Se levantó, después de tanto tiempo.
Se miró a sí misma y sonrió.
Respiró hondo, tan hondo,
que se le empezó a hinchar el pecho
y los botones de su camisa
reventaron el espejo.
Salieron desprendidos
y empezaron a rebotar,
haciendo ruidos chillones,
moviéndose entre techo y suelo.
Les abrió la ventana
y salieron despedidos,
por el aire esparcidos,
en dirección al Sol.
Y miró ese Sol,
y le pidió perdón.
Agudizó sus sentidos
y se llenó de calor.
Su cuerpo abandonó ese frío
que la había inundado
días atrás.
Ya no sufría,
se adormecía
cantando bajito
alguna melodía.
Su alma brillaba
derechito hacia el lucero.
Llena de amor, completa de nuevo.
Se había odiado,
alejado de sí misma.
Ahora como un fénix
renacía de sus cenizas,
dispuesta a aprender
nuevamente a crecer;
desenvolver su ser,
despacito hacia adelante
limitada por el infinito,
atareada pensando
en no pensar en el destino
sino en cada rayito
de Sol y de Luna
que alcanzaban su cuerpo pequeño
pasito a pasito...
fue un
jueves, mayo 09, 2013