luchemos
y peleemos
porque si nos perdemos
yo me pierdo
y no sé a dónde voy a ir
porque sos mi destino
mi camino y mi deseo

Si descubrís
que en verdad
me amás,
lo único que pido es:
volvé.

realidad/expectativa

Y descubrí que siempre, si de nosotros dos se trata, la realidad supera la expectativa.
Con creces.
Y JAMÁS falla.

ánimo

Te correspondo,
tanto como el Sol al día,
o la Luna a la noche,
o el brillo estelar al cosmos infinito.
Estoy impresa en tu cielo
dibujando constelaciones
guiándote en la espesura
cuando no hallás la dirección.
Vivo en tus manos,
y las apreto fuerte.
Confiá y cerrá los ojos
que jamás en la vida
te llevaré por las ciénagas.
No hay pantano que me asuste,
ni oscuridad que me inhiba.
Avanzo a tu lado, junto a vos,
segura de dónde apoyar
cada pie, a cada paso.
Temo caer, pero ahí estamos:
de la mano,
sujetándonos.
Temo caer, pero ahí estamos:
aprendiendo a volar.
¿Cómo caer, cómo hundirnos?
Si ya sabemos bien
cómo desprender las alas
y volar hacia el horizonte
bajo el brillo el crepúsculo.
Sólo necesitamos una cosa:
ánimo.

el placer del ser

Llovizna, y no me importa.
Aunque caigan piedras,
aún así, no tendría miedo.
Aunque me ataquen las fobias
permanecería de pie.
Porque descubrí el vivir
desde el placer del ser:
placer al encontrarte,
llenarme por completo,
disfrutar el ser
porque soy a tu lado.
Estoy viviendo y existiendo
amando de cerca,
dando todo sin guardar
ni la más mínima parte.
No es un boceto
ni hojas de borrador:
es una realidad,
viva y entera,
constituyéndonos a los dos.
Realidad que envuelve
como me envolvés vos
cada vez que me das un beso
y me hacés ver el Sol.
Mi cielo y mi luz,
mi claro de luna al anochecer.
Un sueño una vez soñado
haciéndose verdad
al manifestarse el amor
surgiendo de las almas.

Te amo...

Te amo desde lo más profundo de mis adentros. Te amo sin un límite, indeterminadamente.

Te amo sin principio ni final:

O quizá sí hubo un principio, y te amo desde el inicio del cosmos, desde que nuestras almas se manifestaron.

O quizá también haya un final, y hasta el final de los tiempos te amaría, hasta que mi espíritu se desintegre y se pierda en una grieta espacial.

Te amo con los sentidos, te amo en silencio y te amo a los gritos.

Te amo cuando te miro, cuando te extraño, cuando me faltas.

Te amo cuando te imagino. Y te imagino porque te amo.

Te sueño y te deseo y te amo de nuevo, porque sueño contigo, soñando en conjunto.

Te amo con los dedos y recorro tu cuerpo acariciando cada parte, que tanto admiro.

Te amo y me encanta este sentimiento de amarte. Puedo amarte porque vivo y puedo vivir porque te amo.

Así, simbiótico, insertándose por el centro del pecho e inervándome cada parte, introduciéndose hasta la médula. Inyectándome descargas eléctricas que me despiertan los más profundos suspiros.

Y te amo y te abrazo y sueño con hundirme en vos, por siempre. Quiero quedarme adentro tuyo, que te quedes adentro mío. Que no nos vayamos, que no nos soltemos; que giremos entre colores pasteles y puntitos de brillantina. Que bailemos la noche entera y nos besemos hasta que amanezca, envueltos, nosotros, juntos.
Soñemos, vivamos, gritemos,
y nunca nos dejemos ir.
Sintámonos como el primer día,
seamos uno los dos, para siempre.
No desechemos esto, guardémoslo:
en nuestra alma, en nuestro ser,
gestándose y creciendo, más y más.
Seamos uno, fusionémonos,
quedémonos así el resto de nuestra vida.
Quizá me conformo con poco, pero me llena de felicidad saber que hay un "denuevo", que implica un "juntos" que pretendo prolongar hasta siempre.
¿Cómo dar pruebas del sentimiento de "lo eterno"
si ni siquiera puedo explicar cómo y por qué amo?
Si tan sólo me preguntan y sólo respondo un "no sé".
No sé porque amo. No amo por atributos o características.
No amo por defectos ni por virtudes.
Amo porque amé y luego conocí lo demás.
Amé aquel día y amo hoy, más aún.
Aunque a veces llegué a pensar que ya sería imposible amar más...
Creció.
Crece todos los días con cada hecho, cada palabra.
No lo puedo comprobar, quizá es mi imaginación.
Pero es más fuerte, cada vez coloniza más.
Cada día es más infinito.
Más infinitos sumándose a esta cuenta eterna.
Sí, ya lo sé: no lo sé. No sé si va a ser eterno.
¿Y qué si no lo sé? Haré todo porque así lo sea.
Porque peleo y lucho y no renuncio.
Porque nada sirve sin vos,
ningún día vale la pena.
Porque si no estás, todo es oscuridad.
Y comprendí, luego de vivir en penumbras,
que necesito más luz, más aún.
Parece tan desarmado todo,
pero hay una parte hermosa:
Se vuelve a prender la luz
y la deseo más que antes...
porque me asustó mucho la oscuridad.

