a mi amor por nuestro mesiversario

Resuena en mi mente la canción que nos despertó esta mañana. La letra dice así: "te encontraré una mañana dentro de mi habitación, y prepararás la cama para dos". Canción conocida, por mí, por nosotros, por mucha gente, principalmente en Argentina, país de origen del grupo de música que la solía interpretar. También es el país en el que nacimos los dos. El mismo en el que crecimos, vivimos la mayor nuestra parte de nuestra vida, y en el que nos conocimos. Ya desde allá solía encontrarme en la mañana a tu cuerpo dentro de mi habitación. A veces preparabas la cama vos, otras yo. Una cama que era nuestra en una casa que era nuestra y no haciendo hincapié en la posesión sino en el pronombre que se refiere a un sujeto plural en primera persona. Nuestra. La cama para dos en mi habitación que ya no era una habitación con una cama para uno. La alarma que sonaba y nos despertaba. La alarma que sigue sonando y nos despierta. Despertar que solemos hacer en conjunto, y cuando lo hacemos a distintos tiempos, una partecita de cada uno permanece en la cama abrazando el cuerpo que se quedó reposando. Se adelanta y quizá prepara un desayuno. Que a veces es sólo unos mates calentitos, pero todo con tal de compartir algo que tanto nos gusta. Nuestra habitación huele a sahumerios, al mismo perfume para ropa que usábamos en casa. Está llena de pelos blancos de perrito y hay una frazada a mano aunque sea verano y aunque vos casi siempre sientas calor. El izquierdo es mi sector, del lado de la ventana, vos del lado de la puerta, a la derecha. Así dormíamos también cuando vivíamos a más de diez mil kilómetros de acá. Raramente intercambiábamos lugares. Lo gracioso es que en la mesa de la cocina, al igual que en aquella casa, tampoco tenemos un lugar fijo asignado. Tampoco está asignado quien limpia qué día, ni quién saca a los perros ni quien lava la ropa o cocina o hace las compras. Maravillosamente rebotamos entre tratar de hacerlo juntos o, si nos damos cuenta de que el tiempo apremia, intentamos repartirlo. Y después de un rato de extrañarnos, y de disfrutar pensarnos, volvemos a encontrarnos, a mirarnos a los ojos, y decirnos "bienvenidx". Otro abrazo, como si fuese el último. Un beso con la misma ternura y amorosidad del primero. Hacer el amor con la magia de la inmensidad universal, como cada día que nos amamos de esa manera tan íntima, única, profunda. Hasta le llamaría infinita. Como el símbolo que se forma cuando unimos dos circulos por una tangente ∞. ¿Serán por eso las alianzas? ¿Será que somos dos, con caminos tan pero tan distintos que, aún así, vayamos hacia adelante, o hacia atrás, de cualquier manera hay un punto de unión, unión verdadera, que potencia, nutre y enriquece, que muestra todas las caras y las aristas, que permite el fluir del ser? Amor mío, mi cama es tu cama y tu cama la mía, la casa que habito y habitás la habitamos, y no hay mañana qie despierte ni noche que me acueste sin acariciarte el cabello y de nuevo, de nuevo como cada día sin importar cuántas veces lo diga, agradecer a quien corresponda, por esa cama compartida, llamémosle hogar, núcleo, familia. Llamémoslo amor, empatía, entrega. Amistad. Compañía. Camaradería. 
Mi fiel amigo, mi enorme compañero, lucecita de mis ojos. Quizá algún día caigamos en esta realidad que significa lo que decidimos ser ambos, y que por eso somos. Lo que estamos siendo día a día, no haciendo ni teniendo, eso que quizá no me detengo a pensar, canalizar y entender, caer en la cuenta de que esta casa que es nuestra es una elección compartida, en la que ambas partes podrán estar de acuerdo, discernir, discutir, conversar, reflexionar, introducir, interpretar, disociar, explicar, aprender, desaprender, entender y desentendernos absolutamente, incorporar, crecer rápido, lento, al ritmo que sea, pero hay algo que día a día parece ser una hermosa coincidencia, y es ese fuego que refulge en el centro que vive siempre y se aviva cada vez que asimila que ese ser que duerme en la misma cama para dos, en su habitación, participa día a día, siendo amor, el amor de cada día, el amor de la vida.