y va a llegar un día
en el que las hojas
no van a ser rotas
ni la tinta
va a estar corrida
ni las lágrimas
van a caer
sin cesar
sobre las palabras
que brotaron de las manos
todos los miedos
se van a volver flores
y los pulmones
van a respirar de nuevo
para soplar fuerte
y despejar la oscuridad
hojas rotas (1)
pedazos de papel
tirados sobre la cama
algunos rotos
con palabras desarmadas
extraños se ven
ahí, unos con otros
sin formar nada
incoherentes
diferentes entre sí
perdí la cabeza
en esa escritura
se me fue de las manos
quedó impresa
la tinta corrida
sobre renglones
en letra cursiva
y lágrimas caídas
será el invierno
que se aproxima
que da frío
y sensación de soledad
escribí para no enfermarme
pero no quemé las hojas
latente espera
ser leída de nuevo
tirados sobre la cama
algunos rotos
con palabras desarmadas
extraños se ven
ahí, unos con otros
sin formar nada
incoherentes
diferentes entre sí
perdí la cabeza
en esa escritura
se me fue de las manos
quedó impresa
la tinta corrida
sobre renglones
en letra cursiva
y lágrimas caídas
será el invierno
que se aproxima
que da frío
y sensación de soledad
escribí para no enfermarme
pero no quemé las hojas
latente espera
ser leída de nuevo
fue un
lunes, marzo 30, 2015
escuchar los latidos
sólo escucharlos
en silencio
sobre su pecho
basta
para alcanzar la paz
que busco en todos lados
pero sólo encuentro
allí
recostada
sobre su pecho
y tomarle de la mano
de la forma más simple
sólo sujetados
al menos con un dedo
basta
para sentirme guiada
sentir que el camino
es el correcto
allí
sujetados
tomados de la mano
y su piel me enloquece
de pies a cabeza
me deja perpleja
y sólo un roce
basta
para estremecerme
cada centímetro
cada punto de mi cuerpo
allí
recostados
piel con piel
y su voz me conmueve
cuando me habla despacio
y escucharlo decir
en susurros "te amo"
basta
para llenarme el alma
sentirme gigante
volando por el aire
allí
escuchándolo
juntos volando
y sus ojos me miran
¡ay de sus ojos!
tan profundos y hermosos
y con sólo mirarme
basta
para sentirme viva
sentir que existo
que no desaparezco
allí
frente a sus ojos
mientras me mira
siento que soy
que puedo
que estoy
que sigo
que alguien me ama
y es a quien amo
fue un
miércoles, marzo 25, 2015
bastamos los dos
El amor es una cosa re rara. Porque hoy me desperté con ilusión de ver a la persona que amo sin tener ni siquiera una mínima certeza. No fue algo así como habernos dicho anoche "sí, mañana nos vemos" pero no haber arreglado hora aún. Eso es posibilidad. Eso es algo probable. Pero yo me desperté con necesidad, atravesando una extrañitis bastante heavy desde que salí de la cama esta mañana hasta ahora (y dura). De hecho, tenía la ilusión de verlo, y de que ese encuentro iba a ser posible, aunque ayer hayamos peleado por un problema de celos. Pero mi cabeza obvió el problema, la pelea, la discusión. ¿Por qué? Porque hoy sentí que me iba a morir así que decidí desplazar cualquier tipo de problema y poner en primer lugar el amor, mi prioridad. Porque la sensación de muerte la tengo en el alma por lo menos, uno de cada tres días de la vida. Son bajadas de presión que me hacen sentir un cosquilleo desde la espalda baja hasta la frente. O dolores extremadamente fuertes en el estómago que me hacen pensar que tengo un agujero atravesándome el cuerpo de anterior a posterior. A veces también son arritmias cardíacas que arrancan de la nada, y me hacen palpitar un stop inminente, como si en cualquier momento el corazón dijera basta y se detuviera, sin más. Esas sensaciones de muerte son re pelotudas, ya lo sé, y está lleno de personas en situaciones más mortales que yo, y sin embargo, no se sienten a punto de morir. Pero es algo que siento, ¿y cuál hay? No puedo negarme si simplemente se siente, es algo que surge, que es porque