flatworld

encontrame donde acaba el mundo
donde la Tierra termina
allí en los bordes que sostienen
los elefantes y las tortugas
allí a donde los navegantes
no se animan a llegar
encontrame allá porque no voy a volver
estoy lejos de todo
nadie quiere llegar ahí
porque les da miedo
y me sienta bien que así sea
porque nadie llegará

si no hay nadie es más difìcil
que vuelva a haber dolor
porque el dolor surgió cuando Él
levantó la mano
el dolor surgió, y no vino solo
sino acompañado de sangre y cicatrices
y si Él pudo cualquiera podría

así que encontrame acá
aunque sé que no vendrás
porque hay mucho en Tierra que te anhela
y yo no anhelo nada
sólo quería que cruces el océano
un rato nomás
y hablar un poco de eso
que me sigue atormentando
y otro poco del clima
como todo el resto de la gente habla
y reírnos de las cosas que nos hacen reír siempre
como siempre que reímos
y olvidamos el paso del tiempo
así me olvido un poco de que sigo acá
y no me quiero ir
porque estoy bien así
porque supongo que estoy bien
supongo que esto es estar bien
y espero el impacto
el terremoto, la inundación,
o la llegada de una embarcación
que me avise que todo fue un sueño, nada real
que fue una mentira, que ya pasó
que me despierte y vuelva a vivir
a brillar como acostumbraba a hacerlo antes
y salga un poco de la sombra que me vino a abrazar

López y Planes


Se despierta de imprevisto. No, no lo vio venir, estaba durmiendo. Pero aún así no pensó despertarse tan tarde. La marca de la almohada en la cara es profunda. Esa marca, tan particular, que le demuestra que existió durante el tiempo que pasó desde que cerró los ojos hasta que los volvió a abrir. Esa marca que le hace de recordatorio lo bien que le vendría dormir así un par de días a la semana.
Bosteza con todo el cuerpo, se estremece. Mientras se mira en el espejo, se le estampa en el consciente un flashback de una memoria. Memoria reciente, un sueño quizás. Decodificando las imágenes resuelve una cara. Resuelve dos, la suya, propia, también. Distingue manos, un jacarandá, las luces disminuyen, las sombras se realzan. Ese mundo de sombras donde los tamaños son relativos y se es alto o bajo según la hora del día. Ese mundo de sombras donde sin luz no existen, sin ojos que las vean, ni cuerpos que las generen. La sombra de ambos se observa, caminando por Juncal. Son las 19 y los edificios se encargan de que anochezca más rápido.
Divisan el gomero, la plaza está abierta, se meten a caminar. Un hombre ofrece flores, y él sonríe diciendo "no, gracias", y él la mira, y ellos se ríen. Se ríen juntos de la situación, de ellos mismos. Se ven allí, como si el tiempo no hubiera pasado, aunque pasaron dos inviernos y ahora están ahí de nuevo.
Y lo quiere pero lo calla porque quizá es demasiado tonto.
Se sientan bajo el gomero a esperar que les digan que la plaza va a cerrar. Se sientan y se cuentan historias: él siempre tiene más, siempre más para contar. Y eso a ella le gusta porque siempre es ella quien habla en todos lados. Ahí puede disfrutar, sentir el placer de callar para escuchar. El tiempo pasa y no son muy conscientes de esto. Las horas pasan y se hace tarde, aún así no les importa, porque hay años que contar y memorias que recordar. Se ríen de la vida, de la plaza, de los edificios. Se ríen plenos.
Se siente plena, pero él no puede saberlo.
El guarda los alumbra con la linterna; la plaza cierra. Emprenden camino por Uruguay hasta Córdoba, no quieren irse, se hace tarde y no quieren despedirse otra vez. Vislumbra una luz del colectivo esperado, se acerca y la abraza, le besa la frente, le apreta los brazos.
A ella le florece el pecho, pero él no puede saberlo. Le da el cielo cada vez que hace eso.
Las imágenes se tornan borrosas, el universo flaquea. El sueño perdió fuerza, se está acabado (y no quiere). El origen de ese sueño, reviviendo ese día... Parecía tan real, ese abrazo, ese sentimiento, la voz temblorosa, los ojos brillando. Emoción pura, reencontrarse después de extrañar con el alma. Reencontrarse después de haberse perdido.
Otra vez ellos, ahora en Plaza Houssay, y él tiene que irse y ella que no quiere, y él llega tarde pero no la suelta, y quieren hacer eterno el momento, y el colectivo se acerca, y el recuerdo del sueño parpadea, quiere inventar la continuación pero no puede, porque no la hubo, porque ahí termina, porque cinco años después el alma sigue ahí, buscando esos ojos, avellana, miel, marrón claro. Esos ojos que una vez la vieron desde la vereda de enfrente, cuando aún eran pequeños y no pensaban en todo lo que venía por delante. Cuando no significaban, o apenas empezaban a significar. Cuando empezaron a escribir la historia, que tanto anhela continuar, pero se abstienen; repite en sueños, se turna para apreciar, lo recuerda una, y otra, y otra vez.
Que se grabe a fuego y no se vaya nunca más.
Que le traiga un beso en la frente, que le acerque el cielo al pecho una vez más.

