Viento que se escucha...
Afuera se mueven las hojas.
Ahí, ella inmóvil,
mirando hacia arriba.
Mirando su techo.
Tan cercano a su nariz...
Casi que toca el machimbrado.
Difiere mucho de aquel techo
Tan alto, tan blanco.
Tan testigo.
De los primeros momentos,
del avance día a día,
de los susurros y todo ese tiempo
de charlas interminables,
de cariño al ritmo de su música,
de mirarse a los ojos,
casi tocarse las narices.
Y su nariz ahora tan distante,
sólo siente un techo de madera.
Y sus oídos buscan un sonido
que sea más que el externo del aire.
Y su mirada perdida,
sigue buscando los ojos brillantes,
y así mañana, cuando amanezca,
ella también podrá brillar.