quedarte

Las ganas de abrazarte se hacen más fuertes que nunca. Hoy, hace exactamente dos meses. Pasando por debajo de ese pucará. Sintiéndome más cerca que nunca pero sintiéndote más lejos, como no había pensado que te sentiría. Despacio, paulatinamente, colándote en mi existencia. Y ahora yo, ahí, pensando en vos. Pensando en todo lo que me quedó por darte. Besos por darte. Abrazos por darte. Miradas que darte. Tanto que darte. Quedarte. Conmigo quedarte.
Te extraño con esa sensación de lejanía, esa que me hace pensar en que quizás nunca nos conocimos. Que quizás lo que me moviliza hacia vos es una proyección de mi inconsciente, porque vos no sos vos, no sos nada más que una invención de mi mente, maravillosa, perfectible pero hermosa, tan magnífica que me encuentro sirviéndote y ocupando mi memoria con tus gestos, tu voz, tu cara, tu calidez. No sé el futuro, ni el pretérito. Ni te sé.

Humberto Primo. Combinación con línea E.

Un hilo dorado, lleno de energía, es escupido desde mi esternón. Se aleja de mi cuerpo, se sube a otro subte. Y yo me quedo acá sentada. Yo me quedé sin mí. Y mi mí, se fue con vos.

memorias que queman

me niego
no quiero
no tengo intención de olvidar
me hago bolita
pequeña
encierro mis recuerdos
los abrazo fuerte, los sujeto
con las manos
con los pies
los envuelvo con una bocanada
del aire de mi alma

allí es donde reposan

alma profunda
fuego interno
memorias que queman
pero cómo se goza ese ardor
cuando se sabe al vivir
intenso y deseado
ese vivir que se quiso vivir
que se exprimió segundo
a segundo
sin pensar en mañanas
o en heridas
o en segundas oportunidades

reposa en el alma
que construye esa mente
inasible e intangible
etérea, como los recuerdos

flotan vuelan giran
en el aire del alma

se mecen en el aire
del alma

intangibles
sólo dependen de
quien les habla

dependen de mi poder de recordar

sin cuerpo ni materia
solo una energía reverberante
en la historia de mi vida

es cuestión de que se agote mi memoria
y de la nada
desaparezcan

nada de baúles donde queden guardados
nada de cajita de recuerdos del pasado

olvido absoluto

desaparecer

y que ya ni siquiera reposen
en el aire del alma

continuación

dudar
seguir dudando
no poder decidir
asustada bajo la sombra
de la incertidumbre
con el miedo a fracasar
a arriesgarse y perder
a no arriesgarse
y morir con la sed
de saber
qué hubiera pasado si
o qué calor tendría el Sol
cuando amaneciera

perderse los rayos
quedarse dormido
en la espera

y para qué
y por qué

si al fin y al cabo esto
no era más que
una vida
si al final no era más que una vida
y mía
mía y yo la única persona
en todo el universo
con el completo y total derecho
de vivirla

transformar el Edén en el Infierno

Saber que lo que ayer fue no va a volver a ser, y dormirse en la espera. Es que es eso lo que somos, espera pura, ansiedad de lo que está por venir. Vivir el presente pensando en lo que vendrá. Atravesar el ahora sin prestar la suficiente atención, porque en cuestión de segundos las cosas cambian y la vida que de azul tornasolado viraba bajo las estrellas con una borla de cristal dorado ahora es una caja de Pandora donde las enfermedades y los sentimientos negativos y el silencio y el hastío del odio y la ciudad furibunda salen a relucir de golpe, poseyendo a la nada misma bajo una lluvia fría de junio, cuya humedad y temperatura destruyen sin misericordia un ectoplasma errante que levita sobre el asfalto empedrado y podrido de tanto llover y hojas deshechas y campos desiertos. Como si el paisaje perdiera de pronto la saturación y se tiñera de negro y blanco y matices de grises que no lograrán resucitar el color, el que se fue para no volver jamás, como se van las personas a la orilla de enfrente en la barca de Caronte soñando con alcanzar una Arcadia pero perdurando eternamente en la Cacodelphia de Schultze, rondando sin destino por los círculos del infierno, soportando latigazos sobre la espalda y la piel que ya se vuelve cuero con el calor del fuego que arde, y una lluvia perenne que no calma ni hidrata sino que duele y tortura, que no deja dormir, que se vuelve un martirio sin descanso. Y aún allí igualmente esa maldita naturaleza humana de esperar, dormidos en la espera ahora sí eterna, ahora más que nunca sin sentido, con una esperanza estúpida, llama encendida sin justificación, pero si es una espera eterna nunca se deja, nunca llega lo esperado, y estúpida naturaleza humana de dormir y morir en la espera, y quedarse allí, en la eternidad, con ilusión vana, pero y qué importa si es vana, y qué si no hay después, y qué si ya es suficiente que sea un motor, el motor más mínimo pero motor, motor para mantenerse despiertos o levantarse por la mañana o soportar la cruz en la espalda, motor para dejar de ser ectoplasma y materializarse en esa humanidad pura, tan tonta y absurda y vana pero humanidad en sí, en uno, en nosotros. Y vivir pensando en el mañana y recordando el pasado y olvidarse del presente sin poder aprender a evitarlo, pero si somos humanos che, si somos la máquina imperfecta que perfectamente arruina cada detalle y marchita cada flor e incendia cada bosque. Y pero si al mismísimo Edén lo transformamos en el infierno.

