Cada mañana la misma historia
de amanecer con la pregunta
que carcome mi conciencia
segundo a segundo.
¿Estoy transitando el camino correcto?
¿Estoy haciendo lo que debo?
¿Lo que debo y lo que quiero, coinciden?
Me impuse, alguna vez,
mis propias leyes.
Leyes que nadie me propuso
ni me exhortaron a cumplir,
sino las leyes que siento
dentro de mi corazón
que regulan mis acciones
basándome en mi sentidos,
mis impulsos y mis deseos.
Pero este sistema propio
de sentimientos y valores,
a veces discierne tanto
con creencias ajenas
que me es imposible
poder amanecer sin asustarme,
sin abrir los ojos acompañada
de un sacudón corporal,
como si hubiera visto un fantasma
o a la misma muerte.
Sustos que me retienen
y me obligan a pensar
procesando todo el tiempo
datos en mi cabeza,
pesando, anotando,
luego comparando.
¿Cómo saber si está bien,
o cómo saber si está mal?
Siempre la misma pregunta,
siempre una lágrima diferente.
Siempre las mismas miradas,
siempre sensaciones extrañas,
desenfrenadas y emocionantes,
que me provocan una revolución...

Seguiré sin saber
lo correcto.
Tan sólo quiero darle
al mundo
un poco del amor
que le falta
pero que tanto sobra
en mi interior.
Mis pajaritos del alma
cantan victoria
al ver esa sonrisa.
Sonrisa que esperanza,
sonrisa que ideas,
sonrisa que sensaciones...
Sonrisa... tan hermosa.