Raro escuchar canciones y no tener nadie en quién pensar. Raro darse cuenta que su experiencia amorosa era mínima, casi inexistente. Que todos sus "amores" nunca le habían correspondido, que había pasado menos tiempo saliendo con un chico que ordenando su pieza, teniendo en cuenta que bastante desorganizada era. Raro era mirar hacia atrás y ver un pasado más bien vacío. Algunas alegrías, aisladas, surgían entre la nada. Algunas alegrías un poco efímeras, que en la primera de cambio se desvanecían, por desilusiones, traiciones, olvidos, dolores. Alegrías que duraban poco, una noche, dos tardes. Alegría que aparecía sólo por mirar a un alguien, y no porque ese alguien la mirara a ella.
Una serie de amores un poco confusos, intentos de conquista jamás llevados a cabo, soledad, una semana de palabras bonitas, más soledad, dos meses de obsesión, golpe contra la pared/piso/REALIDAD, otra vez soledad. Al fin y al cabo, no comprendía bien qué era lo que su corazón prefería, si sus obsesiones, si un amor no correspondido, si un forro que la boludee... A esa soledad. Soledad impiadosa, soledad fuerte, que la amarraba, encadenaba, y no soltaba.