Día 29

Una estrella fugaz recorre el cielo.
Parece como si su brillo cayera sobre mi espalda.
De pronto se me ilumina el alma,
revive la esperanza y las ganas de aguantar.
Una constelación parece haber nacido,
no la reconozco, pero estoy segura de haberla visto,
no en el cielo, sino alguna vez, en algún lado.
Quizá es porque esa curva de estrellas
que se extiende de norte a sur
me recuerda un poco a tu sonrisa.
De hecho, están alineadas de la forma perfecta
en la que puedo ver tu boca, esbozando esa mueca.
Es tu sonrisa, increíble, pero imposible de confundirla.
De pronto se mueven, formando una nueva figura.
Allí, tus ojos. Maravillosamente, aparecen.
Son tus ojos, tus pestañas, tu brillo.
Hasta pareciera que se encargaron de encenderse
de forma tal que simulen ese color pardo,
el color de tus ojos, tan único, tan hermoso.
Es milagroso, es un respiro... es una ilusión.
Pero esa ilusión me llena el alma, y me río.
Parece como si las estrellas se hubiesen percatado
de que me di cuenta del mensaje que me daban.
Estoy segura de que me vieron reírme, y parecen exaltadas.
Como si dieran pequeños saltitos, se sacuden en el cielo.
Me llevo la mano al pecho, en un gesto de agradecimiento.
Y como si leyeran mi más profundo anhelo, en un segundo,
modifican nuevamente su formación.
Lo supe de inmediato, porque lo sentí en mi alma
pero no pude evitar la sorpresa ni la estupefacción.
Allí, en el cielo, se disponía mi cara.
El contorno de los ojos, la nariz pequeña,
los labios finitos, mi pelo enmarañado.
Era mi cara, sonriente, cruzando el cielo.
Las estrellas quietas, simplemente, esperando.
En ese momento entendí, comprendí qué pasaría.
Al cabo de unos minutos, comenzaron a brincar,
nuevamente, como cuando antes,
al simular la cara de mi amado,
vieron que yo las miraba.
Supe que me habías visto en lo alto.
Supe que me habías visto, surcando la noche.
Sonreí, y las estrellas desaparecieron.
Sólo quedaron un montón de constelaciones antiguas
que titilaron en forma de saludo,
y volvieron a quedarse así, inmóviles,
luego de haber comunicado el mensaje del amor.

Sigue el tiempo, sigue y pasa.
Y los días pasan,
algo emocionantes,
algo iguales a lo que fue ayer,
parecidos a lo que vendrá mañana.
Y acá me encuentro, intentando que pasen
más rápidos, más veloces.

Día 28


      El cielo se despeja de pronto. Creí que seguiría lloviendo. Como aquel día que temí que mi alma siguiese llorando. Una tenue luz atraviesa las copas de los árboles, y los rayos me alcanzan, me tocan. «Aún existe el calor.» pensé. Aún existe, pero ese calor no es el que me hace feliz. Pero me ayuda a resistir y a comprender que las tormentas no duran para siempre. Que el Sol siempre está detrás, esperando pacientemente relucir su figura, y así reinar en el cielo.
      Pero en mi cielo no reina. Es tan sólo un brillo más. Se volvió insignificante como las estrellas, la Luna, los arcoiris. De admirable y maravillosa hermosura, claro está, pero, ¿qué es eso que brilla más? ¿eso que me da el calor que realmente busco? ¿son acaso sus manos? ¿son acaso sus besos? ¿y qué del Sol, de la Luna, de los astros? ¿desapareció el protagonismo cuando su sonrisa irrumpió en mi mundo, tan monótono y tranquilo?
      Y la revolución que provocó se expandió a todos los aspectos: a la miradas, los sabores, los olores y los gestos. Los sentidos se centraron en sentirlo, las manos, en aferrarlo, el corazón, en latir a la par del suyo. No existía si no era para amarlo o sentirme amada por él, no existía si no era para sentir su tierno respirar, y ese inquieto latir, que tanto la llenaba de amor. Y lo más importante: latía en su dirección, al compás de mi corazón. No existía alternativa de mañana. Ni razón para que haya mañana si no vivía para sentirlo.
      Y entre sueños, cada día, lo encontraba; y entre llantos, cada día, más lo necesitaba, más lo extrañaba. Apareció de la nada y se hizo dueño de mi todo, de cada creencia y elección, de mi cuerpo y mi alma, de mis sentimientos más sinceros, de mi mirada enamorada. Lo amé, sentí amarlo y decidí seguir haciéndolo, jamás reprimir ese sentimiento, jamás cortarnos el vuelo: amarlo hasta el final, amarte lo que dure la eternidad, porque es este amor, que surgió de tu simple existencia, lo que me hace sobrevivir.


cuatro semanas
"¿Qué hay detrás de esa puerta que valga la pena?" grité, en un arranque de furia, bronca, enojo con mi situación, y principalmente, decepción. Decepcionada de mí misma por la situación en la que me encontraba. Duele, sufro, me lastimo. Me despejo, siento culpa por haberme despejado y lloro. Luego, lloro por sentir culpa. Pasaron muchos días y cada vez es más fuerte. No es sano extrañar con esta necesidad. Pero sentir que día a día pierdo más el control de mi cuerpo y dependo de los medicamentos me hace sentir asquerosamente enferma. Y mis problemas de salud son incomparables a los de otras personas que seguro están a pasos del inminente final, cuando a mí me quedan años y años por delante (aunque siempre sostendré que el peso de la cruz en cada espalda siempre es único, y dolerá y pesará igual aunque existan cruces gigantescas). Lo que me da temor es que mis pesadillas se vuelvan reales. Quizá me alejé tanto de la vida de afuera que perdí la noción de cómo vivir.
Por eso decidí salir por un rato. A descubrir qué cosas me esperaban por detrás de la puerta. Comencé a correr pero no aguanté. Así que caminé hasta alejarme de la ciudad. Había dejado de sentir el viento y escuchar la música que compone el mar con cada ruptura de sus olas. Hacía demasiado no miraba el cielo con el rosa tornasolado. Pararé a descansar.
.....

Descansé. Elongué, hice medialunas, el puente, estiré los brazos, la espalda y cada músculo. Respiré con fuerza el aire húmedo del atardecer y el Sol me regaló una puesta inolvidable. Sobre mí, volaban gaviotas, de una belleza indescriptible. Arranqué mi caminata de vuelta. Vi las primeras estrellas. Me crucé a unos chicos que estaban jugando al fútbol. Uno me gritó 'Te conozco, Novak! Vos laburás en el boliche!'. Yo también lo conocía, estuvo una noche entera con los tres amigos tratando de disputarse el amor de mi hermana. Lo saludo al cantito de 'cuñado' del 1 al 4. Se ve que mi conjunto de correr les hizo pensar que soy un pibe más porque me dijeron que les faltaba uno para el picadito. Me reí y saludé. "Hasta luego", y seguí caminando.
Unos metros más adelante, una pareja me pidió que les tomara unas fotos. Si ustedes hubiesen visto la pasión que escondían tras esos ojos cuarentones aún enamorados, arrojándose al mar como dos niños, besándose tiernamente, conservando la pureza del amor real, sincero y verdadero; del que dura, del que persiste, que va de la mano de la esperanza. El 'te amo' no por tu cuerpo, tu cara, tu dinero. 'Te amo' porque estoy dispuesto a pasar con vos hasta el último día de mi vida, 'te amo' porque enfrentaré los obstáculos de tu mano. 'Te amo' porque conozco tus defectos tanto como tus virtudes, y los amo por igual, como se ama al hijo tranquilo y al revoltoso. 'Te amo' sin saber desde cuándo, ni por qué empezó este amor, pero 'te amo' porque sos la persona imperfecta que hace que mi mundo sea perfecto. 'Te amo' entre risas, peleas o llantos. 'Te amo' de día, de noche, bajo el Sol, bajo la Luna, en la lluvia. 'Te amo' sin pausa ni límite, 'te amo' con sueños, proyectos, deseos. 'Te amo' sin miedo, sincero.
Esos 'te amo' que descubrí entre esos dos risueños se parecen a los 'te amo' que me surgen mientras te pienso. Los 'te amo' que te regalo cada vez que te doy un beso.
Y los respondes. Y ahí se hace realidad mi mayor sueño.



los elementos químicos y sus símbolos



NÍQUEL
COBALTO
TELURIO
AMERICIO
OXÍGENO


Día 27

Te veo entre las olas, entre la espuma del mar.
Te veo en la cresta, en el horizonte.
En el Sol, en las nubes.
Te veo en la arena.
Te escucho en el agua, te escucho en el eco,
te escucho en los gritos y también en el silencio.
Te escucho cuando respiro.
Te escucho cuando suspiro.
Te siento en mi piel como si te estuviera tocando,
y no como la primera vez, sino aún más fuerte.
Te siento en cada porción.
Te siento en mi mente.
Y huelo tu aroma, saboreando el aire:
allí estás, presente, siempre.
Porque sos el aire que respiro.
sos gloria para mis sentidos.

