Mamá manda una foto de unas baldosas con unas marquitas inconfundibles. Acompaña con la frase "Me sorprendió la lluvia".

-Casi que puedo respirar esa foto- respondí

Es que sí. La vi y respiré hondo el aroma de la lluvia de invierno en Lanús. Como huele la playa o los primeros dias de la primavera, que antes lo olía a inicios de septiembre y esta vez tocó olerlo en marzo! Estábamos llegando a Elviria y le decía a Conra que había olor a primavera en el aire. Cuando llegamos a la pizzería, Caro dijo "hay olor a primaveraaaaa" así con muchas "a", y lo miré a Conrado de un sacudón:

-Viste que te dije.

Mamá la comparte como foto de una sola visualización. Y yo en mis adentros dije "que no se haya perdido esa foto cómo no le hice screenshot!!!!!!" así con muchos "!".

Inmediatamente después recibo otro mensaje de mamá con la foto como archivo en el chat. Y mandó un audio aclarando que no sabía por qué se había sacado como foto de una sola vez.

Quizá si no hubiese pensado que no la iba a volver a ver antes de abrirla no la hubiese respirado tanto. Evoco al recuerdo. Parece que está lloviendo, pero no. Acá es Ojén. Acá hay un sol que raja la tierra. Acá hay olor a lavanda del limpiador de piso, a limón de un sahumerio de hace un rato, a jazmín, a limonero, a mate, a naranja. Acá no llueve el clima pero sí llueve el corazón y no se entiende por qué no combinan. Pero es que pasa, a veces pasa, que por mucho sol que alumbre algún día hay que llover. ¿Es automático? ¿Es programado? 

Extraño y hay días que sufro pero el resto del tiempo es un dolor dulce que me alimenta el alma nostálgica que llevo en este camino. Una nostalgia alegre que me saca lágrima con sonrisas y abraza al ser tierno y sensible que vive dentro y que rechaza la coraza de fuerza y tenacidad todo el tiempo. Fuerza y tenacidad cambian su función y coexisten en los momentos en los que la fuerza y la tenacidad apremian. Y fuerza pasa a ser un continuum interno que recompone por poder resolver apelando a la razón. ¿De quién? De mí. De lo que me sale ser. 

 No sé si hay tal razón.

Mando ideas al aire e intento que lleguen hacia donde quisiera que vayan. 

Qué poder de alcance tendrán los pensamientos, tan etéreos...




Cómo convertir una casa en un hogar

Hace unos días escasos, una amiga vino a conocer la casa a la que nos mudamos el último abril. Sonrió al ver las cáscaras de pomelo y naranja secándose desde las asas de la alacena.

-Las cascaritas!!!- exclamó, entre emocionada y pueril.

Convertir una casa en un hogar es una tarea que es tan fácil o tan difícil, dependiendo no sólo de la experiencia previa o en qué lugar del mundo se esté, sino de la idea, ya sea abstracta o concreta que tenemos in-mente para figurarnos en pensamientos y sensaciones cada una de esas dos palabras.

Miro la mesada llena de especias, hierbas secas recolectadas personalmente en la montaña, un frasco de vidrio repleto de aceite de oliva macerando un romero seco. Inmóvil, quieto, en silencio, pero macerándolo. Hay algún plato sucio y una rama de tomillo fresco sumergido en agua intentando que esqueje. Sus terpenos inundan el aire con ese aroma a bosque que tanto me refresca la mente y el corazón. No conozco las épocas ni las condiciones pero siempre lo intento, con cada planta que puedo, es decir, planta que paso a saludar y me invita a intentarlo.

El mate se toma, casi siempre, con agua de la canilla. Y el cuenco se condimenta con pomelo seco y hojitas de esa misma planta que descansa sobre el agua, a la que le envío constantemente una energía que la penetre y le active sus dones naturales de esparcirse y dejar descendencia. La yerba ya no se seca, pero se respeta, así que el instrumento de madera traído de Salta, lejos de ser de caldén, adorna el aroma de la infusión con un dejo de algarrobo que me recuerda el mate de mamá y papá, ese de las mañanas de domingo, que se lava rápido y se recalienta solo.