es. Así como surge esto surge la ilusión de la que hablaba antes. Estoy oscilando entre fantasías de vida y de muerte todo el tiempo. El amor es el que me da mucha vida aunque a veces me haga pensar por demás y llorar un poco a la madrugada. Aunque a veces no responda como quiero. Aunque a veces el alma se desgaste y quede medio tirada. Yo me desperté con la ilusión que creó el amor y la mantuve durante todo el día. Insistí varias veces aunque ya sabía que iba a tener un NO como respuesta. Seguí insistiendo porque el corazón me lo pedía, porque amo y amo con una fuerza tan impresionante que el corazón me pide amar, me pide decirlo, me pide seguir caminando en este sendero. Me pide seguir diciendo que amo, me pide llorar a veces. Me pide esconderme abajo de la sábana cuando me siento sola. Me pide agarrar el auto e irme de casa, tocarle el timbre y abrazarlo con todas las fuerzas. Me pide todas esas cosas porque me hacen sentir viva, más viva que siempre, más llena de vida. Porque sentir me da vida y, sienta lo que sienta, voy a seguir viva, porque puedo sentir. Aún cuando sienta la muerte voy a estar viva porque voy a estar sintiendo. Y este sentir, que a veces duele y lastima y le cuesta perdonar, no deja de ser algo maravilloso que me ilumina la vida todos los días. Que crea ilusiones re vanas, efímeras, pero ilusiones en fin. Ilusiones que sacan sonrisas al menos durante un ratito porque me hacen imaginar momentos, situaciones posibles. Me hacen recordar cosas que pasaron y que me hicieron feliz, me hacen desear que se repitan. Recuerdos infinitos como la primera vez que lo vi sonreír o la primera vez que me dio un beso, o la primera vez que me hizo el amor, o la primera vez que lloré adelante de él. O la primera vez que peleamos o la primera vez que nos reconciliamos. La primera vez que lo extrañé. La primera vez que lo recordé. La primera vez que supe que era el amor que la vida quería para mí. Quizá hasta mañana, quizá toda la vida. Pero esta sensación de eternidad se siente tan inmensa que me asegura dentro de mi alma un sentimiento durante muchos, muchos años más. Se siente como inmortal, como capaz de derribar cualquier barrera. Capaz de soportar el frío, el calor agobiante, la lucha, el hambre. Es un amor que me hace sentir eterna. Eterna cuando lo miro a los ojos y me reflejo en sus pupilas, y ahí me veo, mirándolo, apreciándolo, observando sus facciones, su piel blanca y suave, su pelo largo, alborotado y rubio. Sus ojos profundos que me miran de una forma que jamás me miraron otros ojos. Sus labios rosados tan llenos de vida, elaborando esas palabras que me dice todo el tiempo. Balbuceando esos "te amo", creados en su boca, saliendo de ella como una ráfaga envolvente que me llena de calor el cuerpo. Y su cuerpo, y mi cuerpo; nuestros cuerpos unidos de esa forma tan magnífica, tan única, tan especial y memorable. Los cuerpos, el sexo, la razón apagada, la pasión desenfrenada, los gemidos incesantes. La risa de después. Los ronquidos más tarde. Despertarse y mirarse, un beso en la frente, desnudos abajo de una sábana, transpirados, amándonos, como si fuésemos uno solo. Como si no terminara nunca, como si todo lo que está alrededor no importara. Como si todo lo demás estuviese demás. Como si sólo bastáramos los dos para vivir. Bastamos los dos.
fue un
miércoles, marzo 18, 2015
¿Qué es lo lindo de la rutina? ¿De poner fechas, horarios? Lo lindo es crear rituales. ¿Y por qué? Porque cuando un día se corresponde a una acción venidera que nos hace felices, esperamos ese día con ansias. Brota por nuestros poros la alegría. Hacemos cuentas regresivas. Esperamos, desesperamos, nos ponemos nerviosos. Imaginamos, creamos una expectativa. Imágenes mentales, sueños a realizarse, cosas que queremos que pasen.
