Hizo lo que esperabas que hiciera.
Era lo que esperabas hacía varios días.
Principalmente desde aquella mañana en la playa,
dónde te corrió a toda velocidad
por la consecuencia de perder el juego.
En una madrugada, un beso cálido
rozó tus labios en silencio.
Dudaste un momento, pero cuando tu cuerpo,
de frente al suyo,
pidió respirar y respiraste su aire,
quisiste más que nunca, más que nadie,
estar en ese lugar.
Y se dio, dejando que las cosas de desenvolvieran:
Pasaste a querer los días eternos
y las tardes aburrían si no estabas con él;
cualquier opción era buena si iban de la mano.
Y tras un sueño estabas cayendo
derramada en sus brazos,
sintiéndolo en cada despertar,
o, la mayoría de veces,
siendo la razón de cada despertar.
Eso ya no es así.
Les duró tan poco...
Y dejó de serlo hace mucho.