y así ida y vuelta,
como jugando un ping-pong:
encrucijada cabeza-corazón
a ver quién tiene la razón.

ojos de acuarela

Quiero entender una cosa y tengo miedo porque no lo puedo entender. Quizá no logro entenderlo porque tengo miedo de que lo que entienda no sea lo que espero. Todo esto avanzando sobre mí haciéndome sentir inútil, testaruda, terca. ¿Y qué si no está bien lo que hago? Si no es el camino correcto, si es otro el sendero. Si cuando el camino se bifurcó elegí mal. Eso, "elegir". ¿Qué queda ahora? Yo elegí. Yo me arriesgué. Yo venía marchando por caminitos dibujados con lápiz. Lápiz de grafito, gris. Nada de colores. Nada de sabores. Los trazos eran malísimos en todos lados porque yo me los fui dibujando, pero me gustaba tanto ramificarlos en mil pasillos que me divertía viviendo, y avanzando, y dibujando, y eligiendo por cuál ir. La mayoría de las veces me aburría y podía volver... si no me adentraba mucho y me perdía. Pero casi siempre me acordaba cómo ir para atrás. Había veces que ya se hacía imposible porque las lluvias me humedecían las hojas anteriores y no podía distinguir el camino. Otras veces, tormentas me destruían los dibujos por delante... y sólo quedaba una opción: dibujarme un nuevo camino de costadito y salir corriendo por la tangente. Alejarme rápido de la tormenta. De la imposibilidad de regresar. De la realidad desarmada, completamente destrozada, prendiéndose fuego, volviéndose ruinas. Rescatar el lápiz de donde quiera que esté y trazar con toda la velocidad un pasaje que me lleve a un lugar bien distante, que ni siquiera me deje ver el desastre que quedó. Y quizá ahí, avanzar más despacio mientras voy recuperándome, borrando día a día las imágenes de la mente, haber visto el piso agrietándose, los dibujos todos rotos, el corazón lastimado al ver la muerte de la obra.
Y esto sucedió. Y así fue, así lo hice: fui por un camino que cayó en pedazos, y tuve que escaparme hasta otro dibujo, volver a trazar. Más precavida decidí detenerme un poco, decidí acotar las opciones, intentar confundirme menos, no equivocarme (y cómo pretendía saber si me estaba equivocando, si en realidad la equivocación la notaría vivida la experiencia...). Me dibujé un camino que, paso a paso, terminó desembocando en unos ojos brillantes que me miraron a través de la oscuridad. Ojos que yo no estaba dibujando, ni tampoco dibujé la impresión que me generaron, como hacía siempre. Siempre acostumbrada a crearme un sentimiento dentro, a inventarme una historia, ponerle pasión al ritmo. Pero esta vez, esos ojos me miraron, y sus manos tomaron pinceles que me acuarelearon por completo. El universo dejó de ser color blanco y grafito. Mis senderos fueron marrones, los árboles laterales se pintaron de verde. Los frutos tenían sabor y los pájaros cantaron. Se escuchó a lo lejos la corriente de un río fluyendo. Se escuchó a lo lejos el ruido del viento. Sentí el calor del sol y la magia de su luz. Y todo de allí: todo salía de esos ojos que no paraban de mirar.
Miré esos ojos, guiñándoles un ojo, y ellos respondieron sonriéndose. Me di vuelta y tomé la goma, decidida. Despacio, borré el sendero. Todo aquel sendero que ya había caminado, incluso aún los que no había explorado. Borré otros árboles, otros frutos, otras flores. Borré el sendero más ancho y aquel que tenía más ramificaciones. Borré todo lo anterior, absolutamente todo. No quedó nada. Como si jamás hubiese existido. Como si nunca lo hubiese recorrido. A partir de este día mi camino empezaba en un punto: allí, donde había aparecido el color, donde había encontrado a los ojos más increíbles del mundo.
Me volteé nuevamente y esos ojos lloraban. Creo que era emoción, porque mis ojos lloraban también, pero de pura felicidad. Sabíamos lo que estaba pasando, sabíamos qué se venía y colocamos todas las fichas allí, entre esos colores, en esa luz increíble, en esa vida que había surgido de pronto, llenando todo, llenando mi mismísima alma. Corrí hasta su sitio, y sólo se extendió una mano. Era comprensible: me entregó todo el color, y yo ¿qué le había dado? ¿cómo haría ahora yo para pintarle su mundo si lo único que había manejado en mi vida era un lápiz de mina? ¿cómo explicarle el amor que sentía, así, de la nada? Así que decidí empezar como podía: desde mi mundo en blanco y negro, escribiéndole las palabras más lindas que se me podían ocurrir. Imaginando posibles, futuros inciertos pero emocionantes, un camino sin fin, poema tras poema, verso tras verso, trasmitiéndole el sentimiento. Sería duro, sería un largo camino, pero no me importaba cuánto podría llegar a estar trabajando en eso: era mi sueño, era mi momento. Pero yo elegí, yo me arriesgué. Quiero entender si lo hice bien y tengo miedo porque no lo puedo entender. Quizá no logro entenderlo porque tengo miedo de que lo que entienda no sea lo que espero. Todo esto avanzando sobre mí haciéndome sentir inútil, testaruda, terca. ¿Y qué si no está bien lo que hice? Si no era el camino correcto, si era otro el sendero. Si cuando el camino apareció, elegí mal. Eso, "elegir". ¿Qué queda ahora? 
Queda volver a elegir. Volver a elegir y pelear por que los colores prevalezcan. Porque no se vayan, no se apaguen, no se borren. No tengo vuelta atrás. Ya olvidé cómo dibujar senderos. Sólo sé escribirle palabras de amor. Sólo sé decirle que amo su color. Sólo sé latir para brillar, y que él brille también. Esa es mi nueva elección. Seguir allí, otra vez. Seguir ahí, prevalecer en el tiempo, seguir insistiendo hasta que aprenda qué es lo que siento.
Hasta que pueda creer en mí.
Hasta que descubra que le entregó sus colores a la persona correcta.
Hasta que entienda que puede ser capaz de ser imprescindible para otra persona.
Hasta que se dé cuenta de la magnitud de su obra.
Hasta que comprenda que me completó, por completo.
Me perdí de nuevo otra vez porque abrí los ojos y no te encontré.
Siento que estás adentro, pero no hay nada que pueda ver.
Cierro los ojos para encontrarte pero se me nubla la mente.
Cierro los ojos para afinar mis sentidos, y poder escucharte.
Pero no oigo nada.
Está todo tan callado.
Está todo tan vacío...
Y el andar se vuelve desorientado
porque no puedo mirar de nuevo.
No puedo abrir los ojos;
temo hacerlo y seguir sin vos.

