Subiendo la colina~
Va escalando, va subiendo.
Va corriendo.
Ansía la meta, ansía la cima.
Sabe que llegar es el objetivo.
Y no se detiene en cada aspecto de la subida.
Sólo intenta escalar. Dejando todo atrás. Dejando la vida por detrás.
Qué sentido tiene eso?
En un remolino se pierde todo. En un huracán que arrasa.
Sólo figuras y sombras amorfas se echan bajo su espalda.
Solo imágenes monocromáticas.
Piensa ver color por delante...
Pero tampoco es real. Sólo es una vana ilusión.
Está perdida en una nebulosa.
Pero ella cree que el camino es claro.
Cree que su brújula aún funciona.
Pero ni su corazón está latiendo, pues se ha desprendido.
Perdió su esencia, perdió sus bases.
Raíces secándose rodeadas de olvido.
Olvido que en silencio, llora gotas de sangre.
Olvido que en silencio, se hamaca encadenado.
Olvido que mató su propia alma, dejándola sola, anhelando éxitos
que cree que llenarán su espacio de soledad,
espacio interminable que sólo podría volver a ocupar,
si supiera cómo revivir mil corazones rotos.
Pero el rencor y el despecho se interponen al amor,
están parados en otro escalafón.
Su risa es malvada, es cruel...
Un pájaro canta la muerte, y ella, sin compasión... Ríe.
C'est la vie
Últimamente, me estoy preguntando mucho... Qué es la magia? Es real? Está en nuestro mundo?
Preguntas que desde chica me hice buscando sólo un "sí" como respuesta. Pues... Claro está que la buscaba en hechizos, hadas madrinas, pociones mágicas, manzanas envenenadas... Era eso magia? Sí. Pero una lejana a nuestro mundo, vaya a saber uno a cuántos portales de nuestro mundo se encuentra...
Años pasaron, cosas pasaron, momentos pasaron. Vi, toqué, escuché, olí, saboreé, sentí... Y por sobre todo: viví. Bueno, creo que todo verbo que pueda llegar a nombrar es acción pura, y no son acciones lo que la vida implica?
Todo lo que sentí, lo que viví... Sólo una ínfima parte de lo que me queda por sentir y vivir. No es esto magia? No es magia poder ver, tocar, escuchar, oler, saborear? No es mágico sentir... VIVIR?
Ahí está la cuestión. Estamos tan rodeados de magia! De una magia tan hermosa, y más poderosa que cualquier otra cosa existente en el mundo. El vivir. Las ganas de vivir. Porque todo lo existente tiene vida. Y también tiene una oportunidad para elegir vivirla como quiere, a pleno, viviendo, y no dejando pasar los años. Porque cuando uno se sienta como yo en este momento, sentada en el respaldo de una silla con una persiana a medio abrir, un mosquitero, y un vaso de 7up sin gas, sólo a sentir el viento húmedo de la noche atravesar mi cuerpo, sólo a mirar las pocas estrellas que las luces de la ciudad opacan, sólo a escuchar ladridos y motores lejanos sonar incesantes... Creo que es justo allí, ahí, aquí, en este momento, que la vida vale, que la vida es bella. Vida es familia, amigos, parejas, amaneceres, fotografías, charlas... Vida es vida. Y como vida hay una sola, que más que entregarnos al vivir? Vivir en plenitud, mágicamente, aprovechando cada latido de corazón para sentir la vida rugiendo en todas las celulitas de nuestro cuerpo.
HombreHumano
Te señalan, te acusan, opinan sobre vos...
Y su dedo allí, indicando que sos vos el culpado. El insultado. El criticado.
Y con qué fin? Bajo qué argumentaciones?
No hacen más que juzgar sin saber. Sin antes preguntar.
Manchan tu cara, tu cabeza y tu cuerpo.
Manchan tus sonrisas y tus obras. Tu gestos de afecto.
Es que ahora todo lo hagas será vigilado. Lo que digas, escuchado y analizado, lo que escribas, leído entre líneas...
Privan tu libertad de humano y provocan una injerencia en tu vida. Vida que creen de ellos, en parte de ellos, en parte tuya. Pero la parte tuya es también de ellos, porque también es mal vista, criticada.
Y te tildan de subversivo. De rebelde. De agitador. De revolucionario.
Y ni siquiera manipulaste un arma.
Ni siquiera le pegaste a un animal.
Ni siquiera caminas tranquilo, vigilando no pisar ni una hormiga.
Sólo porque vas a lo natural. A la búsqueda de las raíces. A la tierra, a la vida.
Y eres hereje sólo porque dejaste de lado creencias mágicas para tantear una naturaleza que sí sientes.
Y eres malvado por no confesarte, no arrepentirte, y creerte con un dios interno.
Dios que combinas con diablo en una experiencia plena de ser humano, en tu más pura y primitiva humanidad: la que cargas desde hace millones de años por tu condición de hombre, reconociendo tus imperfecciones, errores y confusiones. Pero aceptando eso como algo innato, imposible de evitar.
Sólo por ser humano.
Sólo por ser un hombre.
