El amor es una cosa re rara. Porque hoy me desperté con ilusión de ver a la persona que amo sin tener ni siquiera una mínima certeza. No fue algo así como habernos dicho anoche "sí, mañana nos vemos" pero no haber arreglado hora aún. Eso es posibilidad. Eso es algo probable. Pero yo me desperté con necesidad, atravesando una extrañitis bastante heavy desde que salí de la cama esta mañana hasta ahora (y dura). De hecho, tenía la ilusión de verlo, y de que ese encuentro iba a ser posible, aunque ayer hayamos peleado por un problema de celos. Pero mi cabeza obvió el problema, la pelea, la discusión. ¿Por qué? Porque hoy sentí que me iba a morir así que decidí desplazar cualquier tipo de problema y poner en primer lugar el amor, mi prioridad. Porque la sensación de muerte la tengo en el alma por lo menos, uno de cada tres días de la vida. Son bajadas de presión que me hacen sentir un cosquilleo desde la espalda baja hasta la frente. O dolores extremadamente fuertes en el estómago que me hacen pensar que tengo un agujero atravesándome el cuerpo de anterior a posterior. A veces también son arritmias cardíacas que arrancan de la nada, y me hacen palpitar un stop inminente, como si en cualquier momento el corazón dijera basta y se detuviera, sin más. Esas sensaciones de muerte son re pelotudas, ya lo sé, y está lleno de personas en situaciones más mortales que yo, y sin embargo, no se sienten a punto de morir. Pero es algo que siento, ¿y cuál hay? No puedo negarme si simplemente se siente, es algo que surge, que es porque es. Así como surge esto surge la ilusión de la que hablaba antes. Estoy oscilando entre fantasías de vida y de muerte todo el tiempo. El amor es el que me da mucha vida aunque a veces me haga pensar por demás y llorar un poco a la madrugada. Aunque a veces no responda como quiero. Aunque a veces el alma se desgaste y quede medio tirada. Yo me desperté con la ilusión que creó el amor y la mantuve durante todo el día. Insistí varias veces aunque ya sabía que iba a tener un NO como respuesta. Seguí insistiendo porque el corazón me lo pedía, porque amo y amo con una fuerza tan impresionante que el corazón me pide amar, me pide decirlo, me pide seguir caminando en este sendero. Me pide seguir diciendo que amo, me pide llorar a veces. Me pide esconderme abajo de la sábana cuando me siento sola. Me pide agarrar el auto e irme de casa, tocarle el timbre y abrazarlo con todas las fuerzas. Me pide todas esas cosas porque me hacen sentir viva, más viva que siempre, más llena de vida. Porque sentir me da vida y, sienta lo que sienta, voy a seguir viva, porque puedo sentir. Aún cuando sienta la muerte voy a estar viva porque voy a estar sintiendo. Y este sentir, que a veces duele y lastima y le cuesta perdonar, no deja de ser algo maravilloso que me ilumina la vida todos los días. Que crea ilusiones re vanas, efímeras, pero ilusiones en fin. Ilusiones que sacan sonrisas al menos durante un ratito porque me hacen imaginar momentos, situaciones posibles. Me hacen recordar cosas que pasaron y que me hicieron feliz, me hacen desear que se repitan. Recuerdos infinitos como la primera vez que lo vi sonreír o la primera vez que me dio un beso, o la primera vez que me hizo el amor, o la primera vez que lloré adelante de él. O la primera vez que peleamos o la primera vez que nos reconciliamos. La primera vez que lo extrañé. La primera vez que lo recordé. La primera vez que supe que era el amor que la vida quería para mí. Quizá hasta mañana, quizá toda la vida. Pero esta sensación de eternidad se siente tan inmensa que me asegura dentro de mi alma un sentimiento durante muchos, muchos años más. Se siente como inmortal, como capaz de derribar cualquier barrera. Capaz de soportar el frío, el calor agobiante, la lucha, el hambre. Es un amor que me hace sentir eterna. Eterna cuando lo miro a los ojos y me reflejo en sus pupilas, y ahí me veo, mirándolo, apreciándolo, observando sus facciones, su piel blanca y suave, su pelo largo, alborotado y rubio. Sus ojos profundos que me miran de una forma que jamás me miraron otros ojos. Sus labios rosados tan llenos de vida, elaborando esas palabras que me dice todo el tiempo. Balbuceando esos "te amo", creados en su boca, saliendo de ella como una ráfaga envolvente que me llena de calor el cuerpo. Y su cuerpo, y mi cuerpo; nuestros cuerpos unidos de esa forma tan magnífica, tan única, tan especial y memorable. Los cuerpos, el sexo, la razón apagada, la pasión desenfrenada, los gemidos incesantes. La risa de después. Los ronquidos más tarde. Despertarse y mirarse, un beso en la frente, desnudos abajo de una sábana, transpirados, amándonos, como si fuésemos uno solo. Como si no terminara nunca, como si todo lo que está alrededor no importara. Como si todo lo demás estuviese demás. Como si sólo bastáramos los dos para vivir. Bastamos los dos.