Me visto para ir a la facultad de la misma forma que suelo estar vestida en mi casa.
Me visto para ir a trabajar de la misma forma que suelo estar vestida para ir a la facultad, y por lo tanto, para estar en mi casa.
Me visto para salir a un bar de la misma forma que suelo estar vestida para ir a trabajar, y por lo tanto, para ir a la facultad, y por lo tanto, para estar en mi casa.
Mis ojos ya no ven zapatos de tacón.
Ni polleras cortas,
ni escotes embriagadores.
Ni accesorios llamativos.
Ni peinados extravagantes.
Ni maquillaje excesivo.
Ni preparación exhaustiva,
en búsqueda de perfección,
de tapar el mínimo defecto,
realzar virtudes,
curvas exuberantes,
una figura sensual
y pronunciados atributos...
Me refugié en monotonía y la búsqueda de la sencillez.
Y verme siempre igual en el espejo permitió apreciar belleza que no vi jamás.
Aprendí a resaltar mi sonrisa
sin usar un lápiz labial
sonriendo con más fuerza
que el resto de la sociedad.
Aprendí que mis ojos
no sólo se ven
más hermosos si cada vez
logro abrirlos más,
sino que también aprendí así
a poder ver mejor, poder ver más.
Aprendí que mi cuerpo jamás será como el de esas chicas
modelos de revista,
no porque no logre su figura
sino porque mi cuerpo es el mío,
no es el de los demás.
Aprendí que mi cabello
es más lindo estando suelto,
no porque me lo haya alisado
o porque lo haya arreglado,
sino porque de esa forma
vuela libre en el viento
como caballito desbocado
corriendo por el tiempo.
Aprendí que es hermoso
que alguien un día descubra
unas formas ocultas
que el resto sólo sospechaba
que estaban debajo de mis ropas
escondidas, sigilosas;
una mujer detrás
de un opaco biombo
esperando el día exacto
para salir a relucir
las transparencias de su alma...

Aprender de uno mismo es
como leer un libro con todas las respuestas
a las preguntas más descocadas
que se puedan formular.
Y aunque esto parezca
demasiado aburrido,
los riesgos más hermosos
los encuentro en las riendas
de las emociones que surgen
en vivir el día a día.
Viviré en monotonía...
Quien lo desee podrá verlo así.
Pero monotonía hermosa,
rodeada de confort...
Confortable confort.

Me gusta sentirme pelotita pequeñita, mundo chiquitito, agarrada de mis rodillas... Y de repente soltarme, abrir las alas, y volar.
El despegue así se siente más intenso.
Siempre parece diferente...
No parece rutina. Ni algo de cada día.
Es algo maravilloso.
Y se siente diferente el aire en la cara.
También el planeo antes de la caída.
También el amerizaje emergente en un mar cercano
a una tierra conocida,
pero yendo nuevamente a ser descubierta...
Todo se reconoce, pero será conocido otra vez.
Una nueva mirada.
Un análisis cambiado.
Fragancias que envuelven...
Y gira mi cuerpo sobre sí mismo.

Sentada en esa silla
su mirada está perdida.
La cabeza empezando a recordar.
Los ojos se van cerrando,
el alma está saltando,
recreando imágenes al pensar...
Tan reales que parece
que los huesos se rompiesen,
el corazón ya no lo aguanta más.
Necesita luz precisa
que ilumine la sonrisa
y le dé un respiro más al despertar.
Tiene los pies tan helados,
el vacío está a su lado,
nada queda más que tratar de aguantar.
Y un recuerdo pone en marcha
en su interior la avalancha,
y cruza los dedos deseando 'una vez más'.
El silencio es un martirio,
oye sus propios latidos,
y el aire que entra y sale al respirar.
Su nariz frota la almohada,
y en el costado una daga
que presiona fuerte contra la piedad.
Está sedienta del calor
de los labios tan humanos
que alguna vez se atrevió a probar.
Ambicionando dulzura,
no sabe encontrar la cura,
y entre esas piedras trata de remar.

Sensación indescriptible, pasión de dos cuerpos desenfrenados en búsqueda del otro. "Fusionar los cuerpos", exactamente... dar vida a ese despertar del alma, que sea real: ya no más parte de sueños, ni de imágenes creadas con la mente, ni ideas provocadas. Real, que suceda, que sea. Alma despierta, almas despiertas expresándose en un gesto como ese, tan puro e intenso, tan incomparable con nada más...
Revolución al cuerpo con mariposas que cantan un espíritu juvenil.
Dejarlo emerger es el objetivo. Pero también, sumergirse.
Emerger de las presiones que debilitan el interior, la esencia.
Sumergirse en el mundo nuevo, el descubrimiento de esa magia tan soleada y brillante: ese encuentro, esa unión.
Los cuerpos cantan.

armonía

Me diste de beber jugos de notas musicales, y sacaste del medio el miedo con soplidos de acordes encendidos.

En tantos agudos y graves transformaste mi cabeza, y el rasguido de una guitarra sonó, maravillosamente, alguna noche, vía digital... Hubiese querido escucharlos ahí, estando presente, sentada en la silla contigua. 
Al lado, como alguna vez había estado sentada, en ese colectivo, despreocupada yo, despreocupado vos.
Mirando las manos. Dos, que parecían una. 
Diez dedos. Entrelazados. 
Y unas miradas extrañas, temblorosas, asustadas, de ver con tanta claridad, transparencia y exactitud, cada aspecto, color, y pedacito, del alma ajena. A través de esos brillos, se encandilaron las sonrisas... 
Y las luces de la ciudad se opacaron ante la maravilla de su felicidad. Esos edificios y postes de luz quedaron apagándose, casi sin ser visibles, mientras otra vela se encendía entre esos dos cuerpos. 
Vela que quizás se apagara, pero... 
El fuego había existido. 
Había sido real. 
El aroma. La luz. El calor.
Eran. Existían. Existen.
Son.
Se atraviesa fugaz una imagen.
Dejó de ver, bajó los párpados.
No lo pudo evitar.
Allí estaban, los podía ver.
Los ojos, la manera de mirar.
Esa seriedad ocultando
un alma de niño,
sediento de reír y volar.
Se atraviesa fugaz una vez,
le llama la atención,
dos, tres, cuatro,
se empieza a preocupar,
cinco, seis, siete,
pierde la cuenta.
Está ahí, todo el tiempo.
En los ojos.
En la mente.
En las manos.
Manitos pequeñas.
En el calor de esas dos pelotitas
que en su cara, coloradas,
encabezan la sonrisa
todo el tiempo, plenamente.
Todo camina más despacio
y la textura del aire es
suave,
especial,
magnífica,
y por sobre todas las cosas,
confortable.

