A todos nos da miedo todo.
Hasta que un día nos animamos... nos arriesgamos.
Y nos cambia la vida.

ESCUCHÁ EL SILENCIO. Movete en detenimiento. Es absurdo, sí, pero intentalo. Hacé algo. Dispersate. Salí de esto. Desatate. La cuerda lastima, no sirve, te corta. Escribí, volá. Reencontrate. Tocá música. Inventala. Creá, ya que estás. Aprovecha toda esa fuerza. No la uses para lastimarte. Reinventate. Date forma. Siendo, sé. No pienses que ser simplemente es poca cosa. Significalo, viví, date cuenta de la vida que te queda. Date cuenta de la vida que te vale. Realizate y dejá correr por tu cuerpo la adrenalina de la existencia, el sentimiento de persistencia, supervivencia atravesándote el cuerpo. Alma y cuerpo como uno solo. Sé, siendo. No olvides tu ser. Condición sine qua non de entender es existir. Ser. Sentir. Todo aquello que estar vivo te permite. Todo aquello que persistir, en el tiempo en la memoria del resto, te hace darte cuenta de quién sos, de qué sos, lo que vales, lo que representas para los demás. Para vos mismo. Date cuenta. Siendo, sé. Mirate. Sé, siendo. Descubrite. Dispersate. Desatate. Que la cuerda no lastime. Que te mime, se haga amiga, te ayude a treparte, sin apretar. Viví, que queda poco. Viví, que el segundo que se fue no vuelve, que la palabra que gotea se drena del alma, que la frase se detiene en el tiempo y detiene todo avance, inmortalizando el deseo del alma, la sed de ser, el ser que no siendo, crea y dispone, inventa un universo, y allí se queda, ensimismado en su ser y no ser. En ese tire y afloje, entre el alma que se libera, y el alma que más que alma es cárcel, inútil e insignificante, oculta en la oscuridad de la realidad que tristemente no alcanza la superficie, mas que en una prosa como esta.

a veces hay que aceptar ciertas cosas
a veces hay que aceptarlas y dejarlas pasar
a veces hay que seleccionar los sucesos que alimentan el alma y crecer
y en el interín, procesar lo que lastima y tratar de asimilarlo

si a fin de cuentas es eso lo que nos nutre

estando
viviendo
simplemente siendo

tomar decisiones no es mi fuerte

Necesita un lugar. Un simple lugar, no importa su calidez o comodidad. Es sólo un lugar, de esos en los que permanecer un rato. Al cual escapar cuando todo lo demás sea demasiado como para seguir sin un freno. Parar, descansar ahí, echarse unas horas. Admirar el techo, el piso, las paredes. Respirar profundo y olvidar la realidad. Ese lugar al que todos aspiran, que le haga de recreo al sentimiento, al miedo. Que frene los relojes, e imprima en la memoria los suaves vestigios de las manos, y la piel. Los ojos abiertos de par en par, humanizados, desconectados de todo lo demás. Apagada la cabeza, exacerbados los sentidos. Que exploten la garganta y el alma. Que haga eco a través de las miradas. Que se guarde en sus recuerdos y permanezca allí, indemne, fortaleciendo el día a día, hasta la necesidad de refugio, otra vez. Hasta que sus manos lloren por sujetar una mano ajena. Hasta que el suspiro se agote, exigiendo renacer.

cómo encontrar el equilibrio
y mantenerse en pie
y seguir adelante
cuando las piernas se aflojaron
y no dejan caminar
cuando el despertar se inunda de desgano

cómo encontrar el equilibrio si la espalda está doblada
(se hace pedazos tras cada intento de enderezarla)
duele, duele mucho, como si se fuese a quebrar
(más duele el alma)
espalda débil que no supo mantenerme erguida
bah, ¡qué espalda!
débil yo
débil mi ser
(¿por qué no me erguí?)

el miedo es silencio y soledad
el miedo invade el mundo
envuelve los brazos con su tenue brisa fría que se encarga de adormecerlos
envuelve el rostro con su seda negra
envuelve las piernas con cadenas firmes, oscuras, dolorosas
dolor cortante que hace sangrar
de los tobillos brota, sangre caliente,
tiñe los pies de rojo
molesta y me refleja la tortura
perdiste el control, con tu mente desahuciada
tonta, tonta, niña, tonta
no podés caminar, ni correr, ni caminar
no podés avanzar más
no así, no sirve, siquiera intentarlo
la llave desapareció, no existe
en ningún lugar existe
las cadenas vinieron de otro tiempo
se adueñaron del presente
¿por qué? [malditos recuerdos]
¿por qué? [malditos y benditos flashbacks teñidos de dulzura recitando la melodía carente de calor, los sonidos de mil instrumentos llevándose consigo toda su estabilidad del alma, esa sensación de vitalidad que se extinguió, se hizo a un lado, dando lugar al frío tacto de la descorazonada soledad]
¿por qué se adueñaron?
no puedo caminar
sigo sin poder hacerlo
mis piernas no responden
perdí la estabilidad

¿cómo encontrar el equilibrio tras otra noche de miedo?
oculta su cara tras las manos, entrecruzadas
ofrecen protección (...como si fuesen a salvarla de ella misma)