Vos, hombre, que no debes dejar que los hombres alejados de su humanidad quieran aplastarte.
Estás cercano a tu clímax.
Vivir no cuesta nada
No se todavía. No entiendo el por qué. Pero se me ocurren millones de cosas para explicar por qué amo tanto la vida. Será que me detuve a mirar la inmensidad del cielo muchas veces, como ahora. Mirar durante horas, un espejo cubierto de celeste extendiéndose sobre mi, acaparando mi visión por completo. Y allí un sol brillando, cegandome, pero llenandome de energía, de luz. Será que escuché más horas de música de lo que escucha la mayoría de la gente, más canciones, más voces, más estilos, más instrumentos, algunos de los cuales hasta los pude tocar por mi misma. Sonidos que me inundaron de pies a cabeza hasta el punto de estremecerme por completo. Será quizás que olí tantas flores, tantos perfumes, tantos aromas, hasta llenarme de ellos por completo, dejándolos formar parte de cada recuerdo, para que sean más que un simple olor, sino una lluvia de imágenes, de sentimientos, de momentos, trasladándome con sólo cerrar los ojos. O será que probé millones de sabores, sin decir no, más allá del aspecto de la comida... Tan solo probando. Degustando. Dulce, salado. Y jamás privandome. Siempre gustando lo que quería, siempre que podía. Sabores que llenan la boca de uno, la mente, dando satisfacciones, placeres, haciéndonos sentir como completos, como plenos... O quizás será lo mucho que percibi con mis manos. Con mi piel. Con mis mejillas. Con el cuerpo. Cada textura, las plantas, la arena, el agua... Y cada sensación. Frío, calor, sequedad, o sentir lluvia en cada centímetro del cuerpo. Y sensaciones de sentimientos. Cada abrazo, cada caricia. Cada beso. Cada persona que me dio la mano... Esos que dejaron marcas imborrables, y que hoy día siguen allí. Que sé que mañana me volverán a abrazar...
Un día cayó un rayo, y lo sentí muy cerca. Lo vi atravesar el cielo, lo escuché sonar, oli el aroma a electricidad que dejó al atravesar el cielo, saboree la lluvia cuando empezó a caer y sentí en mi piel el frío que había aumentado apenas la lluvia comenzó.
Hay razones para vivir entonces? Y para vivir viviendo? Para vivir siendo feliz? Acaso no basta con saber que estamos vivos para ser felices? No es ya maravilloso contar con nuestros sentidos?
Un cuerpo. Sólo eso somos. Venimos con un cuerpo y eso nos llevaremos. Somos prescindibles para todas las personas... Y así lo deben ser para nosotros.
Pero mientras están en nuestra compañía, disfrutemoslas. Y llenemos ese cuerpo de cosas. Marquémoslo. Llenemonos de cicatrices. Golpeémonos y recuperémonos. Dejemos algunas cosas libradas al azar para conocer el azar mismo. Planeemos otras cosas, proyectando. Probemos, conozcamos, descubramos, sintamos.
La vida es una vez sola. No se va a repetir. Cada momento y recuerdo es único. Por eso debemos vivirlos a pleno. Exprimiendo cada segundo y guardandolos en nuestra mente. Pero guardandolos como recuerdo que son. Aceptar su fin, sea bueno o malo, y continuar. La vida continua, los segundos corren, el mundo va a seguir girando aunque vos quieras bajarte. Por eso no te detengas, seguí, continuá, reí, llora, pega, peleate y reconciliate, perdona, no te enojes durante mucho tiempo si eso no te da felicidad, caete y levantate, pero viví... Viví con plenitud, que el día que la muerte llegue, no la vas a ver con miedo... Sino como una especie de amiga. Porque vas a haber vivido con tanta felicidad, que ya te vas a sentir completamente realizado. Quién sabe qué venga después! Creé en lo que vivis hoy, no en lo que podes llegar a vivir mañana. Tus únicas herramientas son tu cuerpo y tu mente. Son tuyos y de nadie más. Vos los disfrutas a tu gusto, y al máximo.
No es que no esté feliz, porque amo la vida que llevo...
Pero... ¿qué sentido tienen los días si siempre todo es igual?
¿Dónde está la magia, la adrenalina, la emoción?
Quiero salir de la rutina, quiero saltar, escaparme de repente...
Así viviría toda la vida.
niñoINTERIOR
¡Mírenme todos!
Vientos veloces
¿Un vendaval? ¿Una ventisca? ¿Un tornado? ¿Un huracán?
Vientos que, veloces, arrasan, mueven...
A veces, violentos.
A veces, feroces.
A veces, otras veces, tan sólo danzan.
Danzan al ritmo de los latidos.
Gráciles.
Delicados.
Sutiles.
Como trazos de un pincel dibujados en el aire.
Colores pasteles desplegándose en derredor.
Envolviéndonos en una espiral de cosquillas, suaves, pícaras...
Y una vez que empiezan, tan sólo son.
Son, y debemos dejarlos ser.
Porque no: no hay forma de frenarlos.
No hay puerta, ni muro, que sea obstáculo
a esa ola de sensaciones que vienen a movilizarnos.