Y aún así, te extraño.

anhelos

Sinceramente, segundo tras segundo, en lo único que puedo pensar es en nuestros cuerpos reencontrándose. Ese nuevo encuentro, con tanta ansia, tanto deseo, tanto anhelo. Tanto amor contenido que no pudimos darnos, tantos días que no pudimos compartir. Tantas ganas, tanta fuerza, tanta pasión acumulada en el pecho, a punto de ser liberada. Después de tantas horas, tanta espera, tantos llantos (tontos llantos). Tantas charlas, tantos saludos, tantos silencios. Tanto extrañar. No aguanto extrañar más, pero día a día más extraño, más siento esta bola en la boca del estómago, agrandándose cada vez más, tan inmensa, llena de los besos que no te di, los abrazos que te debo, las horas que no compartimos. Llena de noches juntos, llena de tu piel junto a la mía, esperando volver a tocarse. Llena de las caricias. Llena de... de este sentimiento inexplicable que creció sin verte ni tocarte, sólo escuchándote, sólo sabiendo que seguís existiendo, que te sigo amando, que sigo por vos, sin freno ni duda, sin arrepentirme jamás. Sigo esperando con una sonrisa en la cara, sigo y espero, sigo y aguanto. Tanto pasó, pero queda tantísimo por pasar... Sólo anhelo ese reencuentro. Reencontrarme con tu cara. Con tu cuerpo y con tu alma. Y sonreír otra vez. Y volver a ser completa, otra vez.

celos: reacción en cadena

Es la primera vez en mi vida que siento celos reales. Reales, posta, hacia una persona. Empecé vomitando en forma de palabras lo que se me cruzaba por la cabeza con respecto a la situación. Mientras tanto temblaba. Temblaba mientras escribía por un miedo insoportable. Peor que luego de despertarme cuando sueño pesadillas, temblaba de pies a cabeza. Diferente a tiritar de frío. Diferente a temblar por amor. Temblores espasmódicos que se apoderaron de mi cuerpo entero. Mis maxilares parecían más indiferentes que nunca. Solo castañeaban mis dientes, y mordí mi lengua con fuerza para dejar de oír ese sonido insoportable que me estaba demostrando lo que estaba sucediendo. No tenía control de mis extremidades, los dedos se me iban para adentro, y mis uñas se ensartaban en las palmas de mis manos. Mis nudillos parecían más grandes que nunca, parecían haberse hinchado, como si hubiesen doblado su tamaño. Traté de terminar de escribir mi declaración con un nudo en la garganta e intentando controlar a mis dedos que ya parecían no responder a mis órdenes.
Esperando una respuesta, se me empezó a salir el corazón. Perdió el ritmo, absolutamente cualquier ritmo pausado y regular. Se desbocó: latió cada vez más fuerte, latidos espaciados y luego, latidos más juntos, uno tras otro, golpeándome el pecho como si me estuvieran martillando de adentro para fuera. Mi estómago se comprimía, se retorcía, apretaba. Mi cabeza pesaba lo que un yunque, se me caía hacia delante, no podía sostenerla. Ahora siento como si millones de avispas estuvieran ensartando sus aguijones en mi cerebro. Dolor, puntadas, intensas, punzantes. De repente, un calor baja desde mi coronilla, hacia los costados, como si fuera líquido. Como si esas picaduras hubiesen sido reales y me hubieran hecho sangrar por dentro. La sangre se deposita en mis oídos. Primero uno, después el otro: se tapa uno, se tapa el otro. No escucho, pierdo el equilibrio. Me cosquillea la nuca, despacito. Empeza a fallarme la vista, primero manchas blancas, después manchas negras, como si viese cuerpos flotantes en el aire. Termina por nublarse y oscurecerse la visión, desatándose un miedo incontrolable. El temblor ya es inhumano, vibra cada parte y se me sacuden las células. Me asusto, me pierdo, no lloro porque no puedo. Tengo el cuerpo congelado con un pecho y pulmones que me arden, pareciera que emanan fuego, encendido en mi interior, sin posibilidad de extinción.
Desde que empecé a escribir esto empecé a liberar un poco todas estas emociones. Pero sigo sintiendo la sangre en mis oídos. Todavía un temblor persiste. No hubo llanto, solo apreté los dientes. Parece como si mis brazos se me hubieran dormido, los músculos no pueden volver a responder. El dolor de cabeza cesó bastante, pero sigue invadiéndome hasta los sentidos. Mi estómago mejoró, pero sé fehacientemente que rechazará toda comida que quiera darle. Será cuestión de dejarme descansar y esperar a que toda esta sensación desaparezca. Sé que jamás lo hará por completo, porque... ¿cómo evitar tener miedo de perder a quien más amo?

Día 26

Las agujas siguen girando,
giran una y otra vez.
Cierro los ojos y siento
el viento pasando.
Pasa también el tiempo.
Pasa entre nosotros,
y de repente desapareces.
La aguja corta se pasea,
gira y gira tantas veces.
Pierdo la cuenta y me asusto.
Me escondo bajo las sábanas,
y te llamo en mi corazón.
Grito "auxilio, rescatame".
Vuela mi mensaje hasta donde vos.
Vuela y se estampa en el cielo,
formando una nube que haga llover.
Vuela hasta el tendido eléctrico,
y las chispas cortan la energía.
Vuela y te señala, y te reclama;
te reza, te pide, se arrodilla.
Las agujas siguen girando,
giran una y otra vez.
Cierras los ojos y sientes
el viento pasando.
Pasa también el tiempo.
Pasa entre nosotros.
Pasa también mi voz,
ahogada, temblando.
Y me escuchas, te estremeces,
y de repente apareces.
Apareces frente a mí,
en respuesta a mis gritos
que clamaban socorro,
buscando sonreír.
Apareces y reaparezco,
me destapo, no me escondo,
ya no tengo miedo.
Porque eres quien más amo,
y siempre aparecerás a mí lado.
No tengo nada que temer.
Días en los que amo extrañarte.
Días en los que odio extrañarte.
Días en los que no sé si estoy odiando o amando extrañarte.
Si el dolor llega hasta el alma es imposible simular una sonrisa.

Fingir que no importa, que no influye, ni afecta.
Siempre que duele profundo, corta por dentro.
Me siento corrupta, rota, vacía, ausente.
Suena un bullicio constante en mis oídos.

Suena y no me deja en paz.
No alcanzo la tranquilidad.
No hay luz, no hay realidad.
Estropeada me arrastro por las calles.
Asustada, fría, viciada.
Quiero evitar llorar pero cuando me doy cuenta las lágrimas ya están brotando incesantes.
No voy a ser condescendiente, no puedo lograrlo, no así, no de esta forma.
Simplemente me callaré hasta que todo brille un poco más.

"¿cómo estás?" ¿cómo estoy? triste, compungida, con una angustia en el pecho. harta de extrañar, seca de llorar. estoy buscándote entre la gente y no te encuentro. busco tus ojos entre la gente y no los encuentro. no hay ojos como los tuyos. no hallo tu pelo ni tu boca ni tu nariz ni tus gestos. miro la luna y me recuerda a tu sonrisa pero no es tu sonrisa, no logra alcanzarte, no sé cómo me atrevo a compararte. miro el cielo y es tan eterno, pero seguro tiene un fin, y no puedo compararlo con este amor porque esto es infinito, y algo que tiene fin no es compatible, no está a la misma medida. y te sigo buscando pero sé que no estás acá, sé que no te voy a encontrar, y me desespero por encontrarte pero no vas a estar, es en vano, es innecesario intentarlo. por eso me duermo, duermo mucho, te busco en mis sueños y logro volver a sentirte, a olerte, besarte, abrazarte. pero me despierto y las sensaciones desaparecen por completo. no estás, no estoy, ni acá, ni allá.

odio no poder contestar un simple "¿cómo estás?". porque pienso en eso y tengo ganas de llorar.

Revolver sensaciones
y sentir intacto el dolor
como si lo que pasó ayer
hubiese vuelto a pasar hoy.
De nuevo el temor.
De vuelta, asustarme.
Sentir que hay algo
que se escapa de mi mirada.
Que quizás mi confianza
está equivocada.
Me asusto, temo.
Es miedo a perderte.
Miedo a que realmente,
todo sea sólo una ilusión.
Porque si veo que juegas
a amar a alguien más,
¿cómo descubrir,
cómo saber,
que tu juramento de amor
no es parte del juego también?
Y nunca mencionaste las reglas...
así que hoy, he perdido la partida.

Día 25

Me siento encerrada,
ante estas cuatro paredes.
Hay puerta, sí,
y me lleva hacia afuera.
Existe un afuera,
existe otra gente,
existen más seres.
Hay una playa inmensa a pocos metros,
con un mar que simula ser eterno.
Hay un Sol resplandeciente y un cielo que se extiende
por cualquier lugar que pueda divisar.
En todos lados hay algo:
o gente, o seres,
o playa, o mar,
o Sol, o cielo.
Todo está lleno.
Afuera está lleno y yo acá,
en mi encierro.
Y hago el intento de ir hacia afuera
y ese lleno se me hace tan vacío
que me oprime peor el alma
y me veo obligada a volver:
retorno a mi encierro,
a echarme en la cama,
esperando el tiempo.
Y afuera allí siguen:
la gente, los seres,
la playa, el mar,
el Sol, el cielo.
Todos los encuentran fascinantes
y en mi mundo son cosas ordinarias.
Todo es ordinario, común, opaco.
Porque nada tiene tu brillo.
Nada refleja tu sonrisa
ni se obnubila con el destellar de tus ojos.
Porque no estás acá.
Por eso nada es importante.
Ni especial. Ni brillante.
Y no hay persona en el mundo,
ni ser en el universo
que pueda cuestionarlo,
contradecirme, objetarme:
te amo, soy tuya;
me amas, sos mío.
Así es, es una ley,
una ley que creamos.
La creamos un día
cuando nos miramos a los ojos
y el amor brotó de nuestros pechos.
Un día único para ambos,
que cambiaría la vida,
el transcurso de las horas,
el paso del tiempo,
la visión del mañana.
El mañana, que ¡cuánto asustaba!
ahora sólo asusta
por el miedo de no ver
nuestros cuerpos juntos
luego de cada amanecer.
Nos encontramos a cada paso
entregándonos una y otra vez
sin dudarlo ni un instante.
Porque te amo, porque me amas.
Porque somos nuestros.