Sentí que se desprendía la vida. Volteé a ver su cara, pálida como el cuarzo, tibia esta vez. Miré las mejillas mojadas y ese pelo de siempre, brillante, alborotado. Vi los ojos, vacíos de aquello que una vez me había enamorado. Suspendió el drama por un rato para decirme que no me vaya así, que era peligroso que manejara en esas condiciones. Mi mano, aferrada al picaporte, haciendo fuerza entre quedarme e irme, entre escupir una vez más las razones de mi partida o irme simplemente en silencio. Sí, quedarme no era intentar. Quedarme era momentáneo, para seguir hurgando con los dedos y ensuciando las uñas con esa plastilina de dolor y sufrimiento mutuo. Sus brazos intentaban abrazar de nuevo lo que alguna vez habían soltado. Mi cuerpo, libre al fin, desplegaba las alas y remontaba vuelo otra vez. Su mueca de sonrisa, cada vez que lo miraba, era solamente eso: una débil mueca, un intento de fulgor y esplendor entre tanta desdicha. Un silencio se hizo largo y sus piernas empezaron a temblar, mientras que nos inundábamos de miedo por los segundos que corrían. El tiempo se abalanzaba y exigía una elección. Pero mi rango de opciones era absolutamente diferente al suyo. Y, sencillamente, no pudo comprenderlo.
Después de abrir la puerta sentí sus brazos envueltos en mi pierna. Desde allí se irradiaba el dolor. Compungido, sollozando, hacía peticiones. Inentendibles. Incomprensibles, después de todo. ¿Quién era? ¿Qué hizo con lo que era antes? Ese ser indiferente que me había hecho sentir pequeña, inútil, inservible, incapaz de amar. Ese ser que había acumulado un océano de mi paciencia en formas de pañolenci, que terminaron en el fondo de un placard, esperando a las polillas. ¿Qué hizo con toda esa violencia, ese frío que transformaba en invierno mis veranos, que convertía en desazón las cosas fortuitas más lindas que llegaban a mi vida? Recordé todo esto mientras el corazón se me estrujaba. Había amor sujetándome las piernas. Amor desesperado. Amor nostálgico, que no aguantaba más, deshecho, mutando en algo oscuro y terrible. Un amor asesino, posesivo, que se imponía desde lo bajo, que intentaba alcanzar su objetivo disimuladamente, como lobo disfrazado de oveja. Era el mismo amor de siempre, ese que destruyó y rompió, ese que me cambió, que me volvió algo que no era... Pero que ya me acostumbraría a querer. Era un nuevo "yo", un tanto destrozado y pegado así nomás, con el que haría las pases tarde o temprano. Con el que me sentaría a charlar, en incontables noches de soledad, para conocerlo, controlarlo y amigarme con su presencia. Yo conmigo, sin eso que estaba allí, en medio del pasillo, sujetándome la pierna, desesperado por convencerme otra vez. Queriendo que me quede, sin darse cuenta que yo ya no era eso que le haría bien. Porque ya no podía dominarme. No podía seguir ejerciendo ese control sobre mí. Ahora era yo la que decidía, la que elegía por su bien, la que mimaba a su alma mostrándole que se ponía a sí misma delante de todo lo demás. Qué se cuidaba el corazón de que nadie más volviera a cazarlo desde lo más doloroso: el sentimiento de la frustración al ver al amor disfrazado de mentira.
Sacudí la pierna, miré por última vez, con los ojos al borde del llanto. No era la misma persona. No era él. La persona que había amado era otra. Un ser muy distinto, bastante divertido, orgulloso, espontáneo. Allí veía un ser en agonía. Un ser un poco tonto que descubrió tarde la verdad de todo. Que descubrió tarde que la libertad del otro es sagrada. Que aprendió tarde lo que era el respeto. Que descubrió todo esto y más recién al ver que yo ya no estaba ahí al lado, para escuchar sus locuras, ponerle una sonrisa a la vida, para vivir una linda vida, para llenarnos el alma de a dos.
Me arrimé hacia la puerta mientras seguía en el piso. Lo amé como nunca antes lo había amado. Le puse fin, le regalé un camino, un crecimiento. Le regalé la soledad que necesitaba y que siempre me pedía. Le regalé todo lo que me reclamaba: que me aleje, que no moleste, que la termine. Allí estaban sus peticiones, y aún más cosas. Estaban los nuevos caminos. Esos que no iba a poder descubrir si seguíamos dando rienda suelta al camino sinuoso, empedrado y oscuro que veníamos transitando, después de habernos asesinado mutuamente, de habernos arrancado el alma de sentir. De habernos dado vuelta el mundo.

Now I see things in a different way. Now I see myself smiling at the sun.
It's only about waking up and feel life. Simple thing like rise in the morning, and open the eyes. Feel the fullness of the vessels and blood going once, twice, three times, over and over again, from heart to arms, from heart to legs, from heart to head. And there the beginning of life shows me truth, the truth of the feelings, with all that love sprouting around. The power of the mind, the mind like a shield, like a weapon, like clothes and warmth and home. The humanity revels in front of me: my whole life being human and now I see how powerful am I, how weak sadness is, how much kindness can I receive, how much time have I to hear them talk, to catch them on a hug, to bring others love.

At least I won't never, ever disappear.
At least I will grow old and I won't disappear.