Pensar en cómo,
calcular cuánto,
pero 'cómo' y 'cuánto',
sumados es tanto...

No se puede medir.
Sólo sentir.

Miro la Luna y la siento latir.
Se contrae, casi indistinguible.
Pero se está contrayendo.
Late, y se dilata.
Se expande, despacito.
Tras cada latido va expandiéndose.
Derramando luz, se gira.
Con una melodía, se deforma
y miles de brazos van saliendo
formando espirales desordenadas
pintorescas y algo graciosas,
que bajan al terreno
y entrelazan con un beso
lo que encuentran a su paso.
Y esos besos,
el respiro,
son un golpe energético.
Sonríe la Luna y baila.
Salió a caminar por ese
sendero desconocido
a jugar un poco con el alma,
a mimar la voz que le canta.
Lágrima seca, ahora sólo es el rocío
que en la noche aparece mojando el sonido
de las voces que derraman
palabras ocultas
que sólo luego de un hondo respiro
pudieron desencadenar.

Ven, siéntate aquí.
No me mires así.
Sé que te sientes dolido,
que ha sido en vano
lo que sucedió.
No sé qué decir,
aunque me sentí
un poco más triste
que antes de haber descubierto
aquello que fui.
Y eso que dijiste una vez
que pasaría
simplemente pasó.
Y entre nubes
y gotas muy frías
mi cuerpo se estremeció.
No sigas hablando
deja ese momento
ocultarse tras la brisa
que esconde la oscuridad.
No mires para atrás...
un pasado es arrollado
y arrojado tras los escombros
de construcciones derrumbadas
con la fuerza de un huracán.

Sólo busca sonreír, y hacer sonreír a los demás.
Si eso cuadra, y sus cosmos se alinean, se siente en perfección.

"te quiero"

Recoge el último halo de su voz,
y elige decirle dos palabras.
Quizás serán muy simples,
conocidas,
utilizadas por todos.
Pero le representan un sentir.
Es lo que siente.
Lo único real y confirmado.
Lo único de lo que está segura.
Sufre el dolor del desconcierto,
cuando otras dudas
y demás preguntas
invaden su mente
sedientas de respuestas.
Pero entre esos dolorosos
hilos de incertidumbre,
ríe de la dicha
de que esas dos palabras
aún crucen su pecho
atravesándolo como flecha,
fugaces como las estrellas.

Despegó sus pies
y comenzó a subir.
Un vértigo mezclado
con pura adrenalina
se adueñaban despacio
de su entero cuerpo.
Algo de miedo inundó,
pero siguió remontando.
La sonrisa intacta persevera,
la alegría quizás es un invento,
o la fundamenta con los pocos
recuerdos de felicidad
que recuerda.
Pero tiene claro qué quiere:
Volar hasta alcanzar ese punto
que cada vez será más pequeño.
No, si no se apura... El deseo
se pierde.

Los días pasan.

Los años pasan.
Día a día me reservo más mis sentimientos. No pregunten cómo estoy. Simplemente salúdenme, y si notan en mi cara una falta de luz, denme un abrazo, y cuéntenme algo. No me hagan recordar. No quiero pensar más. Y menos aún, escuchar consejos. Consejos que no me sirven...
La realidad es que el sentir es propio de uno, y nadie jamás sabrá cuántas sonrisas obtuve, o cuántas lágrimas derrame. Nadie sabrá qué es lo que me hace bien. Qué es lo que me nutre. Qué me hace sentir plena y completa.

"Primero estás vos".
Si habré escuchado esa frase
incontables veces dicha
de boca ajena, y refiriéndose a mí.
Siempre las personas que me rodeaban tratándome de recordar
que lo primero soy yo.
"Yo estoy primero,
por mí me tengo que preocupar" repetían.
"Lo que importa es mi felicidad,
después manejaré el resto" volvíanme a decir.
Finalmente...
terminaba con una mueca de sonrisa.
Y todos, una y otra vez,
como a coro:
"Yo te avisé".

Esas frases resonaron en mi cabeza mucho tiempo.
Y llegué a la conclusión que sí: "estoy primero yo".
Pero... ¿quién soy yo?
¿Qué soy?
¿Cómo definirme?
Ante esas preguntas, busco respuestas.
Y cada respuesta tiene muy poco que ver con el concepto de individuo.
Nada que ver con el de unidad (unidad refiriéndome a UNO, no de unidad de unión).
No sé definirme como algo individual y personal.
Me defino con abstracciones y hechos,
me defino con acciones y sueños,
me defino con quienes amo y quiero.
Estoy primero yo.
Pero yo soy más que un cuerpo.
Soy todo ese conjunto enorme,
de sentimientos, momentos, recuerdos.
Soy una persona con un pasado escrito,
un presente en edición,
y un futuro débilmente boceteado,
disfrazado de colores,
con sonrisas en borradores.
Y en cada cual de estos aspectos,
ellas:
las personas que forman parte de mí.
Personas que me preocupan
y al ser parte de mi vida,
están primero,
porque son parte del yo
que yo soy.

Tengo tanta convicción en aplicar en mí misma la frase: "cagate vos, no le cagues la vida a los demás" que ser infeliz por no perseguir mis deseos, pero proteger los deseos y la felicidad ajena, me termina haciendo feliz.

Cada mañana la misma historia
de amanecer con la pregunta
que carcome mi conciencia
segundo a segundo.
¿Estoy transitando el camino correcto?
¿Estoy haciendo lo que debo?
¿Lo que debo y lo que quiero, coinciden?
Me impuse, alguna vez,
mis propias leyes.
Leyes que nadie me propuso
ni me exhortaron a cumplir,
sino las leyes que siento
dentro de mi corazón
que regulan mis acciones
basándome en mi sentidos,
mis impulsos y mis deseos.
Pero este sistema propio
de sentimientos y valores,
a veces discierne tanto
con creencias ajenas
que me es imposible
poder amanecer sin asustarme,
sin abrir los ojos acompañada
de un sacudón corporal,
como si hubiera visto un fantasma
o a la misma muerte.
Sustos que me retienen
y me obligan a pensar
procesando todo el tiempo
datos en mi cabeza,
pesando, anotando,
luego comparando.
¿Cómo saber si está bien,
o cómo saber si está mal?
Siempre la misma pregunta,
siempre una lágrima diferente.
Siempre las mismas miradas,
siempre sensaciones extrañas,
desenfrenadas y emocionantes,
que me provocan una revolución...

Seguiré sin saber
lo correcto.
Tan sólo quiero darle
al mundo
un poco del amor
que le falta
pero que tanto sobra
en mi interior.
Mis pajaritos del alma
cantan victoria
al ver esa sonrisa.
Sonrisa que esperanza,
sonrisa que ideas,
sonrisa que sensaciones...
Sonrisa... tan hermosa.

perseguir un sueño...