Vienen a hacernos temblar, de pies a cabeza.
Cada centímetro, cada célula.
Tiembla el corazón y el alma.
Tiemblan al compás de un sentimiento,
que invade el cuerpo, de un momento a otro.
Que persiste, como la tormenta.
Que se intensifica, y disminuye, y se hace más fuerte, y se debilita,
de a ratos, por momentos...
Hasta que tan solo calma.
Cesa.
Termina.
Pero, momentáneamente...
Siempre, con probabilidades de volver.
De que esos vientos vuelvan.
Vientos que, veloces, arrasan, mueven...
Y no hablo de un recuerdo concreto. No el recuerdo de un momento específico, de un abrazo, de una caricia, un beso, una palabra.
Sino del recuerdo general. Recordar una cara o una persona por las veces que esas personas pasaron momentos con nosotros. Recordarlas por recordar, no por algo en particular.
Recuerdos de esas personas quedan dando vueltas en la mente, muy al fondo, como vagos, como hilos de pensamiento entrecruzándose entre sí, dando giros, expandiéndose y retrayéndose, flotando.
Hilos que quedan en la base de la cabeza, abajo, cada vez más abajo, a causa de nuevas imágenes, nuevas emociones, que se van encimando, acumulándose, aplastando esos recuerdos pasados.
Pasados, aplastados, sí... pero allí están. Como latentes. Como expectantes. Como a la espera.
No quieren ser borrados, ni aplastados -tanto y de tal manera- como para que sólo terminen... pulverizándose.
Y por la estima que uno puede llegar a tenerle a esos recuerdos, siguen vivos. Se mantienen.
De vez en cuando vuelven. Borrosos. No tan reales.
Así como vuelven, duran un rato y se van.
Y vuelven.
Y se van.
Y el tiempo pasa, y los meses pasan, y los años pasan...
Y esas personas quedan en la mente. Quedan ahí, con los sentimientos, los roces, el afecto.
Pero de repente, inesperadamente, alocadamente... Aparecen.
No en la mente, no en un recuerdo, no en un pensamiento...
Físicamente.
Reales.
Tangibles.
Aparecen. Sólo aparecen.
Aparecen otra vez, allí, en nuestra vida, irrumpiendo en la cotidianidad.
Y esos hilos, allí guardados, se abren paso entre todos, para salir a flote a refrescarse.
A respirar. A reformarse, estirarse, agrandarse, crecer.
Las personas aparecen. Y, a veces... De qué forma!
Personas trascendentales, que en horas, logran cambiar el curso de la vida de uno.
Personas responsables de que esos pequeños pensamientos existan, que ahora no sólo se renovaron, sino que se agigantaron.
Personas que vienen a quedarse, por más que luego del encuentro se vayan.
Personas que reviven los recuerdos, para que suban escalones, y se queden arriba, en el podio, generando mil pensamientos nuevos, que ocuparán la cabeza, día tras día, hasta que nuevamente, comiencen a ser reemplazados, pisados, suplantados... Por nuevos recuerdos.
No sabe si está bien la dirección a la que va.
Se mueve espeluznante, moribundo, errante.
Camina despacio, arrojando lo que queda de su alma
en cada sonido de su garganta.
Es como la muerte. Fue como un suicidio.
Murió ella, y casi que él muere también.
Pero no llegó. No alcanzó a morir.
Tan sólo quedó allí. Casi vivo. Casi muerto.
Con sus sentidos aplacados.
Con su boca seca pero sangrante.
Con sus ojos secos, sin brillo.
Con su cuerpo débil, agonizante.
Cada paso dado es una parte de algún baile.
Cada suspiro, un pedazo de canción.
Confusión
¿Siempre va a ser igual?
Es increíble cómo, actitudes diversas a las de todos los demás, hacen que alguien resalte, sea diferente, se destaque ante el resto...
Por su presencia a cada momento, por percibir, por estar ahí.
~ Feel
Él sin abrirse, sólo cerrándose como ellas. Sumido en sí mismo, acobardado.Les teme. Le asusta salir de su pequeño mundo.
Intenta clamar por ayuda y no lo logra.
Pues ni siquiera sabe si desea esa ayuda.
Pedir ayuda significa soltarse al exterior.
Significa demostrar debilidad.
Significa romper su membrana que lo recubre,
mostrándolo imposible de ser atravesado,
corrompido.
Mostrándolo inmóvil a cualquier cambio a su alrededor.
Mostrándolo como si estuviera muerto, inerte, sin vida.
Sabe que lo miran.
Mejor: Piensa que lo miran.
Pero sabe y piensa cosas equívocas.
Pues nadie lo mira.
Nadie lo ve.
Nadie le presta atención a esa bola, volando en el aire.
A nadie le preocupa.
Todos viven inmersos en sus mundos, como él.
Él, que creía que era aquel ajeno al resto.
Él, que pensaba que el resto quería desarmarlo.
Él, terminó dependiendo de ese gentío para sobrevivir.
Pues para mantenerse vivo no podía soltar sus rodillas.
Y soltarse significaba abrirse.
Abrirse significaba conocer.