Y cuanto menos falta, más sonreímos. Y cuando llega el día, nada nos puede parar. El humor es increíble, da igual perder un colectivo, almorzar algo que no sea de nuestro gusto. Da igual ver la tele, usar la computadora, escribir acá. Da igual, porque la mente está enfocada en el maravilloso ritual que creamos con alguien más. Ese ritual que nos indica que vamos a vernos, enloquecernos y compartir la felicidad.
Como diría Antoine de Saint-Exupéry en su magnifica obra, El Principito:
“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a ser feliz. A medida que se acerque la hora me sentiré más feliz. Y a las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, no sabré nunca a qué hora vestirme el corazón... Los ritos son necesarios”
fue un
viernes, marzo 13, 2015
Quién se esconde tras el manto de lo perfecto, sólo oculta un sinfín de miedos, secretos y dolores. Decir más allá de ser, hablar más de lo que se pueda hacer. Llenarse la boca, pregonar sin parar. Sobre sí, sobre los otros, sobre lo que ni siquiera está seguro de saber. Criticar impunemente, decidir por sobre los demás. ¿Cuál es el motor que nos empuja a actuar de esa manera? ¿Qué le sucede al ser humano para ser tan despreciable y cínico? Aún teniendo una capacidad tan grande para amar, para dar, para servir a los demás... Aún teniendo un espíritu tan inmenso, con tantas posibilidades de engrandecerse, con tanto potencial para ser magnífico, transparente, maravilloso, sabio... Y aún así, aún con toda esa ventaja, se embriaga de inmundicia, avaricia, y orgullo. Apático, vengativo, codicioso, avaro. Y cada vez son más, cada vez aumenta la cantidad de personas que prefieren ese camino, lleno de odio, de desprecio, asqueroso, nauseabundo. Y temo por los ideales. No se trata de utopía, se trata de lo que siento. Eso que siento que está bien, que llena de placer, que da fortaleza. Temo por los sentimientos reales, verdaderos. Por los buenos modales, por la solidaridad, la nobleza. La empatía. La confianza. El respeto. El cariño, el amor, inmensos. Temo al paso del tiempo. Temo que todo esto desaparezca día tras día, y con el correr de los años, ya no quede nadie que vele por la pureza del alma. Temo caer yo también, algún día, en el mismo juego que los demás.
fue un
jueves, marzo 12, 2015
búsqueda
no es interminable
el sufrimiento
o el dolor
ni es interminable
la desidia
la humillación
corre por cuenta nuestra
saber escapar
hacerse a un lado
tomar otro camino
o tomar las riendas
y poder transformar
lo que hace feliz
pero lastima
lo que crea sonrisas
pero hace llorar
saber cerrar
poner fin
saber parar
dejar de actuar
saber cambiar
y reinventar
¿si después de todo
sólo somos almas
vagabundeando solitarias
atravesando el universo
en continua, incesante
y exhaustiva búsqueda?
el sufrimiento
o el dolor
ni es interminable
la desidia
la humillación
corre por cuenta nuestra
saber escapar
hacerse a un lado
tomar otro camino
o tomar las riendas
y poder transformar
lo que hace feliz
pero lastima
lo que crea sonrisas
pero hace llorar
saber cerrar
poner fin
saber parar
dejar de actuar
saber cambiar
y reinventar
¿si después de todo
sólo somos almas
vagabundeando solitarias
atravesando el universo
en continua, incesante
y exhaustiva búsqueda?
fue un
martes, marzo 10, 2015
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