Si un sueño provoca tanta felicidad como se dice, no se lo deja de soñar, de un día para el otro, así sin más...
Perseguir un sueño es una maravilla del alma. Anhelar tanto un deseo... No existe traba que se interponga. Ni que nos haga tropezar. Cuando un sueño es esperado, la perseverancia se presenta como compañera inseparable. Cuando amamos tanto un sueño, aceptamos los obstáculos como retos del destino que provocan aún mayor deseo, mayor anhelo...
El brillo de los ojos cada vez es más intenso, y la búsqueda jamás termina. Sólo moviliza nuestra alma y deja nuestros días repletos de felicidad y emoción por tener un sueño que perseguir.

pequeñez

Esos pequeños momentos,
tan cortos, tan cortos.
En pequeños momentos
siento llegar a mí
el respiro que tanto ansío.
Es un aire pequeño,
sé que será breve,
muy breve, tan breve,
que para algunos,
sería insignificante.
Para mí, es miles
de pequeñas sonrisas.
Para mí es una pausa
pequeña de rutina.
Para mí es un poquito
de color a mis días
                 [monocromáticos.]
Una pequeña dosis
de sueños imaginados.
Pequeña caricia
con ternura delicada,
tomando mis pequeñas manos
en un abrazo al alma.
Una pequeña luz
cuando todo está apagado.

Mira sus manos
Ambas vacías.
Las soluciones se le fueron de las manos.
Dormir se siente la mejor opción...
Parecerá cobarde por no enfrentar.
Pero, ¿por qué enfrentar?
¿Qué pelear?
Se siente como cuando un doctor
informa a un familiar
de un paciente terminal,
que no le queda mucho.
Ahí dicen 'haga algo!'
y en una mueca insatisfecha,
el doctor demuestra
que nada queda por hacer.
No hay nada que reparar
porque ya todo está infectado.
No hay forma de salvar.
Ahí surge la fe, en la desesperación,
con 'lo único que queda es rezar'.
Pero los que no tienen fe,
¿en qué quedan?

Dormir parece lo mejor.
Parece la opción más correcta.
Simplemente dormir, un año o dos...
Y levantarme para descubrir,
que todos me olvidaron.
Que ya no provoqué más dolor,
no más daño,
no más angustia
ni quiebres.
No seré más traba
en caminos ajenos;
no quiero estorbar
en su búsqueda de felicidad.

Sus ojos de izquierda a derecha, moviéndose,
una y otra vez sobre esas líneas.
Así lee, y relee.
Así hizo siempre.
Siempre intentando grabar cada palabra.
Siempre tratando de dejar impresa
cada frase
en la mente.

Después de esos esfuerzos...
¿buscar el olvido?
Olvidar es una opción estúpida.
Y de cobarde.
Lo último que espera es olvidarse...
Y así día a día, revive los recuerdos.
Dándoles más y más luz.

Sus ojos como platos quedan desorbitados,
abiertos,
mirando a la nada
en dirección al infinito.
Perdidos porque no ven hacia afuera,
sino hacia adentro.
Ahí están rememorando.
Luces, brillos, sol,
y sonrisas coordinadas,
presentes todo el tiempo...


Le provocan sonreír.
Y se sonríe.

No ver nada nuevo,
volver a entrar y que siga igual,
aumenta cada vez esta ansiedad
que va corriendo por las venas,
y despacito llega al corazón.

Entonces no me pregunten
por qué corro, salto y tiemblo,
por qué me llevo todo por delante
o por qué se mueven mis dedos.
Son los síntomas de una abstinencia
que cada vez más se hace notar,
enfermedad en los huesos,
la sangre más espesa,
y se sienten latidos,
golpeando más fuerte.
Pero sólo yo los escucho...
Nadie más.

Sus ojos hoy abrió,
esperando no estar ahí,
ser parte de otra realidad,
poder encontrar lo que buscaba.
Entre el frío se sentó,
en el piso algún peluche,
las sábanas salidas,
su cuerpo sin sensación.

Grita de pronto y se estremece,
está despierta, eso parece,
grita más fuerte y un aullido
responde como un llanto dolido.
Sus ojos se irritan cada vez más,
y dentro un silbido 
tararea una canción,
los párpados pesan y vuelve a caer.

Sus ojos ya cerró,
buscando salir de ahí,
luego de un rato despertar
y ver que algo cambió.
Entre sueños imaginó
un caballo alado blanco
con sus crines doradas
iluminando el derredor.

Da un salto y se estremece,
el vacío sigue, eso parece,
da otro salto y se asoma,
el corazón presiente la hora.
Sus ojos se irritan otra vez,
pero un Sol que sale
le dice "aguantá,
algún día amanecerás"

Y se sienta y se estremece,
sigue triste, eso parece,
pero una débil sonrisa
y un rosado en sus mejillas
se dibujan cuando recuerda.
Sus ojos se cierran,
imágenes vívidas,
se reflejan en una lágrima...

¿Realidad?
¿Qué es real?
¿El dolor?
¿La ausencia?
Si es ausente,
no está,
no tendría que existir.
Pero está o no está,
y estar implica existencia.
¿Por qué es así?
Tengo que empezar de nuevo...
Pero en su ausencia
no veo comienzo.
Comenzar vacío no es un comienzo dichoso.
Y aunque me puedan hacer promesas,
de felicidad y amor eterno,
cada vez parecen más vanas,
más insulsas,
más insignificantes...
Me sigo sintiendo así,
y buscar estar mejor
es simplemente una búsqueda
sin mucho resultado,
más que estúpidos consejos trillados...

¿La realidad?
¿Qué es real?
Que hay un vacío.
Y el vacío no parece llenarse.
Sigue intacto, como el primer día.
Sigue así, frío y ausente.
Todos dicen que un día
ese dolor va a cambiar
y las cosas van a volver a su lugar.
Pero mientras tanto...
Se exacerba cada vez más.
Un poquito más traumático, y mucho más intenso...

La realidad golpea fuerte al mirar hacia adentro, y ver que no hay alma alguna: sólo vacío, sólo cuerpo, sólo carne.
Supongo que se fue los primeros días. No aguantó más la prisión, y salió a galopar, como un caballo salvaje al que le abren el corral...

Si sentís algo a tu alrededor, todo el tiempo, delante y detrás de tu cara, pellizcándote la piel y haciéndote cosquillas donde ella sabe... ¿Le decís a mi alma que vuelva?

