Y hoy así tendrá que ser...
Ponerme esa maldita careta.
Sonreirle a todos esos estúpidos que viven vidas seguro con problemas peores que los míos.
Y yo acá llorando.
Sigo llorando.
Pero no quiero parar.
O quizás sí.
No sé.
Pegué otra más.
No es suficiente.