hogar

giorno a giorno
en contacto
con il piacere
que creía inconcebible
di trovare 
pace
nella faccia
di qualcuno
que es mi compañía
che prende cura di me
come se
me amara
e perche e così
me ama
di una maniera
en la que
non mi hanno mai amato
no sé qué decir
si nunca fui amada
se non sono mai stata amata
credo che quelli non hanno detto bugie
ma adesso mi trovo qua
en un hogar
in una casa
casa nostra
che è una casa ovunque
perche ovunque andiamo
è e sarà
casa
home
hogar
perchè sono quattri muri con un tetto
che portano dentro
la calidez eterna y profunda
di tu cuore ed il mio
batiendo
nello stesso posto
come ciò che siamo:
una famiglia

Amor.

Tu cabeza apoyada sobre mi pierna. El aire entra y sale de tu cuerpo con una fluidez divina. Te movés sutilmente, puedo observarlo poniendo de referencia tus pestañas arqueadas, contrastantes con el blanco pelaje de nuestra compañera perra que reposa sobre tu brazo derecho acompañándote en este viaje onírico. Chasqueás apenas los dientes y me pregunto cómo podré hacer para acompañarte en tus miedos, inseguridades y ansiedades. No quisiera ni moverme, alterar tu sueño, disturbar tu descanso. Seguís chasqueando los dientes, esta vez más fuerte. Me pregunto qué estarás soñando. Me relaja sentir tu calor. Me relaja verte así, tan plácido, ventilando profundo. ¿Cuál será tu sueño más profundo? La perra se despierta y se va. Yo me quedo, vos te quedás. Te acaricio la frente, detengo la escritura. Cuántas células acabo de tocarte. Las amo, a todas. Amo a todas y cada una de tus células. De tus moléculas cíclicas y aromáticas. De tus partículas subatómicas. Tus ondas vibracionales. Vibran y las siento como si me alcanzaran, las respiro unas doce, quince veces por minuto. De cuando en cuando las respiraré cinco o seis, en esos momentos en los que respiro suavemente y te hallás cerca, y me dejás respirarte. Porque sos más que todo ese conjunto de células que te componen. Más que cada unidad de vida y todo lo que las sostiene. Más que todos esos órganos que participan en conjunto para mantener una economía, más que tus treinta y dos dientes, que tu pelo aplastado o tus pestañas arquedas y brillantes indudablemente bellas como un rayo de sol en la mañana, como un arcoiris, como el caudal de un río. Más allá de todo eso hay una persona. Piensa, siente, ocupa. Es, vive, sobrevive. Habita. Ama. Comunica. Interpreta. Una mente, barajada por un ¿corazón? ¿una esencia, alma? ¿un par de manos? Cuál será el sentido de amarte completo. Cuál, de tener una porción del citoplasma de cada una de mis células trabajando para producir todos aquellos neurotransmisores, hormonas peptídicas y esteroideas, moléculas permeables e impermeables, proteínas de alto y bajo peso molecular, que me permiten mirarte, olerte, saborearte, abrazarte, escucharte, sostenerte, cuidarte, pensarte, recordarte y amarte; cuál es el sentido de que una parte completa de mi economía trabaje por este vínculo, y como no lo sabía me acerqué a preguntar. Y miré para dentro y me sentí más viva que nunca, tan yo misma, tan amada hasta por mí. "Acá estoy" me dije. "Acá estamos" nos dije. Y ahí eran mis células ahora las que dejaban entrar la vibración, que impactaba directo sobre el núcleo, ácido y en reposo, para crear vida nueva, transformarse, reutilizarse. Al final nada muere: todo se transforma. Como se transformó toda nuestra vida este tiempo. Desde que nos conocemos, desde que nos queremos. Desde que nos descubrimos el uno al otro y empezamos a desearle grata paz. Durmiendo en el regazo. Regalándonos masajes. Fusionándonos en besos, abrazos, juegos y pensamientos. Reflexiones. Silencios. Comidas. Sentidos. Olores y sabores. Tacto. Y te despertás y me preguntás si me molesta tu pierna en mi regazo. Si supieras todo lo que me acabás de alimentar, en cuestión de minutos... Si supieras toda la energía que me acabás de regalar sin saberlo... Te agradezco yo por esta elección tuya de recostarte en mi muslo izquierdo, haciéndome de musa para que escriba estas palabras, tan artísticas, descriptivas, figurativas, literales, poéticas, sinópticas, autobiográficas. Y me acariciás despacio, y te acaricio, y me imagino así cada día de nuestra vida, sin ningún miedo, senza paura. Sólo con un amor pleno e infinito como el universo. Como cada impulso de energía que brota cuando te veo y agradezco al cielo que hayamos cruzado caminos, nos hayamos mirado, reconocido, y abrazado. Como si ya lo hubiésemos sabido todo desde entonces. Como si ya lo hubiéramos entendido aquel día, en aquel sitio oscuro de luces estimulantes y música hipnotizante, en aquel de aromas fuertes y humo en el aire, aquel que nos vio en nuestra esencia, siendo, como nos veo ahora, en un sofá de una casa alquilada, con un calor que narcotiza, y tu respiración suave, que no para de entrar y salir, y me va hipnotizando lentamente, tanto que me estoy uniendo a tu plano onírico. Ojalá te halle en mi sueño...