Conocer significaba caer.
Caer en la realidad dura.
Golpearse, darse cuenta de que estaba solo.
Golpearse duro, y dejarse morir.
Love hurts.
Amores dolidos, en el aire flotando, en la nada, desparramados, esparcidos, condenados al olvido.
Infecciosos.
Fugaces.
Sagaces.
Arrasadores.
Religiosos, espirituales, carnales, mundanos.
Suben como aire caliente e invaden la atmósfera.
Vientos de amor, sobrevolando.
Vientos que vuelan, y mueven, y cambian.
Y renuevan.
Y modifican.
Y enmendan.
Recomponen y curan.
Pero luego rompen.
Destrozando.
Pasados que vuelven atormentando los días, amores que sanan y luego aterrorizan.
Sabores dulces, salados, amargos, entremezclados.
Emociones contorsionadas, que nuevas, que extrañas.
Vibraciones del vientre, sentimientos prohibidos, deseos mal vistos.
Y se arriesgan y arrojan como por un risco, teniendo claro que debajo, allí, lejos, espera un duro aterrizaje, un golpe seco, asesino, que derramara lágrimas y hará florecer dolor.
Sueños queriendo ser aniquilados arrojandose allí.
Sueños soñados que duraron minutos, minutos increíbles, inolvidables, maravillosos..
Que arrebataron un corazón sin coraza.
Un corazón virgen, aferrado a ilusiones vanas.
Un corazón entero, siendo arrancado y sometido a rupturas, torturas, locura.
Locura misma, locura pura, del amor ingrato, efímero, aprovechado.
Ese que sólo pasó, dolió, y salió a volar en el aire, en la nada, esparciéndose, derramandose, siendo condenado al olvido.
Inconformidad?
Quejarse de lleno?
Lleno le decían?
Si hacía meses que se sentía vacío...
Tic, toc.
Reloj, marcando segundo a segundo.
Tiempo imparable, imposible de retrasar.
Llegaba cada minuto con una lágrima nueva.
Llegaba a acongojar su alma ante la incertidumbre del mañana.
Futuro incierto, futuro cercano...
¿qué haría?
Ahí estaba su dolor..
Estaba solo.
Solo en su cueva de oro.
Solo.
Sin saber si ocultarse o salir.
Solo sin amor, sin planes, sin todo, sin nada.
Solo, preguntándose por qué.
Cuestionandose a sí mismo.
Recordando sus errores, concentrarse en no repetirlos otra vez...
Pero no había caso. El dolor del alma lo cegaba.
Ceguera intensa desatada.
Ceguera que lo atrapa y disminuye.
Ceguera que logra en él esa estúpida decisión de esconderse, ocultarse de ese mundo vertiginoso, desconocido, pero del que tanto le habían hablado...
Jamás saldría a ese mundo. El mundo del amor era demasiado desaforado.
Preferible no arriesgarse.
pero siento, sueño, y vuelo a veces, o vuelo todo el tiempo.
Esta vez presiento que es otra vez lo mismo,
que al final del camino me espera el abismo que no quiero alcanzar,
pues es un martirio, caminar los mismos pasos, el sendero ya recorrido.
Infatuation
Su cuerpo se estremece ante la llamada del amor.
¿Qué son esos gritos? ¿Qué son esos llantos?
¿Qué es ese corazón? Está latiendo al compás de una canción.
Canción de amor, canción enamorada.
Su sonrisa se dibuja en un sólo pensamiento.
Sus manos bailan ondeando en el cielo, como el viento.
Sus ojos brillan simulando ser luceros.
Ay, de ella! Ay, de su amor!
¿Qué será de su cordura, si en su alma es locura?
Mira el Sol y canta. Mira la Luna y baila.
Baila, canta, y salta.
Mueve su cuerpo, y lo busca.
Mueve su ser, rozagante.
Ha vuelto a nacer. Ha perdido las cadenas, las ha dejado atrás.
Ha vuelto a conocer la verdadera felicidad.
Sonreirá cada mañana, nuevamente, aunque llueva.
Sonreirá aunque las nubes no le dejen ver celeste.
Sonreirá porque en su amor no cabe más que la belleza y la alegría,
y en su cabeza, imágenes y recuerdos de cada segundo vivido a su lado,
cada palabra, cada "te quiero",
cada momento, impreso, grabado.
Ugly.
Cuando la careta de la sonrisa se hace insostenible, ya no puede aguantar seguir ese acto. Su mirada se oculta detrás de un velo, sus manos no le obedecen, su ser intenta alejarse.
Cuando percibe que la esencia se corrompe, que su corazón marchita, su careta se le cae, y por debajo se ven sus ojos, llorosos, cristalinos, sufriendo.
Cuando más necesitaría la compañía, el apoyo, el sostén, se da cuenta de la verdad: su realidad está inundada de soledad.
Cuando pensaba que todo era de la mejor manera, una gota rebasa su vaso, y no sólo lo desborda; también lo tira, arroja, destruye, derramando un sinfin de sentimientos y dolores, hasta ahora ocultos, que le rompen el corazón.