Día 24

Y no me olvides nunca,
no me olvides porque no podré olvidarte,
porque miro el Sol y pienso en vos,
porque el cielo me recuerda a tu luz.
No me olvides porque si me olvidas
dejo de existir, dejo de ser,
soy para vos, existo para vos,
amarte es la razón, es el motor.
Quiero existir para amarte,
quiero amarte, y ser feliz.
Y si me olvidás, no puedo existir,
no quiero existir si no puedo amarte,
si no puedo ser feliz amándote.
Por eso amame, amame con locura,
y ni pienses en el olvido
porque jamás será la cura,
porque me entrego hoy,
y seguiré entregándome
mañana, la próxima semana,
y así cada día,
por el resto de mi vida.
Por eso amame, amame con locura
que si de algo estoy segura
es que jamás podré dejar
de amarte como te amo,
porque este sentimiento
es la clave, es el destino,
es el único camino,
es la vía por la que quiero marchar.

Me acuesto y pienso
«otro día que pasa
y yo sigo estando acá».
Se soporta el frío,
y la luna aún brilla
pero me niego a mirar.
Sintiéndome nada,
estoy tan cansada.
Voy día tras día,
y repaso recuerdos
que son de los dos.
Te miro y me miras.
Tan fijo me miras.
Y yo me enloquezco,
te tomo las manos,
me escapo con vos.
Pero estoy atrapada
en mi mente helada,
porque no te tengo,
me faltan tus besos,
sentir tu calor.
No puedo acercarme,
estoy tan lejana.
El tiempo no pasa,
las horas más largas
empiezan a ser.
Y sigo pensándote,
sigue el anochecer.
Me duermo y te sueño,
me pides un beso,
y vuelvo a nacer.

Día 23

No quiero perder ni un segundo más,
pero sigue la espera,
no se corta, no cesa.
Cada vez falta menos, pero el paso del tiempo
multiplica el peso de los días sobre nosotros.
Se hace insoportable el deseo irrefrenable,
no puedo contenerlo, quiere escaparse,
necesita volar hasta donde estás vos.
Y no puedo alcanzarte, no todavía,
es sólo cuestión de días
pero quiero alcanzarte
y no puedo evitarlo,
no puedo no desearlo.
Es tan mágico tu aroma,
y tan lejos de mí está,
que ya no huelo olores,
sólo hallo sinsabores.
Falta tu cuerpo y por eso no siento,
faltan tus latidos, y por eso no vivo.
Sólo camino, sólo marcho,
por inercia de que existo,
por saber que al seguir
también sigue pasando el tiempo,
y cada vez falta menos
para que termine la espera,
que se corte, que cese.
Y que no perdamos ni un segundo más.
La noche fue igual hoy,
otra vez lo mismo, la misma rutina,
la situación no cambia.
Es un alma fría, no se despierta,
trata de reanimarse
y se pellizca, se dice a sí misma
"despiértate, es un mal sueño."
Pero la pesadilla dura 48 horas,
y cada dos días vuelve a repetirse.
Nunca se va, nunca se termina,
se prolonga con el paso del tiempo.
Día a día es más intensa,
cada vez se asusta más.
Se estremece del miedo...
cuando antes, otras cosas,
le provocaban esa revolución.
Se estremecía cuando olía su olor
o cuando sentía su piel rozarle el cuerpo.
Se le desbocaba el corazón,
latía rápido, tan lleno de pasión,
y ahora late rápido, pero por el temor,
porque se espanta y quiere escapar.
Pero no hay escape, no todavía,
no hay forma de ponerle freno.
Sólo puede soportar, aguantar,
ser paciente, que el tiempo
le volverá a entregar su felicidad.
Sólo necesita mirarlo a los ojos
y asegurarle que todo estará bien.

Día 22

Dame las claves
necesito poder descifrarte.
Explicame cómo hacerlo,
decime qué herramientas,
qué poderes, qué comandos,
debo utilizar
para poder manejar esto.
¿Cómo seguir, cómo salir?
¿Qué es lo que te tengo que decir?
¿Cuáles son las palabras
que corresponden decir?
¿Cómo llevar adelante
las posibilidades de hacerte feliz?
¿Cómo lograrlo a lo lejos?
¿Cómo hacerme sonreír?
No puedo, no quiero,
no tolero otra sonrisa
que esa que vos provocás.
No puedo, no quiero,
no tolero otro suspiro,
que ese que vos me creás.
No puedo, no quiero,
no tolero otro sueño
que esos que tengo
con vos, cada noche
que dormimos juntos.
Ese sueño, tan hermoso,
ese sueño donde te encuentro,
para luego despertar
y hallarte a mi lado.
Quiero encontrarte otra vez,
descubrir que estás
descansando junto a mí,
en esta misma cama,
en esta misma casa,
en este mismo sitio.
No pertenezco acá,
no pertenecés allá,
pertenecés donde estoy,
pertenezco donde estás.
A tu lado es donde voy.
En el mundo, mi lugar.

y en el día 21...

...todo corre con normalidad, como hace 21 días. Hoy llueve, suena la música, me lleno de paz, pero sigo vacía. Todo sigue igual que siempre porque casi nada cambia: sólo el clima, las nubes, el cielo, el Sol y la Luna. Cambia la temperatura, la furia del mar, la fuerza del viento. Son los factores que me hacen dar la pauta de que el tiempo sigue pasando, de que no me estanqué en una burbuja atemporal en la que no puedo avanzar, en la que no puedo seguir. No, la mayoría de las cosas no cambiarán, pero el mundo aún gira, el tiempo aún pasa, y aún te amo. Inclusive, te amo más que ayer. Más que la última vez que te vi. Estoy vacía porque no puedo tocar tus manos, pero las siento en sueños y me levanto con una sonrisa. Se me borra un poco al no verte a mi lado, pero en un segundo, un recuerdo soslaya mi mente: allí al lado mío, vos, durmiendo. Y sobre ese recuerdo me apoyo tiernamente para sentir que te siento, que te abrazo y que te beso. Ese recuerdo repito, una y otra vez, detallando en mi mente la luz de tu mirada, tu cara, tan relajada, sobre mi almohada, en mi cama. Allí desnudo, a mi lado, desnudo tu cuerpo, desnuda tu alma: frente a mí, tan natural, tan real. Y te sueño, pero sos real, porque sos, existís, y me correspondés. Porque te doy amor y me lo devolvés con creces, con sólo una caricia, con sólo una mirada, con un tierno beso en la frente, o un abrazo interminable. Porque te regalo mi alma y la tomás con tanto cuidado, viéndola tan frágil, y la cuidás, y la mimás, y le cantás una canción para que encuentre la calma al dormir en tus brazos. Allí me quedo, allí me quedé, allí estoy y seguiré estando: en tus brazos, envuelta por vos.

Día 21

Te quiero mirar,
aunque sea a través del lente de una cámara.
Te quiero besar,
aunque no sea en los labios,
quiero besarte en las manos y en los pies.
Quiero llorar porque te extraño
y quiero llorar hasta el día que te vea,
para que seques todas mis lágrimas
y me hagas sentir que realmente, regresé.
Que me hagas olvidar todo ese llanto,
que hagas que te deje de extrañar,
que me hagas reír matándome a cosquillas,
que me duela la panza de tanto retorcerme,
y que me beses para calmarme,
y que me sigas besando sin parar,
y luego me beses hasta enloquecerme,
y me sigas besando hasta que ya no me ría,
sino que sólo sonría, sino sólo que tiemble,
que te sienta, que te respire, que sólo te ame.
Quiero estremecerme y contraer todo mi cuerpo,
para luego relajarlo y sentir esa plenitud,
ese placer que me das cada vez que me haces tuya.
Quiero abrazarte contra mi pecho, susurrándote al oído,
diciéndote una y otra vez esas dos palabras
que surgen de mi alma a cada momento,
porque es el principal sentimiento
que recorre toda mi alma día a día.

tres semanas
Jamás extrañé así a nadie.
Ni sentí algo así por nadie.
Ni le hablé tanto al mundo
de lo que siento por alguien.
Ni siquiera recuerdo alguna vez
haber sentido algo;
sólo está esto, es lo que me domina,
siento que existe desde siempre,
siento que jamás existieron otros sentimientos.
Sólo este amor, sólo vos y yo.
Y es único y será el único
porque no hay otro futuro,
si no es con vos, con tu sol.
Porque esto es lo que me llena,
me nutre, me hace sentir plena.
Porque giro a tu alrededor
mientras girás alrededor de mí.
Y giramos y bailamos
en este mundo tan falto de amor,
pero nosotros tan amados,
porque me amás, porque te amo.