a mi amor por nuestro mesiversario

Resuena en mi mente la canción que nos despertó esta mañana. La letra dice así: "te encontraré una mañana dentro de mi habitación, y prepararás la cama para dos". Canción conocida, por mí, por nosotros, por mucha gente, principalmente en Argentina, país de origen del grupo de música que la solía interpretar. También es el país en el que nacimos los dos. El mismo en el que crecimos, vivimos la mayor nuestra parte de nuestra vida, y en el que nos conocimos. Ya desde allá solía encontrarme en la mañana a tu cuerpo dentro de mi habitación. A veces preparabas la cama vos, otras yo. Una cama que era nuestra en una casa que era nuestra y no haciendo hincapié en la posesión sino en el pronombre que se refiere a un sujeto plural en primera persona. Nuestra. La cama para dos en mi habitación que ya no era una habitación con una cama para uno. La alarma que sonaba y nos despertaba. La alarma que sigue sonando y nos despierta. Despertar que solemos hacer en conjunto, y cuando lo hacemos a distintos tiempos, una partecita de cada uno permanece en la cama abrazando el cuerpo que se quedó reposando. Se adelanta y quizá prepara un desayuno. Que a veces es sólo unos mates calentitos, pero todo con tal de compartir algo que tanto nos gusta. Nuestra habitación huele a sahumerios, al mismo perfume para ropa que usábamos en casa. Está llena de pelos blancos de perrito y hay una frazada a mano aunque sea verano y aunque vos casi siempre sientas calor. El izquierdo es mi sector, del lado de la ventana, vos del lado de la puerta, a la derecha. Así dormíamos también cuando vivíamos a más de diez mil kilómetros de acá. Raramente intercambiábamos lugares. Lo gracioso es que en la mesa de la cocina, al igual que en aquella casa, tampoco tenemos un lugar fijo asignado. Tampoco está asignado quien limpia qué día, ni quién saca a los perros ni quien lava la ropa o cocina o hace las compras. Maravillosamente rebotamos entre tratar de hacerlo juntos o, si nos damos cuenta de que el tiempo apremia, intentamos repartirlo. Y después de un rato de extrañarnos, y de disfrutar pensarnos, volvemos a encontrarnos, a mirarnos a los ojos, y decirnos "bienvenidx". Otro abrazo, como si fuese el último. Un beso con la misma ternura y amorosidad del primero. Hacer el amor con la magia de la inmensidad universal, como cada día que nos amamos de esa manera tan íntima, única, profunda. Hasta le llamaría infinita. Como el símbolo que se forma cuando unimos dos circulos por una tangente ∞. ¿Serán por eso las alianzas? ¿Será que somos dos, con caminos tan pero tan distintos que, aún así, vayamos hacia adelante, o hacia atrás, de cualquier manera hay un punto de unión, unión verdadera, que potencia, nutre y enriquece, que muestra todas las caras y las aristas, que permite el fluir del ser? Amor mío, mi cama es tu cama y tu cama la mía, la casa que habito y habitás la habitamos, y no hay mañana qie despierte ni noche que me acueste sin acariciarte el cabello y de nuevo, de nuevo como cada día sin importar cuántas veces lo diga, agradecer a quien corresponda, por esa cama compartida, llamémosle hogar, núcleo, familia. Llamémoslo amor, empatía, entrega. Amistad. Compañía. Camaradería. 
Mi fiel amigo, mi enorme compañero, lucecita de mis ojos. Quizá algún día caigamos en esta realidad que significa lo que decidimos ser ambos, y que por eso somos. Lo que estamos siendo día a día, no haciendo ni teniendo, eso que quizá no me detengo a pensar, canalizar y entender, caer en la cuenta de que esta casa que es nuestra es una elección compartida, en la que ambas partes podrán estar de acuerdo, discernir, discutir, conversar, reflexionar, introducir, interpretar, disociar, explicar, aprender, desaprender, entender y desentendernos absolutamente, incorporar, crecer rápido, lento, al ritmo que sea, pero hay algo que día a día parece ser una hermosa coincidencia, y es ese fuego que refulge en el centro que vive siempre y se aviva cada vez que asimila que ese ser que duerme en la misma cama para dos, en su habitación, participa día a día, siendo amor, el amor de cada día, el amor de la vida.