la mano en la mejilla

Un día más. Llega al fin, y dentro de poco hay que cerrar los ojos.
Mañana arranca otro dia y no entendés por qué el de hoy ya terminó.
No entendés por qué, aún así aceptás. Porque así es, porque no lo podés cambiar.
En el silencio de la noche, el ventilador te hace de fondo. Ayuda a acallar lo que pensás. Ayuda y acalla lo que te viene a atormentar.
Afuera hay viento. Adentro un huracán.
Todo tan calmado, tan poco iluminado. Sólo un foco de por ahí le derrama su luz sobre un hemicuerpo.
La mano en la mejilla como siempre que se acuesta.
La cara sobre la mano, la mano en la mejilla.
El cuerpo solo, echado en la camilla, como un paciente que quedó en internación.
Y quizá así está, internado, desorientado. Así sería de ahí en adelante.
Sólo por un tiempo, porque todo pasa.
Sólo por un tiempo, la camilla estrecha, la incomodidad del cuerpo acurrucado.
La cara sobre la mano y la mano ahí porque está desocupada.
La mano puede agarrar y no tiene qué. La mano es sagrada, pero está vacía.
La mano le acaricia la mejilla pero no hay respuesta. Porque es la mano que le daba, y ya no. Porque las cosas simplemente se terminan. Como el día, como el mañana, como un pasado. Las cosas se terminan, se dilatan, se desacomodan, y vuelan en pedazos.
Pero terminan ellas y termina el dolor... Oh, o quizás persiste por un tiempo.
O quizá persiste por un tiempo, pero ¿cuánto tiempo más podría durar?

cantate una canción

El clima se presta para la postal.
Hay veces que llueve el día.
Otras veces lloran ellos.
Las gotas caen sobre el techo y aturden como si fuesen piedras.
Pero el ruido está adentro, y por más que la tormenta cese, no se va a ir.
La melancolía se respira, y no hay alma que no se estremezca con una simple melodía.
Surge la escritura, se inspiran las manos.
Surge la introspección. La charla en los adentros.
Las tripas que se mueven, la panza vibra. Esas cosquillitas hoy brotaron gracias a tu propia voz. No hay terceros responsables, sólo vos con vos. Solo cielo, lluvia y dolor.
Dejá que así sea y aprovecha para sanarte.
Mimate el alma, cantate una canción. Que cuando la tormenta pase y salga el Sol, vos también vas a amanecer. Romper el dolor, hacerlo amigo, volver al color y sanar el corazón.
Tu voz calma, calma como quizá ninguna otra pueda calmar.
Y eso no lo sabés. Aún así, seguís hablando.
Y no te das una idea lo bien que hacés.

azul

¿Quién pintó en vos
esa sonrisa, esa risa
y esa peculiaridad
de transmitir tranquilidad?
El viento calma, se torna una brisa;
callan los truenos, para de llover.
Una boca se mueve, ejecuta la voz.
Voz tenue que apacigua la catarata de pensamientos que tengo en la cabeza.
Vos, tu voz.
Balbuceás, reís entre medio
               (es inevitable).
Salen palabras, frases, cuentos.
Sale luz, yo me ilumino.
Sale magia, y yo la disfruto.
Observo la escena atentamente.
No me quiero perder nada. Grabo todo, es fundamental.
Movés las manos y me distraés.
No puedo dejar de reír. Parece un cuento.
Parece un cuento y lo es. Es tu cuento, y me lo contás.
Y me calmo y me calmás.
Y sin moverte me abrazás.
Es ese beso en la frente que todos esperamos.
El abrazo está en el aire, rodea las cabezas.
Lo respiro, lo huelo, lo hago mío.
Cómoda y feliz, como si estuviera en casa.
Sonriendo y escuchando, abrazando el renglón favorito de tu historia más preciada.

No te calles nunca, por favor.
No dejes de narrarme tu color.

Tocó el último acorde y apagó la canción. La voz raspaba un poco de tanto cantar.
Tiene los ojos cansados. Piensa un poco, quiere seguir. Aún así, deja la guitarra en el soporte.
Se recuesta sobre su cama a mirar el techo. Lo más entretenido de los últimos días.
Quizá allí encuentre reflejado el recuerdo más sensato de que todo fue real.
Como si fuese un registro holográfico, proyecta en lo blanco el cielo azul, el verde pasto y la casita de Temperley. Un labrador corre en dirección al porche. La puerta cancela está a medio abrir y todos temen que torpemente, se la lleve por delante. Eso no sucede pero aún así ríen, de sólo imaginarlo, como si hubiera pasado.
Cierra los ojos, se ve lastimada. Ese recuerdo representado es una daga al corazón.
Cierra los ojos para no mirar, pero se refleja en la mente.
No puede escapar del pasado. Es imposible.
No puede dejar todo atrás.
Acepta. Espera. Se hace pequeña.
Apoyándose sobre su costado izquierdo, flexiona las rodillas y se abraza las piernas.
Serán largos los días a partir de ahora.

