
creo que en parte no lo sabíamos pero ¿cómo recordarlo con fehaciencia?
la sensación era una entrega con miedo
nos entregábamos mutuamente con miedo
cuánto miedo de no saber ser con el otro
de no estar a la altura del otro
lo que en la admiración y en la fascinación no recordábamos era que
somos personas
sujetos reales
seres humanos
¡seres humanos!
humanidad plena en nosotros con esa capacidad de amar todo total y completamente con la entrega más pura y la intención más transparente
e igual capacidad de temer y querer arrojar la vida, querer detenerla, romper el tiempo, dejar de envejecer, suspendernos en el aire y desaparecer de la faz de la tierra
intenso el límite hacia un lado, intenso hacia el otro
cuando se siente con profundidad en lo más hondo del alma no se sabe discernir sentir con más profundidad un sentimiento o el otro
todo es más real, vivo, porque es proporcional a la sensación de vida que brota desde quién sabe dónde
corazón, alma, pecho, mente, corteza cerebral, tronco del encéfalo, pineal, chakra, raíz, columna vertebral, cada célula individual
quién sabe de dónde viene cada trozo de vida que a más se expresa, más se siente, lo "bueno" y lo "malo"
pero, ¿puede que no haya tal bueno ni tal malo?
puede que seamos simplemente sin juicios
y de pronto llorar porque fue la emoción que precipitó nuestro límbico sobre nuestra conducta aprendida
haya sido la manera de canalizar y trascender la energía recibida justo en ese momento en el que se recibe y se eleva a la corteza
donde nuestras áreas intepretan como aprendieron a interpretar alguna vez, según dice la ciencia
circuitos preestablecidos, reacciones aprendidas
neuronas que se activan, neuronas que se inhiben
alguna vez aprendimos qué hacer frente a qué situación ¿quién nos enseñó? ¿lo aprendimos solos? ¿a qué edad, antes o después de una poda neuronal? ¿de dónde lo aprendió quien nos lo enseñó, sólo o se lo enseñó alguien? y ese alguien ¿por qué lo enseñó así? ¿por qué lo aprendió así?
¿cuál de todas las reacciones que desarrollamos frente a un hecho es la correcta? o quizá esa no es la pregunta, porque dije anteriormente que no estaba para hacer juicios de valor, ya no más
¿y por qué doy indicaciones sin que me las pregunten? ¿qué quiero lograr? ¿a quién le quiero enseñar qué?
en algún momento nos indicamos mutuamente cómo éramos, cómo solíamos ser
¡cuánto conocimiento de una misma! ¡verso!
si la que era ya no soy y la que soy ya no seré
todos los días intentando ser la mejor versión que me sale ser
¡y de nuevo el juicio! "la mejor versión"
¿qué es ser el mejor? ¿mejor que quién? ¿para qué?
¡ignoro el hacer en esta búsqueda eterna e incansable del sentido de tanto pensar, de tanta reflexión, de tales profundos pensamientos que se meten sin parar! ¿cómo frenar la mente irrefrenable? ¿deshacerse del ego? ¿cómo? ¿qué es eso?
una mente irrefrenable
cómo ser constantemente
¡cuánto gasto de energía!
creo que fue sencillo deshacerse del ser a través del tener cuando venís de una familia trabajadora y humilde
pero ser a través del hacer, el otro gran mandato sociocultural (diría que los mandatos socioculturales de la época son Ser a través del tener y del hacer, ya ser tener fama, dinero, seguidores, preocupaciones, cansancio, frío, hambre, boletos de avión, ropa, autos, propiedades, familiares a cargo, títulos, problemas, o hacer actividades ya sea de forma pasiva o activa, como viajes, gimnasia, terapia, manejar un buen coche, ir de bar, ver la televisión)
medito profundo en esta demanda interna del hacer
incluso ahora escribiendo que no estoy haciendo otra cosa que escribir sentada y miro el tiempo y me agarra ansiedad porque el día se va terminando y no hice cuanto quería hacer
pero no me importa, respiro hondo y me olvido del tiempo
hoy me toca parar de ser a través del hacer un poquito
¡inicio a fin del día haciendo!
respiro hondo con los pies en el suelo con la cola hacia atrás
cierro la ventana que me está dando frío y me duele el cuello
¡de tanto hacer! ¿para qué tanto hacer? y tan activamente...
me concentro en mi espalda mientras escribo, hacer desconcentrada me llevó a dejar caer mi cuello sobre mi pecho, encorvar mi espalda... de ahí viene el dolor
medito en ello, medito profundo en esta demanda interna de mirar el reloj y sentir que no se llega nunca, ¿cuánto hay que hacer como mínimo para ser? ¿por qué? permitite frenar... 
el aire entra hasta mis pulmones porque desciendo el diafragma con mucho cuidado, respiración diafragmática se le dice, ayuda a aliviar la mente hiperactiva, ayuda a disminuir el estrés, la demanda emocional, activa el parasimpático, afloja el estado de alerta...