temo no salir

Regalame un respiro más,
y prometo darte el aire
para que respires hoy,
para que respires mañana,
para que respires siempre.

Dame un respiro más
que estoy ahogándome,
necesito salir a flote,
necesito emerger,
necesito la superficie.

Llená mis pulmones:
y todo lo que depende de vos;
llename las venas,
llename las horas,
llename la vida.

Dame un día de vida,
que te regalo mis días:
cada día para vos,
cada día por vos,
cada día yo, en vos.

Subiendo o flotando,
bajando o planeando,
pero no acá, en el fondo.
Acá no hay aire ni luz.
no quiero perderme...
               [temo no salir.]
Y de repente no saber,
cómo pasó, cómo se siente,
pero entender que es el momento
que ya pasa, que ya se irá,
como pasa todo, como todo pasa.
Sólo un día, o quizá dos,
quizá una semana,
¡qué importa cuánto sea!
Si es que detrás de esa espera
me espera la posibilidad
de poder ver otra vez
aunque sea una vez,
y no en un sueño
ni en un mundo imaginario,
ver nuevamente
esa sonrisa sonriéndome,
esos labios besándome,
ese alma, amándome.
Tan fuerte como siempre,
real y verdadero,
    [lo único real y verdadero]
intenso como el primer día.
Eso, aunque sea una vez más
y después podría morir
tranquila, feliz
habiéndote tenido:
sintiéndome tuya,
sintiéndote mío.