Amé esto

¿Por qué, a ciertas horas, es tan necesario decir: "Amé esto"? Amé unos blues, una imagen en la calle, un pobre río seco del norte. Dar testimonio, luchar contra la nada que nos barrerá. Así quedan todavía en el aire del alma esas pequeñas cosas... [...]》
Rayuela, Julio Cortázar
Amé esto.
Aún lo amo, quizá.
Es la simple, sencilla, y fiel interpretación de un sentimiento, en palabras.
Bah, palabra, sin ese.
Hay quienes dubitan en su pronunciación.
Yo, por ejemplo.
Me temblaron los labios durante cinco minutos.
El inferior rozaba su cuello.
Una lágrima rodaba por la mejilla.
Allí, tan mal puesta, mal parada. No debía ni correspondía (¿qué se debe, qué corresponde?)
No hay sentido. ¿Cuál es el sentido?
Quise. Hice.
Ahora acá alejada. Me alejo.
Estoy donde quiero. Sólo por momentos.
Acá alejada de mí quizás, y estoy allá.
Sin mí, con él.
Asustada el alma de percibir aromas donde no están.
Sencilla la evocación del recuerdo.
A veces ni siquiera lo evoco a propósito.
Viene, como una ráfaga, como un soplido.
Viene de golpe, me sorprende, se aproxima.
Como aparecen en un momento inesperado estos pensamientos.
Como surgen las frases, fluyen, se desenvuelven.
Mis manos dibujando los signos, los signos representando palabras, frases, oraciones, párrafos.
Detrás de todo, el pensar, las ideas in mente, la narración silenciosa.
En esta cama. Volcándome.
Esta cama. Nos revolcábamos.
Sufijo -ábamos. Pretérito imperfecto simple.
Acción pasada con durabilidad. ¿Días? ¿Meses? ¿Cuánto es poco? O mucho. O suficiente.
¿Cuánto tiempo hace falta para amar?
Amé esto. Amé unos blues. Una imagen en la calle. Un pobre río seco del norte.
Amé esto. Amé tu música. Tus dedos acariciando la guitarra suavemente. Nuestra imagen en el pasto. Una fuente de agua turquesa en el Parque.
Amé esto. Nos amé. Te amé. Te amo.
No hay sentido. Ni por qués.
Durabilidad. Se prolonga, crece, decrece. Un día me lastima, un día me nutre. Un día se acerca al odio. Al otro día te amo más que ayer.
Un día te lloro. Un día me lloro.
Lidiar con la frustración. Marchitarme en el what if.
Apagarme mientras anochece, irme con el Sol.
Esperar el día nuevo. Volverme noche con la esperanza de, o con el deseo de, o con un sueño que no sea solo sueño.
De esos que suelen interrumpir mis madrugadas y me despiertan asustada.
Como cuando percibo aromas donde no están.
Evocando recuerdos que no parecen ser fáciles de olvidar.

burlarse del olvido

Y te dejaste acobardar por un miedo sin confiar en la mano que te era tendida. Es el miedo lo contrario al amor. Ahí descubrí que ambos caminos estaban más alejados que nunca antes. Yo amándote con locura. Vos, vencido por tus miedos. No tuve la posibilidad de ayudarte a enfrentarlos. Ni siquiera la chance de saber si tenías intenciones de hacerlo. En una mano, el corazón. En la otra, un puñado de lágrimas. Entre medio, la razón, intentando poner orden a la cuestión (como siempre). Raciocinio salvando las situaciones de dolor, ese dolor delirante, que nos deja en la cama, asténicos, fatigados de tanto llorar, con un labio sangrante y un nudo en el vientre. Será la cobardía el medio para no llegar a esto... será que quién se da por vencido no atraviesa lo que estoy atravesando. Cómo quisiera poder darme por vencida. Cómo desearía dejar de soñar, una noche, al menos por una noche, con tu cara y tu aroma, tu pelo y tu silueta, tu voz, tu presencia. Elementos de mi inconsciente que aparecen para disolver en su paso todo lo preconstruido, destrozar la estabilidad ilusoria del ser, burlarse del olvido que no aparece ni parece aparecer. No al menos ahora, no en estos momentos donde la sangre aún brota, la herida sigue abierta: la tuya, la mía, la nuestra.