ser, ser puro, existencia completa asomándose detrás de todo este envase que indossa ropa, se cubre con piel que envejece, se quema y lastima, demanda alimento, bebida, dulces, caricias del viento, de la piel de un otro, luz, calor y amor
envase que le hace de móvil a una mente que demanda eléctricamente todo lo que demanda el cuerpo, que envía órdenes ante estímulos, sin siquiera procesarlos, asimilarlos, dejarlos ser
mente que identifica, clasifica, discierne, razona, interpreta, desea, reflexiona, fantasea, aprende, desaprende, olvida, recuerda
¡mente que ni siquiera es el ser, no! parte, pero no el todo...
ni siquiera el ser es el todo, sino una simple parte de una gran vibración que no sabemos todavía ni creo que algún día se podrá confirmar si esa gran vibración es eterna o limitada
porque ¿a dónde llegan las vibraciones que no vemos? ¿la frecuencia de onda mínima, la amplitud mínima, dependen de una capacidad óptica, de resolución? ¿acaso no hay tanto que existe que no vemos? y que logramos descubrir gracias a inventar el aparato que lo mide... cuántos aparatos quedan por inventar que logren medir lo que hoy es inmesurable... con una tendencia demostrada hacia el vacío, hacia el espacio, como esos átomos llenos de espacio entre ese pequeño electrón y un núcleo que, en relación, ¡están a kilómetros de distancia! ¿qué hay en todo ese espacio? ¿qué nos quedará por mirar que no estamos mirando? si incluso hay tanto para mirar en un paisaje tan banal como la cocina-comedor de un hogar de una familia cuya historia recién comienza, una historia que quizá ya imaginaban cómo iba a ser, aunque la imaginaran con miedo, aún así ¡se animaron a vivirla! una familia que hace unos escasos seis meses se hallaba reposando en el pasto de un pueblo pequeño que los saludaba con un tren esporádico, mientras él y ella hablaban sobre lo mucho que se amaban y lo mucho que le temían a ese amor por miedo a sufrir, ¡y cómo no recordarlo con fehaciencia después de meditar! cómo no detener el hacer para ir a buscar la neurona que depositó esa información en lo más profundo de mi sistema límbico, ese que manda la señal de estremecer mi piel cuando es tu mano la que me toca, o de llorar de emoción por ver tu cara frente a la mía en una iglesia de no sé cuántos años atrás, poniéndome un anillo en la mano, que en mi corazón significa amor, que en mi mente es casa, familia, apoyo, encuentros, desencuentros, compañía, soledad, un sinfín de emociones que acompañan al ser uno mismo! a la eterna humanidad que reposa y se mueve dentro nuestro cada vez que somos... que es todo el tiempo, aunque a veces lo disfracemos del hacer, aunque a veces pasemos tanto tiempo haciendo y distrayendo al ser, hasta que de golpe un día nos sentamos en la plena oscuridad del hogar por la noche, con un café delante, un dolor de cuello un poco estresante, una intención de escribir sobre un recuerdo que se me vino a la mente por una foto, y hallar en el recuerdo una sensación que hoy en día estoy asimilando, que día a día voy transmutando, y al lado ¡vos!!! acompañándome en cada proceso y haciendo todo mucho más fácil te dije hoy... pero no, no lo hacés más fácil, lo hacés como lo hacés y yo vivo al lado tuyo unas cuántas horas al día por elección, y hacer todo con vos de cerca no es porque me facilites la vida sino porque me gusta la vida con vos! me gusta la vida con una mirada que me mira con esa forma de mirar, incluso cuando me mirás con la mirada perdida en algún lugar, o cuando me hablás sin mirar, todas y cada una de esas formas de mirar son las que amo. todas y cada una porque son humanas, y en esa humanidad amo, esa humanidad de igual a igual, de que somos lo mismo, incluso que los árboles, las semillas o las estrellas, que un gusanito que encontré entre la tierra, que el agua que fluye libre y no deja de correr, que el sol haciendo crecer nuestras plantas, que todas y cada una de las personas que habita en este universo, incluso las que hicieron milagros, incluso las que asesinaron a sangre fría, todos, iguales, todos, tan únicos en esencia, en la existencia plena y pura, irrepetible, e imposible de ser vivida o experimentada por otro ser que no sea este ser propio, cuyo cuerpo y mente se ponen al servicio de una existencia que a veces no se deja ser, pero descubre esto, y quizá, quizá en algún momento abrace al miedo tanto como al amor, quizá ya lo hace y no lo había descubierto, quizá no le cuesta tanto hacerlo, ni le cuesta tanto cambiar la emoción hacia la paz como pensaba, dejar de lado la identificación del sentimiento, la nominación, la descripción, la semántica, la palabra, la estructura, y ser, por ahí, en algún sitio que encuentre cómodo para relajar su cuello y simplemente ser, simplemente existir.