"Todo tiempo pasado fue mejor" dicen algunos.
Prefiere quedarse a la espera de comprobar que esa frase no es real.
Sentada en un asiento del colectivo, atravesando la ciudad. Auriculares puestos, sus ojos fijos en un apunte.
Acalla los gritos de la mente con un poco de música. Le asusta el tiempo libre que la lleve a pensar.
Pero ya no queda nada por analizar.
El miedo se llevó todo.

mimo

Ventanas abriéndose, cosa extraña para el día de hoy.
La inundación baja y reaparecen las islas.
No hay tanto amor que haga eso en estos tiempos de violencia.
Brisas tibias alcanzando las mejillas. Se extrañaba tal calidez.
Son mimos al corazón, Suaves como algodón, depositándose en la piel.
Si pudiera verlo se daría cuenta desde lejos.
Aunque no fuese observable, vería la plenitud del ser.
Rebosa el alma y le brillan los ojos.
No es casual que todo de pronto se ilumine.
Los espejos reflejan y todo rayo la alcanza. Sí, alguien puso más espejos.
La rodean y ella baila.
La rodean y ella llora. No hay que asustarse, es emoción.
La emoción le toca el pecho y brota el cielo.
Levanta vuelo, se eleva bien alto. Muy alto. Más, más alto.
Está allá arriba, iluminada, encantada.
Se sujeta a sí misma. Ya no es la tierra debajo de los pies.
Los hilos salen de sus propias manos. Su cuerpo tiene el control.
Y da vueltas. Vira en el aire. Cierra los ojos y siente el viento.
Es fresco, renueva. Es cierto: aprendió a volar.
Retorna a la superficie. Se da la mano, y sale a caminar.
Hacer las paces con el corazón es más sencillo
cuando llega desprevenido un mimo colorido,
lo toca, lo abraza y lo convierte en canción.
dejate querer un poco
dejate que te digan lo que sienten
dejate decirlo
dejate dejarlos
dejate sentirlo y aceptarlo
dejate merecerlo
dejate responder
dejate corresponder
dejate de joder
dejate quererte
querete un poco
que si seguís sin quererte jamás vas a poder querer a nadie más
No te prives de la luz que hay afuera.
No dejes la persiana cerrada. Si te hace mal, si sabemos todos que te hace mal...

Ya no hay propietarios de llaves. No hay quien sepa cómo entrar, quien tenga prioridad.
Vos sos toda dueña y aún así no lo hacés.

Dejate salir, sacá la cabeza.
No te prives de la luz que hay afuera.

sin la existencia de la maldad la contraparte de bondad no podría florecer
¿qué sería de las vacaciones si no existiera el trabajo?
o el frío sin calor, lo áspero sin suavidad,
la vida sin la muerte

parte y contraparte
cara y seca
lo opuesto, necesario

¿quién admiraría la luz si no hubiese oscuridad?
el universo se expande y se mantiene en equilibrio
gracias al balance de los opuestos
no podemos escapar de ello
no podemos pretender
ser pura bondad
pura luz
pura virtud

que el defecto exista
asimilarlo y dejarlo ser
que forme parte nuestra
que no preocupe ni sea un pesar
que exista el alma como es
que se deje vivir libre
y acepte la realidad

almita que baile
que disfrute
que llore y ría
que sienta, que sea

almita de niño y de adulto,
joven, sabia, torpe, curiosa
alma del ser que sediento vive

no te alejes del vivir,
sé, errá, equivocate y aprendé
y luego recién buscá acertar

no se aprende sin antes haber tropezado
al menos una vez
por los senderos de la vida

azul, quizá verde

se respira la duda en el aire
no se sabe bien qué va a pasar
aún así, espera

climatiza el salón un viento de invierno
algo desubicado para la época del año
aún así, espera

la sombra de una mano se vislumbra
apoyándose en la pared de concreto

está vacía, es sólo sombra, es luz ausente

la sombra de la mano desaparece
porque la mano esperada nunca llegó

mano sin cuerpo,
¿y el cuerpo manco dónde quedó?

la sombra de la mano avisa su presencia,
espera luego ver uno
el cuerpo que acompaña y que la lleva la mano

ese cuerpo ausente
esa luz que se fue
avanzó con el tiempo, insensato

desordenó la razón
siguió los instintos

(se destruyó un reloj al sonar la última campana)

sublime pasado que se aleja
así sin más, coloreándose azul

incierto futuro que espera
así sin más, esperando otro azul
(quizá verde)