Por más que lo intente, trate, no puedo...
Quiero poder olvidar.
Quiero querer olvidar.
Pero ¿cómo dejar de lado tantos recuerdos, tantos momentos?
Tanto querer que se echa a un lado.
Tanto amor, botado. 
Tantas sonrisas jamás repetidas.
Tantas palabras, nunca vueltas a decir.
¡Qué difícil se ha vuelto!
Difícil, lo que parecía tan tonto.
Difícil, lo que parecía estúpido.
Y la neblina de la noche se volvió más espesa.
Se durmieron los sueños, resurgieron las penas.
Y el dolor se interpone en el camino a los colores,
se vuelve negro el cielo, y empieza a llover.
No más consejos, no más compañía.
No más te quieros, no más.
No se llevan bien tu querer y el mío.
No son del mismo planeta, se desconocen.
Podrías estar tú aquí, y yo a tu lado, y no nos veríamos.
No te vería, no me verías.
Porque no correspondes a mi dimensión,
y yo no correspondo a la tuya.
Porque no la concibo,
y tu no concibes la mía.
Amistad y amor no coordinan, 
se desconocen, se lastiman.
Y aunque quieran convivir, no lo logran;
sólo se toman para desgarrarse entre sí,
para resquebrajar las almas, para romper corazones...




La vida te termina demostrando, al final del camino, que la amistad va por sobre todo: que duele más el corazón al dejar ir a un amigo, que al perder a un amor.