Viento que se escucha...
Afuera se mueven las hojas.
Ahí, ella inmóvil,
mirando hacia arriba.
Mirando su techo.
Tan cercano a su nariz...
Casi que toca el machimbrado.
Difiere mucho de aquel techo
Tan alto, tan blanco.
Tan testigo.
De los primeros momentos,
del avance día a día,
de los susurros y todo ese tiempo
de charlas interminables,
de cariño al ritmo de su música,
de mirarse a los ojos,
casi tocarse las narices.
Y su nariz ahora tan distante,
sólo siente un techo de madera.
Y sus oídos buscan un sonido
que sea más que el externo del aire.
Y su mirada perdida,
sigue buscando los ojos brillantes,
y así mañana, cuando amanezca,
ella también podrá brillar.

Vos que pedías dormir... Yo insistía. Era temprano, pero el día todavía no había comenzado.
-Hoy es, aproximadamente, un minuto y algo más que ayer... Ya casi.
Subí esas escaleras de dos escalones en dos. Vos me seguías atrás, algo desorientado.
Salí a esa terraza, cerré los ojos, respiré hondo.
Llegaste detrás mío.
Apoyados en la medianera, miramos al horizonte.
Quizás hasta algo incómodos, apenas conocidos... Pero allí, juntos, esperando.
-Ya viene... 
Un pequeño reflejo amarillento iluminó el mar. Comenzó a elevarse, despacio, de a poco, emergiendo de esas aguas, hacia arriba, dejando todo en segundo plano. Ya no era mi alma en mi cuerpo, sino un alma de fiesta, salida de adentro, bailando a mi alrededor, repleta de ese brillo maravilloso, de ese símbolo para mí de vida y energía.
Mencione, quizás, alguna cursilería... Pero era lo que sentía. Que era hermoso.
Quizás hasta me animé a tararear algo y a cerrar los ojos y respirar hondo otra vez, pero esta vez delante tuyo.
Y te miré, te sonreí.
Y seguimos mirando ese nacimiento.
Nacía el día...
Y nacía algo más.
Ambos lo sabíamos, y no nos atrevíamos a comentar.
Quizás hasta era demasiado pronto, y no entendíamos cómo funcionaría.
Pero allí estábamos.
Juntos.
Siendo testigos de un nuevo amanecer.

te veo

Te veo,
aunque no estés acá,
yo te veo.
Vas hablando,
y escucho lo que hablas,
y te veo.
Veo tus muecas serias,
y me río,
gesticulas un '¿por qué?'
y te ríes.
Te veo
mientras cantás algo,
y lo oigo.
Me miras cuando cantas,
y te siento.
Las notas son tan suaves,
y la mirada,
yo la veo,
nunca había visto
a nadie mirarme así.
Sigo viendo,
tus dedos van rozando
la guitarra,
sigues el repertorio...
Y te veo
hay luz entre nosotros
y te siento,
lo estoy alucinando
pero la sensación
parece tan real,
que te veo,
y vos también me ves,
y me río,
y te reís conmigo,
y te escucho,
y vos siempre cantas...
Y te hablo.
Y tu boca se mueve,
silenciosa.
Se abre y cierra y mueve,
y no escucho,
No emites ni un sonido,
y trato de tocarte,
y atravieso...
Se me irritan los ojos,
sos etéreo...
Pero también eterno.

utopía

Cuando hace este frío no puedo evitar pensar en las personas que están en la calle, sin abrigo, sin agua, sin comida caliente, sin fuego para calentarse. Y yo tengo aire acondicionado, una ducha a la temperatura que quiero, hasta un microondas para calentar comida...
Cuántas cosas injustas. Cuánto mal hacen quienes mandan cuando benefician sus bolsillos y no se encargan de ayudar a quienes verdaderamente lo necesita: la gente.
Pero el sistema sólo maneja y a muchos no les importa cómo se sienten los demás. Se reservan valores como la solidaridad.
El frío no se puede evitar, pero sí que personas mueran por las consecuencias que el frío trae.
Pero el cambio tiene que ser grande, con que uno lo haga no alcanza...
Aunque, cuando uno empieza a hablar de estas cosas, todos lo ignoran.
Ignorancia al que pide, ignorancia al que necesita,
ignorancia al pibe que crece sin que nadie lo encamine,
sin escuela para aprender, sin comida para desarrollarse.
Y así terminan, destinados a la nada misma por los mandatos,
ellos les escriben el futuro,
tienen en sus manos la calidad de vida de todas esas personas
que habitan en las tierras del pais donde ejercen poder.
Y después me hablan de patria, de nacionalismo...
La patria, la nación... Residen en el pueblo.
Si se descuida al pueblo, se dejan de lado estos dos conceptos.
Que, justamente, para ellos, son sólo conceptos,
que poseemos por ser un Estado, por ser un país...
Pero no son palabras.
No son sólo parte de una Constitución o de un himno. 
Son verbo, son almas, son seres humanos
movilizados por fines particulares, claramente,
así como también, por fines comunes:
El progreso y el futuro del país.

Cuando pienso en todo esto me siento muy utópica...
Pero la realidad es que la sonrisa que recibimos de una persona a la que le damos una simple moneda,
es mil veces mayor a la sonrisa que nos puede sacar comprarnos un alfajor con un billete de mayor valor.
Y a veces, no nos damos cuenta de esto.
Todo por dejar que nuestra felicidad resida en llenarnos cada vez más de cosas...
El materialismo es necesario en la vida, y ayuda al bienestar.
Pero, si fuésemos la última porción con vida sobre la Tierra...
¿Nos comeríamos el dinero? ¿Las computadoras? ¿Los celulares?
Sí, es necesario el materialismo... Pero no lo es todo.
Es sólo una parte, complementaria.
Con o sin esto, la vida sigue.
Lo esencial es el espíritu.
Y alimentarlo con amor.
Lo esencial es el amor.

Hay un frío que no se va.
Busco ropa en mi armario,
me abrigo cada vez más...
Pero hay un frío que no se va.
Un frío que no hace estornudar.
Frío diferente al convencional,
pero provocando el mismo efecto
de hacernos sentir solos,
sin amparo, abandonados.
Y me hago más chiquita,
Abrazo mis piernas
en busca de calor humano.
Pero yo también estoy fría
y mi cuerpo está shockeado.
Mis pies helados se acalambran
y mis manos entumecidas,
no hacen más que temblar.
No queda más que esperar,
el clima cambiará,
pronto cambiará...

Al pasar unos días
su cara sonríe un poco.
Piensa en su convicción:
sonreír es primordial.
Pero también piensa
en la petición que él,
desde el país más
lejano y frío,
le hizo y reiteró.
Sonríe su cara y piensa
en las últimas palabras.
Sonríe su cara y espera;
los días pasan,
el encuentro ya llega,
y aunque sabe que
sólo podrá robar
un simple abrazo,
una palabra formal
y una mirada extraña,
siente que sólo eso es
todo lo que necesita,
para aguantar un poco más
hasta el próximo reencuentro,
haciendo que sus muecas
simulen ser sonrisas,
para que el tiempo pase
un poco más liviano,
y puedan,
de a poco,
curarse.

alguna vez

Con la misma suavidad que,
alguna vez,
sostuve en mis manos las tuyas
voy trazando estas líneas:
surcos de grafito
formando formas,
abstractas, concretas,
absurdas, imaginarias,
sin sentido alguno.