ese sol personalizado

Aunque siento que temo, me temo que aprendí,
y aunque no dejo de temer, aprendí temiendo.
Porque cuando me asusté no me quedé,
cuando me asusté no bajé los brazos.
Seguí y caminé hacia delante
porque así me dijo el corazón.
Porque me dijo que caminara.
El sendero se veía algo oscuro
pero la luz que me brotaba
de la esperanza de adentro
iluminó un poquitito.
Y así sigo, y así voy a seguir:
temí, y aprendí que avanzar es crecer,
que temiendo pero siguiendo
se puede aprender
y ahora sólo espero:
espero y sueño,
espero y sonrío.
Porque es la esperanza
la que brota, la que guía,
la que me hace saber,
fehacientemente,
que mañana va a salir el Sol,
otra vez, de nuevo.
Va a salir MI Sol,
ese sol personalizado,
el que más brilla,
el que más ilumina,
el que más me gusta,
el que tanto alabo:
ese que se asoma
por debajo de tus labios
cada vez que sonreís
y me decís "te amo".

se abrió el pimpollo

No me pidas que me detenga
porque soy capaz
de dar la vuelta al mundo
corriendo detrás tuyo
para volver a darte la mano.
Porque es tu mano la que me puede llevar para cualquier lado,
con la que puedo alcanzar mis sueños más deseados.

No me pidas que desaparezca
porque no puedo irme:
porque sólo sé perderme
cuando te beso por un segundo
y me olvido del paso del tiempo.
Sos el ancla que me detuvo y me enseñó el significado del hogar.
El sueño de compartir, la esperanza de la eternidad.


¡Cuán grande es y con cuánta fuerza se extiende!
Abarcando el torso y las extremidades,
la cabeza y el corazón,
el alma y la razón.
Es la pasión del amor floreciendo.
Ya no puede parar: se abrió el pimpollo.

9 meses

Volví a sentir tus manos como la primera vez. Tus abrazos resintiendo en mi alma de la misma manera que ese día, entre bombillas blancas de bajo consumo, entre notas musicales de alguna banda reconocida, entre olor a noche, a invierno, a bienvenida, a estufa prendida, se imprimieron en el alma y se quedaron para siempre.
Olí tu pelo y me llené los pulmones. Volví a estar completa desde aquella vez. Se recuperaron unos órganos, se reconstruyeron otros. Se cerraron heridas, cortes. Se borraron cicatrices. La sangre volvió a fluir y me devolvió el rosado a mis mejillas. Me devolvió el calor a cada lugar del cuerpo. Y de pronto, mi piel se estremeció, mi pelo se erizó, mis músculos temblaron: allí estabas, tocándome. Allí, por primera vez, encontrándonos los dos en un abrazo infinito, en un mimo único que sólo consistió en acariciar las manos, acariciar los brazos, acariciar la espalda. Un gesto, una señal, y sentí amarte. ¿Qué era eso? ¿Quién lo dijo? ¿Quién lo dispuso de esa forma? ¿Por qué ese día, y no antes? ¿Por qué no después? Era en ese lugar, a esa hora y en ese instante, con esas dos almas que felices caían en la cuenta de lo que estaba sucediendo: se estaban disipando del cuerpo. Se volvieron cintas, se encontraron entre sí, y se ataron los cabos.

Desde que te amo le temo a la muerte.
Sorprendámonos, no hagamos lo mismo que dijimos que íbamos a hacer: hagamos algo diferente.
Sorprendámonos y quedémonos boquiabiertos, deseando más, siempre.
Sorprendámonos y escapémonos de la predictibilidad.
Sorprendámonos y enamorémonos todos los días, de nuevo.
Enamoremos a la vida y al resto que nos rodea.
Enamoremos a todo el que nos vea.
Enamoremos al Sol y a la Luna.
Enamoremos a cada persona que no crea en el amor.
Derrochemos esperanza y vida,
regalemos sueños y ternura,
démosle al mundo la posibilidad
            [de volver a tener fe en la eternidad.]

Un sueño.