y como vivimos bajo el mismo techo, cuando vuelvas a casa, existiremos de cerca –siempre que lo queramos... ¡gracias por querer hacerlo conmigo!–

Prologo

 Se escribe. Se permite expresar.

Contar historias puede ser incómodo. Y la incomodidad es transformadora.

Puede que ese sea el motivo por el cual los ánimos de compartir son pocos.

"¿Quién soy yo para...?"

Salir corriendo no siempre es más fácil que quedarme quieta.

Y es que a veces los pensamientos necesitan salir corriendo. Hacia un pensadero. 

De cuando en cuando entro a inspeccionar.

Extraños sucesos, no por eso desagradables.

Coincidencias que ya no me ocupo demasiado en analizar. Sólo aprovecho la oportunidad para.

Cuando pensamos fuerte y con intensidad nos escuchamos. No importa lo que haya en medio de distancia.

Experimento la humanidad. 

Viene a ser como una confianza que crece. 

Hay algo que aún me suena limitante en algunos verbos como creer o confiar. 

O se me atrofian algunas palabras, como fe o esperanza.

para volverse menos agresivas otras como guerra, hambre o dolor.

Un continuum al que nos enfrentamos.

Principio del que hablo en estos capítulos.

No sé si crear encarne algún sentido inherente a la existencia de los seres que poseemos la potencialidad de crear.

Así que agradezco a quienes crean conmigo. Quienes comparten la experiencia de crear.


"Detrás de la puerta de entrada, abajo del sofa,

en fondo del placard en el cuarto de invitados,

en lo más cotidiano de la cotidianeidad

se esconde lo divino."


Agatha Fausto.


Permítase un momento de relax

 Tengo la piel caliente. La tengo. La siento.

Aunque sé que el calor está en la mente.