Them
Mira para adelante, para los costados, para atrás. Y se pregunta: ¿Dónde es que estoy parado? ¿Dónde estoy situado? ¿Sobre qué? ¿Para quién? ¿Con quiénes?
Y comienzan las cuestiones. De si está bien lo que hacemos, si es lo correcto, si otra cosa sería mejor, si los sentimientos son los correctos, si la vida es la indicada, si el tiempo está bien utilizado, si los impulsos son sanos, si nos estamos sintiendo bien, si nos sentimos mal...
Comienzan las dudas. Si seguir con lo que tenemos, dejarlo a medio hacer, delegarlo a otra persona. Si decir "continuo", si decir "paro". Si decir "soy" o "no soy". Si decir "sí" o "no".
Buscamos las soluciones. Buscamos los caminos. Opciones que se presentan bifurcando los caminos, opciones que cambian el destino, el futuro. Opciones en nuestras manos que nosotros elegimos, que tomamos bajo nuestro poder, nuestra conciencia plena, nuestra decisión e intenciones. Opciones que no sólo nos modificarán la vida a nosotros, sino a los que nos rodean. A esos "quienes" que dan pasos con nosotros, que nos guían, que crecen a nuestro lado. Esos "quienes" que no nos dejan. Esos "quienes" que nos quieren. Esos "quienes" a quienes queremos. Esos, que nos miran, nos escuchan, nos secan las lágrimas, nos ponen el hombro, nos dan la mano...
A cada locura, indecisión, incertidumbre.
Elegir con amor.
Que el amor nos lleva, dirige, guía...
Y recordó eso que había hecho alguna vez...
Eso de ilusos, de crédulos.
Eso a lo que nadie le da importancia.
Eso que tal vez, a nadie le servía de nada.
Eso que muchos veían como pérdida de tiempo.
Eso que quizás no tenía significado.
Eso...
Eso de cerrar los ojos y dejar que el sol la completara.
En una misma noche, en el silencio de la oscuridad, los escucha.
Y su alma se acongoja en una soledad desolada.
Su alma se reprime ante esa imposibilidad.
Imposible gritarlo, imposible decirlo.
¿A quién le diría? ¿Con quién cuestionaría?
Si sólo él la entendía, sólo a él le interesaba.
Sólo con él comprendía los colores, las formas.
Sólo con él el silencio eran palabras.
Sólo con él el cerrar los ojos eran miradas.
Sólo con él el soñarse era tenerse.
Tenerse juntos, tenerse el uno al otro.
Unidas, las mitades... Prometiendo jamás dejarse.
Jamás separarse.
¿Y dónde quedaron esas promesas?
¿Dónde fueron a parar los juramentos?
¿Los sueños? ¿Los deseos?
Quedaron allí, escondidos, en la historia, volviéndose pequeños.
Como se achica su corazón.
Como se achican los recuerdos.
Como se achican las ganas de vivir.
Volviéndose pequeños por debajo de montañas de tierra que, día a día, crecen. Que día a día, se engrandecen.
Como se engrandece su pecho.
Como se engrandece su orgullo.
Como se engrandece su rencor.
Y ella piensa y llora. Quizás él también lo haga.
Pero ella llora. Llora por no tener la capacidad de amar.
Llora porque no sabe odiar, no sabe.
Llora porque no sabe gritar, no sabe.
Llora porque no quiere golpear.
Llora en la noche.
Otro llanto. Y van trece ya.
En una misma noche, en el silencio de la oscuridad, llora amor.
Y su alma se acongoja entre lágrimas saladas.
Su alma se retuerce ante tanto dolor.
Imposible olvidarlo, imposible quitárselo.
¿Cómo lo soportaría? ¿Cómo viviría?
Si sólo él la completaba, sólo él la llenaba.
Sólo él le hacía sentir tan viva.
Sólo él la conocía a la perfección.
Sólo él sabía cómo hacer cosquillas.
Sólo él era lo que necesitaba.
Lo necesitaba junto a ella, necesitaba esa mitad.
Unidas, las mitades... Prometiendo jamás dejarse.
Jamás separarse.
Adiós.
Le hablo. La miró expectante. Escuchó sus latidos, y lo supo. Su dolor jamás había huido. Lo sintió latir y al instante escuchó el suyo. Despacito en silencio renacía entre tanta desazón. Corazón destruido, se agujereó después de mil suspiros de amor, un amor algo tenso, un poco de desolación. Sus palabras ya no eran las dagas que una vez, fácil le penetraban su ser. Un ser que parecía ya no tener destino, un futuro incierto que se asomaría; no amanecería ese día, se secaba la vida que tenía, luchaba contra su propios lamentos, escupiendo recuerdos.
Y miró, y él no la aborrecía, ya no. Se notaba en su mirada un color, y un brillo intenso, dulce, tan perfecto. Lo abrazó, sintió el cambio en su interior, sentimientos mezclados, aferrandose en el corazón. Pero no, no podría quererlo como su cabeza deseaba, sólo decidió seguir el latido de ese pequeño corazón, que a gritos pedía piedad, le rogaba a su dueña una pizca de misericordia, pues ya no volvería a soportar el dolor que le había tocado pasar, ese fuego que había convertido en ceniza cada parte de su alma fugaz.