Durante las mismas horas que,
alguna vez,
pasé escuchando tu voz,
voy dibujando despacio:
fluyen de las manos
siluetas y tramas,
texturas y dimensiones,
brillantes, opacas,
rellenas, blancas.

Con el mismo cariño que,
alguna vez,
te brindé más de un abrazo,
voy tratando el papel:
delicada, con cuidado,
parece un trazado etéreo.
Parecen líneas salidas
de una magica varita.
Ni un ruido se escucha...
el lápiz se desliza...

Se desliza de la manera en que,
alguna vez,
nos deslizamos bajo el cielo infinito:
ese techo azul clarito,
un testigo de cada tacto,
de cada palabra,
de cada abrazo.
y de esa música que sonaba,
un sonido coordinado
que sólo era escuchado
por quien estuviera tan cerca
como para percibir
latidos acompasados.

Los días pasan.
La vida se da, así sin más.

Algún día ya pasado,
los días pasaban,
la vida se daba, así sin más.

Y tu vida se daba
sin saber de mi existencia.
Y mi vida se daba
sin saber de tu existencia.

Nos habríamos visto
unas cuantas veces,
pero nuestros mundos
aún no se conocían;
ni siquiera si nos cruzábamos
en alguna extraña calle
podríamos reconocernos...
("te tengo visto de algún lado...")

Y un día que pasó,
la vida dándose, así sin más,
hizo ver en tu cara un brillo
que me hizo reír.
Hizo que veas en mi sonrisa
una luz que te iluminara.

Y un día que sucedió,
la vida dándose, así sin más,
nos encontramos enlazados,
mirando el techo, fascinados,
libres de cadenas, hablando
de lo que sea que queramos;
sintiendo haber encontrado
algo cálido y confortable,
entre tantas horas gélidas.

Y un día eso se pasó,
la vida dándose, así sin más.
Inesperado acontecimiento,
que terminó reluciendo
un recuerdo de tu cara,
hermoso y peculiar recuerdo,
pero sólo te veía, sólo allí:
entre los surcos de mi cerebro.

Pero cada momento que pasó
en nuestras vidas dándose, así sin más,
quedó impreso eternamente
imposible de olvidar,
preso de los detalles
encadenado a lo infinito,
y a cada sensación
que,
al volver a mirar ese brillo
en esos ojos
y esa risa particular,
más difícil hacía
conservar la razón...

Hizo lo que esperabas que hiciera.
Era lo que esperabas hacía varios días.
Principalmente desde aquella mañana en la playa,
dónde te corrió a toda velocidad
por la consecuencia de perder el juego.
En una madrugada, un beso cálido
rozó tus labios en silencio.
Dudaste un momento, pero cuando tu cuerpo,
de frente al suyo,
pidió respirar y respiraste su aire,
quisiste más que nunca, más que nadie,
estar en ese lugar.

Y se dio, dejando que las cosas de desenvolvieran:
Pasaste a querer los días eternos
y las tardes aburrían si no estabas con él;
cualquier opción era buena si iban de la mano.
Y tras un sueño estabas cayendo
derramada en sus brazos,
sintiéndolo en cada despertar,
o, la mayoría de veces,
siendo la razón de cada despertar.

Eso ya no es así.
Les duró tan poco...
Y dejó de serlo hace mucho.

Resistir, aguantar...
y de repente flaquear.
Caer en la tentación
-que por parte es necesidad-
de decir una palabra.
Simplemente una,
la que sea,
pero una de las tantas
que se viene guardando
desde hace días.
Y lo hace, y pide perdón.
Y lo hace, y se retira,
en silencio.
Lo hace para mimar
al menos, un poco,
a su alma dejada,
que se echó en el piso,
y jadea sin aire,
sin fuerzas,
sin batería,
sin forma de arrancar,
esperando el paso
de los minutos, del tiempo,
para poder levantarse
y salir a caminar
así sin más.

emergí

Sumergida en lo hondo venía,
y sumergida en lo hondo estoy.
Pero...
En un momento,
hubo un momento:
Mi cabeza emergió,
y en esos instantes
pude tomar,
aunque en poco tiempo,
la más grande
y extensa bocanada
de aire puro,
repleto de vos.
Aunque no me siento como quisiera,
elijo el positivismo:
quedarme y sujetarme,
de la última imagen
que pude percibir:
mirándome a los ojos,
vos sonriéndote.
Creo que me viste también,
yo sonriéndote.
Quedarme con eso,
pensar en ese brillo.
Verlo como una razón,
sincera razón,
para en este momento
poder estar sonriendo.
Giraste sobre vos mismo
y seguiste tu camino
que hacía un momento
se había detenido
para hacerte un lugar:
parar a saludar,
y continuar...
Y lo entiendo.
Ahí no debo interferir más.

Ansiaría por un momento
una tregua a esta situación.
Mi corazón pidiendo ya parar,
va barajeando un mazo de cartas 
donde todas son cuatro de copas...
parece ser que perderé la partida.
¿Cómo te lo podría explicar, hacértelo entender, y que sea creíble?
¿Que no parezca una frase trillada o una estúpida y rara historia sobre el amor que sólo figura en la ficción?
La concentración, en estos momentos, no está siendo una opción.
O mejor dicho, la concentración en lo que debo.
Porque si hay algo en lo que me concentré
todo el tiempo,
todo momento,
todo el día,
frente a esta pantalla,
frente a estos sonidos,
frente a estas teclas...
fue en los gritos ahogados de ese corazón.
Nunca me maltrataste,
nunca te maltraté.
Sólo te jugué a pelear
cuando pediste que así sea,
o cuando un almohadón
-en función de alarma-
era arrojado con fuerza
sobre tu cara pasiva
con los ojos cerrados,
tu mente soñando,
tu cuerpo que dormía.
Nunca me maltrataste,
nunca te maltraté.
Hasta incluso en momentos
de supuesta seriedad,
supiste aplicar
el comentario perfecto,
para simplificarme la cuestión,
y salir de la discusión,
para volver a lo normal,
nuestra normalidad común:
la que tan bien hacía.
Nunca me maltrataste,
nunca te maltraté.
No pudimos,
el maltrato no era opción.
Capaz se convertiría
en lo más viable
para que la situación
de alguna forma cambie,
y en vez de escribir
palabras de resignación,
escupiríamos fuego.
Nunca me maltrataste,
nunca te maltraté.
El trato siguió su curso,
de manera gentil y amable.
Pero no es el trato que acepto;
bah, es el trato que acepto,
mejor dicho,
es el trato que no quiero,
pero debo aceptar.
Debo cerrar la boca,
dejarme ser vencida.
Y nunca me maltrataste,
y nunca te maltraté,
pero ante esta formalidad,
tan monótona y detestable,
quizás preferiría 
tener razones para gritarle
a alguna persona escuchando
tus defectos y cada cosa
que como casi siempre
en este tipo de ocasiones
alguien buscaría odiar.
Pero nunca me maltratarías
y nunca te maltrataría,
porque no son sólo tus virtudes
sino cada defecto:
cada uno de los defectos
los que me gustan y fascinan.
Y será una idealización,
llevarte en un pedestal,
tener una especie de obsesión,
pero la verdad es que...
jamás podría maltratarte.
Es extraño extrañar.

