celos: reacción en cadena

Es la primera vez en mi vida que siento celos reales. Reales, posta, hacia una persona. Empecé vomitando en forma de palabras lo que se me cruzaba por la cabeza con respecto a la situación. Mientras tanto temblaba. Temblaba mientras escribía por un miedo insoportable. Peor que luego de despertarme cuando sueño pesadillas, temblaba de pies a cabeza. Diferente a tiritar de frío. Diferente a temblar por amor. Temblores espasmódicos que se apoderaron de mi cuerpo entero. Mis maxilares parecían más indiferentes que nunca. Solo castañeaban mis dientes, y mordí mi lengua con fuerza para dejar de oír ese sonido insoportable que me estaba demostrando lo que estaba sucediendo. No tenía control de mis extremidades, los dedos se me iban para adentro, y mis uñas se ensartaban en las palmas de mis manos. Mis nudillos parecían más grandes que nunca, parecían haberse hinchado, como si hubiesen doblado su tamaño. Traté de terminar de escribir mi declaración con un nudo en la garganta e intentando controlar a mis dedos que ya parecían no responder a mis órdenes.
Esperando una respuesta, se me empezó a salir el corazón. Perdió el ritmo, absolutamente cualquier ritmo pausado y regular. Se desbocó: latió cada vez más fuerte, latidos espaciados y luego, latidos más juntos, uno tras otro, golpeándome el pecho como si me estuvieran martillando de adentro para fuera. Mi estómago se comprimía, se retorcía, apretaba. Mi cabeza pesaba lo que un yunque, se me caía hacia delante, no podía sostenerla. Ahora siento como si millones de avispas estuvieran ensartando sus aguijones en mi cerebro. Dolor, puntadas, intensas, punzantes. De repente, un calor baja desde mi coronilla, hacia los costados, como si fuera líquido. Como si esas picaduras hubiesen sido reales y me hubieran hecho sangrar por dentro. La sangre se deposita en mis oídos. Primero uno, después el otro: se tapa uno, se tapa el otro. No escucho, pierdo el equilibrio. Me cosquillea la nuca, despacito. Empeza a fallarme la vista, primero manchas blancas, después manchas negras, como si viese cuerpos flotantes en el aire. Termina por nublarse y oscurecerse la visión, desatándose un miedo incontrolable. El temblor ya es inhumano, vibra cada parte y se me sacuden las células. Me asusto, me pierdo, no lloro porque no puedo. Tengo el cuerpo congelado con un pecho y pulmones que me arden, pareciera que emanan fuego, encendido en mi interior, sin posibilidad de extinción.
Desde que empecé a escribir esto empecé a liberar un poco todas estas emociones. Pero sigo sintiendo la sangre en mis oídos. Todavía un temblor persiste. No hubo llanto, solo apreté los dientes. Parece como si mis brazos se me hubieran dormido, los músculos no pueden volver a responder. El dolor de cabeza cesó bastante, pero sigue invadiéndome hasta los sentidos. Mi estómago mejoró, pero sé fehacientemente que rechazará toda comida que quiera darle. Será cuestión de dejarme descansar y esperar a que toda esta sensación desaparezca. Sé que jamás lo hará por completo, porque... ¿cómo evitar tener miedo de perder a quien más amo?