Y no hay persona en el mundo,
ni ser en el universo
que pueda cuestionarlo,
contradecirme, objetarme:
te amo, soy tuya;
me amas, sos mío.
Así es, es una ley,
una ley que creamos.
La creamos un día
cuando nos miramos a los ojos
y el amor brotó de nuestros pechos.
Un día único para ambos,
que cambiaría la vida,
el transcurso de las horas,
el paso del tiempo,
la visión del mañana.
El mañana, que ¡cuánto asustaba!
ahora sólo asusta
por el miedo de no ver
nuestros cuerpos juntos
luego de cada amanecer.
Nos encontramos a cada paso
entregándonos una y otra vez
sin dudarlo ni un instante.
Porque te amo, porque me amas.
Porque somos nuestros.