Entonces le propongo a mi mente que se olvide del calor.

Pantalla que no me deja ver a través.

¿Por qué algún docente, allá lejos, en la universidad,

se habría tomado el tiempo y dado la oportunidad

de explicarnos con asertividad

la significancia

de la palabra

"diagnóstico"?

"Conocer a través" dijo.

Impactantes memorias, vívidas, fugaces 

de tanto cuanto se vivió en ese lapso.

Otra vez, como siempre,

referencias al tiempo-espacio.

¿Podemos acaso liberarnos de su devenir?


Quizá por eso escribo tanto.

Quizá por eso me gusta tanto el agua.

El viento mece las ramas de los aguacates.

¿Me gustarán tanto porque me gusta tanto el agua?

Las moscas son un poco pesadas. 

Cada vez que respiro profundo se me eriza la piel.

Me doy cuenta de que más gente voy conociendo más experimento la hermosura de la humanidad.

Es tan vasto.


En esta región se habla un idioma similar. 

No es idéntico, y hay entendimiento.

Se aprenden palabras nuevas. Expresiones cómicas.

Gafes, porculeros, otros chalaosperdíos,

el coso es el deste.

Hay quien se caga en tos tus muertos.

Quienes cantan flamenco y se eriza la piel.

Me emociono. Sólo quiero escuchar.


Como cuando se escucha el agite de las copas de los aguacates,

y me siento rodeada de agua

(que me gusta).

Y suenan las chicharras

(cantarinas)

Y se me posan las moscas

(que me molestan).


"El arte que transforma es el que incomoda."


Con cariño,

desde algún lugar de esta dimensión espacio-tiempo.



PD: Permitite un momento de relax. Hacele caso a la máquina de café.


hay espacios que son santuarios

hay santuarios que son absurdos históricos

hay paisajes detrás de un monte 

de la mayoría de los montes


hay un amigo que espero que vuelva

y condiciones que no quiero que progresen


hay vida, hay desarrollo, hay muerte y renacimiento

trabajos nuevos, viejos, funciones que se cumplen en cualquiera sea el rubro que se ejerza

hay musica fuerte y otras cosas también fuertes

hay también la debilidad que nos permite el equilibrio 

ante tanto dia ajetreado

y elecciones de los demás que facilitan las propias


hay decisiones que son actos de rebeldia

hay las que dan tan lo mismo

donde lo único que importa es

el "con quien"


hay quienes se interesan, se alejan

se redescubren

los hay quienes sonríen, quienes hacen sonreir

cualquiera sea la especie 


los hay lejanos, cercanos,

familiares de sangre que se compartieron menos tiempo que amigos

amigos con los que se decide compartir como si fuera familia

y a veces nos acercamos

y a veces nos alejamos

¿no es acaso una representación de la perenne dualidad de la existencia?


"definir destruye"

expresa el colega

con otras palabras


me gusta mucho el agua

quizá porque en el agua

todo es circular


"me mola pecha" diría esta familia

hay tantas palabras como conceptos

hay millones de conceptos en cada mente

hay contadores, organizadores, carpetas y subcarpetas

dividiéndolo todo

intentando clasificar


entonces reconozco el equilibrio

y ejecuto el acto de la concentración y contemplación


díada contracción-expansión

relámpagos aleatorios

algunas lágrimas que se caen con una sonrisa en el rostro

imaginando un poco del éter de cada quien

esa especie de ectoplasma

suspendida 

sutil

¿aérea?

¿es concebible desde el paradigma espacio-tiempo?

posición, color, cualidades

todos parten del mismo paradigma


no sé, vivo en búsqueda


la incertidumbre juega una suerte de brújula

suspendo el pensamiento y actuo

sin reflexionarlo demasiado voy corriendo y me zambullo en le agua

¿ya dije que me gusta el agua?

en el agua todo es circular


corro por los bordes agudos intentando formar círculos

me arrojo en una toalla y me seco con el sol

una bolsa de boxeo hace de cable a tierra

me echo agotada y sonrío con el sonido de las chicharras


Aunque mamá ya no lo vea...