Después de tantos años de usar el "te extraño"
una y otra vez,
y muchas veces, carente de sentido,
aprendí a valorarlo,
y simplemente, reducir su uso.
Decidí empezar a decir menos "te extraño"
y más "nos vemos hoy".
Decidí pasar menos tiempo
pensando en que extraño
y dedicarme a evitar
que sienta extrañar.

Pero cuando se extraña a algo
por fuera de nuestro alcance...
¿Cómo actuar?
¿Siquiera hay que demostrarlo?
O quizás, peor, y mayor dolor genera,
extrañar algo que está tan cerca,
que podemos tocar simplemente
estirando un poco los dedos.
¿Luchar entonces? ¿Y qué clase de lucha?
¿Cómo hay que reaccionar?

Y es la misma indecisión.
De no soportar llenarse
con señales de vida aparte.
Quiero las reales,
las que tenía antes.
Las que llegaban a mis oídos,
por mi propia pregunta,
y respuesta a mi pregunta
desde tu propia garganta,
y no por el hecho
de tener que andar mirando,
entrando y reentrando,
buscando en esos sitios,
qué es lo que publicás,
o la última hora en la que te conectás.

Estoy siendo literal.
Lo sé. Y me siento.
Pero es insoportable ya.
Una frase se acumula sobre otra,
sin poder hacerlas llegar
a quien realmente debería ser
el receptor de todas y cada una de ellas.

Pero te extraño y es inevitable.

Quién pensaría
que pese a no hablar,
terminaría conociéndote
cada vez más.

cruce

Ella me dijo que vio un brillo,
que al fin vio el brillo que no vio en toda la noche.
Mi cara se había apagado unos días atrás,
cuando derramando un mar completo,
expresó el dolor de aquella despedida.
Quizás sí, había brillado.
Poco me importaba.
Me importó ese momento.
Ese cruce.
Instantáneo...
Pero real.
Diferente a todos los creados
en mi cabeza a lo largo de esos días,
los supuestos posibles,
imaginarios,
que me atormentaban
intentando establecer un camino,
un recorrido obligatorio;
cómo manejarme,
cómo desenvolverme,
intentando ser autómata,
cuando...
todo terminó saliendo distinto.
Los planes fueron en vano,
las ideas, mal planteadas,
el miedo, mal sentido,
porque se fue todo por un agujero
y brillamos por un instante
cuando nos cruzamos.

un sueño de cielo azul
bajo un constante gris clarito
el viento hará lo suyo
el alma lo cree
sólo necesita que las agujas
den unas cuantas vueltas más
lo sabe y es consciente
mientras tanto espera
evitando mirar fijo para arriba
para evitar un dolor de cabeza
no podría quitarlas ella
sus manos no tenían esa magia
sólo poseía una porción de recuerdo
aferrada con fuerza entrelazada en cada dedo
y conservaba la calidez
del último sol verdadero
aquella mirada dulce
la última palabra de cariño
profundo el último respiro
que fue aquel compartido.

Escupo una frase tras otra,
que disfrazan sentimientos con metáforas complejas.
Parece interminable la constante inspiración,
que a cada momento me hace arrancar la narración.
Será que, de esta manera,
encuentro la forma de liberar
cada una de las palabras
que no te puedo decir,
cada sensación como lanza
que atraviesa el corazón...
Y así y todo,
incluso, aún más que antes,
seguís siendo mi motivación.
Funciona como un combustible,
y cuando sé de vos,
funciono mejor.

Sí, es verdad:
Hablar no es comunicarse.
Pero, a veces, sin hablar hay conexión.
No hace falta la palabra;
hasta la distancia más larga
se acorta con el pensamiento.

El cuerpo me vibra,
desde hace unas horas.
Siento esta constante vibración.
Parece venir del cambio.
Cambiará algo?
Quiero ver más claro.
Cambios continuos de revolución.
Revolución de un cruce,
los ojos de ambos,
mirarnos.
Fue "un golpe energético" como diría Cordera...

Podré privarme

Podré privarme de comentarios,
de ocurrencias y habladurías,
podré privarme de contarte algo,
de que opines sobre la vida,
podré privarme una palabra rara,
esperando tu sonrisa,
o privarme de cantarte
un pedazo de canción.
Podré privarme lo que no me privaba
y oponerme a lo que desean mis ganas,
y podré privarme de decirte
todo lo que quiere mi alma.
Pero no pidas que me prive,
dejar de creer en este cariño
ni me prohibas abrazar
lo que puedo atajar de tu cuerpo,
en cada uno de esos
escasos momentos,
en los que no te siento tan lejos,
y te alcanzo la mejilla con un beso.
No me pidas que no sonría
cuando te mire directo a los ojos,
ni que una carcajada se materialice
si tus gestos son graciosos.
Y por favor no me prohíbas
poder mirarte de vez en cuando,
asomarme atenta observando
si tal vez estás riendo,
estás sufriendo, estás charlando,
y verte en tu mundo,
aunque me haga sentirnos lejanos,
me hace bien al alma,
de saber que tu vida sigue andando,
y que pronto o no tanto,
las cosas van a acomodarse
como corresponderá...
Todo se irá dando?

Nunca me había dado cuenta
de lo fría que me podía expresar,
pero me surgió solo del corazón;
me hice ausente ante la ausencia de tu mirada...
Mirada vacía y desconocida,
antes jamás vista.
Y no pude sostenerla,
simplemente miré hacia abajo,
y escondí las mil sensaciones que me recorrieron,
tragando saliva,
sintiendo un corazón latiendo
al ritmo de una situación confusa:
primero saltando, luego deteniéndose,
después algo alegre
terminando en un llanto.

Y en el final...

