"¿Qué hay detrás de esa puerta que valga la pena?" grité, en un arranque de furia, bronca, enojo con mi situación, y principalmente, decepción. Decepcionada de mí misma por la situación en la que me encontraba. Duele, sufro, me lastimo. Me despejo, siento culpa por haberme despejado y lloro. Luego, lloro por sentir culpa. Pasaron muchos días y cada vez es más fuerte. No es sano extrañar con esta necesidad. Pero sentir que día a día pierdo más el control de mi cuerpo y dependo de los medicamentos me hace sentir asquerosamente enferma. Y mis problemas de salud son incomparables a los de otras personas que seguro están a pasos del inminente final, cuando a mí me quedan años y años por delante (aunque siempre sostendré que el peso de la cruz en cada espalda siempre es único, y dolerá y pesará igual aunque existan cruces gigantescas). Lo que me da temor es que mis pesadillas se vuelvan reales. Quizá me alejé tanto de la vida de afuera que perdí la noción de cómo vivir.
Por eso decidí salir por un rato. A descubrir qué cosas me esperaban por detrás de la puerta. Comencé a correr pero no aguanté. Así que caminé hasta alejarme de la ciudad. Había dejado de sentir el viento y escuchar la música que compone el mar con cada ruptura de sus olas. Hacía demasiado no miraba el cielo con el rosa tornasolado. Pararé a descansar.
.....

Descansé. Elongué, hice medialunas, el puente, estiré los brazos, la espalda y cada músculo. Respiré con fuerza el aire húmedo del atardecer y el Sol me regaló una puesta inolvidable. Sobre mí, volaban gaviotas, de una belleza indescriptible. Arranqué mi caminata de vuelta. Vi las primeras estrellas. Me crucé a unos chicos que estaban jugando al fútbol. Uno me gritó 'Te conozco, Novak! Vos laburás en el boliche!'. Yo también lo conocía, estuvo una noche entera con los tres amigos tratando de disputarse el amor de mi hermana. Lo saludo al cantito de 'cuñado' del 1 al 4. Se ve que mi conjunto de correr les hizo pensar que soy un pibe más porque me dijeron que les faltaba uno para el picadito. Me reí y saludé. "Hasta luego", y seguí caminando.
Unos metros más adelante, una pareja me pidió que les tomara unas fotos. Si ustedes hubiesen visto la pasión que escondían tras esos ojos cuarentones aún enamorados, arrojándose al mar como dos niños, besándose tiernamente, conservando la pureza del amor real, sincero y verdadero; del que dura, del que persiste, que va de la mano de la esperanza. El 'te amo' no por tu cuerpo, tu cara, tu dinero. 'Te amo' porque estoy dispuesto a pasar con vos hasta el último día de mi vida, 'te amo' porque enfrentaré los obstáculos de tu mano. 'Te amo' porque conozco tus defectos tanto como tus virtudes, y los amo por igual, como se ama al hijo tranquilo y al revoltoso. 'Te amo' sin saber desde cuándo, ni por qué empezó este amor, pero 'te amo' porque sos la persona imperfecta que hace que mi mundo sea perfecto. 'Te amo' entre risas, peleas o llantos. 'Te amo' de día, de noche, bajo el Sol, bajo la Luna, en la lluvia. 'Te amo' sin pausa ni límite, 'te amo' con sueños, proyectos, deseos. 'Te amo' sin miedo, sincero.
Esos 'te amo' que descubrí entre esos dos risueños se parecen a los 'te amo' que me surgen mientras te pienso. Los 'te amo' que te regalo cada vez que te doy un beso.
Y los respondes. Y ahí se hace realidad mi mayor sueño.