Nunca te olvides de lo mucho que nos amamos. Aún cuando peleemos, recordá las razones que nos hicieron estar juntos.
Un beso más nunca está demás. Siempre deseo más, aunque quizá ya haya dado la vuelta. Corré y tironeame el brazo, hacé que nuestros labios se encuentren otra vez.
No te olvides de que el llanto es una de mis expresiones. Si lloro quizá es porque muchas cosas me sobrecargan. No sos culpable de que llore, todo lo contrario: declarate culpable de generarme las sonrisas más sinceras, de ser el que corta el llanto para hacerme sonreír.
Tampoco olvides de la felicidad que me das. Soy feliz siempre, aunque estemos peleando, porque el hecho de que exista algo entre los dos me llena el alma. Tu simple existencia me hace feliz.
No te asustes si un día no podemos vernos porque estoy con mucho quehacer. Extrañame más, y te aseguro que el día que nos podamos ver te voy a dar todos esos besos y caricias que no pude darte.
Siempre prefiero estar con vos. Siempre, ante todas las cosas, en cualquier situación. Si estoy triste, sonriente, pintando, corriendo, jugando, durmiendo, viajando a algún lado, estudiando o yendo al doctor: siempre prefiero tenerte a mi lado. No dudes en ofrecerme tu compañía por pensar en que vas a ser insoportable estando presente en todo, porque siempre deseo tu compañía y tu presencia, a cada hora.
Contame tus preocupaciones por tontas que parezcan, todo lo que te preocupe me preocupará a mí también, porque son factores que afectan tu bienestar, y tu bienestar es parte del mío. No dudes en pedirme consejos u opiniones: siempre voy a tratar de darte lo mejor de mí para que seas feliz.
Dame la mano siempre y llevame a donde quieras, ofreceme acompañarte, invitame. Siempre me va a dar gusto formar parte de tu vida y estar en cada aspecto.
Recordá que vos y yo somos imperfectos, pero nuestro mundo se vuelve perfecto cuando estamos juntos. No dejemos que las imperfecciones pesen más que las virtudes, somos seres humanos y tenemos derecho a equivocarnos.
Dejame pedirte perdón y decirte gracias siempre que lo sienta. Es tanta la felicidad que me provocás que me inspira a agradecerte todo el tiempo por haber cambiado mi vida de tal manera. No tengas miedo de agradecerme o de pedirme perdón; el orgullo solo logra distanciarnos más, porque tus disculpas jamás serán vistas como una vulnerabilidad, sino como un "me equivoqué, pero te amo".
Acordate que ambos tenemos miedos e inseguridades. No por no celosearte no sufro celos. Quizá los sienta pero evito exteriorizarlos para evitar peleas: los celos me dan miedo y me sensibilizo y me da más miedo y me sensibilizo más. Así, una cadena interminable.
Siempre quiero hablarte, siempre quiero verte. Siempre sonrío con un mensaje, un dibujo, o un corazón hecho con un plastiquito de botella. Por más mínimo que sea, un detalle chiquitísimo puede provocarme la sonrisa más grande.
Decime qué querés que haga y cómo te gusta que lo haga. No te guardes nada, no ocultes lo que querés decir: dejame conocerte en tu totalidad. Aunque vos pienses que que yo te conozca mucho te hace más vulnerable, yo pienso que cuanto más te conozca más feliz te puedo hacer. Conocerte me da lugar a satisfacerte desde muchas áreas, desde un regalo hasta una caricia, desde un color hasta un sueño compartido.
Por último, decime lo que sentís. Sé que me amás y que estás loco por mí, pero hacé de cuenta que no. Hacé de cuenta que es la primera vez que me lo decís. Que es la primera vez que me abrazás. El primer beso. La primera vez que dormimos juntos. La primera vez que hacemos el amor. Imaginate que el mundo se termina mañana: vivamos cada día como si fuese el último. Recordemos nuestros días, nuestro progreso, nuestra historia: imprimámosla en la memoria con tintas indelebles de colores que tomen formas tontas y decoren la novela que nos narra día a día.
Caminá sobre mis huellas. Dejame llenarte el cuerpo de corazones. Dame tu futuro y yo te regalo mi vida entera.
Sé parte. Sé mío. Por siempre, y para siempre.