Miro la Luna y la siento latir.
Se contrae, casi indistinguible.
Pero se está contrayendo.
Late, y se dilata.
Se expande, despacito.
Tras cada latido va expandiéndose.
Derramando luz, se gira.
Con una melodía, se deforma
y miles de brazos van saliendo
formando espirales desordenadas
pintorescas y algo graciosas,
que bajan al terreno
y entrelazan con un beso
lo que encuentran a su paso.
Y esos besos,
el respiro,
son un golpe energético.
Sonríe la Luna y baila.
Salió a caminar por ese
sendero desconocido
a jugar un poco con el alma,
a mimar la voz que le canta.
Lágrima seca, ahora sólo es el rocío
que en la noche aparece mojando el sonido
de las voces que derraman
palabras ocultas
que sólo luego de un hondo respiro
pudieron desencadenar.
fue un
domingo, mayo 26, 2013