ponerse el barbijo para salir a la calle
cuarentena día ya perdí la cuenta
cambié de lugar la cama
miré el techo tocando la guitarra
no lloro, pero tampoco río tanto
no siento el viento fresco en la cara
veloz chocando contra mi cuerpo
cuando pedaleo fuerte
y me siento libre
no siento los músculos quemar
después de la décima vuelta
y arrojarnos en el pasto
a aflojar las contracturas
y quejarnos de los mosquitos
o simplemente ir a pasear
porque sí
sin pensar en las calles que agarramos
para evitar controles policiales
porque estaríamos rompiendo la cuarentena
y somos civiles, sin más
al menos esas manos cálidas
me envuelven la cintura
mientras mastico un pedacito de manzana
parada al lado de la mesada
y sonrío por esa mejilla en la mía
al menos los sueños no se apagan
ni se agotan
y siguen brotando
como brota la paz del alma
cuando le muestro cuánto me importa
cuánto la cuido
cuarentena día mil
y la percepción del tiempo que cambia
porque todos los días parecen iguales
y yo soy la misma
no entiendo si la Tierra gira todavía
si lo que existe es real o es producto de mi percepción
o de cómo será todo si la memoria se apaga
cómo concebiría el mundo
cómo aprendería de nuevo
cuarentena día mil y un cerebro
que roza la fina línea
entre el mejor amigo
y la antítesis
mejor suspenderlo un rato