Perdí un sueño una vez.
Salió volando de mi mente para perderse en el aire y depositarse en una de las tantas nubes que cubrían un cielo algo oscuro. Nubes grandes e intensas, cargadas de lluvia, a punto de derramarse sobre mí y sobre mis ojos. Sólo bastó una descarga eléctrica para que comience el chaparrón; ese chaparrón que, luego de precipitarse, despejó el cielo. Pero también borró las nubes: entre ellas, la que se poseía mi sueño.
Aún dudo si fue una descarga eléctrica ordinaria o si fue mi sueño el que provocó la tormenta. Al margen de eso, siendo la chispa o no, el sueño se había perdido, y yo me había quedado vacía. El alma se sanó parcialmente cuando la lluvia, gota a gota, chocó con mi cara, con mi cuerpo y con mi ser. Pero el sueño ya no estaba y la fe que le tenía se echó a perder. Era una flor que regaba cada día y el mundo me la derribó. Quizá fue la televisión que me hizo tener un mal concepto del amor. Quizá me contaron cosas que no eran verdad, o quizá el resto no compartía mi sueño. No logré entenderlo. Y lo perdí. Así de sencillo como soltar un globo relleno con helio. Así como dejar la flor al interperie y permitir que la fortuna se adueñe de ella sin cuidar su destino. Así, lo perdí.
Con los años se sana. Se sana levemente porque el vacío se llena con cosas sin sentido y absolutamente superficiales que no tienen importancia alguna ni relevancia en la historia propia. ¿La realidad? A mí se me había perdido un sueño y no había vuelto nunca más. Era un sueño inocente que habrá surgido a los diez u once años de edad. Cuando comprendí que yo existía gracias al amor de mis papás. ¡Increíble! Soñé un día y me derribaron el sueño el día siguiente. Así de fácil lo hicieron, así de sencillo me hicieron creer que esas cosas «ya no existían». Que la moda era el divorcio, el odio y la competencia. Eso decía la tele. Eso decían los diarios. Las revistas de chimentos. La regla era el desorden y la falta de ley. La fidelidad no existiría nunca más. Hasta se "promulgó" la frase «nadie muere sin ser cornudo». ¿En serio? ¿De verdad mi mamá va a engañar a mi papá, o viceversa? ¿Eso era lo que se avecinaba? Estaban aniquilando mi sueño: lo tomaron de los pelos y lo acribillaron frente a mis ojos. Saborearon su sangre mientras se derramaba a mi alrededor, y vi el rojo reflejándose en sus ojos cantando la victoria ante una nueva víctima capturada. Me estaban obligando a formar parte de un régimen: almas llenas de ego, narcisistas inescrupulosos, pisándonos las cabezas.

Reencontré mi sueño un día.
Ya había olvidado que alguna vez lo había soñado. Había olvidado el placer que me generaba su sabor: era placentero soñarlo y prolongarse en el tiempo flotando sobre él. Era un sueño tonto para algunos, un objetivo de vida para otros, una parte del ciclo vital del ser vivo según la biología. Pero para mí era un sueño único que había dejado de tener sentido desde el día que se desprendió de mí. Desde que sentí que las esperanzas se habían agotado y que el mundo estaba destinado al sufrimiento.
Y así me sentía yo. Historia escrita. Destinada a. Seré algo porque la vida así lo dispone. ¿Y perseguir los sueños? Aún aquellos que huyeron -o que dejé ir- como aquel pequeño sueño que me hacía latir el corazón.
Así y todo, negada a soñar con eso, apareció. De la nada, bajo la luz de una luna blanca, vi un extremo de una cinta rosada. La seguí hasta doblar una esquina, con el corazón latiendo a más no poder. Recorrí las calles viendo esa cinta deslizarse por el asfalto. Cuando tomé la calle del boulevard, se elevó tiernamente para acariciar los árboles. Liberó un sutil aroma a álamo, tan familiar para mi alma. Me sentía en casa, pero tan solo estaba siguiendo a una cinta rosada, que entre giros y virajes, dobló hacia la derecha. Doblé tras ella y vibré en el empedrado, y la cinta sobrevolaba la calle grisácea.
Tras pasar una esquina amarilla, se detuvo en unas rejas blanquecinas, las cuales atravesó. Por debajo de la puerta, ingresó en ese hogar.
Detuve el auto y esperé. Conocía ese aroma, conocía ese sabor, ese placer, la victoria en mis labios.
Una cara se asomó y abrió la puerta. Abrió los brazos. Abrió el alma. Allí había terminado la cinta: impregnándose en sus labios rosados tan increíblemente hermosos.
Sonrió y pareció como si el brillo de la luna se depositara en cada uno de sus dientes. Sus ojos eran mi hogar y yo quería vivir ahí para siempre.
Me estrechó en sus brazos y lo supe: alguna vez, bajo la lluvia, años atrás, mi sueño se derramó sobre alguien, alejándose de mí. Ahora encontraba, por fin, el poseedor de mi sueño. Y, a partir de ahora, poseedor de mi alma, mi vida y mi entereza.
Me devolviste la ilusión de amar. De la entrega y el amor incondicional. Volvió el sueño a mí. Sólo que antes no tenía cara... Y ahora, allí, tu sonrisa como estandarte para cada día.

