y en el día 21...

...todo corre con normalidad, como hace 21 días. Hoy llueve, suena la música, me lleno de paz, pero sigo vacía. Todo sigue igual que siempre porque casi nada cambia: sólo el clima, las nubes, el cielo, el Sol y la Luna. Cambia la temperatura, la furia del mar, la fuerza del viento. Son los factores que me hacen dar la pauta de que el tiempo sigue pasando, de que no me estanqué en una burbuja atemporal en la que no puedo avanzar, en la que no puedo seguir. No, la mayoría de las cosas no cambiarán, pero el mundo aún gira, el tiempo aún pasa, y aún te amo. Inclusive, te amo más que ayer. Más que la última vez que te vi. Estoy vacía porque no puedo tocar tus manos, pero las siento en sueños y me levanto con una sonrisa. Se me borra un poco al no verte a mi lado, pero en un segundo, un recuerdo soslaya mi mente: allí al lado mío, vos, durmiendo. Y sobre ese recuerdo me apoyo tiernamente para sentir que te siento, que te abrazo y que te beso. Ese recuerdo repito, una y otra vez, detallando en mi mente la luz de tu mirada, tu cara, tan relajada, sobre mi almohada, en mi cama. Allí desnudo, a mi lado, desnudo tu cuerpo, desnuda tu alma: frente a mí, tan natural, tan real. Y te sueño, pero sos real, porque sos, existís, y me correspondés. Porque te doy amor y me lo devolvés con creces, con sólo una caricia, con sólo una mirada, con un tierno beso en la frente, o un abrazo interminable. Porque te regalo mi alma y la tomás con tanto cuidado, viéndola tan frágil, y la cuidás, y la mimás, y le cantás una canción para que encuentre la calma al dormir en tus brazos. Allí me quedo, allí me quedé, allí estoy y seguiré estando: en tus brazos, envuelta por vos.