¿Cómo convertir una casa en un hogar con esas referencias? 

Entonces hiervo un poco de agua, la suficiente como para completar tres cuartas partes del termo, evitando excederme para no ocupar energía de más. Armo el cuenco despacito, agradeciendo al árbol y su madera, al arbusto que me dio la yerba y a la cáscara del sagrado fruto, del cual desconozco su origen y tratamiento. Desparramo unas hojitas de tomillo seco y lo huelo, como siempre, porque su aroma me recuerda a mí, a quien fui, que ya no es todo lo que soy, pero sí una parte esencial y maravillosa.

En este hogar hay tantos animales no humanos como humanos. Hay ventanas que dan al mar y una puerta que deja ver, una vez abierta, una montaña anaranjada, rocosa y cavernosa. Hay macetas donde descansan trozos de plantas que fueron capturadas sin permiso pero con respeto, para multiplicarlas y declarar finalmente que hay más plantas que animales la naturaleza que sean.

En la repisa hay dos bolsas de yerba y una foto que me traslada. Mientras tanto me interrumpe un rasguño de felino que salta y cae sobre los botones y perillas, y yo refunfuño y lanzo un gruñido sordo a la vez que le doy muy poca importancia.

Cada vez que alguien me ve con un mate en la mano me hace un comentario. Me han preguntado si era droga, si daba superpoderes, si acá estaba permitido, que de dónde lo traía, que por qué nos lo llevábamos a todos lados. Esta última pregunta me hizo pensar en que quizás, entre todos, nos estamos buscando. También me consultaron su sabor y sus efectos. Incluso, sin saber mi profesión, si era diurético, si era adecuado beberlo pre o postprandial. Me hablaron de sus beneficios después de hacer deporte, sus propiedades energéticas y hasta místicas.

Pocas veces negué la respuesta que creía cierta, dándole espacio a la que creí adecuada: quizás un chistecillo sin ánimos de ofender a nadie, principalmente cuando creían que era marihuana o con eso de los superpoderes. Hulk, por lo verde. 

La mayoría de las explicaciones que di fueron cortas, y lo más sinceras posibles, con el rostro lleno de amor como si mate fuera eso, o al menos una parte muy importante de eso, que me hace sentir el hogar. Hogar de muchas formas, texturas, colores. Hogar con ruedas, en el camino, en distintos lugares, incluyendo muchos en los que no encontraba a nadie que hablara nuestra lengua, o en los que ese encuentro no era cotidiano.

Pero ahí estaba, a primera hora de muchas de nuestras mañanas: cacerola repleta de agua sobre un fuego, a veces lento, a veces apurado, a veces insuficiente. Hasta se ha apagado, y una garrafa vacía fue la excusa para dejar la dulce y cálida bebida para la próxima mañana.

Es que no tiene nada de dulce, pero cada mate tomado viene con tantas, tantas otras bellísimas sensaciones. Viene con tantos rostros de personas y perfumes y contextos. Y siento que no soy la única, porque a veces, a decir verdad, unas cuántas veces y a menudo, escucho pronunciar, fuerte y claro, una pregunta corta, conjugada en español rioplatense. Sale de una boca que acompaña un gesto amable en un rostro que se dirige hacia a mí y hacia el cuenco de madera que yace en mi mano, y el cuerpo del que se extiende también levanta un brazo y un dedo índice señala el cuenco, sin ánimos de ofender... no, ya sé que señalar para algunos es ofensivo, pero para mí, así, representa un abrazo, tierno y empático, como si el terreno debajo de mis pies hubiera tenido la capacidad de separarse de la placa tectónica rebosante y ascender con elegancia por los aires, para cruzar el imponente océano y arribar ahí, en el barrio de casas bajas, donde conozco a menos vecinos y lo más parecido a buscar una montaña en el paisaje era ver el cartel de Ekono desde los hombros de papá parada frente a las pequeñas ventanillas que hacían de tragaluz fusionadas con las tejas haciendo de techo y de cielo a la vez, ahí, en la parte más cenital de la casa ¡qué lindo y emocionante que era estar ahí! Ahí que alguna vez fue cuarto de juegos, de miedos, de herramientas y trabajo de papá, sala para fiestas, cuarto de adolescente, de adulta, ex-cuarto... Y me devuelvo inmediatamente al tiempo y espacio presente cuando termino de escuchar esa voz familiar y esas eses fuertes me pronuncian las palabras:

