Los días pasan.
La vida se da, así sin más.

Algún día ya pasado,
los días pasaban,
la vida se daba, así sin más.

Y tu vida se daba
sin saber de mi existencia.
Y mi vida se daba
sin saber de tu existencia.

Nos habríamos visto
unas cuantas veces,
pero nuestros mundos
aún no se conocían;
ni siquiera si nos cruzábamos
en alguna extraña calle
podríamos reconocernos...
("te tengo visto de algún lado...")

Y un día que pasó,
la vida dándose, así sin más,
hizo ver en tu cara un brillo
que me hizo reír.
Hizo que veas en mi sonrisa
una luz que te iluminara.

Y un día que sucedió,
la vida dándose, así sin más,
nos encontramos enlazados,
mirando el techo, fascinados,
libres de cadenas, hablando
de lo que sea que queramos;
sintiendo haber encontrado
algo cálido y confortable,
entre tantas horas gélidas.

Y un día eso se pasó,
la vida dándose, así sin más.
Inesperado acontecimiento,
que terminó reluciendo
un recuerdo de tu cara,
hermoso y peculiar recuerdo,
pero sólo te veía, sólo allí:
entre los surcos de mi cerebro.

Pero cada momento que pasó
en nuestras vidas dándose, así sin más,
quedó impreso eternamente
imposible de olvidar,
preso de los detalles
encadenado a lo infinito,
y a cada sensación
que,
al volver a mirar ese brillo
en esos ojos
y esa risa particular,
más difícil hacía
conservar la razón...