mientras dormís

Lo que más me gusta de despertarme antes que vos es quedarme en la cama despierta mientras dormís. Llevar mi mano hasta tu piel y deslizarla con sutileza por los bordes de tu silueta. Hombros, tórax, cintura, cadera. Bajo, subo de nuevo. Tu nuca. Sumerjo mi mano en tu pelo. La dejaría ahí dentro toda la vida.
Inmersa en un amor que me narcotiza cuando lo dejo (cuando puedo). Te miro y pierdo la noción del tiempo. Te toco y me estremezco. Estás desnudo frente a mí, y no hay otra persona con quien te desnudes así. En cuerpo y alma. ¿Cómo no agradecerte por esta confianza que me regalás? En un acto como desnudarte me contás no sólo que me amás sino que me dejás amarte. Y mi amor por vos se ve tan grande, como una galaxia o dos galaxias, como un amanecer o dos amaneceres, mi amor por vos se ve tan grande que aprovecho tu desnudez en el abrazo de Morfeo para dártelo mientras dormís, para darte toda esta energía que surge cuando te veo y transmuta en vibración, de amplitud y frecuencia bajas, estable, simétrica, armónica, que desde lo más hondo de mi corazón nace y recorre mi sangre, mis tejidos y fascias y aponeurosis, y mis huesos y tendones, ligamentos, articulaciones, y llega hasta la punta de mis dedos con un color brillante, casi blanco, translúcido, con notas ámbar y doradas, y te tiñe la superficie de la piel con tanta intensidad que se vuelve especular, y ahí me veo: estoy yo del otro lado, reflejada en tu piel, también desnuda y también llena de amor. Amor que en este momento veo que me das hasta desde tus sueños, un amor que vibra en lo más hondo de tu corazón naciendo y recorriendo tu organismo, y en esos espacios de fuga en donde contactan nuestras pieles llegan a mí en caricias matutinas, en un roce sutil de pie con pie, en ese juego de recorrer tu silueta con los dedos, en el de sumergir la mano en tu pelo; amor de mí hacia vos, amor de vos hacia mí, van y vienen de cuerpo a cuerpo danzando velozmente, fugazmente, con alegría, con brillo propio, con una vibración sutil y ordenada, pero profunda, que por sus propiedades puede atravesar el aire, la piel, océanos, montañas, y llegar, llegar siempre.
Y no resisto las ganas porque te despertás y me envolvés la pierna con el brazo y realmente no resisto a querer besarte la espalda, tan profundamente hasta alcanzarte el alma, y que lo sientas y me digas "bienvenida" y me abraces para siempre, y abraces los miedos y ansiedades, al pasado y al futuro, mis manos y mis brazos y mis piernas y mis pies, pero por sobre todo mi alma, mi alma que profunda aguarda el beso que siempre nos damos, pero que aún así espera, con ilusión, con la tierna ilusión de quien cree en un amor imperfecto, pero real, sincero, auténtico... y único, como vos y yo.