la noche anterior al 22 de noviembre de 2024

Escribo sobre las hojas que me regaló una amiga
rodeada de su legado de girasoles.
¿Cuándo nos detenemos a ver estos detalles?
Quizá justo en ese momento.
Justo cuando nos detenemos.

Hay una rama de romero florecida que arranqué,
para regalárselo a una amiga,
pero nunca más la vi.

El portasahumerio que nos dio el tocayo,
y el Ñag Champa de Ainhoa. 
Ideal para este momento de concentración.

Las energías de mi vientre están que explotan
y eso que no fue planeado.

Aún así, miro las estrellas.
Esto estaba escrito. La oportunidad de elegir hacer las paces. 
No lo opuesto. No con lo que realmente se desea,
    y además, la forma en la que se convive con ello.

El amor se apoya uno en el otro,
a veces le toca a uno de los dos ser el más fuerte.

Sopla un viento que noveas,
y abro la ventana de par en par,
ahogada por el humito.

Las hojas sueltas, los suspiros.
Hay veces que las necesitamos para sentir la vida.

Las alumnas entonaron un "om"
y ya se me presentó una prueba de valores
que puso en prueba lo que aprendí ayer
en un curso acerca del propósito de tu vida.

Desconocía la existencia de cursos con ese tópico.
¿En qué momento convertimos la teoría en práctica si no es a través de desafíos, de embarrarnos hasta la rodilla, de navegar en el mar de la incomodidad?

Como siempre, mi letra me termina recordando,
a la de mi mamá, aunque ella siempre diga que no se parecen ni un poco.

Me entrego al humito del incienso,
saludo a los girasoles,
respiro el aroma de la valeriana.

Siempre me gustó el nombre de esa planta.

Me paré en el horizonte de eventos y viajé a los lugares más recónditos del ser,
donde descubro estos pensamientos
y mi verdadera letra.

Escribo,
en lo que llamo "el atelier" de una casa alquilada
y sonrío prestándole atención al lenguaje
y en la casualidad de que mi idioma madre sea el español.

Entonces sonrío una vez más y agradezco
esta sonrisa a todas las personas que de una manera u otra la provocan.
Incluso cuando sonrío mientras lloro.
El llanto que se manifiesta como canal de energía.
¿Será que el prana se condensa en lágrimas?
Como de aire a agua. Me salté el fuego.
Me dijeron que encienda un fuego.
Prendo una velita.
Quemo un poco de romero.
La luna se está escondiendo con el sol. Luna menguante. Luna nueva.
Es el fuego de la vida.
Somos capaces de crear,
manifestar,
con la mente, con el cuerpo, con el espíritu.
Hay algo que me dice que lo haga,
como un mandato divino,
como el de cada vida humana.

Me pregunto qué pasaría si me muero.
y salto otra vez al horizonte de eventos.
Ahí, parada, veo toda la vida detenida.
Como cuando me siento frente a la hoja en blanco 
y me olvido por completo de respirar.

Cada quien halla kumbhaka en momentos apropiados.
¿Será verdad que lo manifestamos todo?
Y acomodamos el constante devenir de la vida
en la dirección exacta en la que queremos ir.

Solo se necesita intención
y el valor de respetar la mente y ponerla
al servicio del espíritu.
Y de pronto nos encontramos dispuestos a compartir tiempo de vida
con la engendradora de girasoles,
o el amigo tocayo,
o al amor
que doblaba la ropa en silencio
con una media sonrisa.

Y agradezco esta sonrisa a todas las personas que
diciéndome que prenda una velita
o que llore lo que tenga que llorar
permanecieron y permanecen.

* * *

La amiga que empatizó,
la que no lo puede saber,
las que marcharon conmigo.

Las no-natas,
las abuelas que no hubieran sido.
El dolor de la partida que nunca llegó.
Los opinólogos,
los que lloran con uno.
El descubrimiento con lo divino. La conexión con el Ser infinito.
¿Por qué ritualizamos?
¿Será que hace la vida un poco más serena?
Así como meditar en el fuego
o en amor y compasión a todas las personas.
Metta Bhavana.
Meditación del amor.
Para cultivar una respuesta elegida y creativa.