-¿Sos argentina? 


llevar a flotar

algo de todo eso que se fue
o que volvió
nunca se va
nunca vuelve
es sólo algo
como un poco de aroma
una caricia
unas gotas de agua
el trocito de esencia que abandonamos
en cada sitio por el que andamos

andar, andar tanto
dos piernas marchando
a veces ayudan las manos
principalmente cuando se sube
porque bajar
bajar es fácil
o por lo menos para mí
que me asombra y divierte la gravedad

subí y bajé más de cincuenta veces las escaleras
siento que es como jugar a la vida
que sube, y que baja, 
que da vueltas
que de cuando en cuando nos provoca una caída
pero nos levantamos
y seguimos escalando
y descendiendo
humana, animal, naturalmente

trocito de ser escindido en partes
ensamblarlo se vuelve laborioso
más en esos momentos
tan tensos
que hasta el aire
se vuelve capaz
de afilar una navaja

y que se desee con todo el alma
salir de escena
romper el ciclo
tirarse al mar a nadar y huir tan lejos
dejarse echado
sumergirse en lo profundo
soltar la vida

como si nos pudiésemos suspender
por un momento en el aire
y echar atrás 
al menos por un rato
esas escaleras
esas cuestas que van hacia arriba
tan hacia arriba
que provocan la caída
hasta del más fuerte guerrero

y acaso quién no cae?
quién no desea suspender por un rato la locomoción
quién no quiere
flotar un poco
deshacer los pesos
y el dolor
tomarse un descanso para
seguir andando
con lo que sea que toque llevar a cuestas
arriba
abajo
por encima
paralelo
perpendicular
que es lo mismo que toca llevar
a flotar
pero 
sin esfuerzo
para darse cuenta de que
no tiene por qué
pesar

xq no

Me arrojo en tu lado de la cama. Penetra en mi nariz tu esencia, la dejaste sellada a la almohada. Un aroma de perfume, un toque de células muertas, y ese dejo de metal que se te sube en el cuerpo y teletransportás desde el polígono a casa. 
Sueño que no estoy acá y me despierto pensando en volver.
El tiempo apremia y todo el tiempo pienso en que el tiempo apremia.

A veces me relajo.
"La ansiedad es como un monstruo" me dijo una vez Mar. Y no sé cómo interpretarlo, si no sé si los monstruos son reales o imaginarios.
"Sos muy estricta con tu yo del pasado" me dijo hoy Mel. Y mi hoy, que no sé si es o no es quien fue.

El camino en la montaña me regresa a un lugar del que a veces salgo, pero muchas veces también vuelvo.
Sé que el aroma en la cama no será sólo un aroma sino un cuerpo tendido, yaciendo sobre el colchón; mente sosiegada que todavía piensa a través del sueño y cuerpo que se mueve a través de arterias, de las venas, el intersticio y los nervios.
Se expande el pecho y se escucha chiflar la nariz.
No es un ruido molesto, es un ronroneo.
Pensé en las palabras "villancico", "música", "manjar".
Nada de eso me convencía.
Creo que ninguno me suena tan puro como ronroneo.
¿Que a qué voy con eso de puro?
A que, corazón,
tu tiempo
es uno.
No sé qué esperamos
para ser
lo que queremos.
Y sentir la vida
bailando en el sistema.
Pureza que en ese momento
se expande por el cuerpo
y cuando llega al cerebro
me pregunto
¿y qué con esto de la pureza?
otra vez la danza sin fin de la dialéctica
aquella en la que bailamos
sujetados
los dos
alguna vez
en algún lugar
allá por Microcentro
y luego el llegar
y abrazar
el olor
que siento en tu lado de la cama.
Que también es mío,
que siempre fue de los dos.
Ese sobre el que te veo
cuando llego
y me encuentro
con tu ser de sueños.
Que estampa su aroma en la cama.
Que me despierta en un abrazo a la mañana.