Un día llegué a casa, y encontré a mi madre llorando en mi habitación. Lloraba de ver tanto desorden. La ropa hecha bollos. La cama deshecha, y las sábanas desparramadas a su alrededor, llenas de tierra mezclada con una maraña de pelos largos, finos y castaños, que habían abandonado la sujeción a mi cuero cabelludo para terminar en el suelo.

Dijo que algún día comprendería su desilusión de ver mi cuarto tan desordenado. Al final de la frase agregó que eso sucedería "el día que tengas tu propia casa".

Sentí una invitación a irme. Esa casa ya no era mía.

De hecho, hoy la llamo "la casa de mis padres".

Vivo de alquiler. Pero sólo llevamos cuatro meses en este sitio, por lo tanto, tampoco la percibo mi casa.

No sé muy bien cómo me siento al respecto. Tampoco cómo desearía sentirme si pudiera escogerlo. Hay días que huele a Libertad. Entender que nada me ata. Que no pertenezco a ningún lado ni lugar.

Otros días me apena. Me aterroriza. Me hace sentir un esclavo del tiempo de vida que debo entregar para poder cumplir con la demanda sociocultural de vivir entre cuatro paredes y bajo un techo seguro que me proteja del frío, el viento, la lluvia y los amigos de lo ajeno.

Cuando el día es agradable y el sol abraza y abrasa podría imaginar la vida ocurriendo incesantemente al aire libre. Pero por la noche me entra el miedo y la humedad penetra los huesos, honda. Crujen articulaciones y moverse es arriesgado.

Esta casa no es propia, aunque se parece bastante a la casa de mis sueños. Es la representación de un refugio temporal. Nos acoge, nos da treguas, respiros. Los perros la protegen y ya comprendieron sus límites. 

La casa de mis padres es la casa de mi infancia. O la casa de Lanús. Mi padre dice que siempre tendré un hogar ahí. Mi madre extraña acomodarme la ropa o barrer mi habitación, en un arranque de amor incondicional. Eso de hallarla llorando por ver la ropa y los zapatos arrojados por todos lados era algo bastante común. Y yo no lograba comprender el por qué de su llanto. Hoy día, sin casa propia, pero pagándole a alguien por que me deje usar la casa que le sobra, quizá pueda decir que finalmente encontré el motivo que la hacía llorar. 

La pertenencia es dulce y cruel. Es como un dejavu. Esa sensación de haber estado acá ya, de haberlo vivido alguna otra vez. Verla llorando por el desorden. ¿Quién tiene la culpa, el que espera que hagan, o el que no hace? Cuando sucede a menudo me confundo el presente. Siento incluso como si tuviera un poder. ¿Otra vez la desilusionaste? La mente se desespera. Invoco a un ser superior y le pido que siga permitiéndome acceder a ese poder. Como si representara algo a qué aferrarme. Así sea un recuerdo doloroso. 

Anoche me encontré con una amiga italiana. Me había invitado a pasar unos días en la nieve el invierno pasado. Le comenté que me encantaría pero estaba muy ocupada con mi trabajo. La verdad era que no me alcanzaba el dinero para viajar a Italia, mucho menos para alquilar los equipos para hacer snowboard, ski o cualquiera de esos de deportes de nieve que nunca me permití practicar porque nunca me alcanzaba el dinero para eso

Cuando nos vimos decidí reivindicar mi mentira y le dije el motivo verdadero por el cual no había viajado a compartir esa experiencia con ella. Inmediatamente me abrazó y recordó que a mí jamás me iba a faltar nada.

