—Me gusta respirar cuando estoy cerca tuyo porque es como si respirara una parte de tu alma.
—¿Y qué tiene de emocionante eso?
—¿Sentir que respiro tu alma? Supongo que es un vicio mío.
—Un vicio más...
—Sí, es uno más, como el cigarrillo o como poner el volumen en números múltiplos de cinco. Como escuchar música o comerme las uñas.
—¿Y por qué soy tan especial?
—Porque sos el vicio más difícil de sobrellevar. Porque el tabaco es prácticamente inagotable. Porque mis uñas vuelven a crecer. Porque la música nunca termina y porque el volumen es un factor. Vos sos un ser humano y mañana podés desaparecer. Y soy dependiente. Si te vas, necesito irme con vos.
—Pero no me voy a ir.
—Eso decís hoy. Y quizá sea cierto y nunca te vayas. Pero algún día podés irte y ningún otro vicio va a ser suficiente como para suplir la falta de vos.
—Eso decís hoy.
—Ojalá algún día podamos vivir sin miedo.
—El miedo a perdernos hace especial el día a día. Si estuviésemos plenamente seguros de que mañana nos reencontramos, quizá este presente perdería el encanto. Un futuro incierto da cierto condimento.
—Me gusta que nos entendamos. Acercate y abrazame.
Respira hondo.