Día 20

Y seguir sintiéndote, como si te tuviera cerca,
anhelando cada vez más volverte a respirar,
anhelando tu cuerpo rozándome todo el tiempo,
estremeciéndome en cada segundo,
clavándote en lo más profundo.
Porque anhelo reencontrarte, verte de nuevo,
mirarte a los ojos, poder darte un beso,
sonreír en tus brazos, destapada el alma,
desnudo mi ser y entregado el corazón,
por completo para vos, para siempre para vos.
Y seguir sintiéndonos, como todas esas veces,
que mezclamos la locura con el amor y la pasión,
que surgían de lo más hondo, buscando florecer,
tu semilla en mi pecho, mis manos en tus sueños,
sueños de amor, sueños de eternidad,
un 'para siempre' haciéndose realidad.


Te extraño y te anhelo, sin descanso ni pausa,
te deseo y en mi mente vuelo, imaginándonos.

soñé despierta 2

Soñé despierta con un boliche. El boliche donde trabajo.
Y yo estaba trabajando. Todo era diferente a como lo es.
(Vieron que en los sueños siempre cambian mucho las cosas).
Y no había nadie más en el lugar que mis cuatro compañeros.
En el sueño yo lo sabía. Sabía que no había nadie más.
Y yo estaba contando los tickets canjeados durante la noche.
Y yo estaba contando sin esperar nada, así, tan indiferente.
Pero y de repente, de la nada, me abrazan por la espalda.
Y me asusto al no saber quién era, porque no había nadie más.
Yo sabía quiénes estaban allí, y nadie podía abrazarme así.
Y siento el roce de un brazo, y siento el roce de otro brazo.
Mis brazos y esos otros brazos, en contacto, rozándose.
Y esa piel, esa suavidad, esa cosa tan peculiar, tan especial...
Y apoyó su pera sobre mi cabeza, me dio noción de su altura.
Era tan exacta, tan única, tan familiar el lugar que alcanzaba...
Y sujetó mis manos con las suyas, entrelazándonos los dedos.
Y esas manos, sus manos, tan reales, tan increíblemente cálidas
siempre dando el calor exacto en cada lugar que alcanzan tocar,
y son tan lindas, tan suaves y dulces, a veces hasta algo tímidas,
y tienen esas uñas, todas comiditas, cortísimas, tan tuyas,
tan tuyas y de nadie más porque nadie tiene esas manos.
Y respiré y el hedor del boliche se disolvió, el olor desapareció,
se fue el humo, se fue la música, se fueron las voces y las luces.
Apareció tu perfume, esa mezcla de aromas, ese menjunje,
que jamás podría oler en otra persona porque es tuyo solamente
porque sólo vos olés así, porque sólo tu piel libera ese elixir
que me hace creer en que la eternidad del amor puede existir.
Y te soñé otra vez, te soñé despierta, y estabas ahí, tocándome,
abrazándome, sintiéndonos otra vez, besándome tiernamente.

Necesito.

Tengo una necesidad descontrolada de sentirte abrazándome con esa fuerza tan peculiar con la que me abrazás siempre, que aunque es intensa, es tan suave como el algodón. En vez de pesarme, me deja respirar más hondo. En vez de comprimirme, suprime todo lo malo que se deposita sobre mí. Necesito escucharte decirme esos "te amo" que me repetís siempre, una y otra vez, en el oído, cada vez que estás sobre mí. Necesito mirarte a los ojos y ver ese amor que sentís, verlo allí, viviendo, día a día, haciéndose más fuerte, dándome más razones para seguir. Necesito que me cuides, que me celes, que me cargues, que te enojes si no respondo, que te alegres cuando te llamo, que me hagas reír cuando lloro. Necesito respirarte, volver a llenarme. Necesito que me extrañes mucho, demasiado, a tal punto de no querer dejar de besarme apenas vuelvas a verme. Necesito a una de tus manos tomando una de las mías, con mis dedos entre los tuyos, y tu otra mano sujetando mi cintura, y mi otra mano perdida entre tu pelo, tan enmarañado, despeinado, e increíblemente hermoso. Necesito que poses tu boca en mi mejilla, luego en mi nariz, luego en mi frente, en mis ojos, mi cabeza, mi boca, mi cuello, mi pecho, mi espalda, mis piernas, mis pies, en mí, entera. Que tus manos recorran mi cuerpo sin descanso, imparables, jugando a provocar unas cosquillas que sólo vos podés generar, que sólo vos pudiste descubrir, sabiendo perfectamente dónde encontrarlas. Necesito abrazarte por la espalda y dormirme respirándote en la nuca, escuchando tus ronquidos, tu respiración tan honda, que se convierte en una canción de cuna para mí, llevándome al mejor de los descansos. Y así, dormir a tu lado, soñar con vos, despertarme con un beso tuyo, para luego volver a abrazarte, volver a besarte una y otra vez, volver a descubrirte, a tocarte, a rozarte, a mimar cada parte, a hacer el amor como la primera vez, tan único, tan especial, tan nuestro, tan vivos los dos, tan entregados. Necesito eso, eso es: la entrega, poner el alma en juego, el corazón en tus manos, tu corazón en las mías, despegándonos de todo al saber que de dos nos convertimos en uno, de la nada pasamos a ser todo, con un poco de miedo, quizá; algún temor inundando el alma, propio del querer, pero sin dudar ni un segundo del amor que existe, entre nosotros, entre nuestros seres, que se encuentran de la mano, girando en un infinito.

Día 19

Miro el Sol, y te busco.
Pero es en vano, su brillo no te alcanza.
Su brillo no se compara
con el Sol de tu alma.
Miro la lluvia, y te busco.
Pero es en vano, no logra estremecerme,
no puede provocar
ni siquiera con sus truenos
temblores comparables
con los que vos me generás.
Miro la Luna, y te busco.
Pero es en vano, no puede competirle
a la luz de tu sonrisa,
que todo el tiempo derramás.
Ni siquiera las estrellas
pueden superarte.
No hay astro tan hermoso
que esté a la misma altura que tus ojos.
Miro el mar, y sólo hallo
una eternidad insuficiente,
porque es más eterno el amor
que me brota del alma al verte.
Son eternos estos sentimientos,
que me envuelven en ráfagas de viento.
Son eternos porque mi alma sabe
que eternamente te pertenecerá.
Y el celeste del cielo infinito
no puede ganarle a todos los destellos
que salen disparados de los cuerpos
cuando nos encontramos en un beso.
No hay forma de quitarle la magia
que crece en mi corazón sin pausa,
porque tus ojos, tu sonrisa y tu alma
me gobiernan de día, de noche,
por las tardes, de madrugada.
No habrá Sol ni Luna,
ni lluvia ni truenos,
ni estrella ni mar,
que pueda generarme, que pueda provocar,
lo que me inventa tu mirada en mi esencia.

Día 18

Respira hondo tratando de encontrar
un resto de tu aroma en el aire,
perdido quizá en alguna ráfaga.
Pero no hubo viento que le traiga tu olor hasta acá.
Sigue inerte, todo quieto, todo en stand by.
No avanza, no camina, no funciona.
Se apaga, se queda sin pilas, se agota la batería.
¿Y dónde está el cargador?
¿Los repuestos?
¿Cómo recomponer la realidad?

Y susurra un "te extraño" con la ilusión de que la Luna
lo escuche, lo recuerde y lo repita,
para que oigas su voz en la noche estrellada;
que te brille en tu cielo así como le brilla acá,
para mirar la misma luz, aunque no sea el mismo lugar,
y sentir en el alma esa fuerza singular,
bajo el mismo cielo, bajo el mismo satélite,
soñándote a su lado, mirándote en el reflejo,
pensando en tu sonrisa al ver la espuma blanca del mar
tan opaca y ordinaria, pero tu risa tan especial.
No hay duda, no hay titubeos.
El alma siente, el corazón es certero.
Sonríe y te piensa, cuando se despierta, cuando se acuesta,
durante el día y la noche.
Y te sueña, y te imagina, y te extraña.
Y te ama con locura, con pasión,
con esas ganas tan particulares,
que brotan del pecho como si fueran espirales
para envolver su cuerpo con las letras de tu nombre.

Día 17

Cumplimos 4 meses, y hay tanta distancia en el medio.
Pero yo te siento cerca, te siento conmigo, plasmado en mi alma.
No hay forma de negarlo: estás acá.
De seguro, yo también estoy allá.
Estamos juntos entre toda esta distancia
porque este amor es real,
real como vos, real como yo,
dos personas reales, que existen, que sienten, que son.
Soy para vos como sos para mí,
Soy y te pertenezco
porque no me interesa que la vida sea de otra forma.
Quiero pertenecerte porque te amo,
quiero ser tuya para siempre, porque me amás,
y quiero amarte eternamente porque te adueñaste
de mi cuerpo, de mi alma, de mi ser.
Sos luz, sos brillo,
sos el detalle que me falta,
la pieza que me completa,
todo lo que me complementa.
Porque así me llenás, me plenificás,
me hacés renacer día a día
al volver a enamorarme nuevamente de vos
cada vez que te vuelvo a ver,
cada vez que te vuelvo a respirar,
cada vez que te vuelvo a sentir.
No veo, no respiro, no siento,
hasta que no estás conmigo.
Por eso me siento algo muerta,
como en una especie de limbo:
esperando, aguantando,
pero incrementando este amor
siempre más, más, y más,
alcanzando niveles que jamás hubiera imaginado
porque esto va más allá de todo,
superó mis expectativas
para darme el triunfo completo
la victoria más grande de mi vida:
un cielo en el que brilla el sol, cada mañana
pero obnubilado, opacado,
porque está junto a tu rostro, que me ilumina.
Estás ahí, ahí estás vos.
Y con vos está mi vida.
Me estoy quedando sin aire.
Necesito verte.
Respirar de vuelta.
Volverme.
Y seguir aguantando la respiración.

