"... Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Son caminos que van por el matorral. Puedo decir que en mi propia vida he recorrido caminos largos, largos, pero no estoy en ninguna parte..."
Carlos Castaneda - Las enseñanzas de Don Juan
Uso esa palabra, porque sé que la asimilás.
Tranquilo. Relajá.
Te entiendo. A mí también me lastima el encierro.
Me pone ansiosa. Me limita.
También quiero estar en otro lado. Pero no puedo.
No podemos. Así fue prescripto.
No te aflijas. Sé que sentís bronca.
Pero al único que lo golpea es a vos mismo.
Es autodirigida hacia vos, condenando a un pasado que condicionó este presente.
Pero las circunstancias nos superan.
¿Para qué masticar esa bronca?
Te lastima, te descuida y envenena.
No te dejés embroncarte con vos. Pará un segundo.
Mirá para adentro.
Mirá quien sos. En lo que te convertiste.
¿Ves al Sol brillando en el cielo?
¿Disfrutas con simpleza del viento en tu rostro?
¿Saboreás con placer la salitre de la bruma que se impregna en tu piel?
Entendiste el sentido de la vida.
Encontraste el camino con corazón.
Si todo lo que pasó hasta ahora, incluso esto, te permitió llegar a este puerto, entonces: bienvenido.
No pierdas la fuerza ni la determinación.
Aceptá el porvenir. Prepará todo mientras tanto.
Principalmente, el corazón.
Que cuando las trabas son arduas, el proyecto es sencillo.
Pero cuando se liberen las anclas, habrá que enfrentar el destino elegido.
Y así será, si cuidás tu Universo. Si priorizás tu alma. Si te quedás en el camino del corazón.
No te pierdas de vista.
Tranquilo.
Será pronto.