Tocó el último acorde y apagó la canción. La voz raspaba un poco de tanto cantar.
Tiene los ojos cansados. Piensa un poco, quiere seguir. Aún así, deja la guitarra en el soporte.
Se recuesta sobre su cama a mirar el techo. Lo más entretenido de los últimos días.
Quizá allí encuentre reflejado el recuerdo más sensato de que todo fue real.
Como si fuese un registro holográfico, proyecta en lo blanco el cielo azul, el verde pasto y la casita de Temperley. Un labrador corre en dirección al porche. La puerta cancela está a medio abrir y todos temen que torpemente, se la lleve por delante. Eso no sucede pero aún así ríen, de sólo imaginarlo, como si hubiera pasado.
Cierra los ojos, se ve lastimada. Ese recuerdo representado es una daga al corazón.
Cierra los ojos para no mirar, pero se refleja en la mente.
No puede escapar del pasado. Es imposible.
No puede dejar todo atrás.
Acepta. Espera. Se hace pequeña.
Apoyándose sobre su costado izquierdo, flexiona las rodillas y se abraza las piernas.
Serán largos los días a partir de ahora.