seguir esperando

La cámara se acerca a mis ojos. Esperen, en realidad no. Es el aumento del lente. Sonrío con los dientes blancos y separados. Me falta un incisivo. El hueco dejaba ver mi paladar, y mi emoción por el regalito del ratón Pérez.
Dónde quedó eso que fuimos, ya no somos, y extrañamos en vano. Dónde está el libre albedrío, el juego desinteresado, las horas de imaginación.
Siento una angustia en el pecho y es esto de crecer sintiéndome encerrada.
Siento un peso en la espalda.
Es hora de llorar como medio, de dormir como anestésico y de despertar como humana. Aceptando.
Andar aceptando a veces se hace más sencillo con dedos amigos entrelazados entre los propios.
Así que gracias, a vos, que me sujetás cuando me temblequean las piernas arriba del skate. Te reís conmigo en las caídas y me estimulás a seguir.
El ánimo no es poco. Menos en tiempos como estos.
Donde los árboles aumentaron la intensidad del verde. El aire huele menos a humo. Y las bocinas se apaciguaron.
Pero la libertad está lejos. Y el mar llama. La montaña, los lagos, la profundidad del bosque.
Me llaman, los escucho. Y yo sin nada para darles. Con tanto que salir a buscar.
Será cuestión de respirar hondo... y seguir esperando.