Me entraron ganas de llorar. Recordé a mi madre llorando sentada en el salón de la casa porque no había dinero para comprar comida. Era eso, o pagar la escuela. Y mi hermana y yo demostrábamos ser muy buenas estudiantes. La educación estaba en un momento difícil, los colegios públicos cerraban o estaban de paro, vivían violencia y había tendencias políticas fuertes entre los docentes. Nosotras éramos tan aplicadas que no querían exponernos a que nuestra educación perdiera calidad. La cena de mis padres se convirtió en un termo de mate y nosotras nos mantuvimos en el percentilo cincuenta para nuestra edad y sexo a base de pollo con papa. 

A veces imagino lo que hubiera pasado si hubiésemos estado de alquiler. ¿Dónde habríamos ido a vivir? Quizá el propietario se hubiese apiadado de nosotros, permitiéndonos permanecer en la casa. ¿Y si mi padre se hubiera marchado por sentirse incapaz de mantener a la familia? ¿Y si la tristeza de mi madre se hubiera convertido en la depresión que la amenazaba diariamente, y hubiese perdido esa facultad mental de administrar perfectamente cada centavo? 

Sin embargo lo lograron. Tocaron fondo y salieron a la superficie. Nuestra educación fue de calidad, obtuvimos sobresalientes en todas las asignaturas, nos apuntamos a la Universidad e hicimos carrera incluso como docentes. Hoy somos profesionales y nos dedicamos a lo que estudiamos.

Extrañamente, el miedo de estar sentada en una mesa llorando porque hay bocas que alimentar y servicios que pagar, es un miedo que me hace olvidarme de que nunca me va a faltar nada. La idea de que nunca me va a faltar nada es terrible, de todas formas. El nunca y el nada se borran en mi mente. Sólo se entera de que "me va a faltar" algo, un techo, comida, para mí, para los hijos que pudiera llegar a tener y que me atemoriza traer a este plano físico de la existencia porque, efectivamente, me aterra estar llorando sentada en el salón viendo que hay cuentas que pagar, y que el dinero no está, ni encontramos la forma de generarlo.

Nunca me permití preguntarle a mi madre cuán real fue eso de que ya no había dinero, o si simplemente fue tener que tocar los ahorros y sentir miedo de llegar a ese límite en el que verdaderamente agiten la hucha y no sonara ni un céntimo. Esto también fue evidencia de que ser propietario de una vivienda no da seguridad. No podemos arrancar las tejas y preparar un guiso con los picaportes. No podemos comernos los ladrillos.

Si de pronto hubiera que venderla, para poder comprar el pan de cada día, la gasolina del coche, los productos de limpieza, la factura de luz, agua, teléfono o gas ¿volvería a llorar por ver la ropa desordenada en una casa que ya no es la suya?

A más lo pienso, más me cuestiono si lo entiendo. O si esto de escribir acerca de lo que ha ocurrido es siquiera saludable. Quizá estoy rumiando. Quizá es que necesito volver a hablarlo. Preguntarle a ella. Entender por qué lloraba. Entender si hay posibilidad de que nos pase. Saber cuánto duró el sentimiento. Y cómo hicieron para repararlo.

Hoy día, la casa sigue siendo suya, o según mi padre, nuestra. Poseen más casas de las necesarias. Hay dinero para pagar las cuentas, las bocas se llenan de comida cuando es necesario, la dieta es variada. 

Sin embargo, mi mamá siempre encuentra un motivo para llorar. 

Y yo, un motivo para temer.

Mientras tanto, el primer día del mes abro la hucha y encuentro que hay un poco más de dinero que el necesario para pagar el alquiler. Lo dejo a un lado, con un rótulo, para no tocarlo. 

Respiro tranquila y agradecida. 

De todas maneras, por las dudas, o por respeto, o por lo que aprendí, o por todo lo que fue y es y puede que suceda, apenas empieza el día, me dedico unos minutos a ordenar mi cuarto.

Aunque mamá ya no lo vea...