Tierna coincidencia,
quizá en plural.
Porque el temor existe,
pero
¿por qué no arriesgarse?

el cuento de la noche de fiebre

Hay algo de esto que en algún momento surgirá, así, como espontáneamente, y dará origen de pronto a un mar de palabras, que en conjunto forman una prosa. O más que una prosa se terminará convirtiendo en un desarmadero de pensamientos...

Hay espacios en los que entran todas las ideas que alguna vez hayan surgido. Como el cuento de la otra noche. En el que un perrito vivía en una montaña con mar del cual no se sabía su origen, porque nunca nadie llegaba hasta ese lugar. Entonces el perrito decidió enfrentar el desafío.

Muchos habían muerto en el intento pero él no le tenía miedo a la muerte. Siempre había sido un perro muy realista, o quizá habían sido sus tempranos encuentros con la muerte de forma respetuosa los que le habían hecho sentir que este momento, lejos de ser un camino a la tumba, era un ¿por qué no? Conocía sus límites y convivía en armonía con la naturaleza.

Entonces se preparó y comenzó a nadar. Nadó lejos de la costa. La montaña se volvía pequeña, primero como una mano, luego como un dedo y finalmente como el espesor de una uña.

Respiró hondo y soltó el aire despacio. Debía lograr un larga apnea. 

Entonces empezó a meter y sacar el aire con lentitud y gratitud. Agradecía estar en ese momento en ese lugar. Saludó a la muerte como a una vieja amiga.

Inspiró hondo y penetró la superficie, pataleando con ambas piernas, cada vez más y más.

Una luz apareció dentro de él y no tuvo que conocer más nada, ni ir en busca de nada.

¿Qué significaba esa existencia?

¿Qué había ido a encontrar en el desafío de descubrir de dónde se originaba ese mar? 

Y la montaña con mar seguiría siendo un misterio.

Y lejos de convertirse en una preocupación, se volvió un alivio.

Entonces la magia existía.

# # #

Y así, mágicamente comienza un proyecto. Como alguna vez se inició la vida de Harry Haller o Emil Sinclair. ¿De dónde sacaría esos nombres? ¿Acaso me estoy comparando?

Hacer un personaje principal que escribe o que se dedica a algún colegio religioso es plagio. Tiene que ser distinto.

Debe serlo! Esto es un deber moral.

¿Cómo es que tan para afuera los deberes no existen? ¡Y luego se impone al ser!

Como decir que todo lo que escriba lo veo sin ojos de juicio, y después me siento mal por romper el deber de escribir cosas felices!

Como si el cuento no fuera un reflejo del ser interior.

Y en ese reflejo a veces no me gusta lo que veo.

Y a la vez que me hago consciente de que no me gusta, comprendo que también someto a juicios.

Y como si fuera poco, ¡Casi todos los juicios son contra mí!

No sé si habla "mal o bien" de mí.

Por que en mi afán de juzgarme, trato de ser quien quiero ser.

Pero en mi afán de querer ser quien quiero ser, ¿dónde queda la espontaneidad?

Entonces, ¿qué es más valioso? ¿Cómo se debe ser?

Alguna vez fui educada con valores. Hoy en día digo no tener, pero aún los llevo, en gran cantidad, en lo más hondo de mi ser.

Hubo algunas cosas que fueron cambiando, como la posición de inferioridad ante la ley, que se convirtió de pronto en que había algo detrás mío que por algo me decía que lo haga. Y de pronto estaba siendo comandada por hilos que yo no sabía que tenía, mucho menos que había un comandante que los comandaba.

Entonces me pregunto, ¿por qué no hago lo que más me gusta?

Donde se halla la inhibición al cuento, a la narración, a esto que estoy haciendo ahora que no es más que el producto inmediato de la llegada de estupefacientes a mi cerebro.

