me gusta escucharte
respirar
en el silencio de la noche
y sentir que podría coordinar
mi respiración
con la tuya
así como coordinamos nuestros cuerpos
cuando nos fundimos en un abrazo
y nos echamos a dormir
así como coordinamos nuestras almas
cuando rompemos el ayuno en la mañana
mientras nos sonreímos con sutileza
y profunda sinceridad

me gusta escucharte respirar de noche
me gusta verte en la espesura
y reírme cuando me dejás sin frazada
o me rodeás con una pierna
o me das la espalda

y te abrazo con fuerza
te beso suavemente el hombro

y la risa se vuelve sonrisa
y el calor entibiece el alma
Días en los que somos sueños.
Días en los que abunda la melancolía, y la nostalgia.
Días de pura paciencia. Otros, cien por ciento adrenalina.
Días en los que nos entrelazamos lo más que podemos.
En los que no sentimos calor si no nos abrazamos.
Días en los que nos sentimos al lado, aún desde lejos.
Días de pensarnos mucho, de pensarnos poco,
pero siempre pensándonos bien.
Días en los que ya te extraño.
Días en los que nos volvemos parte de nuestras respectivas rutinas.
Esa parte que nos hace sonreír más que el resto.
Esa que se abraza con gusto en la noche,
cuando un living y tu perro
son los únicos testigos
de nuestro fuego.
Días de sentir que tu existencia mejora la mía.
Que tu presencia mejora mis días.
Que tu pecho es un buen lugar para apoyar mi cabeza.
Días de chocarte el puño ante los logros.
De soñarte de noche, y también de día,
cuando evoco algún último encuentro
y te recuerdo en mi haber.
En los momentos que se graban en la memoria.
Que cierro los ojos y los revivo como si te tuviera delante.
Como cuando te miro sonreír y cerrar los ojos
con tu cabeza en mi hombro,
mano derecha en mi cintura,
mano izquierda entrecruzándome los dedos.
Sentir la tormenta en el interior.
Temblar sin frío.
Mojar sin agua.
Quemar sin fuego.
Gritar sin miedo.
Fundirse en un abrazo
de esos que hacen que nos preguntemos
dónde están los límites del cuerpo,
o si acaso importan
cuando el alma se fusiona
en destino, sentido y sentimiento.

te miro, Sol

te miro, Sol
porque te siento
y te quiero iluminando
siempre

te extrañé
no sabés cuánto
te extraño los días en los que no estás

acepto que nuestra Madre
tenga que ocultarte a veces
tanta agua en el aire
en el cielo
te tapan de nuestra vista

y lloro cuando te extraño
lloro como llora el cielo
porque estás lejos
y tus rayos no llegan
y yo te extraño
y lloro

llora también mi alma
porque tu luz le da vida
la hace vibrar

llora mi alma de pena
y la abrazo y acepto
que llorar está bien
que llorar es normal

como llora el cielo cuando estás lejos
cuando te extraña
cuando te arrojaste demasiado
sobre las aguas libres
cuando te apoyaste con suavidad
en la tierra seca
y descubriste que necesitaba
que el cielo llore
e hiciste llover
aún aunque eso te escondiera

como mi alma cuando me pide
que me esconda un rato
y la riegue

en la playa

a veces la vida pesa poco
y la energía está más allá que acá

no sé cuánto me gusta encontrarme con mi otro yo 
ese yo atemporal y anespacial

ni siquiera sé si aún estoy preparada
o si el sistema soporta mis salidas
tanto como para permitirme
suficientes reentradas

quizá un día quiera volver y las puertas estén cerradas

por eso me quiero ir a la playa
porque en la playa no hay puertas

sólo inmensidad

terremotos

te veo
te escucho
te acepto
te abrazo en silencio
te encuentro en sentimiento
sonrío en tu sonrisa
cuando se encuentran las miradas
y reímos sin sentido
o hay sentido
pero ni se dice
se siente en el aire
en el calor de los cuerpos
y el vibrar de los corazones
y es que sí
vibra como vibra la piel
la nuca
que se
eriza
y vos te reís de que
me tembló una pierna
pero es que recién hubo un terremoto
en mi espalda
que empezó sin avisar
apenas tu aroma
hizo contacto
con mi primer par craneal
recién hubo un terremoto
en mi universo
que me invita a pensar
si estos terremotos que estoy viviendo
también vibran en tu suelo
a mí mi haces reír
y te abrazo fuerte de nuevo
y besarte una mejilla
y sonreírme por tal suave
sutil y maravillosa
casualidad
en aislamiento

(gracias Jorge Luis)

y acostarse con el temor
de ser productos de un sueño
y que el soñador creador
simplemente
deje de soñarnos
o que muera de repente
y como nada
desaparezcamos
sin siquiera haber sido
distinguido
dejado huella
o haber tenido la posibilidad
de ser soñador creador
como quien forjó nuestra masa
en un acto onírico
con barro de su alma
y arrojó sobre el golum
una suave ceniza
que nos convirtió
en semejanza humana

acostarse con el temor
de que el poeta que nos narra
termine la poesía

acostarse con el miedo
de que la razón humana
caduque a media noche
como la calabaza hecha carruaje

cerrar los ojos temblando
por la incertidumbre del tiempo
y del existir

quizá Jorge Luis fue un visionario
o quizá ese cuento
fue una creación de mi creador
en su propio sueño de mí
para que despierte y madure
y me sienta capaz de
salir
a soñar
y crear
un hombre de barro
con mis manos
y darle vida
en un soplido
fugaz