la hoja vacía por delante
la maraña dolorosa por detrás
un intérprete en el medio intentando comprender
procesar
transformar
trata y no lo logra fácilmente
trata pero a veces no hay nada que explicar
el alma no puede ni hablar
está muda, pálida, tétrica
indefensa y oculta, escondida en el placard
en esos días de introspección
los que duelen más y soportan más aún
los que fortalecen desde el núcleo

la hoja vacía a veces puede ser el peor desafío

esta mañana dejé la cabeza abajo de la lluvia
la dejé un rato mientras Ella estaba en la cama
la dejé antes de abrir la puerta para que Ella no se entere de que había llegado
no quería que se entere porque siempre viene y me dice que entre, que me tape, que no me moje
no quería que lo sepa porque no me entiende, no entiende que no es una molestia
que todo lo contrario, que amo hacerlo, que me llena y fortalece,
no me debilita como Ella cree
no me asusta ni me desagrada ni me enferma
me revive y plenifica

por eso dejé la cabeza ahí, mientras las gotas se engrosaban, mientras aumentaba su intensidad,
dejé la cabeza y abrí los brazos, cerré los ojos, levanté el mentón
respiré hondo el aire impregnado del aroma de la geosmina
me nutrí por completo, me mojé de pies a cabeza
me quedé ahí, por un rato, o por un día o dos,
en silencio, contemplándome el alma,
sin que Ella sepa, porque sino me iba a querer cuidar, como hace siempre, como siempre hizo

pero esta vez quería cuidarme yo