darse cuenta

otra vez
lo raro

No es miedo. A veces me gustaría que así fuera. Para comprender el origen de la sensación, al menos. Para saber a qué le temo y buscar combatir. Aceptar e intentar asimilar.
Lo raro es una cuarentena atravesada en el sueño. Dormir bien, despertarse aún mejor. Permanecer en casa. Comer rico y casero, sí. Pero... en casa. Los sueños detenidos. Los proyectos, en stand-by.
Hace años mi mirada al futuro inmediato implica objetivos. De largo o corto alcance, pero objetivos igual.
Y acá estoy... En transición. Lento avanza. 
No puedo pensar en mañana sin tener ganas de llorar.
No quiero pensar en mañana y no tener ganas de llorar. 
Llanto como mezcla de emoción, sensaciones encontradas. Añoranza, algo de nostalgia, felicidad de a momentos, y el sentimiento mezclado de alegría y miedo de que nada vuelva a ser igual. Alegría por los cambios, miedo por los cambios. Y es que es así. Temor y excitación frente a lo desconocido, lo que vendrá.
Y este punto me parece importante: admitir.
Hay miedo, entonces. Además de vorágine, hay miedo. Al fracaso de la línea del tiempo. Al fracaso del sistema como lo conocemos, en el que hemos sido introducidos sin opción.
Y acá estoy... más que nunca, queriendo escapar.
Recluida entre cuatro paredes. Deseando poder volver al ritmo aquel que tanto me hace mover.
Alimentando mis deseos de siempre, buscando viejos, redescubriéndome. 
Lo importante es darse cuenta de todo a tiempo.