4 diecinueves.

Los mejores 4 meses de mi vida entera.
Extrañarte, tanto, cuánto...

Día 16

Es que yo estaba enamorada del Sol,
porque me daba todo el calor,
toda la energía, todo el amor.
Pero un día hubo una luz,
un brillo que destelló,
en tu cara, en tu sonrisa,
que en mi alma se imprimió.
Y te miré, y brillaste de nuevo,
brillaste más fuerte
que el Sol,
que cualquier Sol,
que cualquier otra estrella.
Brillaste en mi cuerpo,
en cada porción,
en cada sitio,
brillaste y tu calidez
se impregnó en mi piel;
me besaste y tu amor
se posó sobre mis labios;
me amaste y la energía
se desprendió de mi interior
para dispararse sobre vos
y envolverte en mi corazón.
Y me pinté multicolor,
y el aire se musicalizó,
porque encontré el sol real,
el que necesitaba para renacer:
no el astro del cielo
sino ese que brillaba en tu ser.

No quiero enfriarme,
ni cortarme, ni morir.
No quiero romperme,
sangrar, llorar,
despedazarme,
torcerme, gritar.
No quiero que la vida
se convierta solo en piezas.
En trozos, separados,
distantes, alejados,
sin vida, sin energía,
destrozados en su interior.
No quiero tener miedo
a fracasar de nuevo.
No quiero sufrimiento
ni dolor, ni desprecio.
No quiero reprimir
el amor que pide a gritos
clemencia, piedad,
una pausa, un respiro.
Quiero poder dar el paso
para volver a juntar las partes;
volver al todo, al lleno,
al nuestro, no tuyo, no mío.
Ambos, queriendo,
sintiendo y haciendo.
Amando, como siempre.

Día 15

Y grito, y grito:
"no me pertenezco"
y me asusto y lloro
y vuelo
y me alejo
y corro
¿Por qué?
Estoy huyendo.
¿De qué?
Me quiero ir.
¿Y a dónde voy?
¿Cómo hago para huir
de mi propia piel?
Es que
me quiero ir con vos.
Soy un alma errante
que queda atrapada
en la oscuridad eterna
porque no ve tus ojos.
Hay frío porque no estás,
hay sueños muriendo.
No somos y el alma grita,
porque ya conoció la dicha
ya vivió el amor, la alegría.
Imposible quitársela
sin matarla con crueldad.
Y grita:
"no me pertenezco"
y se asusta y llora
y vuela
y se aleja
y corre
¿De quién se escapa?
Si nadie la persigue.
Quiere huir
para poder encontrarte
y así, encontrarse.
Sólo existe una forma
de volver a hallarse
de no morir
en lo oscuro
contra este muro.
Sólo existe una forma:
necesita que la mires.
Mirala, mirame,
miranos.
No más daños,
sólo el amor más puro,
real y transparente,
como el que el primer día
se cruzó por nuestra mente
colonizando el corazón.

Necesidad especial.

Y ahora, ¿cómo lograré conciliar el sueño?
Si mi cama está llena de tu ausencia,
y las sábanas no me cubren con la perfección de tus brazos.
¿Cómo hacer para querer al Sol?
Si el sol que me tocaba era el tuyo, y ya no me toca.
Entonces, ¿cómo sentir, cómo hacer, cómo vivir?
Si el roce de tus labios se quedó en un tiempo atrás.
Lo deseo con más ansias que las que puede tener
un viajero perdido en el medio del desierto
por encontrar una gota de agua en algún lugar.
Porque vos sos mi alimento, mi agua, mi vida,
lo único que me lleva hacia la satisfacción.
Sin tus besos, sin tus roces,
sin tu amor ensartándose
en lo más hondo de mi cuerpo,
muero de hambre, muero de sed,
muero de a poco, a tu merced.
Brinda en mi nombre, deséame paz,
envíame paciencia, y mira la Luna
que yo la miraré también, desde aquí,
cruzando el cielo, cruzando la ruta.
La miraré y pensaré en vos,
y en el reflejo del mar brillarán tus ojos.
Brillará tu sonrisa y una lágrima mía
que se fundirá entre la sal del agua.
Ahí se irá, en su inmensidad,
no tan inmensa como la vida que me das
cada vez que tu mirada se me cruza de la nada.

Día 14

Y de repente, me desespero,
porque estoy lejos, porque no puedo
no puedo cuidarte como debería,
no puedo abrazarte y decirte
que ya estarás mejor,
que todo va a estar bien.
No puedo darte un beso en la frente,
uno de esos que te doy siempre,
para que sepas que te cuido,
porque quiero que sanes,
quiero que seas fuerte.
Así que desde lejos intento
abrazarte con fuerza
pegar tu pecho con el mío,
sintiéndonos las almas.
Intento hacerte mimos,
acariciarte donde más te guste,
para darte el placer más lindo
y borrar cualquier dolor,
cualquier molestia que te aqueje
cualquier sufrimiento,
cualquier cosa que te lastime.
Quiero besarte y que nada duela.
Que sea parte del pasado.
Quiero, pero no puedo.
Estoy lejos.
Y me lastima.
Y nos lastimo.
Y el dolor no cesa.
dos semanas

mensaje

"Te extraño. Como nunca en mi puta vida extrañé a alguien. Y te extraño y te amo y cada momento es más y más fuerte, y te extraño como nunca y te amo más que a nada, pero no más que a todo porque vos sos todo y te amo todo, te amo desde tu pelo hasta tus pies, amo tu cuerpo y tus risas y hasta una lágrima que vi una vez, amo tu aroma más que a los jazmines, amo tu brillo más que al sol, amo tu alma más que a las estrellas porque tu ser es la estrella que más brilla en mi cielo, porque es un cielo que está inundado de vos, con constelaciones que sólo forman tus gestos, tus sonrisas, tus miradas, tus movimientos. Nos dibujan en recuerdos, de caricias, de besos, nos dibujan como un cuento, nos describen, nos dan forma. Es el cielo más hermoso, el cielo más eterno: así quiero que sea, para siempre. Que estés ahí, sólo vos, no importa el resto de la gente. Quiero tu alma a mi lado, despertarme cada mañana y mirarte descansando en mi costado. Quiero sentirte hasta que se me seque la sangre, quiero besarte hasta gastarme los labios, quiero amarte hasta darte la vida entera. Te amo, mi sol."

Día 13

No dejo de soñar
con que aparezcas
de la nada, a mi lado.
No dejo de soñarlo
porque no puedo
tirar esas ilusiones
simplemente, a la basura.
Porque me mantienen
sonriendo, latiendo.
Me mantienen aunque sean vanas,
aunque sean algo confusas,
porque no están apoyadas,
ni siquiera vos me las brindaste;
las creé yo, en mi propia mente,
porque necesitaba inventar algo
que me mantenga, día a día,
con un brillo en los ojos.
Porque sino esos ojos,
mis ojos,
se secan, se mueren,
y al morir mis ojos
no puedo volver a verte.
Necesito mirarte
más allá de mis sueños
más allá de las ilusiones,
de lo que la imaginación es,
te necesito real, acá,
necesito mirarte,
respirarte, tocarte,
rozarte, sentirte,
besarte y desnudarte,
volver a mirarte, tan mío,
como siempre,
para siempre.

famélica

Estoy famélica,
pero no por falta de comida;
estoy famélica por la ausencia
de tus besos, de tus gestos,
de tus caricias en cada parte,
de tus roces, de tus silencios.
Muero de hambre,
no porque no me alimento,
sino porque ya no respiro
ni percibo tu aliento,
no saboreo tu perfume
cada mañana al despertarme.
Estoy famélica,
y estoy desapareciendo;
nada me llena, nada me gusta,
nada me hace sentir satisfecha;
eso sólo lo lograba tu mirada,
eso sólo lo hacían tus palabras.
Muero de hambre
y me como a mí misma
porque en mi propia piel
es donde están tus huellas
aunque el resto no las pueda ver
las siento a cada segundo, aquí.
Estoy famélica,
muero de hambre,
necesito de tu voz
para volver a levantarme.
Sentirme viva, otra vez,
sentirme real, y renacer.

Día 12

¿Cómo se explica lo espontáneo?
Lo que surge de la nada misma.
Lo que aparece repentinamente...
En cuestión de un segundo,
cuestión de una mirada,
derribando construcciones
que demoraron largo tiempo
en formarse,
en llevarse a cabo...
Pero ¿de qué vale la dedicación,
si las bases jamás fueron sólidas?
¿Cómo comparar ese extraño sentimiento,
ya algo viejo, descuidado,
con este tan grande
que hoy en día
me atraviesa el alma?
No hay forma de explicar
cómo es que surgen,
sólo de dónde nacen:
vienen de lo más profundo,
del centro de la esencia,
donde brota mi existencia.
Este amor tan fuerte y puro
que mueve montañas y destruye muros,
que apareció en mi corazón
creándose de pronto
y prolongándose en el infinito,
siendo parte del cosmos de mi eternidad.
Porque quiero sentirlo siempre,
y que así también me correspondas.
Mágicos, entregados,
un poco temblorosos por la novedad,
un poco temorosos de no saber qué va a pasar,
pero caminando de la mano,
con el gesto de la verdad
en el semblante de nuestras caras.
Rostros sonrientes,
ojos brillando.
Así, el brillo será eterno.