¡Es que sí! No quiero decirlo tan a menudo y no sólo lo estoy diciendo aquí sino que ayer se lo he dicho a alguien. Y alguien me lo dijo a mí!

Ingresó como una idea que no fue generada por mí y sin embargo alguien que lo vivió lo dijo (en realidad lo investigó) y leí su conclusión al respecto.

Entonces acá yo, justificando que un montón de cambios fueron elecciones, pero otros fueron mensajes externos que llegaron a lo interno y me dijeron qué y cómo había sido ese momento de quiebre en el que llegué lo más profundo en el mar de la montaña y una luz se encendió delante mío, justo a la altura de mi pecho, y susurró despacito algo que no pude oír bien pero fue como una sílaba, como un mantra o algo así, pero se sintió como una vibración que empezó en la garganta y llegó hasta el corazón donde se me generó un vacío que de pronto entendí todo el vacío que existía alrededor mío y en el universo, y que ante esa vacuidad yo no era más que una pequeñísima parte de un montón de materia que coexistía en armonía errática con todo el resto de lo que había en el cosmos.

Fue un mensaje en un momento como este, en el que la realidad ordinaria deja de ser ordinaria y se alcanza un estado de consciencia, algunas veces que parece desconocido, porque es tan subjetivo y tan en primera persona la experiencia, que el cielo parece un domo de juguete y la todo lo que me rodea un reality show. ¿Y si finalmente estaba sola en el mundo y todo lo que me cruzaba era sólo mi imaginación? No veo por las ventanas, no sé si hay gente fuera. Pero sobre mi pierna reposa el rostro de un perrito que siempre duerme en mi pierna. Podría desaparecerla? Podría dejar de verle la cara? Quiero crear una visión y no lo logro. Entonces le empiezo a pedir a mi cerebro que lo haga, que la borre, que me cambie el plano de visión o me ponga a dormir a las células de la retina que me traen la información de la retina nasal campo izquierdo temporal inferior. Y como que lo logro, porque de pronto sólo veo el cursor y la letra que está brotando de cada uno de las teclas que estoy apretando.

Y de pronto escribo con los ojos cerrados y parece una broma que se sienta tan distinto lo que se escribe. Es que la conexión entre mente y dedos prescinde de la visión y toda la energía se va a manos y mente para que mente simplemente le ordene a manos qué escribir, y pareciera que va en automático, y vuelvo a decir no quiero, no quiero, porque de pronto hay que abrir los ojos de nuevo, y no quiero, y no quiero, qué es esto, de qué se trata comprender? como hace poco dijo un amigo, yo no quiero aprender más, ¿más me queda por aprender? y yo me pregunto, ¿enserio? Cuánto tanto que hay por aprender o hacer. Siempre existe la posibilidad de tomar una cerveza otra vez y mientras disfruto su sabor pensar en que no debería tomar demasiado por semana. Lo mismo con la comida o el deporte. Siempre con un límite mental que finalmente no es más que la mirada de todo lo que hay a nuestro alrededor mientras tratamos de respondernos ¿por qué hacemos este tipo de elecciones de vida si después nos vamos a sentir mal?

Y en ese momento es donde se gana la mayor consciencia. Como hoy a mí hoy que se me dio por sentarme acá, con o sin estupefacientes, a mirar un poco el atardecer. Por eso me detengo. Porque es hora.

¿Se "gana"? ¿La "mayor"?

Hasta creyendo que no se juzga se juzga. 

# # #

Y de pronto llega el momento ese de sentir la cara desfigurada y los sentidos absortos. Por suerte o causalidad, suena un saxo que me relaja y me pregunto si algún día podré tocar asó el saxo, o podré escribir un poema que suene como el hermoso canto de ese saxo. 

# # #

Y cómo saberlo si no nos damos la oportunidad de hacerlo? Vivir ese momento de compartir con el corazón mismo que trata de dejarnos ser, pero a la vez recurren a esas normas ridículas con las que salís con miedo a la calle. Será un personaje inventado para que nos generen miedo y tener que ir a luchar contra eso, para aprender a sobrellevar el miedo...