mi cuerpo es tu hogar

No te vayas de casa,
quedate y formá tu imperio.
Reiná en cada espacio 
y que tu huella se preserve.
No te vayas de esta casa,
se volvió tu hogar,
lo decoré a tu gusto
para que estés cómodo dentro.
No abandones esta casa,
porque ocupás cada parte
pensás que es demasiado grande
pero en realidad sos todo en ella.
No dejes nunca esta casa
porque sos las vigas y las paredes
los cimientos de la construcción
la piedra angular.
No te alejes de este sitio,
es tu casa dentro mío,
mi cuerpo es tu hogar,
nuestro espacio tan singular.

así es

yo te doy todo
porque no puedo soportar la idea
de tener algo que no sea para vos
porque todo es para vos
porque mis minutos y mis días
y mis sonrisas y mis colores
y mi música y mi brillantina
son para vos
porque mis noches de desvelo
y mis noches de descanso
y mis días de juegos
y mis días de estudio
son para vos
porque quiero dibujarte
y regalarte muñequitos
quiero darte mis manos
mis palabras y mis silencios
quiero escribirte poemas
aunque sean tontos y sin sentido
aunque parezcan repetitivos
aunque siempre digan lo mismo;
es que te amo
y te doy todo
qué más decir?
qué más hacer?
te amo y te doy todo
no sé por qué pero así es
así se dan las cosas
así parece ser la vida
y así me gusta la vida
no de otra manera
sólo vos para mí
sólo vos mi realidad

de vuelta

Y en un beso desenfrenado,
cualquier inseguridad que nublaba la visión
dejó de existir.
Se corrió, pegó un salto;
dejó el camino libre.
El estrecho intransitable
pasó a ser un claro de luz.
Los árboles marchitos revivieron:
las hojas secas volvieron a colorearse,
y el fruto caído retomó su frescura.
Allí los dos, juntos de nuevo,
estrechándonos como alguna vez supimos,
como alguna vez deseamos,
recordando el objetivo,
recordando la razón:
los dos, un "nosotros",
una promesa, un "para siempre".
Y en el infinito, el cosmos a nuestro favor,
las casualidades de la vida uniéndonos así,
tan fortuita e impredeciblemente.
De vuelta la sonrisa impresa en el rostro,
el beso interminable,
las caricias diseminadas
por el pelo, por el cuello,
la cintura y la columna,
la cadera, el abdomen,
una pierna, y la otra.
Las manos tomadas.
Los sueños aferrados.
La vida llevándose a cabo.
Los pies caminando a la par,
avanzando, juntos.

estás

Estás en todo. Estás en mi barrio, las calles, la vereda. En los colectivos. En cada supermercado. Estás en mi auto. En cada charla con mis amigos. Estás en la bebida, en la comida. En cada fernet. Estás en el cielo y en la tierra. Estás en las nubes. Estás en el mar y en la sal. Estás en mi cocina, en las mesadas, en cada vez que cocino. Estás en mi lavadero, mi baño. Estás en el comedor, el living, el sillón. Estás en la televisión, en un cable de play. Estás en la pieza de mi hermana, de mis papás. Estás en mi pieza. Estás en mi cama. En mi almohada. Mis sábanas, mi frazada, el piso, el ropero, la pared. Estás en el colchón, en la computadora, la mesita, la ventana, el ventilador. Estás en una cajita, en esas ojotas talle 42, en los colchones de la otra pieza. Estás en mi pelo, en mis ojos, mis labios, mi nariz. Estás en mi pecho, mis hombros, mi cuello, mi panza, mis brazos. Estás en mis manos, mis pies. Estás en cada centímetro de mis piernas, y entre ellas, y un poco más arriba. Estás en mi cola, en mi espalda, en la curva que forma mi columna. Por ahí pasaron tus dedos, tus labios, tu lengua. Pasaron noches, pasaron eternos días, de pasión y entrega y amor. Amor por sobretodo. Amor lo que existe. Amor lo que florece y vive en ambos todo el tiempo. Vive entre los dos, y lo estamos ejecutando. ¿Para qué? ¿Los motivos? Si dejamos de alimentarlo se va a morir. No puedo soportar esa idea. Si lo mato a él me muero yo.