Día a día
cada vez detesto más
las palabras,
porque no puedo darte
de forma real
la magia del amor
que por dentro me creás.
No es amena la espera,
no es nada fácil,
no se hace llevadera.
Asusta y detiene
poco a poco los latidos
porque van perdiendo
la fuerza, el ritmo.
Desacompasados,
desentendidos...
Y de repente
desenfrenados
de repente
todo cambia
cada vez que solo
una palabra tuya
es escuchada
por mis oídos.
Porque así de fácil
me acelerás.
Porque así de fácil
me revivís.
El poder es increíble,
podés sobre mí.
Se explica tan simple
tan sencillo:
sos mi sueño.

Día 11

Arránquenme de acá,
me quiero ir, no quiero estar.
Esto no es la libertad.
Esto no es lo que deseo.
Sólo quiero tu mirada,
tu sonrisa atolondrada,
tus manos, que tan cálidas,
me recorren por el cuerpo,
alcanzándome la esencia,
desparramando la existencia
de la cabeza hasta los pies.
Me hacen sentir vida
a lo largo de mi cuerpo.
Me hacen sentirme viva
sin temores ni lamentos.
Te amo y te necesito,
y te extraño y te necesito.
Y estoy presa en la libertad,
libertad que no quiero,
porque aquí mi alma
no canta,
ni baila,
ni se estremece.
No puede nada sin vos.

Te miro, te estoy mirando;
no me preguntes cómo.
Estoy harta de escribir poemas.
Quiero volver a escribirte en mí,
que escribas caricias, mimos,
este amor que tenemos.
Quiero dibujarte la espalda con mis uñas,
hacer un camino de besos,
desde tu boca hasta tus pies,
recorriendo el cuerpo entero.
Quiero decirte que te amo sin palabras.
Quiero mirarte y que lo sepas.
Quiero que me respondas
que vos también me amás,
sin hablar, solo sonriendo.
Te amo.
No necesito vivir mi vida entera
para darme cuenta recién en el final
de que fuiste el amor de mi vida.
Lo sé desde ahora.
Porque te amo.
No hay otra explicación.

Día 10

No quiero sentir miedo,
no debo sentirlo.
Yo creo en esto.
Yo apuesto la vida.
Entonces, ¿de qué dudar?
¿Por qué guiarme
como una estúpida
por mi tonto inconsciente
que me traiciona con los sueños
que de repente hace aparecer
en mi inquieto descansar?
Si amar es tan puro,
si amar es tan sincero,
si no hay forma de engañar
al alma propia
mintiéndome a mí misma.
Amo con el alma,
con sensación de eternidad.
Nadie puede negarlo
ni decir lo contrario.
Yo soy quien lo sabe,
soy quien está al tanto
de cada ráfaga de amor
que me recorre el cuerpo
cuando pienso en vos.

Día 9

Y en estos seis meses
jamás pasó tanto tiempo
como el que esta vez transcurre
agravándose entre nosotros
porque hace mucho no te toco
hace mucho no te siento
acá, a mi lado,
oliéndote la piel,
tan cálida y hermosa
increíblemente fiel
a provocar revolución
en cada parte de mi cuerpo.
Pero te pienso en mi cabeza
y allí te huelo, allí te siento,
así te sueño todos los días.
No es suficiente...
pero cada vez falta menos
para que vuelva a ser real.

Quiero hacerme eterna para que me sientas siempre,
fundirme en el sol para iluminarte cada mañana,
darte la calidez necesaria para que no pases frío,
protección infinita, ahuyentando el temor.
Quiero cada día regalarte una verdad,
para que cada duda muera en cuestión de segundos.
Que suspires aire puro, que no sangres por dentro.
No sangremos. No nos lastimemos.
Quiero cuidarte el alma, mimarla todo el tiempo,
saber cada segundo qué necesita, a cada momento,
para soplar fuerte sobre ella
una ráfaga de amor
y jamás abandonarla.
Llenarla de dicha. Amarla.
Por sobre todas las cosas,
por sobre todas las personas.
¿Cómo no amarla?
¿Cómo no cuidarla?
Si es mi motor, mi motivo, mi sentido.
Quiero amarla siempre.
Absolutamente, eternamente.
Sólo a tu alma.
Porque mi alma es tuya.
Sólo es tuya.

6

Medio año.
Seis meses.
Son, ¿cuánto... 184 días, aproximadamente?
Quizás me importa más que hayan sido más de cien poemas.
Que hayan sido un millón de besos, abrazos y caricias.
Incontables veces haciendo el amor.
Quizás me importa más que hayan sido algunos llantos.
Que haya habido alguna discusión,
que quizás resultó en la mejor reconciliación.
Quizás horas sin hablar, y luego horas de pasión.
Quizás días sin dormir para dormir después con vos.
¿Qué es el tiempo que pasó si sólo veo tiempo?
¿Si veo el aire, pero no veo el viento?
¿Y qué si no te veo, si igual te siento?
Estás en cada parte, en cada brillo, cada verso.
Estás en mi cielo, en mi luz, mis movimientos.
Estás en cada sonrisa que invento,
en cada sueño que surge, lejos de tu lado,
cada noche, tirada de costado,
abrazándome las rodillas, repitiendo un "te extraño".
Estás en mi cuerpo, siendo mi vida entera.
Así lo dice mi ley, no existe otra manera.
Porque te amo sin pausa, te amo aunque me duela,
te amo para siempre y me gusta esa condena
porque lo eterno es real cuando estás en mi mundo,
porque te tengo acá metido, en mis adentros, tan profundo;
imposible de sacarte, imposible que te vayas,
porque sos el motor que me hace falta para que mi corazón lata.

Día 8

Dejame soñar con vos,
soñar hoy, soñar mañana,
soñar futuro, soñar locuras.
Dejame reírme de nosotros,
de nuestras peleas tontas.
Dejame llamarte y gritarte "te amo"
aunque deba decírtelo por teléfono,
porque hay kilómetros de por medio
chupándonos el alma.
Dejame avisarte cuando salga,
cuando llegue,
cuando vuelva a salir,
cuando vuelva a llegar;
dejame entonces decirte que te pienso
en cada trayecto, en cada momento,
cuando me levanto y me voy a acostar,
cuando como, cuando me siento,
cuando me baño, cuando me lamento,
cuando me río, cuando lagrimeo,
porque te extraño, porque te quiero,
acá, conmigo, a mi lado.
Porque te amo a cada segundo
y no puedo dejar de amarte
por mucho que nos separe,
me aferro más que nunca,
me aferro a esta sensación
que me hace sentir tan llena
tan única, tan especial.

celos

Se gestan. Crecen.
Comienzan en una zona
y terminan invadiendo
cada parte del cuerpo.
Y hierve la sangre,
hierve de miedos,
y hierve el alma.
Y no hay emoción
que sea suficiente
para derramarlos
sacarlos fuera
extirparlos.
Es imposible,
no hay bronca
ni enojo
ni llanto suficiente.
Ni golpe que duela tanto
como para aliviar esos celos,
esa furia que sea desata,
esa rabia que inmoviliza,
esa sangrado que se desata
producto de las pinchaduras
que recubren todo el cuerpo
e inyectan sin piedad
los celos desalmados.

Día 7

No puedo explicarlo
mediante la ciencia o la razón
pero es que este Sol
no me calienta como vos.
Porque tu calidez es la única
que me hace sentir bien,
porque a tu lado no paso frío,
con tu abrazo, con tus besos,
con tus dedos entre los míos,
con tu mano apoyada en mi espalda,
con tu cuerpo conmigo.
Te siento y te extraño,
y te amo aún más que a todo,
más que a nada, más que a nadie.
Es tu luz la que quiero,
tu luz la que necesito,
la que me puede guiar,
la que me puede salvar,
la que me borra toda la oscuridad.
Dame un beso antes de dormirme,
decime que no te vas a marchar.
Dejame descansar en tu sonrisa.


una semana

Día 6

Cada vez que puedo dibujar una mueca de sonrisa en mi cara, te imagino.
Hermoso y brillante, como siempre.
Pero titilás, así que te pienso más fuerte...
Sonrío al pensarte y aparecés frente a mí.
Aunque tengo que cerrar los ojos para verte...
Pero te veo y es maravilloso.
Me asusta un poco empezar a conformarme.
Aunque no hay vuelta que darle: esto no es la plenitud.
Pero al menos no me siento
tan vacía y agujereada
como me sentía ayer.
Pero te extraño inevitablemente
y cada vez te extraño más, y tanto,
como si estuviésemos cada vez más lejos.
Pero también te amo más,
cada día más, aunque la distancia parezca crecer,
aunque el perfume se empiece a perder...
No me digas que te marchas,
no me hagas creer esa verdad.
No puedo aceptarlo,
no quiero que te vayas.
Porque sufrí tanto, tanto que lloré,
tanto que me lastimaron,
tanto que me desangré,
tanto que me deshice
sin poder volver a nacer.
Y sufriste tanto, tanto lloraste,
tanto te lastimaron, te engañaron,
tanto te traincionaron,
y por eso odiaste, por eso sentiste
el odio, la venganza, el rencor.
Y nos encontramos, y nos sanamos,
y nos cubrimos las cicatrices
con besos y girones de caricias
de las que se desprendían lazos
que nos envolvían.
Si se rompen, si te vas,
no me queda nada,
no puedo sujetarme,
no puedo razonar,
me quedo en la nada,
sosteniéndome en el vacío.