Y no pudo, y él no aceptó, otra vez no podrían convivir su amor con su amor. Volvieron a caer, en pedazos rompió cada parte de ellos al caer en el suelo, y el corazón de ella ya previó la situación: el dolor más intenso que jamás sintió, el sentir que una parte de sus más profundos adentros se rasgaba, se cortaba, se fugaba, y huía lejos, con él.
I am me
Soy hermosa, por dentro como por fuera. Todo lo que hago es lo que quiero hacer, lo que digo es lo que quiero decir, lo que pienso es lo que quiero pensar. Tengo defectos y virtudes que son míos, que nadie me hará cambiar, no si yo no quiero. Mis actos son consecuencia de mis valores, mis ideales y principios. Cada palabra que digo, cada abrazo que doy, cada consejo de aliento, es todo mío, y no pueden quitarmelos. Soy yo como quiero ser, transcendiendo las modas, épocas y modelos sociales. Deseo con locura mis pasiones del alma, deseo, y me aferro cuando quiero, cuanto quiero, a mi gusto. Soy feliz en exceso porque soy la única dueña de mis sonrisas, y mi vida es esta sola, mis segundos ya pasaron y los que quedan son únicos e irrepetibles, por eso intento exprimirlos hasta sacarles todo el jugo posible. Disfruto las miradas, muestras de afecto y palabras ajenas, disfruto compañía de amigos, compañeros, familia, gente. Cometo miles de errores y trato de no repetirlos otra vez, sólo si el dolor del error fue tan intenso como para hacerme cambiar la perspectiva. Suele pasarme que si la piedra no es lo suficientemente grande para verla, vuelvo a tropezar, pero sé que es todo parte de un aprendizaje, una enseñanza, una moraleja de la vida. Se que no soy igual a nadie, y nadie es igual a mí, por lo tanto soy quién más me conoce, y sólo yo puedo juzgarme, porque soy la única persona con acceso al alma mía. Conozco la soledad y soy amiga de ella, y no para estar prevenida por si llegan a abandonarme: sólo lo soy porque, por algo, no nací pegada a otra persona, sino que sola, independiente, con mi propio lugar, espacio. Fui creada para vivir, buscando el sentido y la dirección, siguiendo mi corazón ignorando los mandatos del mundo, de las religiones, de los políticos. Descubrí que hacer el bien me purificaba, que me daba tranquilidad. Descubrí que la muerte de un ser querido me causaba dolor, pero también comprendí la naturaleza y su ciclo de la vida. Miré el sol y aprendí a creer en su energía, deje que me llenara de calor; miré en la noche y descubrí la oscuridad hermosa, envolvente. Miré a mis padres y descubrí mis ejemplos, miré la vida y descubrí un camino, dividido en dos: hacia atrás y hacia delante. Mi espalda mostraba pisadas, vueltas, tropiezos, sangre y derivas. Mi pecho mostraba un camino infinito, largo, para sera recorrido, vacío aún, pero repleto de proyectos, alegrías, compañía, amor.
Soy yo con mi vida. Vida que elijo vivir a mi manera. Existirá aquel que pensará difrente. Aquel que me admire. Aquel que me insulte. Aquel que tan solo piense. Y esos insultos, pensamientos, admiraciones, no me importan. Ya no.
Puso un punto. No seguido, no aparte...
Final. Tan solo final.
Final devastador.
Pensando qué hacer, intenta actuar. Pero últimamente todo lo que hacía no era otra cosa que reabrir viejas heridas. Luchando con su propio ser, la mente quiere actuar, su cuerpo, morir, el alma, huir. Las sonrisas que saludaban al cielo cada mañana, empezaban a forzarse, costaban. Y palabras a sí misma eran una especie de consuelo, una serie de preceptos, frases bonitas, armadas, para darle a su corazón, tal vez, algún abrigo ante el frío desalmado, que rugia cada día como arrebatandole la poca vida que tenía.
Y seguía imaginando, inventando, pensando. A veces, sus ocurrencias la hacían sentir fuerte, sentir que podría, que lograría enfrentarlo. Pero cuando razonaba, entendía que esos imposibles no hacían otra cosa que mantenerla sujetada al borde de la locura. Sintiose demente, olvidada, enferma. Sintió que desconocía la vida que vivía. Sintió que los recuerdos eran sólo fantasías. Sintió que su comida ya no era vital; que dormir era en vano, que llorar la angustiaba más aún, que la gente no la miraba. Sintió que era un fantasma que aún no flotaba, que todo la traspasaba, que al suelo estaba aferrada, con sus alas de pichón todavía incapaces de alcanzar el vuelo que ella tanto ansiaba. Y en sus ojos se veía un brillo, que vidrioso se reflejaba; parecía ser lo único de vida que le quedaba, pues ya sus manos, sus piernas, su cuerpo, su cara, se movían por inercia; su corazón latía sin sentido, latia por latir, latido tras latido...
sola sin él.
La había visto, cayendo, sumergiéndose en dolor.