No renuncies. No te quedes. No nos dejes.
No te asustes. Yo estoy acá. Voy a seguir estando.
No puedo bajar los brazos. No me pidas que lo haga.
No me destruyas con esta idea; vos sos mi razón.
No me digas qué hacer, no me propongas soluciones.
No me interesa ningún camino que implique no tenerte.
No me mates de esta forma, dame la oportunidad.
No me dejes así de vacía, no me tires de costado.
No me arrojes a los lobos, dejá tu mano en la mía.
No pienses en el llanto, pensá en todo lo demás.
No me sueltes así, seguí peleando por esto.
No matemos nuestros más grandes e inocentes sueños.
No nos desarmemos. Somos indispensables.
No digas qué va a pasar, deja que pase, y ya.
No nos boicotees, no nos canceles.
No nos suprimas ni nos elimines del mapa.
No te vayas, no me dejes, no quiero caerme.
No puedo sin vos, no quiero sin vos.
No sé cómo es sin vos, no me interesa la vida.
No hay otro que no seas vos. Sos vos solo en el mundo.
No existen opciones. Ni caminos alternativos.
No me la hagas tan difícil, si puedo seguir sujetándote.
No apagues el futuro, no nos des por vencidos.
No estamos muertos todavía. Acá estamos, esto somos.
No nos disuelvas así de fácil.
No nos prendas fuego.
No nos abandones.
No tires la toalla.

Ya no puedo detenerme.
No puedo actuar de otra forma.
Me la sigo jugando, día a día,
segundo a segundo.
¿Y qué si en el próximo instante
me llegara a morir?
¿Qué dejaría, más que una mueca
algo entristecida, algo dolida?
Déjenme marcar con fuego
en el fondo del alma:
que sea indescriptible,
el sentimiento más eterno,
inolvidable para todo aquel
que lo vea existiendo
entre nuestros dos cuerpos
cada vez que nos besamos.
No me dejen con la sed de ser,
la sed de dar,
sabiendo que tengo tanto
tanto amor latiendo
tanta sangre corriendo
dispuesta a derramarse
toda, completa,
por ese alma singular
que me arranca el corazón
cada día, cada noche,
y me invita a jugarme la vida.
Y me la sigo jugando, día a día,
segundo a segundo.
¿Y qué si en el próximo instante
todo acabara?
Diría que es imposible.
Esto no tiene fin. 
Ya no termina, ya no se muere.
No hay disolución.
Porque se prolonga en lo eterno,
más allá del infinito.
Porque se extiende, y crece
y se esparce sobre todos,
surgiendo entre nosotros dos.

Escuché "tengo ganas de ser aire y me respires para siempre" y se me voló la cabeza. No puedo controlarme, ni a mis ojos ni a mi boca ni a mis brazos. Me abrazo, hay frío, tu frío, y no puedo calentarme porque estás lejos y me asusta que así sea, porque te quiero cerca y mío y acá, no lejos ni ausente ni faltando. No faltes, no te vayas, no te pierdas. No me dejes sola, no rompamos la cabeza.
¿Quién sino, si no sos vos?
¿Quién sino, si no soy yo?
Yo vos, vos yo. Así es.
Soy tuya, para vos.
No porque así se haya pactado sino porque así quiero que sea.
Quiero entregarme cada día para siempre sin restricciones ni trabas.
Quiero darte la mano y que me lleves a recorrer el mundo de tu vida, presentándome cada aspecto.
Ahí, yo, parte de tu todo.
Ahí, vos, mi todo de las partes.