Y no dejo de pensar en la primera vez
que te miré, que me miraste,
y a continuación me enamoré
porque te respiré, y me respiraste.
Y te abracé recibiéndote
envuelta en mil sensaciones nuevas.
Mi primer amor, al fin...
Y me tocaba a mí esta vez elegir si dejarlo ser.
Y decidí irme con vos al ver que decidiste venir conmigo.
Y decidí darte la mano que jamás había querido que nadie tomara.
Así como me sujetaste, lo supe:
te amaba.
Por eso me entregué lentamente,
por eso te cuidé y te besé la frente,
por eso te amé por primera vez
aquella noche de septiembre,
donde nuestras almas fueron testigo
del amor más puro y hermoso
expresándose de la forma más franca
real, completa, increíble.
Así te sentí pleno,
así me sentí plena,
nos sentí uno solo.
Nos amé, me enamoré de nosotros.
Nos deseé y elegí seguir hacia adelante.
Porque te convertí en la razón de vivir.
La excusa para vivir más hermosa que jamás haya existido.

Y yo siempre dije que creía en el amor,
que no me hablen de otra deidad
que no sea la persona que ama,
que con sinceridad se entrega,
que deja todo sin condición.
Y aquí me encuentro ahora,
amando, entregada, dejándolo todo
sin condición, sin negación;
con confianza y plenitud,
dándole todas mis fichas,
mi alma entera, sin escatimar la más mínima porción;
dándole toda mi integridad
a la persona que más amo
por la que soy completa
para poder completarlo.
Creamos este dos
que vale uno en los números del amor.

Y cuando siento que no podría amarte más de lo que te amo, de repente empieza otra vez:
comienza a crecer más, y más, y más.
Crece esta fuerza en mi pecho.
Y nos siento aún más eternos que la eternidad

Y es respirar hondo esta flor
para encontrarme con tu imagen
rondando en mi mente
envolviéndome.
Le faltan mil olores, mil sabores,
y la suavidad de la textura de tu piel.
Pero es intenso, profundo,
indescriptible como tu mirada,
porque es tan fuerte el amor
que me quedo encandilada
con un simple recuerdo...

Día 5

Un respiro, paz,
una salida...
Son cosas que no puedo obtener.
Y las salgo a buscar en medio de la noche,
entre medio de la gente,
cerca del mar...
Pero es inútil.
No hallo. No encuentro.
Se perdieron,
o quizás yo las dejé,
allá lejos, al lado de mi luz.
Mi luz y mi tranquilidad,
mis miles de sonrisas.
Allí quedaron estacionadas,
al igual que mis deseos,
mi esperanza, mi sueño más grato.
Allá, a su lado, al lado de esa especie de deidad,
que para mí no es menos que la vida misma.
Allí, al lado de la razón por la cual yo sigo respirando.
Al lado de lo que espero encontrar
esperándome con los brazos abiertos al regresar.
Al lado de lo que más amo.
El único sol que necesito que brille en mi cielo.
Porque si no brillás, me caigo en el suelo,
me deslizo hasta el fuego buscando otra luz
y termino quemándome, ahí,
sola, agonizando, sin vos.
Las aspas del ventilador giran
revoleando viento por doquier.
En las ráfagas que inventan
esta flor deposita su perfume.
Llega hasta mí todo el tiempo
creándote en el infinito.
Mi mente te proyecta:
logro tocarte.
No es suficiente pero logro llenarme;
levemente, ese vacío,
se agujerea y se elimina.
Quedo llena de vos.
Falta tu mano. Y un beso.

¿Qué?
¿Que soy una jesuita?
¡Obvio! ¡Porque lo amo!
A él y a nadie más.
Y quizá haya un poco de alcohol
circulando por mi sangre
pero aún en mi inconsciente
lo amo más que a nada.
Maravilloso este sentimiento,
el de amarte sin medida.
¿Cómo no amarte?
¿Cómo no necesitarte?
Si tenés la chispa justa,
las palabras exactas
para hacer que todo vibre,
para que todo sea hermoso
y que quiera sonreír
por mucho que te extrañe,
por mucho que te necesite.
Porque sos el único,
fuiste el primero y serás el último.
No por suficiente,
no por conformarme;
sino por ser
quien elijo
quien acepto
quien amo.

Día 4

No puedo no pensar en la primera vez que te vi cuando huelo esta flor.
Nada brillaba más que tu sonrisa en ese living comedor.
Sonreías y te miraba,
y me hervía el alma con fervor,
de pensar en tu sonrisa invadiendo mi vida,
cada día a cada hora.
Lo deseé ese primer día y así todo me cambió,
el amor a primera vista dejó de ser un mito.
Apareció lo que esperaba,
apareció de la nada,
apareció tu mirada.
Así de simple, así de sencillo;
un par de ojos
-y qué ojos!-
divisándome en lo oscuro.
Me recibiste allí parado
en la puerta de rejas
con los brazos abiertos.
Recibí tu abrazo,
y vos recibiste el mío.
Tuve ganas de llorar de emoción.
Después de tanto buscarte te había encontrado.
Quisiera reencontrarte justo ahora, a la vuelta de esta esquina...

Ya lloré, escribí, golpeé.
Y bueno... no sé qué queda.
Esperar.
(Cierto que la esperanza la dejé en casa...)
Sonreír.
(Cierto que las sonrisas se las dejé a él acumuladas...)
Amar.
Ahí está.
Seguir amando.
Esto me va a mantener viva.
Sólo espero que me sigas amando también.
Y no bajemos los brazos.
Porque esto es lo más hermoso que sentí.
No puedo dejarlo morir.

Me doy un poco de lástima.
Pero sentía dolor hace mucho tiempo.
Y necesitaba descargarlo.
Porque me doy pena.
Y soy ilusa.
Y volví a ser la nena de 15 años.
Lo único que esta vez soy ilusa porque amo y mi ilusión es el amor.
Es mi ilusión y mi realidad.
Es lo todo.
Absolutamente todo.
Yo amo y me siento amada.
Y esta distancia es cancerígena.
Pero este sentimiento está acá, persistente.
Incluso es más fuerte que hace dos horas.
Quisiera que no crezca, que fuera fácil, que no quede tan vulnerable.
Pero... Amo ser vulnerable ante él.
Porque lo amo.
¿Por qué?
No hay explicación.
Lo sentí un día y decidí dejarlo proliferar.
Fue la enfermedad más hermosa.
Temí sentirlo y cuando me invadió me sentí viva por primera vez en mi pseudovida.
Eso era el amor.
Y yo estaba amando.
Y estaba siendo amada.
Maravillosamente mágico.

no sé de dónde salen tantas palabras pero prefiero escribir antes que ir a golpearme la cabeza contra la pared o salir al viento en musculosa y short porque si hago eso voy a terminar tirada en el piso temblando por hipotermia y voy a terminar en el hospital con suero y no quiero eso otra vez nunca más porque me hace pensar en que finalmente no me quiero no me amo no me siento porque no te siento y al no sentirte no tengo contacto con tus manos que son las que sostienen mi vida mis latidos y mis sonrisas y mis gemidos y mis deseos y mis fantasías y mis sueños y sueño negro y sueño feo y pesadilleo y me asusto y no quiero asustarme más ni temblar más ni llorar más porque se me va el espíritu que me queda se me va en hilos despacito escapándose por mi boca derramándose en el suelo y se van hasta el mar a ahogarse y no los puedo rescatar y vos menos porque estamos lejos y nos extraño y nos necesito y nos amo tanto que no puedo dejarnos porque si nos dejo pierdo las razones pierdo el rumbo y las direcciones no hay sentido no hay latidos no hay sonrisas ni hay gemidos ni hay vida ni futuro nada continúa y nada se prolonga todo se marchita todo se detiene y se me acalambran las manos y no me alimento porque el vacío ocupa lugar porque llena el interior y todo es vacío y nada más y no hay nada y no puedo disolverme porque no soy un jugo tang soy humano soy un ser soy una mujer o quizás ya me automaticé y termine en el piso esperando que se agoten mis baterías o me arrojen a un juntadero de chatarra porque se me oxidan las extremidades y me vuelvo renga me vuelvo manca y voy dejando de respirar y no sigo no puedo no hay forma es que no hay cielo ni infierno ni vida ni muerte sólo un interruptor de "on-off" del cual yo no tengo control y hace segundos él lo apagó y hasta que no lo encienda de nuevo no podré volver a sentir que existe una solución a esta situación que me chupa la piel secándola por completo extirpándole la poca vitalidad que le pueda quedar

Lo bueno es que tu perfume dura y en el instante que lo respiro siento que estás acá.

Y es sólo el día 3...

...e iban a ser 45.
¿45? Imposible.
Son tres días nada más los que pasaron.
Hace menos de 72 horas te estaba besando en tu terraza.
Creías que te amaba.
Creía que me amabas.
Y, ¡la puta madre!
¡Me amás!
¡Te amo!
¿Por qué maldita razón esto es así?
¿Por qué tenemos que estar llorando?
Vení.
Traete.
Vení conmigo.
Yo quiero besarte
no lastimarme.
Quiero decirte que te amo.
Quiero decirte que sos el amor de mi vida.
Quiero decirte que vas a ser el padre de mis hijos.
¿Lo sabías? Vamos a morir juntos.
No aguanto esto.
Quiero dormirme.
Cámbienme, dópenme, bórrenme la memoria;
hagan algo.
No quiero seguir pegando más
porque me va a llorar la mano.

