cuánto costará llegar a la orilla
y salir de este océano
que me está ahogando
segundo a segundo
más y más
llevándome hasta lo profundo
sin poder respirar
matándome sin piedad
alejándome de tu mundo
Los pies helados, la piel hirviendo.
Cama sola, cama fría.
Lágrimas cayendo.
Húmedo hasta el cemento.
Se escucha la respiración.
Entrecortada, moja la almohada.
Sobre sí misma abrazada,
susurra palabras que no dijo.
Porque simplemente
se quedó sin decirlas.
Porque la cama está tan fría...
Baja la mirada, busca un atisbo.
Los ojos se le nublan,
el miedo se hace vivo.
No hay nada, solo vacío.
Falta, y hace falta.
Se nota la ausencia,
se nota la falta.
Desaparece sin dejar rastro
y allí se queda ella,
acurrucada,
esperando ser salvada.
por el simple hecho
de vivir la vida
sintiéndose bien
calidez plena
humana y real
recorriendo las venas
inyectando al corazón
respirando profundo
ese aroma especial
impregnar los pulmones
dándole vida al cuerpo
a cada parte del cuerpo
ese que se estremece
cada vez que tocás
"ser feliz"
canción única
mirarse
a su merced
pasional
definiciones
"Ser médico... es fácil" - Dr. Antonio Armando Lara
Me pides muchacho aclare tus dudas
que como fantasmas, te acosan y apuran.
Seguro que esperas respuestas maduras
que alumbren a giorno tus sombras oscuras.
Sé bien lo que quieres y ansío ayudarte,
porque esas dudas remozan mi sangre
ya que fueron mías al recién graduarme,
algo, poco o mucho, tengo que brindarte.
La ruta es muy larga, casi inalcanzable,
es siempre exigencia, permanente darse,
pensar en los otros, comprender, amarles,
sentir sus dolores, sufrir en su carne.
Ser timón y guía en cada percance:
responsable pleno de sus desenlaces.
Ser hermano, amigo, confesor o padre,
tumba de secretos que jamás violares.
Calmante de angustias, dolores o hambre,
curioso obsesivo que explora incesante
el cuerpo, la psiquis, el mundo o el aire,
sin renunciar nunca a beneficiarles.
Que el fin del balance no pueda acusarte,
que tu meta sea siempre un semejante:
sin nombre, sin cara, al que te entregaste
con toda tu ciencia, tu atención y tu arte.
Recibir por pago lo que no soñaste:
los ojos llorosos de una pobre madre
que rogando al cielo pretende expresarse,
y lágrimas sólo tienen para darte.
Ya ves mi muchacho, no te me acobardes,
vocación ya tienes, completa el bagaje,
junta valentía, honradez, coraje,
y verás entonces: ser médico... es fácil.
Gracias Julián Prieto por el aporte a tus alumnos de este hermoso poema.
polígono
y hay días que me siento un eneágono,
y hay días que sólo soy un triángulo,
que con un solo quiebre me caigo,
me destrozo y pierdo mi forma por completo.
Pero descubrí que hay un método
para independizarse de los lados,
de la cantidad que me formen
o del número de vértices:
es llenándome de vos
y de tu mágica maleabilidad,
porque sos tan increíble
que te adecuás a mi forma
siendo el relleno perfecto
para nunca dejarme quebrar,
ni destrozarme,
ni perder mi forma por completo,
y que me importe un bledo
qué polígono soy hoy;
en el área siempre vas a estar vos.
su música
la excepción
Me vio y, apenas pasados unos segundos, me pidió que haga una excepción. Me lo pidió sin hablar y lo supe, como saben las cosas las almas cuando sólo con mirarse pueden comprender el significado de las miradas. Pero, ¿una excepción? ¿cómo hacerlo? Si nunca había actuado así. Era todo nuevo y no sabía cómo tenía que reaccionar. Él se acercó y me abrazó mientras se atrevía a meter su mano por mi espalda. Hizo contacto directo con mi piel, y por primera vez en mi vida me estremecí. Temblé, temblé como nunca antes. Tembló mi cuerpo entero. Sentí esa mano como si fuera un cable pelado deslizando electricidad sobre mí. Sentí ese aroma desprendiéndose de su piel avanzando hasta mi nariz como un gas mortífero. Sí, se metió en mi pecho y atravesó mis pulmones, alcanzó mis alvéolos, se introdujo en mi sangre, se esparció por mi cuerpo. Allí, en cada célula, su esencia envolviéndome. Mutando mi ADN para infectarme de él. Para meterse hasta lo más profundo de mi ser. Lo más pequeño. Lo más esencial. Allí estaba. Como una enfermedad. Y allí comprendí que había hecho la excepción sin darme cuenta. Que sólo con su petición había bastado, que simplemente bastó con mirar sus ojos, abrazarlo y llevar mi cabeza sobre su pecho para sentir su aroma y respirarlo profundo. Allí estuvo la excepción. Cuando decidí meterlo adentro mío como jamás lo había hecho en mi vida. Así debía ser. Él era la excepción. Era el ser hecho para mí. Y yo, la mujer para él. Únicos en nuestra especie. Destinados a coincidir en esa madrugada, sobre ese sillón. Destinados a mirarnos, abrazarnos, mimarnos y respirar, encadenándonos para siempre.