Ese esbozo de sonrisa
me cambió esas vibraciones.
El cuerpo se ablandó,
y brilló la cara,
tuvo color.
Aunque sería parcial,
fue como un respiro
atemporal.
Y con esa fracción
estaría tranquila, siguiendo en silencio,
cuidando no olvidar
ese último mirar,
unido a esa sonrisa tan especial.

Divagabas entre frases voladas
pero igualmente te escuchaba atenta;
vos respirabas, y ella te miraba,
y era tu aire el que la alimentaba.
Se colocaban bajo ese cielo azul,
y si llovía no les importaba,
sólo se miraban, del ojo más allá,
la ventanita bien abierta del alma.

Nunca encontraban la calma,
en sueños desenfrenaban.

Y de la mano salían a planear,
y recorrían costas y montañas,
ella aferraba con fuerza sin soltar,
sus manos suaves te daban tanta calma.
Todo el tiempo se podían conectar,
por los satélites, la Luna o sus mentes,
cada suceso lo hallaban peculiar,
y a carcajadas las distancias peleaban.

Pero un trueno nunca tarda,
cayendo y quemando almas.

Y el incendio pronto proliferó,
y se expandió matando todo lo vivo.
Su mano frágil no lo soportó,
y en un desliz se encontró cayendo.

Quisiste ir a rescatarla,
pero ya estaba extraviada.

Y siguieron, cayendo desde el aire,
pero vos ya no la podías encontrar.
Fue como un espasmo cerebral,
su cara blanca ya no reaccionaba.

Algún día vas a hallarla,
y el color le devolverás.
Su color le darás.
El color que le faltaba.
Color de la vida que huyó de la nada...

Mi última voz

He estado varios días intentando hallar la forma
de poder, finalmente, confesar mis pecados.
Parecería como si fuera más difícil
reconocer que lo hice, que realizarlo.
Debo ser sincera: confesaré que mentí.
Confesaré que aunque no me gusten las mentiras, mentí.
Traicioné la verdad que su alma creyó
infinitas veces,
con los ojos vendados,
ciegamente.
Pero la verdad es que
si afirmo mi mentira,
no creerán el resto.
Si una vez fue hecho,
¿Por qué no lo repetiría?
Pero no puedo mentir.
Sólo fue una vez.
Sólo quise defender ese alma.
Un alma que conocí entre sábanas y humo,
y que luego se deslizó hasta encontrarse con la mía
para así darle forma a esa luz que nos iluminó.
Y le mentí.
Me sentí obligada.
Pero debe saber que...
Mi única mentira fue
mi última voz.
Entre todas esas
palabras
frases
y miradas
que luego de compartidas se perdieron
en las nebulosas de nuestras mentes,
tuve que mentirte en el final.
Una mentira con un fin: rescatar al alma de la situación a la cual sería condenada
si seguía afirmando esa intención
cuando la realidad otra cosa demostraba.
Y sí...
Detrás de esa mentira,
de esa última frase dicha,
de esa única porción de engaño que salió de mi boca,
se escondía mi mayor deseo:
Lo que realmente quería.
Lo que anhelaba con su ser.
¿Qué hacer? Ante un conflicto de intereses
en la estúpida relación corazón-razón
entre lo que se debe,
lo que se quiere,
y lo que se siente.
Y por más que anhele sentir,
simplemente no siento.
Y debería sentir,
pero no puedo,
finalizando así en un amor inventado,
producto de una mente convencida
y un amor movilizado,
pero por la razón creado,
no surgido "por que sí".
Y no podía someterte a eso.
Porque, ¿cuánto dolor serías capaz de albergar,
si te arriesgara aún más,
intentando hacer real ese amor
que sólo nos entrelazaría más?
Quedarias reducido a cenizas.
O quizás,
en un giro impensado de la posibilidad,
terminase en una fusión de dos almas
que en las tardes de arrojarían
entre pasto y sonidos musicales
a hacer vida del amor.

Se levantó, después de tanto tiempo.
Se miró a sí misma y sonrió.
Respiró hondo, tan hondo,
que se le empezó a hinchar el pecho
y los botones de su camisa
reventaron el espejo.
Salieron desprendidos
y empezaron a rebotar,
haciendo ruidos chillones,
moviéndose entre techo y suelo.
Les abrió la ventana
y salieron despedidos,
por el aire esparcidos,
en dirección al Sol.
Y miró ese Sol,
y le pidió perdón.
Agudizó sus sentidos
y se llenó de calor.
Su cuerpo abandonó ese frío
que la había inundado
días atrás.
Ya no sufría,
se adormecía
cantando bajito
alguna melodía.
Su alma brillaba
derechito hacia el lucero.
Llena de amor, completa de nuevo.
Se había odiado,
alejado de sí misma.
Ahora como un fénix
renacía de sus cenizas,
dispuesta a aprender
nuevamente a crecer;
desenvolver su ser,
despacito hacia adelante
limitada por el infinito,
atareada pensando
en no pensar en el destino
sino en cada rayito
de Sol y de Luna
que alcanzaban su cuerpo pequeño
pasito a pasito...

en el pasto

En la remera se extienden manchas,
algo rojizas, oscuras,
que alguna vez quisieron quitar.
Es sangre seca
derramada desde el pecho
fruto de los golpes
que vos, en amor, le diste
directo en el corazón.

Vomitaste sobre el pasto
una seguidilla de palabras
que estaban contenidas
jamás antes dichas.
Pero salieron todas juntas,
tarde y en vano;
en el pasto sólo estabas vos.
Su presencia era imaginaria,
ya no mirabas unos ojos reales,
sino un recuerdo de una mirada percibida.
"¿Por qué, aunque sea recuerdo no puede ser real?"
Y ante el silencio como respuesta
la realidad golpeó duro:
No estaba presente.

Simplemente sola
hablabas hacia el aire.
Y nadie te dio la mano.
Al bajar esas escaleras
nadie te abrazó.
Cuando bajo la lluvia dabas pena
nadie te dio la mano.
En ese colectivo,
lleno de almas vacías,
vacías para tí,
putrefactas, sin sentido,
y allí parada en el medio de la noche,
nadie rió contigo.

Cuando tropezaste con un cordón,
era la ciudad inmensa,
más inmensa aún
con ese vacío infinito
del alma ausente
que huyó de ti con razón,
pero que tú no querías que huyera:
No deseabas herir,
menos aún perder.
Pero en ciertas jugadas
las sorpresas aparecen.
Vienen armadas.
Y te derriban
-en cuestión de dos o tres latidos-,
arrojándote nuevamente hacia el pasto
para que te descubras sola otra vez,
sola y ausente sin él.