Y hoy así tendrá que ser...
Ponerme esa maldita careta.
Sonreirle a todos esos estúpidos que viven vidas seguro con problemas peores que los míos.
Y yo acá llorando.
Sigo llorando.
Pero no quiero parar.
O quizás sí.
No sé.
Pegué otra más.
No es suficiente.

No, no son tendencias suicidas.
Él tiene mi vida así que yo no me puedo suicidar.
Pero él puede matarme.

Estoy tirada en el piso.
Tengo puesta una remera que no es mía.
Pero tiene un aroma que me pertenecía.
Y creo que este cuerpo tampoco es mío.
Ni esta sangre en mis nudillos.
No soy yo.
¿Quién soy?
Perdí mi identidad.
No sé ya qué hago.
Sólo pienso en las gotas estas
que me recorren la jeta.
Pienso en este piso.
Está frío...
al fin siento algo que esté más frío que yo.
Pero sigo helada.
Y no quiero ducharme.
No quiero abrigarme.
Quiero llenarme el alma de paz
y no la encuentro por ningún lado.
¿Por qué me la sacaron?
¿Dónde mierda la metieron?
Siempre es igual.
Siempre es lo mismo.
Me desestabilizo en un segundo.
Quiero morir en un segundo.
Sólo espero un mensaje,
una llamada,
que me salve.
Sólo espero que mi mamá no lea esto
porque va a arruinarse.
Y si lo lee, que mi papá me lleve lejos,
me regrese a mi casa,
me acuesten en mi cama
y me dejen morir tranquila.
¿Esperando que él aparezca?
Esperando que la vida sea sincera,
sólo eso.
Que me traiga algo real.
Me cansé de tantos fakes.
Me cansé de llorar despiadadamente.
Mi mamá también se va a cansar de que llore si vuelvo a llorar frente suyo.
Igual me tientan esos analgésicos
capaz así me pueda dormir
mucho tiempo.

Esta página es lo único que me queda.
Lo demás desapareció.

Mi duda más grande es... si hace tan sólo un día me querías allí contigo, ¿por qué hoy no querés que esté allá?
Me confundo, me lamento, me golpeo, me lastimo.
Pero nada cambia.
El dolor permanece, y, en vez de relajar,
se hace más fuerte, intenso y desagradable.

...

Las puntadas en el pecho se hacen insoportables.
¿Qué hice para estar así?
¿Acaso esto es lo que merezco?
No soporto más el dolor.
Ni la desesperación.
No hay bocanada de aire suficiente.
No hay golpe al corazón que haga que vuelva a latir como siempre.
Es un frío constante,
y no por falta de comida,
no por falta de sueño...
es la falta de amor.
¿Qué sucedió?
¿Qué cambió?
Si hasta ayer todo andaba bien.
Todo era perfecto.
O quizás eso creía...
Quizá nada fue perfecto. Nunca.
Quizá fue una ilusión.
Quizá nada fue real.
Y esas ideas... Me consumen.
No puedo dejarme invadir.
No puedo pensar en eso.
Porque si lo pienso y lo creo, se vuelve real.
Y si es real esa maldita confusión, no me queda nada.
Me estoy vaciando poco a poco.
Fui dejando partes, kilómetro a kilómetro.
Ahí fui perdiendo todo, cuando nuestra energía se empezó a apagar.
No siento, no creo, no entiendo.
Temo, tiemblo y tengo miedo.
No quiero estar acá
pero vos no querés que esté allá.
Entonces, ¿dónde debo estar?
¿Debo estar?
¿Está bien que exista?
O simplemente, ¿no debería desaparecer?
No quiero seguir así.
No me gusta vivir de esta manera.
La distancia me aniquila segundo a segundo.
El miedo es un cáncer,
y mil tumores metastáticos
se extienden en mi cuerpo.
El temor es oscuridad,
y se mete en mis células;
me apaga las luces,
me apaga por completo.
Soy noche, sin estrellas,
sin un futuro amanecer.
En esto me convertí, ahora.
Y siento que no me queda más nada.
Solo aferrarme con lo que parecen ser fuerzas
a un amor debilitado,
que llora impaciente, descontrolado,
rogando por vos.

Día 3

Quisiera tener una fuerza especial,
que me dé los poderes que necesito,
hoy, en este momento,
para poder sentirme mejor.
Quisiera tener el poder de la teletransportación,
recorrer las distancias en cuestión de un pestañeo.
Desaparecer de repente y materializarme a tu lado.
Quisiera poder leer los pensamientos,
y transmitirte esa virtud
para que puedas entrar en mi mente
y veas qué es lo que siento
por completo, transparente,
sin temer, sin dudar,
sin odiar, sin temblar.
Quisiera que al cerrar los ojos y pensarte
supieras que te estoy pensando,
que te estoy amando,
que te estoy extrañando.
Quisiera poder,
no estar inmóvil.
Quisiera poder,
no ser inútil,
no estar destruida,
no sentir esta angustia...
No quiero estas fuerzas para ser superior...
Sólo para lograr acercarme a vos.

Día 2

¿Cómo explicar un nudo en el pecho?
Si en realidad siento vacío.
Y a la vez algo que oprime...
Difícil la angustia.
Difícil describir qué se siente en el alma en momentos como este.
Necesito un poco de electricidad,
percibir que algo me corre por el cuerpo.
No esta ausencia.
No esta tristeza.
Electricidad como la que me deja paralizada
cada vez que se produce
un mínimo roce
de tu piel con la mía.
Me estremezco de solo pensarlo.
Eso es... pensarlo.
Pensarte me lleva a recordar,
y los recuerdos me hacen sentir
que estoy, que soy, vivo.
No ando por inercia, ni en vano.
Vivo porque te pienso y porque te siento.
Y vivo a la espera...
Te espero. Aguanto.
Con firmeza, aunque flaqueando de vez en cuando,
cuando una lágrima se me escapa
cuando una cicatriz se me abre,
cuando se me corta la piel del frío,
frío por tu ausencia,
frío por esta tristeza,
frío, y distancia.

Día 1

Los kilómetros se sienten.
Más allá de las horas sin vernos...
Se siente la distancia.
Se siente saber que no puedo, simplemente, decir 'veámonos'.
Siento un hilo que une nuestros pechos,
atravesando la ruta, las calles, los caminos.
Siento los tirones de los autos
intentando atravesarlo,
andando desprevenidos por la ciudad.
Siento los tirones y cada vez más me estremezco,
me tira el corazón, me tira por vos.
Se me humedecen los ojos pero sonrío.
Porque mis rayos del alma todavía te tocan.
Te siento igual, te toco igual, te veo igual.
Pero extraño tanto tu calor...

pedime...

Y no me pidas que no te extrañe, que no te llore,
pedime necesitarte, pedime que no deje de pensar en vos.
No me pidas que sonría y que me distraiga,
pedime que te recuerde cada vez que vea el sol.
Pedime que te siga amando.
Porque cualquier otro pedido es inútil.
Porque siempre voy a amarte, todo el tiempo.
Seguiré extrañándote.
Seguiré insistiéndote.
Porque sos el amor de mi vida.
Solo vos. Nadie más.

Me gustaría parar el tiempo en un segundo
justo ese segundo cuando
tus labios y los míos se están besando.
Quisiera hacerlo eterno, detenerme lento,
y mirarte a los ojos.
Grabar y repetir mil veces
cuando me dices "te amo".

Un papel que firmamos los dos,
prometí pertenecerte a vos.

Dejándolo todo, me doy por completo,
solo dame tu tiempo y tus sonrisas de ensueño,
me entrego de lleno, me escribo en tu nombre,
cerrando bien los ojos me duermo con vos...

Me gustaría abrazarte, sentir tu aroma,
guardarlo en un frasco,
y llenar todo lo que me rodea
de tu perfume tan deseado.
Quisiera regalarte una última sonrisa antes de despedirme.
Para que recuerdes lo feliz que me hace sentirte.

Una lágrima que se desplazó solo espera encontrarte pronto.

me mereces, te merezco.

Si te pregunto si me amas, y me respondes que sí, con el alma, con pasión, con la sangre y el corazón...
Y si me preguntas si te amo, y te respondo el "sí" más sincero jamás antes escuchado...
Entonces, acaso,
¿no me mereces más que nadie en el mundo?
¿no te merezco más que nadie en el mundo?
Nos merecemos, porque nos pertenecemos.
Porque hay amor mutuo.
Que va, que viene, que se va, y que vuelve.
Que rebota infinitamente entre los dos.
Un amor que se corresponde, que encuentra respuesta.
Que se ríe y llora, que se alegra y entristece.
Pero siempre ama, ama por completo, ama en lo eterno.
Porque el amor es más grande que todo,
tan duro como las rocas pero suave y dócil como un cachorro.
Porque abarca todo aspecto, toda área, todo espacio.
Porque brota de los dos y se enlaza en el aire,
dando girones, envolviéndonos.
Porque crece día a día, a cada hora, con el paso del tiempo...
Porque no hay momento que no ocupe cada espacio de nuestro ser.
Porque te amo, y me amás.
Y eso es suficiente.
Suficiente para ser, para vivir, para seguir.

Me diste un beso en el último minuto del 2013, y me diste otro en el primer minuto del 2014.
Nada que me haga más feliz.
Solo deseo pasar este nuevo año con vos. Éste y todos los que siguen.
Eternamente.