La cuestión es... miedo a qué? A perder la vida? Si en la víspera menos esperada se aparece una amiga que nos quiere llevar...

# # #

VENERE

Y suena una melodía que escuché varias veces mientras fantaseaba con la muerte. Por qué habré fantasiado tanto con la muerte? Qué será lo que buscaba mi consciente en inspeccionar tal incógnita?

A veces no sé si es que no valoro el vivir o que simplemente la vida se volvió eso que sintió el perrito cuando encontró esa luz que brotaba desde el interior. Proyectábase desde el centro de su pecho y salía como una especie de ectoplasma que se tomaba un avión y viajaba a Madrid. 

El avión llegó al mediodía y aún quedaba un tren, pero ahí ya había compañía.

Entre el "bienvenida a casa" de una amiga que no veía hacía menos meses de los que hoy no veo. Porque el tiempo se pasa y ni siquiera nos damos cuenta a veces.

Es ritualístico conmemorar fechas y recordar. Y los rituales son humanos. Y somos humanos.

Entonces aparece la dicotomía, otra vez, de ver o decidir si es momento de aceptar ese automatismo de realidad y despegarme de los rituales. ¿Por qué?

¿En qué usaría todo el tiempo que uso para rituales, sino?

¿De qué hablaría en mis historias si no fuera de esos rituales?

Entonces descubro que son rituales que elijo. Elijo ritualizar y convertir la cotidianeidad en un momento mágico, único e infinito.

Vuelvo a sonreír como cuando escribía líneas que ya fueron escritas más arriba.

Y suena la misma melodía que sonaba cuando empecé este último apartado.

Melodía que algún día voy a hacer sonar por un parlante para más personas que para mí. Quizá recuerde este momento en el que estuve recordando sensaciones asociadas a esa melodía. Entonces subo más el volumen y trato de escuchar hasta los silencios que hay entre cada sonido.

Qué sería del sonido sin el silencio?

Cuánta necesidad tienen el uno del otro.

Por eso Simon and Garfunkel hablaban del sonido del silencio!

Porque suena como la nada.

Uroboro que se encuentra otra vez con una cola que brotó varias líneas atrás.

Líneas que pasan y avanzan para dejar un registro de los momentos esos,

no sé si de dolor o felicidad,

de placer, alegría,

o frustración y ansiedad,

desesperación,

angustia,

soledad.

Son momentos que hacen descubrir la unicidad de cada día y momento, en una estampida de emociones, pensamientos y vivencias que se desarrollan dando origen a la trama de este fenómeno llamado vida.

Entonces la canción deja de sonar justo cuando el sol desaparece detrás del complejo de edificios que se halla a unos 250 metros aproximadamente del espacio en el que tengo aparcada la camioneta en la que vivimos, no hace mucho, ni hace tan poco. 

Casa que se mueve de un lado al otro dándole una singularidad al día a día que pocas veces me había figurado que se le podía dar.

# # # 

Y la verdad es que yo me imagino haciendo sonar todas estas pequeñas partecitas que a veces hasta me hacen llorar.

Evocan un sentimiento de esperanza. No sé cómo explicarlo.

Pero quizá con el sonido es mejor. Quizá si directamente te pudiese compartir esta canciòn para que la puedas escuchar. Y mejor ya no voy a decir más nada. Sólo te voy a dejar acá, con esta canción, escuchándola hasta el final y reconociendo qué sentimiento existe en tu corazón durante los segundos que convivís con el silencio interrumpido por esa melodía, que elegiste escuchar hoy porque sí, porque me viniste a ver, porque me viniste a leer, porque te encontraste con este link https://www.youtube.com/watch?v=XINlEYXA3k0 y decidiste clickear, decidiste escuchar conmigo una melodía que me encanta y me hace expandir el corazón a la vez que siento un vacío en el pecho. No sé cómo explicarlo, realmente, pero suenan los vocales y sólo... lo dejo cantar. Como si me hablara.

