Merecer... Qué palabra absurda.
Como si la vida de tratara
de ser
para merecer.
Ser de una manera
para esperar recibir a cambio.
Dar y sentirse seguro
de que por dar
recibirás.
Porque así te enseñan a ser.
Te educan con miedo a la represalia del pecado.
En la fina línea entre la lógica y el esoterismo.
Hasta nacer es pecaminoso, si de la religión dependiera.
Te enseñan que el acto que ayuda es un acto digno de reconocimiento,
y que por ese accionar, recibirás algo bueno en respuesta. O al menos, evitarás un futuro de sufrimiento y dolor eterno e infernal.
Te enseñan a confiar en el sentido común, como si sólo existiera una única tendencia con respecto a las formas de ser y vincularse de las personas.
Todos preocupados por el espíritu del mañana,
viviendo el hoy bajo la coerción de estos ridículos mandatos socio-culturales.
Educando desde la consecuencia y no desde la causa.
Educando con ilusión en que un futuro devolverá abundancia si uno da, y da. Y más absurdo y paradójico se vuelve porque también te dicen que "está casi comprobado" que a más desinteresadamente das, más recibís sin esperar nada a cambio.
Me parece que esta cuestión de promover los merecimientos sólo fomentó a una innumerable cantidad de individuos que supusieron que la solidaridad y el acto de brindarse implicaban cualidades practicables más allá de si poseen o no la fluidez de ser de esa forma.
Ahora los valores deben ser reconocidos, sino, es como si no existieran. Como si ni siquiera fueran reales.
Ahora ser un individuo solidario, pacífico, zen, colaborador, amigable, bueno, e inserte aquí virtuosidad alabada por el común denominador de la sociedad, es una cualidad publicable en instagram. Conversable por whatsapp. Demostrable vía facebook.
Mostrar al mundo lo buenos que somos con los demás. Esperando... ¿qué?
¿Esperando recibir el merecido premio?
Merecer... palabra absurda.
Hacer bajo el discurso de que es con desinterés, cuando en realidad se está buscando merecer, es absurdo. Es hasta repulsivo. Rompe la autenticidad de la acción. La acción se convierte en un simple medio para obtener algo a cambio.
Merecimientos. Qué palabra que prefiero no usar nunca.
Siendo que hacer sin buscar merecer no trae nada esperado, porque nada se espera. Peor aún, en la espera de algo que nos hace bien, pero que tiene su origen en el ibre albedrío de los demás. Y esperar, angustia. Distrae. Aleja del presente. Genera ansiedad.
Hacer solo por hacer ni siquiera es evitar la angustia de la espera del mañana, porque eso también implica hacer con intención. Es pensar en no sufrir la ansiedad mañana. Porque... "me merezco no sentirme así". Otra vez, luchar contra la fluidez del ser, recurriendo al misticismo, sin hacer algo al respecto. Sin intentar cambiar cómo todo derivó en esa consecuencia que nos dañó, antes que pensar si las cosas que nos pasan de forma que nos resultan "injustas" lo son porque "no nos las merecemos".
Hacer solo por hacer es, simplemente, ser. Mutar sobre la marcha. Ganar fe en el ahora. Vivir el hoy. O como mucho, esperar un depósito en una cuenta bancaria la primer semana del mes próximo... porque desprenderse de la palabra merecer es mucho más sencillo que encontrar la manera de bancarte la existencia del día a día sin laburar. Pero ese es tópico digno de otra narración absurda como esta.