Directrices

Nunca te olvides de lo mucho que nos amamos. Aún cuando peleemos, recordá las razones que nos hicieron estar juntos.
Un beso más nunca está demás. Siempre deseo más, aunque quizá ya haya dado la vuelta. Corré y tironeame el brazo, hacé que nuestros labios se encuentren otra vez.
No te olvides de que el llanto es una de mis expresiones. Si lloro quizá es porque muchas cosas me sobrecargan. No sos culpable de que llore, todo lo contrario: declarate culpable de generarme las sonrisas más sinceras, de ser el que corta el llanto para hacerme sonreír.
Tampoco olvides de la felicidad que me das. Soy feliz siempre, aunque estemos peleando, porque el hecho de que exista algo entre los dos me llena el alma. Tu simple existencia me hace feliz.
No te asustes si un día no podemos vernos porque estoy con mucho quehacer. Extrañame más, y te aseguro que el día que nos podamos ver te voy a dar todos esos besos y caricias que no pude darte.
Siempre prefiero estar con vos. Siempre, ante todas las cosas, en cualquier situación. Si estoy triste, sonriente, pintando, corriendo, jugando, durmiendo, viajando a algún lado, estudiando o yendo al doctor: siempre prefiero tenerte a mi lado. No dudes en ofrecerme tu compañía por pensar en que vas a ser insoportable estando presente en todo, porque siempre deseo tu compañía y tu presencia, a cada hora.
Contame tus preocupaciones por tontas que parezcan, todo lo que te preocupe me preocupará a mí también, porque son factores que afectan tu bienestar, y tu bienestar es parte del mío. No dudes en pedirme consejos u opiniones: siempre voy a tratar de darte lo mejor de mí para que seas feliz.
Dame la mano siempre y llevame a donde quieras, ofreceme acompañarte, invitame. Siempre me va a dar gusto formar parte de tu vida y estar en cada aspecto.
Recordá que vos y yo somos imperfectos, pero nuestro mundo se vuelve perfecto cuando estamos juntos. No dejemos que las imperfecciones pesen más que las virtudes, somos seres humanos y tenemos derecho a equivocarnos.
Dejame pedirte perdón y decirte gracias siempre que lo sienta. Es tanta la felicidad que me provocás que me inspira a agradecerte todo el tiempo por haber cambiado mi vida de tal manera. No tengas miedo de agradecerme o de pedirme perdón; el orgullo solo logra distanciarnos más, porque tus disculpas jamás serán vistas como una vulnerabilidad, sino como un "me equivoqué, pero te amo".
Acordate que ambos tenemos miedos e inseguridades. No por no celosearte no sufro celos. Quizá los sienta pero evito exteriorizarlos para evitar peleas: los celos me dan miedo y me sensibilizo y me da más miedo y me sensibilizo más. Así, una cadena interminable.
Siempre quiero hablarte, siempre quiero verte. Siempre sonrío con un mensaje, un dibujo, o un corazón hecho con un plastiquito de botella. Por más mínimo que sea, un detalle chiquitísimo puede provocarme la sonrisa más grande.
Decime qué querés que haga y cómo te gusta que lo haga. No te guardes nada, no ocultes lo que querés decir: dejame conocerte en tu totalidad. Aunque vos pienses que que yo te conozca mucho te hace más vulnerable, yo pienso que cuanto más te conozca más feliz te puedo hacer. Conocerte me da lugar a satisfacerte desde muchas áreas, desde un regalo hasta una caricia, desde un color hasta un sueño compartido.
Por último, decime lo que sentís. Sé que me amás y que estás loco por mí, pero hacé de cuenta que no. Hacé de cuenta que es la primera vez que me lo decís. Que es la primera vez que me abrazás. El primer beso. La primera vez que dormimos juntos. La primera vez que hacemos el amor. Imaginate que el mundo se termina mañana: vivamos cada día como si fuese el último. Recordemos nuestros días, nuestro progreso, nuestra historia: imprimámosla en la memoria con tintas indelebles de colores que tomen formas tontas y decoren la novela que nos narra día a día.
Caminá sobre mis huellas. Dejame llenarte el cuerpo de corazones. Dame tu futuro y yo te regalo mi vida entera.
Sé parte. Sé mío. Por siempre, y para siempre.

materializarte

No puedo conformarme con soñar con vos nada más.
¿Falta mucho para verte?
Si es que me llena de luz, si es que verte me hace volar,
si es que verte me hace soñar,
¿y por qué soñar no me hace verte de verdad?
Sólo me ilusiona para luego asustarme,
al despertarme y no tenerte al lado
como sí te tengo en mis sueños
descansando junto a mí,
desparramando paz a mi alrededor.
Y me muero de amor y te quiero besar,
y no alcanzo tu boca, y todo se nubla.
Suena una alarma, me sacudo.
Me despierto y no te encuentro,
me despierto y me asusto,
no estás, no te veo.
Y no aguanto, no puedo, no espero.
Quisiera materializarte a mi lado,
aquí, y ahora,
dándome un beso, sintiéndote despacio.
Quisiera materializarte a mi lado
sujetando mis manos
innecesario escribirte, innecesarias estas teclas.
Podría así narrar las historias sobre tu piel,
dibujar una sonrisa en tus labios
abrazarte una y otra vez,
susurrando te amo's en tu oído
sin tener que usar este teclado
para contarle al mundo que te amo
que te necesito, que sos mis sueños,
mi realidad, y mi único compañero
para recorrer conmigo
cada camino, cada paso,
en el mañana que se aproxima.