Mira sus manos
Ambas vacías.
Las soluciones se le fueron de las manos.
Dormir se siente la mejor opción...
Parecerá cobarde por no enfrentar.
Pero, ¿por qué enfrentar?
¿Qué pelear?
Se siente como cuando un doctor
informa a un familiar
de un paciente terminal,
que no le queda mucho.
Ahí dicen 'haga algo!'
y en una mueca insatisfecha,
el doctor demuestra
que nada queda por hacer.
No hay nada que reparar
porque ya todo está infectado.
No hay forma de salvar.
Ahí surge la fe, en la desesperación,
con 'lo único que queda es rezar'.
Pero los que no tienen fe,
¿en qué quedan?
Dormir parece lo mejor.
Parece la opción más correcta.
Simplemente dormir, un año o dos...
Y levantarme para descubrir,
que todos me olvidaron.
Que ya no provoqué más dolor,
no más daño,
no más angustia
ni quiebres.
No seré más traba
en caminos ajenos;
no quiero estorbar
en su búsqueda de felicidad.