Sentada en una esquina estaba, perdiéndose
entre medio de la oscuridad, de las lágrimas.
"No lo sé" respondió, se sintió confundida,
buscando en su interior una razón que diga
qué era lo que pasaba, lo que le acontecía,
lo que hacía sus noches eternas y frías.
"¿Puedo ayudarte?" le dijo una anciana.
Levantó la mirada, finas arrugas surcaban
su cara, plena sabiduría de la vida,
y su expresión, la notaba algo preocupada.
"¿Le da lástima verme así?" ella respondió.
Pensó que tal vez muy mal se vería,
rogó que tal vez su aspecto haría,
que cuando él pase, pare a mirar, y la vea.
"Eres sólo una niña" siguió esa señora.
Un beso en la cabeza y un abrazo la alentaron.
Pero ella estaba sola, por más que todas esas personas
que por la calle caminaban se sentaran a su alrededor.
"Déjate ya de caprichos" una voz exclamó.
Ella vio una figura aproximándose, despacio.
Las lágrimas secó, y apenas miró, lo reconoció.
Su presencia la mezclaba entre amor y dolor.
"Vete a tu casa" nuevamente escuchó,
la voz se acercaba, el cuerpo acompañó.
Su mano estrechó la de ella, y ahí sintió,
el alma volvía al cuerpo, aunque sólo era ilusión.
"¿Por qué eliges dejarme?" dijo ella, en un impulso.
Y sólo así comprendió la verdadera razón
del llanto, de las lágrimas y del desamor.
El hecho de amarlo, extrañarlo entre dolor.
"No puedo vivir a tu lado si no puedo amarte,
y sólo se me ocurre abandonarte,
y abandonar contigo mi alma, para vivir por inercia,
para vivir sin amor, sin vida, sin nada"
Esa fue su respuesta. O eso fue lo que ella entendió.
Él le dijo "Vete a tu casa", ella tan sólo obedeció.
Y se quedó pensativa, sentada en esa entrada,
mirándolo alejarse por el callejón...
Hope-
Antes llovía, y todo el cielo estaba gris, cubierto, cerrado. Ahora, aunque sigue lloviendo, el sol se asoma entre las nubes, iluminando el crudo invierno, formando arcoiris de colores, dándole atisbos de esperanza al corazón, para que pueda seguir soportando el dolor de este adiós, y deseando que la despedida no sea definitiva.
Comienzo y fin
Raining
Hay electricidad en el aire.
Ya comienzan a caer, ya vienen.
Inclina su cabeza hacia atrás,
levanta sus brazos,
y espera.
Una por una, gota a gota,
comienza a llover.
Es un día gris.
Pero no es gris para ella.
Ama esa tempestad,
ama llover.
Se siente húmeda,
se está empapando,
la lluvia la cubre en totalidad.
Recuerda, y llora.
Y comienza a entender:
ya no es lo mismo que antes.
La lluvia que la limpiaba,
que la purificaba de las penas,
ahora era como pequeñas navajas;
gota tras gota, le atravesaban
los brazos, la cara,
y el corazón.
La lluvia que tanto amaba,
que su cuerpo llenaba,
pasó a ser una ola de dolor,
mil sentimientos que,
como llamas ardientes,
se entrecruzaban en su alma.
La lluvia que necesitaba
en vano llegó,
en vez de darle fuerza,
le quitó todo el color,
y la vida que tenía,
el amor que le quedó.
Imagina que tal vez,
quizás, en un tiempo,
todo volvería a su estado original.
Regresarían sus palabras,
sus sonrisas, sus encuentros,
y sus sueños serían realidad.
Espera, y ruega al cielo,
que él sea más que recuerdos,
que vuelva a manifestarse,
que sea parte de su vida,
que la llene de alegrías
y le haga sentir mejor.
Una serie de amores un poco confusos, intentos de conquista jamás llevados a cabo, soledad, una semana de palabras bonitas, más soledad, dos meses de obsesión, golpe contra la pared/piso/REALIDAD, otra vez soledad. Al fin y al cabo, no comprendía bien qué era lo que su corazón prefería, si sus obsesiones, si un amor no correspondido, si un forro que la boludee... A esa soledad. Soledad impiadosa, soledad fuerte, que la amarraba, encadenaba, y no soltaba.
Después recordé lo que había soñado. Soñaba que hablaba, más bien, chateaba con él.
Ni siquiera lo veía, ni siquiera escuchaba su voz.
Tan sólo chateaba.
Una comunicación tan fría, tan distante, tan lejana...
Pero me comunicaba.
Me decía palabras.
Escribía risas, preguntas, contestaciones.
Contestaciones a todo lo que le decía.
No más ignorancias, no más incertidumbres.
Hasta que caí en la realidad.
Sólo había sido un sueño.
Sólo lo había soñado.
Había soñado otra vez con su amistad.
Otra vez con sus saludos, con su contacto, con su locura.
Otra vez con sus ocurrencias, con su humor, tan particular.
Fue sólo un sueño.
Y cómo duele eso.
Quiero poder olvidar.
Quiero querer olvidar.