Y lo escucho porque lo tengo enfrente. Y la cabeza se siente pesada, pero la apoyo y ya pasa, y no pasa nada, siempre podemos apoyar la cabeza, siempre podemos relajar el cuerpo, recostar la espalda, y olvidar por un rato el plano físico, para luego reencontrarlo y darle eso que nos pide, ese movimiento, ese fluir, ese disfrutar...


unos versos como le gustan a nachito

creeme
en una parte del tema vas a escuchar
y vas a decir
"es esta"
porque estos que quiero tocar
sí o sí
son los que tienen una parte que
me estremece
y vos también te vas a dar cuenta
creeme
en una parte del tema vas a escuchar
y vas a decir
"es esta"

a claudia

si alguien me lee
voy a escribir
porque hay alguien ahí, detrás
un igual
y cómo realizar el ser
si no es
con un quién
igual
fusionando líneas
creando infinitos
quiero, acaso, algo más
que crear infinito
sabiendo que
lo que ocurre
se termina
incluso esta vida
tan efímera
por la que vamos
como transeúntes
esas esdrújulas, amiga mía
son dos de las palabras más bellas de nuestro idioma
y qué es la belleza amiga mía
más que un momento
efímero
y transeúnte
que admiro y recuerdo
e imagino y proyecto
así, en ese afán por dominar
los tres tiempos
y las emociones
y las estaciones
algo de todo aquello
que nos proponemos a hacer
aún sabiendo que va a doler
porque, al final de cuentas
se va a esfumar
como se esfuma
el rocío en la mañana
bajo ese sol pleno
o la vida
detrás de un manto de ilusión
acerca de lo que sea que creamos
que es
esto que llamamos
realidad

entoncess
¡por qué "no"! ¿no?

(es que he visto un video
y
que alegría me da cuando me acuerdo
de que existís en este mundo
oceanía)

lanús

no te arrepientas
de ni un solo dia de tu vida
ni de los buenos
ni de los malos
ni de los difíciles
ni de los fáciles
cada día en su unicidad
mirá donde estás
lo que rodea
no te lo pierdas
andá a escuchar
el ruido del mar
o una conversación de cafetería
o el sonido de los autos en la autovía

no te pierdas
de elongar un tendón hasta que tire
de entrenar un músculo hasta que duela
no te olvides de oler las flores
la salitre
el aroma a pizza de la puerta de Guerrín
o del jazmín japonés
el smog
las glicinas
macdonalds

no te pierdas de la reserva ecológica
ni de los techos parisinos
ni de las villas de emergencia
del obelisco
del interior de una iglesia gótica por remedios de escalada
ni del palacio de aguas
ni de mi barrio
ese barrio de
casas bajitas
tan lejos cuando miro para afuera
y tan cerca
cuando miro
para adentro
veo un reloj que no está en hora
12:12
me río por eso del número de los ángeles
no está en hora
pero puedo pedir un deseo igual?
debo esperar hasta una hora especial para pedir un deseo?
eso acota las posibilidades de desear
y así se desea menos
y se manifiesta más?
no es que hay que desear más para que más se manifieste?
y qué hay del ahora que ocurre mientras deseo que ocurra algo que no está ocuriendo ahora?
pero que venga, a futuro
entonces el ahora es un camino a la meta
y una vez en la meta no hay más camino?
qué caminos se abrirán?
volverán hacia estos lados?
cuánto querría volver?
quizá lo que se viene no pide más volver
a todo eso que no era
cuando era como no soy ahora
quedó medio trabalenguas, ya lo sé
pero por qué cambió todo tanto?
la escritura nunca fue abandonada, quizá hay épocas de más cuaderno y menos web
pero lo demás... cuánto!
hasta la música que escucho
pasé de korn a música para relajar
cuencos tibetanos
cuánto hay que experimentar para poder elegir!
cuánto?
cuánto me debo estar olvidando
cuánto estoy sobreestimando

la vida
espacio de movimiento
y posibilidades
definiciones que toman sentido y sin sentido
la maravillosa herramienta de la dialéctica
con uno mismo
con su perro
o una planta
o un pájaro cantor
el centro de la tierra
la matriz del universo
una página en blanco
una página en verde