《¿Por qué, a ciertas horas, es tan necesario decir: "Amé esto"? Amé unos blues, una imagen en la calle, un pobre río seco del norte. Dar testimonio, luchar contra la nada que nos barrerá. Así quedan todavía en el aire del alma esas pequeñas cosas... [...]》
Rayuela, Julio Cortázar
Amé esto.
Aún lo amo, quizá.
Es la simple, sencilla, y fiel interpretación de un sentimiento, en palabras.
Bah, palabra, sin ese.
Hay quienes dubitan en su pronunciación.
Yo, por ejemplo.
Me temblaron los labios durante cinco minutos.
El inferior rozaba su cuello.
Una lágrima rodaba por la mejilla.
Allí, tan mal puesta, mal parada. No debía ni correspondía (¿qué se debe, qué corresponde?)
No hay sentido. ¿Cuál es el sentido?
Quise. Hice.
Ahora acá alejada. Me alejo.
Estoy donde quiero. Sólo por momentos.
Acá alejada de mí quizás, y estoy allá.
Sin mí, con él.
Asustada el alma de percibir aromas donde no están.
Sencilla la evocación del recuerdo.
A veces ni siquiera lo evoco a propósito.
Viene, como una ráfaga, como un soplido.
Viene de golpe, me sorprende, se aproxima.
Como aparecen en un momento inesperado estos pensamientos.
Como surgen las frases, fluyen, se desenvuelven.
Mis manos dibujando los signos, los signos representando palabras, frases, oraciones, párrafos.
Detrás de todo, el pensar, las ideas in mente, la narración silenciosa.
En esta cama. Volcándome.
Esta cama. Nos revolcábamos.
Sufijo -ábamos. Pretérito imperfecto simple.
Acción pasada con durabilidad. ¿Días? ¿Meses? ¿Cuánto es poco? O mucho. O suficiente.
¿Cuánto tiempo hace falta para amar?
Amé esto. Amé unos blues. Una imagen en la calle. Un pobre río seco del norte.
Amé esto. Amé tu música. Tus dedos acariciando la guitarra suavemente. Nuestra imagen en el pasto. Una fuente de agua turquesa en el Parque.
Amé esto. Nos amé. Te amé. Te amo.
No hay sentido. Ni por qués.
Durabilidad. Se prolonga, crece, decrece. Un día me lastima, un día me nutre. Un día se acerca al odio. Al otro día te amo más que ayer.
Un día te lloro. Un día me lloro.
Lidiar con la frustración. Marchitarme en el what if.
Apagarme mientras anochece, irme con el Sol.
Esperar el día nuevo. Volverme noche con la esperanza de, o con el deseo de, o con un sueño que no sea solo sueño.
De esos que suelen interrumpir mis madrugadas y me despiertan asustada.
Como cuando percibo aromas donde no están.
Evocando recuerdos que no parecen ser fáciles de olvidar.