Pero ¿cómo dejar de lado tantos recuerdos, tantos momentos?
Tanto querer que se echa a un lado.
Tanto amor, botado.
Tantas sonrisas jamás repetidas.
Tantas palabras, nunca vueltas a decir.
¡Qué difícil se ha vuelto!
Difícil, lo que parecía tan tonto.
Difícil, lo que parecía estúpido.
Y la neblina de la noche se volvió más espesa.
Se durmieron los sueños, resurgieron las penas.
Y el dolor se interpone en el camino a los colores,
se vuelve negro el cielo, y empieza a llover.
No más consejos, no más compañía.
No más te quieros, no más.
No se llevan bien tu querer y el mío.
No son del mismo planeta, se desconocen.
Podrías estar tú aquí, y yo a tu lado, y no nos veríamos.
No te vería, no me verías.
Porque no correspondes a mi dimensión,
y yo no correspondo a la tuya.
Porque no la concibo,
y tu no concibes la mía.
Amistad y amor no coordinan,
se desconocen, se lastiman.
Y aunque quieran convivir, no lo logran;
sólo se toman para desgarrarse entre sí,
para resquebrajar las almas, para romper corazones...
La vida te termina demostrando, al final del camino, que la amistad va por sobre todo: que duele más el corazón al dejar ir a un amigo, que al perder a un amor.
glory days-
Nuestro día de gloria.
El momento de decir: lo haré hoy y no mañana.
Porque éste es nuestro momento.
Momento de decir: ésto soy, ésto quiero ser.
Ésto siento y ésto quiero sentir.
No importa lo que seré mañana, menos aún lo que fui ayer.
Soy hoy, siento hoy, vivo hoy.
Porque no hay momento, ni segundo, ni latido, que se vuelva a repetir, a dar, en iguales condiciones, circunstancias, con las mismas personas, en la misma casa, bajo el mismo sol, bajo la misma lluvia; como aquellos dos que allí estaban, en ese instante único, pero mirandose, observándose, rogando porque el futuro sea colorido, porque allí suceda algo de una vez, por ser felicidad de a dos en lugar de uno, en vez de tomar sus almas y arrojarlas al infierno del amor; arriesgarse por amor, YA.
Choices
Estaba claro que no era sorteado.
No era ni sorteado ni librado al azar.
No era ni sorteado ni predestinado.
Era cuestión de elegir. De seleccionar.
De tomar un camino. Por sí o por no. Por blanco o por negro. Por lo que está bien y lo que está mal (bajo nuestra concepción).
Pero así como hay quien elige con facilidad, hay (y cuántos...) quienes eligen sin elegir, los que cierran los ojos y señalan sin ver, deciden sin saber, omiten, no opinan. Sumisos, perdidos ante una neblina un tanto extraña, víctimas de la falta de conocimiento y fuerza; conocimiento para saber, fuerza para elegir.
Decisiones fallidas, generalmente, resultan de esto. Decisiones que no enseñan más que una falta de devoción por lo que se cree. Una falta de amor por lo que se piensa, se desea, se busca seducir. Una falta de noción de qué es lo que hay que seguir. Una falta de sentido para poder escuchar a ese pequeño, que nos grita, desde adentro, sus más profundos deseos, que nosotros -en infinitas ocasiones- descartamos, desechamos; tirados en el bote, esperando embarcarse en alta mar para perderse y arrojarse al mar, a ese océano de olvido que jamás será recordado.
Cuán sencillo, cuán hermoso, y cuán magnífico sería todo sí tan sólo siguiéramos el ritmo del corazón, ¿no?
¿Otra vez buscar? ¿Otra vez sentir?
No debe ser así. No tendría que ser así.
Pareciera como si no pudiéramos crecer. Como si no pudiéramos deshacernos de los fantasmas del pasado. Como si la vida fuera muy difícil para ambos. Como si alguna vez nos hubiéramos amado.
Pero entre nosotros sólo hubo una llama.
Pequeña, pero duradera, intensa.
Pequeña, pero que insiste en no apagarse jamás.
Pequeña, pero que alguna vez se sintió gigante, enorme, arrasadora.
...
Se desean mutuamente. Ella levanta la cabeza y lo percibe. Su mirada se puede sentir como un escalofrío a lo largo de su espalda. Desea que sus manos le rocen las suyas.
Él también desea lo mismo. La ve u no deja de llamarla, silencioso, atrayéndola con todas sus fuerzas.
Ambos se desean. Pero ahora, mañana tal vez no. Tan sólo son aventureros, impacientes por arrojarse por ese precipicio, inundados de pasión y locura.
En horas, el último primer día de clases. Es raro pensar que llegó este día. Hacía poco lo veía como lejano, y ahora faltan tan sólo un par de horas para volver a pasar esa puerta, empezar la rutina, terminar mis vacaciones. Es lo que hay. Pero, aunque implique despertarme temprano, hacer tareas, estudiar y ser más ordenada, me gusta, un poco, que empiece otra vez.
Suerte a mi misma y a mis compañeros.
Empezó el ciclo lectivo 2012.
6° de Ciencias Naturales!
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