¿Por qué lloramos cuando estamos tristes? ¿Por qué es tan intensa la pena? El dolor nos provoca un sentimiento de agujero en el pecho, de un corazón latiendo más despacio, pero con más fuerza. Cada latido pesa más, y es tal la intensidad, que sentimos como un dolor. De aquí viene el dolor del corazón. Cuando nos inunda ese malestar, ese grito ahogado de tristeza, lloramos indefinidamente tratando de extirpar ese sentir. Pero las lágrimas no hacen más que enjugar la cara y nublar la visión. Nos dejan sin palabras. Nos atemorizan y nos vuelven vulnerables, frágiles, rompibles. El alma estremecida sólo desea esconderse, y en un ademán inútil comienza a surgir por esos ojos, que, hundidos entre mares, despiden, odian, aman, extrañan; sienten.
Y lloramos, indefinidamente, tratando de extirpar ese sentir.
Lloramos hasta dormirnos, quizás hasta recibir un llamado, hasta volver a la rutina, hasta encontrar una alegría.
Pero mientras tanto, lloraremos la partida, el recuerdo, el sentimiento, y el percibir a nuestro corazón partido.

Voces,
y un cielo azul.
Nada más, nada más.
Un leve quejido
se abrió una puerta.
Nada más, nada más.
Dijo el silencio,
y sonrió.
Respondió
"te recuerdo"
Y miró fijo.
Era un inmenso río,
flota libertad.
Narices heladas
que se encuentran
en el aire espacial.
Mejillas sonrojadas
vibran.
Latiendo hasta alcanzar
un vuelo tan alto.
Subir hasta chocar
con el infinito.
El final no se ve,
sólo hubo un comienzo
que tardó en saludar.
Reflejos encerrados fueron
como gaviotas
que eran prisioneras
y un rayo de luz
con gotas de sal
rompió las cadenas.
Y un respiro,
era el aire puro
viento es libertad.
Luces entre sombras,
se ve el existir.
Realidad amada.

mujer-halcón

Una ventana estallada:
dejó su forma en las roturas.
Quizás hasta algún trozo
pequeño de sus vestiduras.
Gotas de sangre en el suelo,
cartas prendidas fuego,
y un silencio que estremece
a la muerte se parece.
Ella es una mujer-halcón
que escapó a recorrer el cielo
será porque quizás
no se acostumbra al suelo.
Las cadenas no le agradan,
sólo es amiga del viento.
Es luz: sol y luna a la vez,
desplegándose brillando
a lo largo del manto que cubre
y que no es techo de nadie.
Vuela sin límites dejando atrás
los restos de alguna carne
que se detuvo para garronear;
víctimas ciegas, inocentes.
Es parte de sueños ajenos
pero sólo busca uno propio.
No logra compartir el alma,
sólo entregarla a los rayos del alba.
Y cuando llega la noche,
firme en alguna cima,
recuerda su última morada
pero no siente ganas de volver.
Un leve dolor le atraviesa,
y una lágrima se seca al amanecer.
Seguirá de montaña en montaña,
nómade, hambrienta de almas,
transformándose cada día
en una dulce y tierna niña,
sedienta, perdida,
encegueciendo a todos esos
espíritus sin salida,
que caen a sus pies,
arrojándose, conquistados,
que abriendo su camisa
dejan expuesto al corazón,
para que este ave garroñera,
lo destroce en pedazos.

Almohada de plumas

Me preguntaron por qué no hablaba
y ni siquiera pude responder.
El nudo en mi garganta atravesó...
En cuestión de segundos, apareció.
Imágenes del ayer, recuerdos que pasaron.
Y extraños sueños siendo parte de un pensamiento.
Tal vez, que sería si quizás.
Quizás, que quizás sería un sueño.
Sueño que tal vez era la realidad.
¿Cómo saberlo?
¿Viví en un sueño, y ahora desperté en la realidad,
o acaso caí en un sueño cuando mi vida,
casi completa,
sufrió ese vacío,
esa ausencia,
ese arrebato desgarrador...?

Sigo en silencio con cada palabra
fulminando mi cerebro.
Pero no son sus miradas y frases trilladas
las que me voltean.
Sino ese conjunto
de pensamientos
que recorren mi retina,
momento a momento, por cada sentimiento.
Formando parte de un tiempo que ya no me espera.
Tiempo que llegó y se fue.
Que no me esperó.
Porque no sólo era mío.
Era un tiempo compartido.
Un tiempo de dos,
un sueño de dos.
Y una fantasía vana,
como una almohada acuchillada,
hecha pedazos,
desplumada se desvanece,
a medida que su volumen crece,
va ocupando la habitación,
cubriéndome por completo,
agonizando sin razón.

Tuviste que respirar hondo
y retirarte de allí lo mas pronto.
Y cuando se volteó a mirarte,
no estabas en ninguna parte.
Tu alma estremecida recorriendo,
dolorida,
pasaba en medio de caras poco iluminadas,
con caretas deformadas
que danzaban posesionadas,
al ritmo de unos sonidos
que no querían escuchar tus oídos.
Y corriste entre ese humo,
y entre esos colores fluo.
Sólo buscabas la puerta para salir de esa fiesta.
Y tus manos y tu alma
arrojándose a la nada,
quedaste emocionada,
sola y algo perturbada.
Y te escondiste en lo oscuro,
el dolor en estado puro.
Te achicharraste en ese lecho
con las rodillas en el pecho.
Quisiste ver si pasaba pero ya era de mañana.
Otro día empezaba,
la hoja nueva que aprovechaste,
terminando la anterior en cualquier parte,
fue el inicio de un capítulo diferente,
y aunque no era lo que sentías,
apretaste los dientes,
y aguantaste en silencio,
revolcándote en lo inmenso,
presa solo de momentos,
un pasado hecho cuento,
un reflejo en el espejo,
y el sonido del viento...

No quería hacerse a un costado,
pero sus sueños no podían fundirse
sin terminar en colisión.
Es un mar inmenso,
repleto de gritos de ahogo,
corazones hundiéndose,
tirando manotazos,
buscando sujetarse
y poder emerger.
¿Qué clase de libertad es esta?
Si sólo hay una restricción
que aleja las almas...
Cada una viajando
hacia infinitos diferentes.
Y aunque eso contradiga el sentir,
sólo hay que oprimirlo.
Porque los excesos nunca son buenos.
[pero el límite fue puesto a destiempo]
Y aunque gritara durante horas
que no quiere perder,
aunque su garganta se quiebre
con sus ojos desorbitados,
llegarían al punto de partida,
atados a repetir la historia otra vez:
dos aspiraciones que apuntan,
una al este, la otra al oeste.
Y el pasado se hace amigo
de las sonrisas disparadas 
por recuerdos dolidos.
Y el presente es tan incierto
que el pensar en futuro
parece sólo pensar en un cuento.